Apego y desapego

Universidad de Toronto, Toronto, Canada
7 de octubre de 1970

El apego es mi profesor:
«Dios vive en una cueva»,
aprendo.
El desapego es mi profesor:
«Dios vive en un Palacio»,
aprendo.

El apego demanda el hálito de mi cuerpo,
la vida del finito aullador.
El desapego ofrece la promesa de mi alma,
la Luz del Atrayente Más Allá.

El apego es la raíz del deseo; la ignorancia es la raíz del apego. En este mundo estamos apegados al cuerpo, al vital, a la mente y al corazón. ¿Por qué? Porque queremos poseer. Desgraciadamente, olvidamos que no hay nada en esta Tierra que podamos poseer para siempre. No, ni siquiera por un tiempo largo. Toma por ejemplo el cuerpo. Por más atención que le prestemos, el cuerpo dura sesenta, setenta, ochenta años, y luego muere. Ni siquiera podemos poseer para siempre nuestro propio cuerpo. No hay nada en la Tierra que podamos poseer para siempre cuando estamos en lo físico y clamamos por la satisfacción de lo físico. Pero si vivimos en el alma, estamos viviendo en lo Eterno y para lo Eterno.

El gran filósofo de la India Shankaracharya dijo: «¿Quién es tu esposa, quién es tu hijo? Este mundo es muy peculiar. Hermanos, pensad en el Uno que es eternamente vuestro.» Este es el mensaje del desapego. Si estás apegado a la persona física —la esposa, el marido, el hijo, el amigo— estás tan sólo atándote a ti mismo y al otro. Pero si ves el verdadero objeto de adoración dentro de la esposa, dentro del marido, dentro del hijo, entonces el conocimiento divino puede amanecer en ti.

El Señor Buda dejó a su hermosa esposa y a su pequeño hijo mientras estaban durmiendo. Antes de marchar dijo: «Os amo. Todavía os amo. Pero tengo que amar también al mundo entero. Sólo si puedo amar al mundo entero será completo mi amor por vosotros.» Su apego humano tuvo que rendirse al amor divino en él. Mientras estaban abandonando el reino, el cochero de Buda le hizo una significativa pregunta: «¿No estás siendo cruel? ¿Cómo es que estás dejando atrás a tu mujer y tu hijo que han sido tan afectuosos contigo? Tú eres su tesoro; eres su riqueza inigualable.» Buda dijo: «Te equivocas, el afecto de mi esposa estaba atándome, y mi afecto la estaba atando. Ahora estoy entrando en el mundo en general, donde no hay nadie que me ate y donde no ataré a nadie. Voy a liberarme a mí mismo y a los demás.»

En la raíz de todo apego está la ignorancia. ¿Es la ignorancia invencible? El filósofo Aldous Huxley dijo una vez: «La ignorancia es vencible. No queremos saber algo; por eso no lo sabemos.» Él tiene toda la razón. La ignorancia no es algo permanente e inmutable. Podemos entrar en el hálito mismo de la ignorancia y transformarla en sabiduría y conocimiento. Pero en vez de eso, negamos la existencia de la ignorancia dentro de nosotros. Esto es un error. Tenemos que aceptar el hecho de que ahora mismo estamos llenos de ignorancia. Esto no quiere decir que no tengamos luz en nuestro interior. En lo profundo de nosotros hay una pequeña luz, pero tenemos que hacer emerger esta luz y hacerla crecer a fin de realizar nuestra altura más elevada.

Un verdadero filósofo es aquél que está desapegado. Sólo él puede tener la visión de la Verdad. Una vez que tiene esta visión, puede fácilmente ser indiferente al éxito y al fracaso, a la alegría y la tristeza, al placer y al dolor. Su desapego no quiere decir que no ayudará al mundo o recibirá la ayuda del mundo. Quiere decir que no estará atado a quienes está ayudando o a quienes le están ayudando. Si estamos apegados, estamos frustrados; pero si estamos desapegados, estamos colmados. Si podemos sentir que es Dios quien está operando en nosotros y a través de nosotros, así como en el mundo y a través del mundo, entonces podemos ser verdaderamente libres.

Se dice que antes del matrimonio un hombre es la aspiración de una mujer, y después del matrimonio es la exasperación de una mujer. Pero, ¿a qué está aspirando la mujer? Está aspirando al cumplimiento del deseo. Cuando el objeto del deseo es alcanzado, reinan el desengaño y la frustración. Cuando cumplimos cualquiera de nuestros deseos, vamos a descubrir que no estamos comiendo el delicioso fruto que esperábamos, sino más bien algo destructivo, venenoso e insatisfactorio.

Un proverbio de la India dice que cualquiera que no ha comido el ka laddu de Delhi (un pastel de Delhi) se siente desgraciado, y cualquiera que lo ha probado se siente disgustado. Ese es siempre el caso con el deseo no colmado y el deseo colmado. El cumplimiento puede seguir al deseo, pero no será el cumplimiento que nos energiza y nos da una mayor fuerza interna para hacer las cosas correctas. Al contrario, solamente destruirá la pequeña aspiración que ya tenemos.

El apego no disminuye con la edad. Únicamente a través de la aspiración podemos conquistar el apego. A fin de estar libres del apego, hemos de pasar por varias etapas. Tenemos que estudiar las escrituras y los libros religiosos y espirituales. Tenemos que asociarnos con aspirantes espirituales que han estudiado estos libros y ahora están implorando la verdadera luz, o con aquellos que ya han logrado algo de luz, ya sea insignificante o considerable, en su vida de aspiración. Tenemos que ver y sentir que en el mundo ordinario la tentación está a todo nuestro alrededor, que en cada momento podemos caer víctimas de ella, y que debemos luchar valientemente contra ella. Debemos apartar nuestra mente de la conciencia física y las demandas corpóreas. Tenemos que entrar en el mundo de la conciencia expandida. Tenemos que sentir la necesidad de alcanzar la Meta divina. Tenemos que seguir la guía de nuestro Piloto Interno, que es Dios, ya sea bajo la forma de un Maestro que ha realizado a Dios o en Su propia Forma no encarnada.

To love those who love us is to do the right thing. To love those who do not love us is to do the nice thing. To love God who always loves us is to do the wise thing. When we do the right thing, we are free. When we do the nice thing, we are safe. When we do the wise thing, we are fulfilled.

Amar a quienes nos aman es hacer lo correcto.
Amar a quienes no nos aman es hacer lo bueno.
Amar a Dios, que nos ama siempre, es hacer lo sabio.

Cuando hacemos lo correcto, estamos libres.
Cuando hacemos lo bueno, estamos a salvo.
Cuando hacemos lo sabio, estamos colmados.