Immortalidad

Universidad de Massachusetts, Amherst, Massachusetts

24 de abril de 1970

El que no aspira cree que la Inmortalidad es imposible. El que aspira siente que la Inmortalidad es una posibilidad segura. El que ha realizado a Dios sabe que la Inmortalidad es una realidad absoluta.

«‘¡Imposible!’ Eso no es buen francés,» dijo Napoleón.

« ‘¡Imposible!’ Eso no es buen autodescubrimiento.» Esto es lo que digo yo. El autodescubrimiento de hoy es la Inmortalidad de mañana.

Es bueno ser inmortal, pero es infinitamente mejor ser divino. Sócrates dijo algo muy memorable: «Todas las almas de los hombres son inmortales, pero las almas de los virtuosos son tanto inmortales como divinas.»

Si la Divinidad toma cuerpo dentro de la Inmortalidad, sólo entonces puede la realidad ser todo-abrazadora, todo-sustentadora y todo-colmadora.

La vida exterior es la humanidad. La vida interior es la Inmortalidad. La vida alrededor es la realidad. La vida arriba es la Divinidad. La vida abajo es la oscuridad.

Cuando la Divinidad entra en la humanidad, el alma de la humanidad se torna esperanzada. Cuando la Divinidad entra en la Inmortalidad, el alma de la Inmortalidad se torna significativa. Cuando la Divinidad entra en la realidad, el alma de la realidad se torna fructífera. Cuando la Divinidad entra en la oscuridad, el alma de la oscuridad se torna piadosa.

Dios inspira al hombre con Su Inspiración inmortal. El hombre realiza a Dios con su auto-consagración inmortal. Dios medita en el hombre para su perfección inmortal. El hombre medita en Dios para Su Manifestación inmortal.

Copiar a otros es un acto de estupidez. Copiarse a uno mismo es un acto absurdo. Imitar a Dios es imitar a la Inmortalidad. Cuando imitamos a Dios, nuestra vida de imaginación termina y nuestra vida de realización amanece.

¿Cómo podemos imitar a Dios si no sabemos quién es Dios? Dios es el Hombre Divino, supremamente inspirador allá en el Cielo y supremamente sacrificador aquí en la Tierra.

¿Qué es la Inmortalidad? La Inmortalidad es la divina Conciencia que crece eternamente y fluye incesantemente. Mientras crece, alcanza a Dios el Trascendental. Mientras fluye, alcanza a Dios el Universal.

El cuerpo dice: «La vida es sólo presión.» El vital dice: «La vida es sólo placer.» La mente dice: «La vida es la patria de las ideas.» El corazón dice: «La vida es la patria de los ideales.» El alma dice: «La vida es la patria de las experiencias.» Dios dice: «La vida es la patria de la Inmortalidad.»

La Madre Tierra simboliza la aspiración humana. De ahí que una mujer en los Upanishad, Maitreyi, es quien enseña a la humanidad la aspiración más elevada: «¿Qué utilidad tienen para mí las cosas que no me harán inmortal?»

Seamos inseparablemente uno con Maitreyi y sintamos que la atadora conciencia de la mortalidad debe ser inundada con la ilimitada conciencia de la Inmortalidad.

¡Oh hombre aspirante, profundiza en tu interior! Escucha el susurro de Dios: «Mi niño, eres bueno; por eso, he hecho de ti el Corazón de Mi Infinitud. Mi niño, eres amable; por eso, he hecho de ti el Hálito de Mi Eternidad. Mi niño, eres grande; por eso, he hecho de ti la Vida de Mi Inmortalidad.

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