En cierta aldea de Bengala, en India, el criado de un hombre rico se dirigía todos los días a la casa de su amo cruzando el río en un ferry. Un día, había una violenta tormenta. El ferry no podía cruzar el río embravecido y el criado, forzado a desviarse muchas millas de su camino para cruzar por un puente, llegó tarde. El amo estaba furioso. «Eres un tonto», —Le gritó— «Si pronuncias el nombre de Krishna tres veces, verás que no necesitas ningún barco. ¡Podrás caminar a través del río!»
Esa tarde, cuando la tormenta no daba señales de menguar, el pobre criado se vio amenazado por la misma situación. Pero, con su fe sencilla, obedeció las instrucciones del amo. Desde lo más profundo de su corazón, pronunció el nombre de Krishna. ¡He aquí, el milagro de los milagros! Sintió que un poder le propulsaba hacia el agua y era capaz de caminar por encima de las olas mismas. Así cruzó el río. Cuando el amo oyó la historia, su alegría no tuvo límite. Un gran orgullo se alzó en su corazón. ¿No había sido su consejo lo que había producido el éxito? «Jamás supe que mi consejo tuviera un poder tan grande», —pensó— «voy a disfrutar yo mismo de este milagro».
Así que fue al río, que ahora estaba tranquilo y sereno, y pronunció tres veces el nombre de Krishna. Luego comenzó a cruzar. Pero el temor y la duda torturaron todo su ser y por más que gritó el nombre sagrado cientos de veces, su tentativa fue infructuosa. Se ahogó.
Ahora, ¿qué aprendemos de esta historia? El criado tenía fe sincera en su amo. También tenia fe implícita en el Señor Krishna. Fue su absoluta fe en un poder divino lo que le salvó y demostró la fuerza de la gracia de Krishna.
Del mismo modo, un orador, a pesar de que su fe sea débil, puede infundir fe genuina en sus oyentes. Pero siendo él mismo verdaderamente espiritual, puede ayudar a los demás de la manera más significativa. Si queremos convencer a los demás de la Verdad, nuestra autoridad más elevada viene solo del conocimiento directo de la Verdad y no de alguna escritura. En el Juego divino, la autoridad no iluminada desempeña el papel de la lámpara, mientras que la Verdad-en-realización desempeña el papel de la Luz.From:Sri Chinmoy,Yoga y vida espiritual. El viaje del alma de la India., Tower Publications, Inc., New York, 1971
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