Espiritualidad: lo que es y lo que no es

Universidad de las Indias Occidentales, Kingston, Jamaica
10 de enero de 1968

La espiritualidad es la libertad sin fronteras del hombre en su barca de vida: la libertad de su viaje de vida, su libertad de las angustias de la vida y la libertad más allá de los logros de su vida.

En la espiritualidad está la Visión más lejana del hombre. En la espiritualidad está la realidad más cercana del hombre. Dios tiene Compasión. El hombre tiene aspiración. La espiritualidad es la conciencia-luz que une la aspiración del hombre y la Compasión de Dios. La espiritualidad le dice al hombre que él es el Dios encubierto y que Dios es el hombre descubierto.

La espiritualidad no es un escape del mundo de la realidad. La espiritualidad nos dice lo que la verdadera realidad es y cómo podemos descubrirla aquí en la Tierra. La espiritualidad no es la negación de la vida, sino la aceptación más pura de la vida. La vida es para ser aceptada sin reservas. La vida es para ser realizada profundamente. La vida es para ser transformada totalmente. La vida es para ser vivida eternamente.

La espiritualidad no es la canción de la ignorancia. Es la madre de la concentración, la meditación y la realización. La concentración me lleva dinámicamente hacia Dios. La meditación me trae silenciosamente a Dios. La realización ni me lleva a Dios ni me trae a Dios. La realización me revela que Dios es el Ave Azul de la Realidad de la Infinitud y que yo soy las Alas Doradas de la Verdad de la Divinidad.

La espiritualidad me ha enseñado la diferencia entre mi discurso y mi silencio, entre mi mente y mi corazón. En el discurso intento llegar a ser. En el silencio soy. Cuando abro la boca, Dios cierra mi corazón. Cuando cierro la boca, Dios abre mi corazón. Mi mente dice: «Dios me necesita.» Mi corazón dice: «Necesito a Dios.» Mi mente quiere poseer la creación de Dios mientras la está negando. Mi corazón quiere abrazar la creación de Dios mientras la está sirviendo. Mi mente dice que no sabe si piensa en Dios o en sí misma. A veces mi mente siente que como ella no piensa en Dios, tampoco Dios piensa en ella. Mi corazón ve y siente que Dios piensa en él, incluso si él no se preocupa de pensar en Dios.

La espiritualidad me ha dicho secretamente cuál es mi necesidad suprema y cómo puedo conseguirla. ¿Cuál es mi necesidad suprema? La Bendición de Dios. ¿Cómo puedo conseguirla? Sencillamente tomándola prestada del Banco de Dios.

¿Cómo puedo devolver mi deuda? ¡Muy fácil! Sencillamente tomando otra vez un préstamo del Banco de Dios. Pero debo tomar en préstamo la sabiduría y nada más. Poseída la sabiduría, cancelada la deuda. Verdaderamente, esta sabiduría es el hálito de la espiritualidad.

Yo soy el experimento de Dios. Él me ha dado mi nombre: Ciencia. Yo soy la experiencia de Dios. Él me ha dado mi nombre: Espiritualidad. Yo soy la Realización de Dios. Él me ha dado mi nombre: Unidad—Unidad dentro, Unidad fuera.

Dios es mi Realidad.
El Cielo es mi Inmortalidad.
La tierra es mi Divinidad.

En la tierra crezco.
Con el Cielo llego a ser.
En Dios soy.

Miedo a la vida interna

Universidad de las Indias Occidentales, Kingston, Jamaica
12 de enero de 1968

Extraño es este mundo nuestro. Más extraño es nuestro entendimiento humano. Extrañísimo es nuestro miedo a la vida interna.

La mayoría no sabemos lo que es la vida interna. ¿Qué es la vida interna? Es la vida que vive para crecer y crece para vivir. Crece en la visión ilimitada del alma. Vive en la muy sublime plenitud del alma. Esta vida interna actúa siempre conforme a la luz transformadora y colmadora del alma. Si no conoces tu alma, en el mundo de la sabiduría divina serás acusado de ignorancia absoluta. Cuando conoces tu alma, inmediatamente estás familiarizado con Dios.

Por favor no olvides tu gran promesa a Dios. Antes de venir al mundo, antes de ponerte la vestimenta humana, Le dijiste a Dios, tu dulce Señor, con toda tu sinceridad disponible, que participarías en su Lila (Drama) divino. Él te dijo: «Hijo Mío, cólmame y cólmate tú al mismo tiempo en la Tierra.» Estabas divinamente estremecido, tu alegría no tenía límites. «Padre, lo haré», dijiste. «Que mi fervorosa promesa sea merecedora de Tu compasivo Mandato.»

Como lo quiso el infortunio, has olvidado ahora por completo tu promesa. Aquí en la Tierra no quieres colmar a Dios, sino a ti mismo. Tu mente apagada te induce a traicionar a Dios, y así lo haces. Sientes que la satisfacción de Dios debe venir solamente a través de tu propia satisfacción. Si no ocurre de esta manera, no estás preparado para sacrificar ni un ápice de tu aliento de vida para complacer a Dios aquí en la Tierra. Tu promesa divina vierte amargas lágrimas de fracaso. Huelga decirlo, tratar de colmarte a ti mismo antes de haber colmado a Dios es poner la carroza delante del caballo. Es el colmo del absurdo.

Quizá a estas alturas ya sepas lo que te ha hecho fracasar en tu más sincera promesa a Dios. Es tu miedo. Si te pregunto cuántos enemigos tienes, me dirás: «bastantes.» Pero debo decir que estás equivocado. Tienes tan sólo un enemigo, eso es todo, aunque parezca un ejército por sí mismo. Este único enemigo tuyo es el miedo, tu miedo inconscientemente atesorado.

Tienes miedo de la vida interna. Sientes que en cuanto te lances a la vida interna estarás perdido, completamente perdido, como un bebé en el bosque. Tal vez pienses también que al aceptar la vida interna estás construyendo castillos en el aire. Finalmente, tal vez sientas que aceptar la vida interna es como arrojar tu muy preciada vida en la boca de un león rugiente que devorará por completo a ti y a tu vida externa.

Tienes innumerables y dulces sueños. Quieres transformarlos en realidad. En todos tus sueños quieres disfrutar del mundo o quieres ofrecer tu decisiva contribución al mundo en general; pero sientes que si te embarcas en la vida interna, serás privado de todos estos logros inestimables. Así que ahora es el momento en que el miedo hace su aparición, y naturalmente comienzas a apartarte de la vida interna. El miedo comienza a torturarte; trata de limitarte y atarte.

Desafortunadamente, tu vida flaquea ante este deplorable error. Pero si una vez, tan sólo una vez, con la ayuda de tu meditación todo-energizante, pudieras llevar hasta el mundo interno el miedo que tan largamente has atesorado, verías que allí el miedo pierde su existencia misma. En un abrir y cerrar de ojos se vuelve uno con la fortaleza dinámica de tu vida interna.

Si verdaderamente quieres poseer el mundo externo, tienes que poseer primero el mundo interno, y no al contrario. Si verdaderamente quieres disfrutar del mundo externo, primero debes disfrutar del mundo interno, y no al revés. Si tu corazón anhela servir a la humanidad, primero tienes que servir a la divinidad interna. Infalible es esta verdad.

Conócete a ti mismo

Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, Puerto Rico
26 de Agosto de 1968

Atmanam viddhi — «Conócete a ti mismo». Cada individuo tiene que conocerse a sí mismo. Tiene que conocerse como la Conciencia infinita, eterna e inmortal que es. Los conceptos de Infinitud, Eternidad e Inmortalidad son absolutamente extraños para nosotros. ¿Por qué? La razón es muy sencilla. Vivimos en el cuerpo, más que en el alma. Para nosotros el cuerpo lo es todo. No hay ni puede haber nada más allá del cuerpo. La existencia del alma la consideramos pura imaginación. Pero les aseguro que el alma no es imaginaria. Es al mismo tiempo la vida y la revelación de la Realidad Cósmica. La mayoría vivimos en el cuerpo, en la conciencia física ligada a la tierra. Nuestro profesor es la oscuridad; nuestro tutor la ignorancia. Pero si alguna vez vivimos en el alma, veremos que nuestro profesor es la Visión y nuestro tutor la Iluminación.

«La vida es esfuerzo.» Eso dice el cuerpo. «La vida es bendición.» Eso dice el alma. Lo humano en el hombre no quiere ir más allá de la moralidad, la sociedad y la humanidad. Lo divino en el hombre desciende desde la divinidad hasta la humanidad, desde la unidad hasta la multiplicidad.

Atmanam viddhi — «Conócete a ti mismo». Los visionarios upanishádicos no sólo descubrieron esta Verdad Trascendental, sino que la ofrecieron a la humanidad que sufre, llora y lucha. Para poder conocerse, primero tiene uno que descubrirse. ¿Qué es el autodescubrimiento? El autodescubrimiento es la realización de Dios.

Sin Yoga no hay autodescubrimiento. El Yoga no es una religión. El Yoga es la Verdad Universal. Es la verdad tradicional de la India. Es la experiencia más importante de la vida. El verdadero Yoga y la vida van juntos. No pueden ser separados. Si tratas de separarlos, fracasarás. El Yoga y la vida son tan inseparables como el Creador y la Creación.

¿Es Yoga otro nombre del ascetismo severo? No, nunca. ¿Es Yoga otro nombre de la autodisciplina? Decisivamente sí. ¿Exige el Yoga el rechazo del mundo y la privación de los sentidos? No, nunca. ¿Exige el Yoga la aceptación del mundo y el control de los sentidos? Sí, un vigoroso sí. ¿Es el Yoga para todo el mundo? Sí y no. Sí, porque cada alma humana ha venido de Dios e internamente aspira a regresar a Él. No, porque algunas personas, en su nivel actual de desarrollo, sienten que pueden vivir sin Dios.

Can learning and reasoning offer man self-realisation? No. Mere book knowledge ends in self deception. Why? Because a man of knowledge feels that he has achieved the infinite wisdom. Unfortunately, he does not know that the real Infinite Wisdom can come only from God, from God-Realisation. Mere mental reasoning ends in self-frustration.

¿Pueden la dedicación y la aspiración ofrecerle al hombre la autorrealización? Sí. La dedicación del hombre es la flor de su corazón ofrecida a los Pies de Dios. La aspiración del hombre es el fruto de su alma colocado en el Regazo de Dios.

Para la autorrealización el hombre necesita libertad. Dios le da libertad. ¿Qué es la libertad? La libertad es el poder-sacrificio de Dios y el poder-milagro del hombre. Sri Ramakrishna, el gran Maestro espiritual de la India, señaló en cierta ocasión: «El infeliz que repite constantemente, “Estoy atado, estoy atado,” sólo consigue estar atado. Aquél que día y noche dice, “Soy un pecador, soy un pecador,” verdaderamente se convierte en un pecador. Uno debe tener una fe tan ardiente en Dios, que pueda decir, “He repetido el nombre de Dios, por lo tanto, ¿cómo puede el pecado adherirse todavía a mí?, ¿cómo puedo ser un pecador nunca más?”»

Debemos albergar pensamientos positivos, ideas positivas, ideales positivos. Sólo entonces nuestra meta dejará de estar a una enorme distancia. Cada hombre tiene que sentir, «estoy a los Pies de Dios, mi propio Maestro. Estoy en las Manos de Dios, mi propio Creador. Estoy en el Corazón de Dios, mi único Amado.»

«Pedid y os será dado, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.» Yo pedí. Mi Señor me agració con Su ilimitada Compasión. Yo busqué. Mi Señor me dio Su Amor infinito. Yo llamé. Para mi absoluta sorpresa, la puerta no estaba cerrada desde dentro. Mi dulce Señor estaba ávidamente esperando mi llegada. ¡Mira, aquí estoy!

El significado de la vida

Universidad Interamericana, San Juan, Puerto Rico
17 de octubre de 1968

La vida es la Bendición Trascendental de Dios a Su Creación. ¿Qué es más importante que la Bendición de Dios? La amorosa Atención de Dios. ¿Qué es más importante que la amorosa Atención de Dios? El cumplimiento absoluto de la Voluntad de Dios.

La vida es la experiencia de sabiduría y fe del hombre. La sabiduría sin fe es la esclavitud de la futilidad. La fe sin sabiduría es la sonrisa de la estupidez. Fe y sabiduría pueden ir juntas. La fe nos despierta para ver la Verdad. La sabiduría nos ayuda a vivir la Verdad.

El mundo externo es un drama de conflicto entre los pensamientos pasajeros y destructivos de la mente del hombre y la voluntad constructiva y duradera del alma del hombre. El mundo interno es un juego de armonía entre la entrega de la mente y la aceptación del alma.

La vida es voluntad. Sólo hay una voluntad que media entre Dios y el hombre. Esta voluntad es a la vez el llanto descendente de la Atención y la Compasión, y el llanto ascendente del amor y el desamparo.

La vida es el intento consciente del hombre de ver a Dios cara a cara.

Primero intenta. Entonces clama, si fuera necesario.
Primero ofrece. Entonces toma, si fuera necesario.
Primero corre. Entonces para, si fuera necesario.
Primero sé el que hace. Entonces sé el que habla, si fuera necesario.

El pensamiento, el pensamiento humano, gobierna el mundo. Pero el mero pensar no sirve de nada.

Cuando pienso, Dios es mi frustración.
Cuando lloro, Dios es mi consuelo.
Cuando intento, Dios es mi salvación.
Cuando tengo la voluntad, Dios es mi iluminación.

Debemos amar primero a Dios, si de verdad amamos la vida, pues Dios no sólo es el Origen sino el Hálito mismo de la vida. El amor a Dios no cuesta nada, absolutamente nada, pero vale mucho. Nuestra mente conoce esta verdad. Nuestro corazón practica esta verdad. Nuestra alma encarna esta verdad.

El objetivo último de la vida humana es la liberación. La liberación es la elección del hombre y la Gracia de Dios. La liberación es la libertad total del hombre y la responsabilidad constante de Dios.

Tú lloras porque no tienes planes para hacer que tu vida tenga significado y éxito. Él llora porque todos sus planes han llegado a una pobre conclusión. Yo lloro porque no quiero tener plan alguno. Lo que quiero es estar todo el tiempo sentado a los Pies del Supremo, que es la Visión y, al mismo tiempo, la Realidad.

Mi vida tiene tres doctores: el Dr. Amor, el Dr. Devoción y el Dr. Entrega. El Dr. Amor cura la estrechez de mi mente. El Dr. Devoción cura la impureza de mi corazón. El Dr. Entrega cura la ignorancia de mi vida.

Mi vida tiene tres Dioses. Dios la Existencia, Dios la Conciencia y Dios el Deleite. Dios la Existencia vive eternamente en mí. Dios la Conciencia crece constantemente en mí. Dios el Deleite vive inmortalmente conmigo.

El hombre y su Meta

Universidad Estatal de Nueva York en Farmingdale
11 de diciembre de 1968

Estimados amigos, son ustedes afortunados, son especiales. Una significativa rama de la Universidad Estatal les ayuda a especializarse aquí en horticultura y agricultura. Pronto van a sentirse como en casa en la ciencia de la vida vegetal y el cultivo de la tierra. En un sentido más amplio y más puro, están haciendo la promesa solemne al mundo en general de que desean ser verdaderos hijos de la Naturaleza y la Madre Tierra.

Estoy seguro de que todos saben que fue un científico indio, Sir J. C. Bose, quién descubrió la vida en las plantas. Él nació en Bengala. Tengo el orgullo de haber nacido en la misma provincia.

El genuino amor que le tienen a la naturaleza les capacita y les cualifica para recibir amor, atención, favor y bendiciones especiales del Universo, la Vida Universal y la Madre Universal.

Un hombre le dijo al universo, «¡Señor, Yo existo!»

«Sin embargo,» replicó el universo, «ese hecho no ha creado en mí un sentido de obligación.»

Aunque pueda ser cierto para otros, esta llamativa declaración de Stephen Crane no se aplica a ustedes en lo más mínimo. Quisiera decirles que el Universo, la Vida Universal y la Madre Universal bendecirán orgullosamente sus cabezas devotas y sus corazones dedicados, porque ustedes aman la Naturaleza, ustedes adoran la Naturaleza. ¿Qué es la Naturaleza? La Naturaleza es Dios la Madre. En Su aspecto masculino, Dios es Transcendental. En Su aspecto femenino, Dios es Universal. Invoquemos la presencia de Dios la Madre Universal antes de entrar en el tema «El hombre y su Meta.»

La falsa meta del hombre es el amor humano. El amor humano fracasa tristemente. La falsa meta del hombre es la belleza física. La belleza física es sólo superficial. La falsa meta del hombre es el dinero y la riqueza material. «Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja que un hombre rico en el Reino de los Cielos.»

La verdadera meta del hombre es la Verdad. La Verdad lo despierta de su sueño de ignorancia. La verdadera meta del hombre es la paz. La paz lo alimenta en su vida interna y externa. La verdadera meta del hombre es la dicha. La dicha lo inmortaliza a él, a su hálito de vida.

Autorrealización: esto es lo que el hombre necesita de Dios. Amor: esto es lo que Dios necesita del hombre. Fe: esto es lo que Dios siempre tiene en el hombre. Pero, ¡ay!, el hombre todavía tiene que desarrollar la fe en sí mismo y la fe en Dios.

El hombre dice sin titubear: «Si tuviera tiempo, amaría a Dios. Si tuviera tiempo, adoraría a Dios. Si tuviera tiempo, incluso lloraría por Dios.»

Pero el pobre Dios tiene tiempo. Tiene tiempo para perdonar la estupidez interminable del hombre. Tiene tiempo para bendecir la desvergonzada mente del hombre y otorgarle todas sus verdaderas necesidades. Tiene tiempo incluso para clamar por la sinceridad aún no nacida del hombre.

El hombre y Dios. Traten de realizar a Dios. Tanto Dios como el hombre les dirán: «¡Magnífico, adelante!» Traten de explicar a Dios. El hombre inmediatamente les dirá: «¡Alto! ¡No menosprecien a Dios, no torturen a Dios!» Dios dirá: «¡Alto! ¡Al menos por mi causa, no engañen a los hombres, no engañen a Mis hijos!»

No intentemos explicar a Dios. Si lo hacemos, nuestra ignorancia quedará expuesta. Esforcémonos todos por realizar a Dios. Lo que necesitamos para eso es la meditación. Meditemos, meditemos en Dios.

El hombre tiene que caminar lejos, muy lejos. Tiene que alcanzar las costas del Dorado Más Allá. Tiene que caminar lenta, firme e inequívocamente. Pero debe caminar hacia delante, no hacia atrás. Lincoln invita al hombre, su camarada viajero, a cantar con él: «Soy un caminante lento, pero nunca camino hacia atrás.»

Creemos en la evolución. El hombre no está retrocediendo al reino animal. El hombre está avanzando hacia el Reino de los Cielos, el cual respira, crece y resplandece perpetuamente en lo más íntimo de su corazón.

Todos queremos nadar en el mar del conocimiento. Pero, lástima, el conocimiento no es suficiente. Hay otro mar. Es el mar de la Luz, la Paz, el Deleite y el Poder divinos. Este mar les da la realización y la liberación. Tendrán la realización de su unidad consciente e indivisible con Dios. Se liberarán de las ataduras de milenios. Este mar les da plenitud infinita. Algo más: este mar les hace sentir de una manera perfectamente convincente que ustedes son verdadera e indudablemente el Dios de mañana.

¿Quién dice que el hombre está durmiendo? No es cierto. El hombre despertó con sus abundantes deseos, pero era vergonzosamente temprano. Descubrió que Dios no estaba dispuesto y nunca estaría dispuesto a recibirle.

El hombre despertó con su ardiente aspiración, pero llegaba imperdonablemente tarde. Aún así, Dios estaba entusiasmado de recibirlo, abrazarlo y, finalmente, colocarlo en Su propio Trono trascendental.

Cómo vivir en dos mundos

Sarah Lawrence College, Bronxville, New York
14 de enero de 1970

Hay dos mundos: uno es el mundo de la verdad, otro el de la falsedad. Cuando la verdad y la falsedad discrepen, ¿quién decidirá? La aceptación, su aceptación mutua. La verdad aceptará a la falsedad para iluminar la vida de la falsedad. La falsedad aceptará a la verdad para manifestar el espíritu de la verdad.

Dos mundos: uno es conocido como aceptación, el otro como rechazo. Con mi gratitud más profunda acepto lo que Dios tiene para mí: la iluminación. Con firme determinación rechazo lo que el mundo tiene para mí: la frustración.

Dos mundos: condición y situación. La condición dice: «Dios da cuando tú das.» La situación dice: «Tú estás desvalido. Sólo Dios puede dar y da.»

Mi Dios tiene dos nombres: Deleite y Compasión. En el mundo interno, Lo llamo por el nombre de Deleite. En el mundo externo, Lo llamo por el nombre de Compasión. Mi Dios tiene dos almas. El alma que tiene en el mundo interno encarna Su Sueño. El alma que tiene en el mundo externo revela Su Realidad. Mi Dios tiene dos cuerpos. Su cuerpo externo es mi inspiración. Su cuerpo interno es mi emancipación.

El Cielo y el infierno representan dos mundos en nuestra conciencia. El Cielo sorprende al infierno con su alegría sin límite. El infierno sorprende al Cielo con su llanto incesante. El Cielo le dice al infierno: «Yo sé bailar y puedo enseñarte si quieres.» El infierno le dice al Cielo: «¡Estupendo! Tú sabes bailar y estás dispuesto a enseñarme. Pero quisiera decirte que yo sé cómo quebrar mis piernas y puedo quebrar también las tuyas si quiero.»

La ciencia y la espiritualidad son dos mundos diferentes. La ciencia quiere acortar distancias. La espiritualidad quiere unir distancias. Para mí, ninguna es suficiente. Mi visión es divinizar y transformar la distancia.

Oriente y Occidente: dos mundos. Debemos unirlos. La conciencia despierta de la humanidad está tendiendo visiblemente hacia lo Divino. Este es un rayo de luz sumamente esperanzador en medio de las circundantes oscuridades de hoy. Este es un momento, no meramente de unir nuestras manos, sino de unir nuestras mentes, corazones y almas. Atravesando todas las barreras físicas y mentales entre Oriente y Occidente, muy por encima de los patrones nacionales e individuales, ondeará el supremo estandarte de la unidad divina. El mundo externo es el mundo de la mente razonadora. El mundo interno es el mundo de la experiencia. El mundo externo encuentra difícil creer en la existencia de Dios. Pero en el mundo interno la existencia de Dios tiene siempre gran importancia. Sri Aurobindo dijo: «Me demostraron por medio de razones convincentes que Dios no existe, y yo les creí. Después vi a Dios, porque Él vino y me abrazó. Y ahora, ¿a quién voy a creer, a la razón de otros o a mi propia experiencia?»

¿Podemos vivir en dos mundos? Desde luego que podemos. Si tenemos inspiración espontánea podemos vivir con éxito en el mundo externo y lograr nuestros objetivos. Si tenemos aspiración fervorosa podemos vivir en el mundo interno y lograr nuestra Meta interna. El mundo externo es el cuerpo; el mundo interno es el alma. Si permanecemos en el cuerpo, tenemos que seguir constantemente los dictados del alma de manera que el cuerpo, en lugar de ser una ciega herramienta del destino, se convierta en un canal perfecto para la divina manifestación del Supremo en el plano físico. Y si queremos vivir en el alma, experimentar la Luz, la Paz y la Dicha infinitas, entonces no debemos negar el cuerpo, no debemos destruir el cuerpo, porque es dentro del cuerpo donde el alma reside en la Tierra.

El deber supremo

Universidad de Boston, Boston, Massachusetts
24 de marzo de 1969

Cantó el poeta:

Dormía y soñé que la vida era belleza.
Desperté y descubrí que la vida era deber.

Deber y belleza son como el Polo Norte y el Polo Sur.

¿Qué es la belleza? La belleza es la unidad de lo finito y lo Infinito. La belleza es la expresión de lo Infinito a través de lo finito, el hombre. La belleza es la encarnación de Dios el Infinito en el hombre. En el mundo material, el mundo físico, Dios se revela a través de la belleza.

La belleza del alma es la belleza sin parangón en el mundo físico. Esta belleza inspira al mundo externo y colma al mundo interno. Esta belleza nos hace ser uno con el Alma de Dios, la Luz infinita. Esta belleza nos hace ser uno con el Cuerpo de Dios, el Universo. Cuando vivimos en el mundo de la aspiración, llegamos a comprender que el Deber trascendental y la Belleza universal son las expresiones perfectas de una misma Realidad.

El deber. En nuestra vida cotidiana, el deber es algo desagradable, exigente y desalentador. Cuando se nos recuerda nuestro deber, perdemos toda la alegría interna, espontánea. Nos sentimos desdichados. Sentimos que podíamos haber utilizado nuestra energía de vida para un propósito mejor. Sólo una persona carente de sentido común puede decir que no sabe cuál es su deber. Cada persona conoce bien su deber, demasiado bien. Pero depende de ella el cumplirlo o no.

La vida de un aspirante es la vida que ha de cumplir el deber supremo. Su primer y más importante deber es realizar a Dios. No puede haber otro deber excepto éste, la Realización de Dios, en su vida aquí en la Tierra.

Un aspirante, cuando ve la luz del día, es inspirado por Dios mismo con este mensaje:

Realízame en la Tierra,
revélame en la Tierra,
cólmame en la Tierra.

El tiempo es fugaz. El tiempo no nos espera. Tenemos que ser sabios. Podemos utilizar cada momento para un propósito divino. Podemos utilizar cada momento en el desempeño de nuestro fervoroso Deber.

El deber es doloroso, tedioso y monótono simplemente porque lo hacemos con nuestro ego, orgullo y vanidad. El deber es placentero, alentador e inspirador cuando lo hacemos por Dios mismo. Lo que tenemos que hacer es cambiar nuestra actitud hacia el deber. Si trabajamos por Dios mismo, entonces no hay deber. Todo es alegría; todo es belleza. Cada acción ha de ser ejecutada y ofrecida a los Pies de Dios. El deber por amor a Dios es el Deber supremo. No tenemos ningún derecho a asumir otro deber antes de haber logrado nuestra propia salvación espiritual. ¿Acaso no nos confió Dios esta maravillosa tarea en el momento mismo de nuestro nacimiento? El Deber supremo es esforzarse constantemente por la realización de Dios. El tiempo es corto, pero la misión de nuestra alma en la Tierra es sublime. ¿Por qué deberíamos dilapidar el tiempo en los placeres de los sentidos?

A menudo decimos que no tenemos ninguna obligación para con los demás, porque no hemos aceptado nada de ellos. No nos han dado nada. Es cierto, no estamos bajo obligación alguna. Pero hay una palabra llamada expectación. Tal vez yo no haya tomado nada de ti, pero eso no significa que tú no esperes algo de mí. Algunas veces tu expectación puede ser legítima. Puedes esperar, claro que puedes; pero hay algo que no puedes hacer: no puedes exigir. Puedes esperar, y dependerá de mí si te doy o no lo que quieres. Pero no debes exigir. Sólo Dios puede exigir. Dios y sólo Dios puede exigir mi vida entera. Cada individuo ha de sentir que Dios tiene derecho absoluto a reclamarlo por siempre aquí en la Tierra y allá en el Cielo.

Ama mucho a tu familia. Ese es tu gran deber. Ama más a la humanidad. Ese es tu deber mayor. Ama a Dios lo que más. Ese es tu mayor deber. Tu Deber supremo.

Hay dos cosas: una es el recuerdo y otra es el olvido. Todos sabemos que nuestro deber es ganar nuestro salario. Cierto, es nuestro deber, y siempre lo recordamos. Pero hay otro deber. A fin de obtener nuestro salario tenemos que trabajar. De alguna manera nos las ingeniamos para olvidar esto.

En el mundo espiritual hay también un deber. Este deber es gozar del fruto de la Realización de Dios. Todos lo sabemos, y estamos sumamente deseosos de ejecutar este deber. Pero, desafortunadamente, olvidamos el otro deber: la meditación. Un deber es gozar de los frutos; el otro deber es lograr los frutos. Pero somos lo bastante listos como para clamar por los frutos de la realización mucho antes de haber entrado en el campo de la meditación. Si no hay meditación, no hay realización. Sin meditación, la realización de Dios no es otra cosa que autoengaño.

Un aspirante tiene un deber muy significativo y es el deber de tener perfecta fe en sus posibilidades divinas. Si tiene fe en sí mismo y fe en el Guru viviente, entonces fácilmente puede realizar el deber supremo, el deber del autodescubrimiento, la realización de Dios.

Dios y yo

Universidad de Brandeis, Waltham, Massachusetts
26 de marzo de 1969

Dios y yo. Dios es mi Padre. Dios es mi Madre. Esto es lo que yo sé. Además, siempre sé qué hacer. Déjenme contarles mi secreto más íntimo: sé lo que hacer precisamente porque Dios lo hace por mí. Sé que yo no hago nada ni puedo hacer nada. Dios es el hacedor. Dios es la acción. Dios es el fruto de ésta. Mi vida es una eterna experiencia de Dios.

Tal vez me pregunten por qué hace Dios todo por mí y por ustedes no. ¿Acaso porque Dios es parcial? Con toda seguridad, Dios no es parcial. Él es todo menos eso. Desafortunadamente, hay una ligera diferencia entre mi aproximación a Dios y su aproximación a Dios. ¿Recuerdan lo que el Hijo de Dios le dijo a la humanidad? : «Yo y mi Padre somos uno.» Yo creo en el Hijo de Dios e intento vivir su verdad. También creo en los ancestrales visionarios Védicos de la India. Ellos dijeron: Aham brahmasmi — Yo soy el Brahman, el Uno sin par. Y también tengo fe implícita en la enseñanza de Sri Krishna, la cual he aprendido del Bhagavad Gita, el Canto Celestial:

Un hombre está hecho por su fe.
Cualquiera que sea su fe, así es él.

Yo sé que Dios puede ser visto. Sé que Dios puede ser sentido. Sé que Dios puede ser realizado. Sé que cada ser humano, sin excepción, llegará a convertirse en la Visión Trascendental de Dios y en Su Realidad absoluta.

Ustedes son propensos a albergar algunas extrañas ideas en lo más íntimo de su corazón. En primer lugar, se alegran en decirle al mundo que no hay Dios, y que no puede haber tal cosa llamada Dios. Incluso cuando sienten que hay un Dios, le dicen a sus seres cercanos y queridos que Dios es para ellos y para los demás, pero no para ustedes. Con toda la ignorancia de que disponen, declaran que Dios no se interesa por ustedes. Sienten que Dios está terriblemente enfadado con ustedes porque hace diez años mintieron terriblemente o engañaron a alguien en la calle. Pobre Dios, ¡cómo si no tuviera otra cosa que hacer mas que enfadarse con ustedes y castigarlos sin piedad!

Lo crean o no, les diré que Dios tiene muchas, muchas cosas significantes que hacer con sus vidas. Para ustedes su vida no es nada, un cero perfecto. Para Dios, su vida lo es todo —para ser más precisos, Su todo. Ustedes son Su Orgullo sin igual. Son Su único Sueño. Son Su única Realidad. Con ustedes Él canta la canción de la Inmortalidad. En ustedes Él ve la personificación de Su Existencia-Conciencia-Deleite. Para ustedes, sólo para ustedes, Él existe a través de la Eternidad. Él los moldea. Él los forma. Él los guía. Él los transforma en Su Imagen misma, en Su Vida del Más Allá siempre trascendente.

Queridos estudiantes, queridos profesores, queridas hermanas y hermanos, están ahora en el mismo barco que yo. Cantemos juntos : «Sé lo que hacer, porque Dios lo hace por mí.»

Permítanme cantar una canción más. Espero que todos la aprendan pronto. Esta canción me cuenta qué decir y a qué aspirar:

Condúceme de lo irreal a lo Real.
Condúceme de la oscuridad a la Luz.
Condúceme de la muerte a la Inmortalidad.

Deseo y aspiración

Universidad de Nueva York, New York, N.Y.
29 de marzo de 1969

El deseo es un fuego salvaje que quema y quema, y finalmente nos consume.

La aspiración es una llama resplandeciente que secreta y sagradamente eleva nuestra conciencia y finalmente nos libera.

La sed de lo Altísimo es aspiración. La sed de lo más bajo es aniquilación.

El deseo es expectación. Sin expectación no hay frustración. Eliminado el deseo, construida la verdadera felicidad. La aspiración es entrega. La entrega es la unidad consciente del hombre con la Voluntad de Dios.

Tal como están las cosas actualmente, nuestro nacimiento mismo nos empuja a estar muy lejos de Dios. ¿Por qué revolcarnos deliberadamente en los placeres de los sentidos y alejarnos más aún de Dios? Del mismo modo que la guerra lleva al comercio de un país a detenerse, también nuestra tremenda inclinación a los placeres de los sentidos lleva todos nuestros movimientos espirituales internos a detenerse. De hecho, satisfacer las imaginadas necesidades de nuestra vida humana y clamar por el cumplimiento de nuestros placeres terrenales no es sino un mal auto-torturador. Pero satisfacer las necesidades de Dios, reales y divinas, en nosotros y a través de nosotros, es auto-iluminación.

¡Pobre Dios! Las personas no iluminadas siempre piensan que no tienes misericordia. Sin embargo, cuando colmas sus deseos, piensan que nadie en la Tierra puede superar Tu estupidez.

¡Pobre hombre, mira tu destino más deplorable! En las adecuadas palabras de Bernard Shaw: «Hay dos tragedias en la vida. Una es no conseguir el deseo de tu corazón; la otra es conseguirlo.»

Deseo significa ansiedad. La ansiedad halla satisfacción únicamente cuando es capaz de colmarse a través del apego sólido. Aspiración significa calma. Esta calma halla satisfacción únicamente cuando es capaz de expresarse a través del desapego que todo lo ve y todo lo ama.

En la aspiración y en ningún otro lugar reside la salvación del hombre. La salvación del hombre tiene una amiga eterna llamada Gracia, la Gracia todo-colmadora de Dios.

El deseo es tentación. Alimentada la tentación, desnutrida la felicidad verdadera. La aspiración es el despertar del alma. El despertar del alma es el nacimiento del deleite excelso.

Un verdadero buscador de la Verdad infinita nunca puede ganar nada con el descubrimiento de Oscar Wilde de que «la única manera de deshacerse de una tentación es ceder a ella.» El buscador ya ha descubierto la verdad de que sólo por medio de la alta, más alta, altísima aspiración puede uno deshacerse de todas las tentaciones, vistas y no vistas, nacidas y por nacer. La tentación es una enfermedad universal. Para un hombre sin aspiración, la tentación es inequívocamente irresistible. Pero un verdadero buscador siente y sabe que puede resistir a la tentación, y lo que no puede resistir es la transformación, la transformación de su naturaleza física, de su conciencia entera. Por supuesto, esta transformación es algo a lo que él no quiere resistirse. Al contrario, es por esta transformación por lo que él vive en la tierra.

¡Mirad la fuerza de una burbuja de deseo! Es capaz de enjaular nuestra vida entera para su uso exclusivo. ¡Mirad la fuerza de un ápice de aspiración! Tiene el poder de hacernos sentir que Dios el Infinito es absolutamente nuestro. Y algo más: que el Amor, la Paz, la Alegría y el Poder infinito de Dios son para nuestro uso constante.

Los objetos de los sentidos y el apego humano a ellos son inseparables. Pero en cuanto ven la Sonrisa de Dios, niegan su intimidad. Y lo que es más, se vuelven perfectos extraños.

Colma las demandas de tu cuerpo, y pierdes el control de ti mismo. Colma las necesidades de tu alma, y ganas el control de ti mismo. ¿Qué es el control de ti mismo? Es el poder que te dice que no tienes que correr hacia tu meta. La meta ha de venir a ti, y lo hará.

La moneda del mundo externo es el dinero, que muy a menudo se vuelve veneno. La moneda del mundo interno es la aspiración, que finalmente se convierte en autorrealización.

La cúspide del deseo humano está representada por el Veni, vidi, vici—«Vine, vi y vencí»—de Julio César. La cumbre de la aspiración divina fue expresada por el Hijo de Dios: «Padre, hágase Tu Voluntad.»

El esclavo de la pasión es el hombre. El hijo de Dios es igualmente el hombre. ¿Cuál de ellos quieres ser tú? Una elección conduce a tu destrucción completa, la otra a la salvación inmediata. Se te ha dado la alternativa dorada e incondicional. Debes elegir tú, aquí y ahora.

Cómo complacer a Dios

Universidad de Bridgeport, Bridgeport, Connecticut
14 de abril de 1969

¿Cómo complacer a Dios? Puedo complacer a Dios ofreciéndole lo que tengo y lo que soy. Lo que tengo es gratitud. Lo que soy es aspiración. Si quiero complacerle más, entonces nunca debo considerar mi vida como un triste fracaso, sino más bien como una constante experiencia Suya. Si quiero complacerle al máximo, no sólo en uno sino en cada aspecto de la vida, entonces debo sentir que, a diferencia de mí, Él ve mi vida, interna y externa, como el Canto de Su propio Hálito de Vida, el Canto de Su Perfección, creciendo hacia Su perfecta Perfección absoluta.

¿Sabes cuándo hieres a Dios? Hieres a Dios en el momento en que subestimas tu capacidad interna. Hieres a Dios en el momento en que exageras tu autoimpuesta responsabilidad externa. Le hieres profundamente cuando acaricias la fútil idea de que la realización de Dios no es para ti. Con toda seguridad, tu realización de Dios es la más poderosa afirmación, la mayor certeza a la Hora escogida por Dios.

Desafortunadamente, hay personas en cuyas vidas no surge para nada la idea de complacer o herir a Dios. No creen que Dios exista. Es cierto que no han visto a Dios, pero eso no significa que estén calificados para negar Su existencia. ¿Qué hay de aquéllos que Lo han visto, sentido y realizado, y están colmándole en éste y en los otros mundos? Les digo a los incrédulos y a los escépticos que no sólo están engañándose a sí mismos despiadadamente en la vida interna de la divinidad, sino también conduciéndose interminablemente lejos, muy lejos de la vida externa de la realidad.

El ávido deseo de Tomás, el discípulo de Cristo, de tener una prueba, es encontrado por todo el mundo. «Bienaventurados los que no han visto, y sin embargo han creído.» Dejemos que el mensaje del Hijo de Dios reverbere en los rincones más íntimos de cada corazón humano, aspirante o no aspirante, inspirado o no inspirado. Hoy la fe es precursora de la realidad. Mañana, la fe y la realidad se moverán juntas. Pasado mañana, la fe y la realidad se colmarán mutuamente. La fe colma a la realidad en su encarnación de la realidad. La realidad colma a la fe al revelarse a través de ella.

El sentimiento de gratitud hace a una persona realmente feliz, y Dios está complacido cuando una persona es verdaderamente feliz. Dostoyevsky declaró: «Creo que la mejor definición del hombre es la de bípedo desagradecido». Esto tal vez sea cierto cuando una persona nada en el mar de la ignorancia de su cuerpo. Pero cuando una persona vive y nada en el mar de la luz de su alma, se siente llena de gratitud. Ella es la constante expresión y la espontánea revelación de Dios el Receptor y Dios el Ejecutor.

Según Paul Valéry, «El alma es la esposa del cuerpo. Ellos no tienen el mismo tipo de placer o, al menos, raramente lo disfrutan al mismo tiempo.» En primer lugar, el mundo espiritual ha descubierto con certeza que el alma no es ni masculina ni femenina. Está por encima y más allá de estas dos zonas divisorias. Por consiguiente el alma nunca puede ser la esposa del cuerpo. Los Upanishad nos han enseñado que el cuerpo es el carro y el alma el amo del carro. Pero Valéry tiene absolutamente toda la razón cuando dice que el cuerpo y el alma no tienen el mismo tipo de placer. Sabemos que el cuerpo obtiene placer en la ignorancia y de la ignorancia. Lenta, gradual e inequívocamente nos llegamos a dar cuenta de que el placer del cuerpo es la ignorancia misma. En el caso del alma, en lugar de utilizar la palabra «placer», deberíamos utilizar la palabra «deleite.» El alma siente el deleite en y de la Infinitud y la Eternidad. El deleite del alma es la Infinitud que fluye; el deleite del alma es la Eternidad que resplandece. Cuando la meditación del aspirante transforma el placer-deseo del cuerpo en aspiración-deleite, entonces el alma y el cuerpo no sólo disfrutarán de la misma comida, sino que la disfrutarán a la vez. Y esa comida es la Verdad. La Verdad al mismo tiempo despierta el cuerpo y pilota el alma.

El otro día alguien me dijo que Dios está complacido con él todo el tiempo, por una razón secreta. Entonces tuvo a bien contarme su precioso secreto: «Aunque tengo muchas cosas que decir contra la Creación de Dios, incluso contra Dios Mismo, astutamente ignoro Su mundo de incontables imperfecciones y Lo halago poderosamente en privado y en público. Por eso Dios está tan complacido conmigo todo el tiempo; y bien que debería estarlo.»

Yo le contesté: «Mi querido amigo, hay una ligera diferencia entre tú y yo. Tu sentido de imperfección en el mundo de Dios es enteramente distinto del mío. Tú sientes que la imperfección es algo desalentador, descorazonador, sucio y dañino. Yo tomo la imperfección como algo que está creciendo, como algo que aún tiene que completar su viaje. Tomo la imperfección como un peldaño inevitable en la escalera de la perfección gradual y última. Tomo la imperfección como una experiencia significativa que Dios Mismo está teniendo en y a través de la vida del hombre. Y este mismo Dios disfrutará la perfección, la perfecta Perfección, en y a través de cada ser humano en el regazo de la Eternidad. Y ahora, respecto a tu adulación a Dios, Él no necesita la adulación humana. No tienes que adularlo para ganarte Su Amor, Su Interés y Su Bendición. Dios no espera ni exige que Lo adules. Dios no es un mendigo. Él no espera nada de ti. Dios no es un autócrata. Él no exige nada de ti. Lo que Dios es, es Amor. Lo que Dios es, es Alegría. Si puedes amarte profundamente a ti mismo, si puedes descubrir tu verdadera alegría interna, verás entonces que Dios ya está complacido contigo. No trates de complacer a Dios engañándolo. No podemos engañar a Dios. Nunca. Como mucho, lo que podemos hacer, y lo que hacemos de hecho, es engañarnos a nosotros mismos. Emerson tiene toda la razón al afirmar: “Es imposible que un hombre sea estafado por nadie excepto por él mismo”.»

Volviendo a nuestra pregunta original: ¿Cómo complacer a Dios? La manera más fácil y efectiva de complacer a Dios es ofreciéndonos constantemente y sin condiciones. Intentémoslo. Sin falta triunfaremos. Miren, Dios está parado justo delante de nosotros. Él está complacido. Dios está realmente y verdaderamente complacido con nosotros.

El secreto de la paz interna

Universidad de Connecticut, Storrs, Connecticut
19 de abril de 1969

Queridas hermanas y hermanos, les mostraré cómo conseguir, aquí y ahora, la paz interna. Mi ayuda no es un consejo. Es verdad que todos somos desinteresados y liberales cuando se trata de dar consejo y, desafortunadamente, yo no soy una excepción. Sin embargo estoy totalmente de acuerdo con Chesterfield cuando dijo: «El consejo es raramente bienvenido, y a quienes más lo necesitan, es a quienes menos les gusta».

Este mundo nuestro tiene todo excepto una cosa: paz. Todo el mundo quiere y necesita paz, ya sea un niño o un octogenario. Pero la idea de la paz no es la misma para cada individuo. Difiere tristemente. La idea de paz para un niño es golpear un tambor. Golpear un tambor le proporciona alegría, y esa alegría es su paz. La idea de paz para un anciano es sentarse tranquilamente con los ojos y oídos cerrados de manera que pueda escapar del cariñoso abrazo del feo e inquieto mundo.

El General en Eisenhower habló sobre la paz: «Vamos a tener paz, aunque tengamos que pelear por ello.»

El indomable Napoleón exclamó: «En buen lío estamos ahora: la paz ha sido declarada.»

El Hijo de Dios nos enseñó: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.»

Con toda seguridad, la paz no es el monopolio exclusivo del Cielo. Nuestra tierra es extremadamente fértil. Aquí en la tierra podemos cultivar la paz en medida inconmensurable.

He venido a hablar sobre la paz interna. Quisiera dirigir mi charla al buscador espiritual que hay en cada uno de ustedes. Un genuino buscador de la paz ha de ser un genuino buscador del amor. El amor tiene otro nombre: sacrificio. Cuando el sacrificio es puro, el amor es seguro. Cuando el amor es divino, no puede haber en el sacrificio ningún «mío», ningún «tuyo». El amor es el secreto de la unidad. El auto-amor es auto-indulgencia. La auto-indulgencia es auto-aniquilación. El amor a Dios es la mayor oportunidad del buscador para realizar a Dios.

Sacrificamos nuestro precioso tiempo para hacer dinero. Sacrificamos nuestro dinero tan duramente ganado para luchar contra el tiempo. A fin de obtener algo del mundo externo, tenemos que dar algo nuestro. De modo similar, en el mundo interno, ofrecemos nuestra aspiración a cambio de la realización de Dios. La llama de nuestra aspiración es prendida por Dios Mismo. El fruto de nuestra realización también lo obtenemos directamente de Dios. Dios es el Inspirador en nosotros. Dios es el Donador eterno. Dios es el Receptor eterno en nosotros. Dios emplea la aspiración para llevarnos hasta Él Mismo. Dios emplea la realización para traerse Él Mismo hasta nosotros. Dios es sacrificio cuando vivimos en el mundo de la aspiración. Dios es sacrificio cuando vivimos en el reino de la realización. Pero Dios dice que no hay tal cosa llamada sacrificio. Sólo hay una cosa aquí en la Tierra y allá en el Cielo, y esa cosa es la unidad—la plenitud en la unidad y la plenitud de la unidad.

Hay cuatro tipos de buscadores: lamentables, incapaces, prometedores y colmadores. Los lamentables y los incapaces han de ser pacientes; tienen que esperar a la Hora de Dios. Los prometedores y los colmadores ya están cantando y bailando en la Hora de Dios. Están constantemente meditando en Dios. Esa es su vida interna de realización. Están espontánea y fervorosamente actuando para Dios. Esa es su vida externa de revelación.

Nuestra mente inquisitiva y dubitativa está siempre carente de paz. Nuestro corazón amante y dedicado está siempre inundado de paz interna. Si nuestra mente tiene todas las preguntas, nuestro corazón tiene todas las respuestas. Las respuestas son perfectas precisamente porque vienen directas del alma, la cual ve la Verdad y vive en la Verdad. Y la Verdad, sólo la Verdad, es la Meta de las metas.

Si quieres tener paz interna, debes seguir el sendero de la espiritualidad. La espiritualidad es la respuesta. Hay tres edades del hombre: la sub-edad, la sobre-edad y la media-edad. Para la sub-edad, la espiritualidad es abracadabra. Para la sobre-edad la espiritualidad es algo árido, incierto y oscuro. Y para la media-edad la espiritualidad es olvido, negación y aniquilación de uno mismo.

Pero un verdadero buscador dirá que la espiritualidad es normal, natural, espontánea, fértil, clara, luminosa, divinamente consciente, afirmativa y creativa de sí misma. Si tienes un maestro espiritual que te ayude y te guíe, tienes mucha suerte. Escúchalo siempre, hasta que exhales tu último aliento. Si dejas de seguir su consejo, la pérdida será tuya, no de él. Incluso en la vida humana ordinaria uno necesita un maestro, un mentor. Hay una verdad considerable en lo que Winston Churchill dijo una vez: «En aquellos días él era más sabio que ahora — él solía, frecuentemente, seguir mi consejo.»

Ahora estamos en Connecticut. El lema de Connecticut es sumamente significativo. Mi corazón de devoción y mi alma de amor están cantando el lema sin igual de Connecticut: Qui transtulit sustinet — «Quien trasplantó sustenta.» Dios trasplantó la Verdad a la Tierra, y Él sustenta la Verdad con el Amor. En la combinación de las dos cosas yace el secreto de la paz interna.

La quintaesencia del misticismo

American University, Washington, D.C.
21 de abril de 1969

Hay tres caminos principales que conducen a la realización de Dios: el camino del servicio, el camino del amor y la devoción y el camino del conocimiento y la sabiduría. El Raja Yoga (Misticismo) es un aspecto importante del Yoga del Conocimiento (Jnana Yoga).

El Conocimiento Supremo es algo infinitamente más que el mero conocimiento filosófico. El misticismo es experiencia, la experiencia íntima y directa de la Verdad. Tras cubrir una gran distancia en el camino del conocimiento, la filosofía se cansa y se toma un descanso. El misticismo comienza donde y cuando la filosofía termina. Los visionarios Védicos, tras haber experimentado personalmente el conocimiento de la Verdad, lo revelaron al mundo en general.

Los visionarios cantaron:

Lo he conocido a Él, al Supremo Ser,
refulgente, luminoso como el sol
más allá de la oscuridad,
mucho más allá del abrazo de la devoradora tiniebla.

Las experiencias de los visionarios nos enseñan que la Realidad Trascendental y la Existencia que Encarna Todo son una misma cosa.

Un místico considera la unidad y la diversidad como una. Más aún, ve la unidad en la diversidad. Le dice al mundo que el Uno y lo múltiple son uno. El Uno es múltiple en su forma universal. Lo múltiple es uno en su forma trascendental.

En nuestra vida espiritual nos encontramos con dos palabras significativas: ocultismo y misticismo. El ocultismo es secreto y clama por el secreto. Quiere hacer todo en el máximo secreto. El misticismo no es así. El misticismo está dispuesto a ofrecer su logro, el Conocimiento Trascendental, a todos los que imploran por ello.

La diferencia entre un filósofo y un místico radica en el hecho de que un filósofo, con la mayor dificultad, ve desde una distancia, y con bastante imperfección, el cuerpo de la Verdad; mientras que un místico entra en el alma misma de la Verdad a su antojo, y puede vivir allí tanto tiempo como quiera. Además, le está permitido por el Supremo hacer emerger la vasta riqueza del alma y compartirla con los buscadores de la Verdad. El misticismo afirma que el conocimiento del Divino es universal.

Entremos por un momento en el misterio excelso de Vak en los Vedas. Vak es la Palabra. Vak encarna y al mismo tiempo revela la Verdad. En su encarnación de la Verdad, recibe inspiración creativa del Supremo en medida infinita. En su revelación de la Verdad, ofrece el Supremo, el Liberador Supremo, a la humanidad. Vak es el vínculo de conexión entre dos mundos: el mundo que aún no se ha realizado y colmado a sí mismo y el mundo que ya se ha realizado y se está colmando a sí mismo.

El misticismo tiene un lenguaje propio. Su nombre es intuición. En ella, ninguna mente o análisis mental puede existir jamás. Un místico se sienta en las alas del ave de la intuición y vuela hacia lo Real Último. La intuición revela la unidad perfecta de la Visión Trascendental y la Realidad Absoluta. Un místico es lo bastante sincero para decir la verdad. Él dice que le resulta poco menos que imposible interpretar su experiencia interna. No hay palabra o pensamiento que pueda hacer justicia a su experiencia.

Esto es lo que los visionarios Védicos querían decir cuando exclamaron: «¿Qué diré, qué pensaré verdaderamente?» La pobre mente y los sentidos ya no están vivos más, habiéndose desintegrado en su carrera hacia lo Desconocido. Para ellos no es el misterio último del universo. Para ellos no es el conocimiento del Más Allá.

El misticismo enfatiza la unidad de todas las almas en el alma universal. Cuando miramos al universo, lo vemos como el escenario de conflicto entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, la ignorancia y el conocimiento. Huelga decir que esta lucha comenzó mucho antes de la aparición del hombre, y aún continúa. La luz funciona en y a través del alma aspirante; la oscuridad funciona en y a través del alma no aspirante. La transformación real de la naturaleza humana no viene a través de una vida austera, ascética o de una completa retirada del mundo, sino mediante una gradual y total iluminación de la vida. Para eso, uno necesita aspiración. La aspiración, y sólo la aspiración, es la precursora de la iluminación.

Una experiencia mística es la certeza interna de la Verdad para el aspirante. Esta certeza descansa sobre la revelación. La revelación es autoridad interna. La autoridad interna es concluyente. ¿Quién tiene esta autoridad? No aquél que es víctima de la despiadada lógica, sino aquél que ha tenido la experiencia o que ahora ha devenido en la experiencia misma. La lógica es la verdad razonadora y razonada, lo cual es el orgullo de lo finito. El misticismo es la Verdad reveladora y revelada, lo cual es el orgullo del Infinito. Si creemos en el misticismo, entonces debemos darnos cuenta de que la Verdad Última no sólo está por encima de la razón, sino que también es contraria a la razón. Si creemos algo por medio de la razón, entramos en un sendero torturador de la vida, el de la pluralidad. Pero cuando creemos algo a través de nuestra fe mística, interna, entramos en un sendero donador de vida y colmador de la vida, el de la Realidad Trascendental de la unidad.

Martín Lutero desconfió vehementemente de la efectividad de la razón. Y tampoco tuvo fe alguna en el ritual o en el mero trabajo como medio hacia la salvación. En su misticismo, vemos el rostro sonriente y convincente de la fe. Sólo la fe puede llegar a producir la salvación. Sólo la fe tiene la llave de la salvación.

Existencia y esencia viven juntas. Son una. En el siglo XIII, el Maestro Johannes Eckhart aseveró dinámicamente este punto de vista. Tenemos que comprender que la esencia está singularmente manifestada en las divinas cualidades del alma humana, mientras que la existencia está gloriosamente manifestada en las cualidades humanas del alma divina. El final del viaje para el alma humana es la completa unión con Dios. El final del viaje para el alma divina es la perfecta manifestación de Dios.

El misticismo nos dice que la realización de Dios puede ser lograda no por la práctica de ideas, sino por el constante sentimiento de unidad con la Verdad. Una idea indica, como mucho, el aspecto pasivo del mundo sensorial porque una formación mental está directa o indirectamente atrapada por el mundo sensorial. Pero el sentimiento de unidad con la Verdad trasciende fácilmente el mundo sensorial e indica el aspecto activo y dinámico del proceso evolutivo de la vida en el fluente caudal de la Eternidad.

Un místico le dice al mundo que el Cuerpo de Dios es la Sabiduría y el Alma de Dios es el Amor. Una persona mundana siente que su cuerpo y sus actividades físicas dan forma a su alma. Un místico dice sonriente que es el alma quien moldea al cuerpo y lo transforma en la ilimitada luz-conciencia del alma.

El misticismo no es una religión. El misticismo es la más alta aspiración que la religión encarna. El misticismo sirve como un remedio, no sólo para aquellos que imploran ver el Rostro de su Amado Dios sino también para quienes tienen miedo de ver el Rostro de Dios en Su Omnisciencia y Su Omnipotencia, e incluso para aquellos que son despiadada e imperdonablemente incrédulos y escépticos acerca de la existencia misma de Dios.

Acción y liberación

Universidad George Washington, Washington, D.C.
22 de abril de 1969

Bienaventurado el que ha encontrado su trabajo;
no necesita pedir ninguna otra bendición.

– Carlyle

Una persona espiritual ha encontrado su trabajo. Su trabajo es el servicio desinteresado. Su trabajo es la acción dedicada. De hecho, no necesita ninguna otra bendición. Su acción es la aceptación divina de la existencia terrenal. Para ello necesita un cuerpo sano, una mente fuerte, un corazón fervoroso y una vida supremamente inspirada de receptividad interna y capacidad externa.

La acción está entrando en el campo de batalla de la vida. La acción está conquistando las indecibles miserias y las abundantes limitaciones de la vida. La acción está transformando la devoradora imperfección de la vida en resplandeciente perfección. La acción es algo infinitamente más profundo y elevado que la mera supervivencia de la existencia física. La acción es el secreto supremo que nos capacita para entrar en la Vida Eterna.

Aquel que no haya aceptado conscientemente la vida espiritual tal vez considere la acción como un mal necesario y madre de la amarga frustración. Pero, para una persona espiritual, la acción es una bendición divina. Es la victoria sin igual sobre el cautiverio y la ignorancia. Es al mismo tiempo la fervorosa Visión de Dios en el Cielo y la fructífera misión de Dios sobre la Tierra. Dios dice que un hombre de acción divina es el verdadero héroe. Este héroe ideal manifiesta a Dios aquí en la Tierra. Para él no es suficiente la realización de Dios. Suyo es el corazón que implora por la todo colmadora manifestación de Dios.

El divino héroe-trabajador camina sobre el fuego de la autoiluminación; el trabajador no divino, no aspirante y no inspirado, el cual está lleno de ego, vanidad y orgullo, camina sobre el fuego de la autodestrucción.

Una persona no aspirante muere y su rol ha terminado. Una persona aspirante muere y su rol no hace más que empezar. Un Maestro espiritual deja su cuerpo y su misión comienza a rendir fruto.

El hombre está ciego. No sabe qué hacer. Cuando quiere hacer algo, no sabe cómo proceder; y así, en lugar de obtener alegría del trabajo, inmediatamente entra en dificultades.

T. H. Huxley observa con mordacidad: «Las peores dificultades del hombre comienzan cuando es capaz de hacer como a él le gusta». Pero si un hombre escucha los dictados de su alma y es capaz de hacer lo que su alma quiere que haga, entonces su vida se transformará en oportunidades doradas, y el mayor éxito llamará a la puerta de su corazón.

Hay un proverbio que dice: «el pulgar toma la responsabilidad; el índice la iniciativa.» De modo similar, la aspiración del hombre toma la iniciativa, pero es el Interés de Dios quien toma la responsabilidad.

Según algunas personas, la vida humana es tan sólo una cruel, absurda e irremediable palabra de siete letras: trabajo. Deseo decir que se equivocan. Les gusta el trabajo; lo que odian es la sensación de labor, la carga de la labor. Labor y favor riman perfectamente. Al fin y al cabo ¿de quién es el favor? El favor es de Dios. De hecho, aquel que trabaja para complacer a Dios es el hijo elegido de Dios, y sólo él es el favorito de Dios. Y al complacer a Dios, se realiza y se completa a sí mismo. Entonces le dice al mundo que la vida humana es una palabra de siete letras sumamente significativa: alegría.

La liberación habla. Nos dice que no somos esclavos de la naturaleza. La liberación enseña. Nos enseña que cada latido de nuestro corazón ofrece una oportunidad única para alcanzar la liberación. La liberación canta dentro de nosotros: «Levanta, despierta. Tuya es la Meta ideal, la Meta de las metas.»

La liberación es la sabiduría práctica del hombre. La liberación no es un compromiso con el mundo. La liberación es el final de la competición del hombre con la tentación de la naturaleza. La liberación eleva la conciencia de la Tierra hasta los cielos del Más Allá.

¿Qué es más difícil: clamar por la liberación o, tras haber sido liberado, clamar por la iluminación y la transformación del mundo que está amando la ignorancia y abrazando la oscuridad? Sin duda, lo segundo.

Extraño es ciertamente el sino del pobre hombre liberado. Él piensa constantemente en aquellos que raramente piensan en él. Cuando se pone ante el mundo, éste actúa como un niño asustado o como un niño hostil. Un hombre liberado le dice al mundo que Dios no sólo es conocible, sino más que conocible. También le dice al mundo que es más fácil conocer a Dios que conocer al mundo, porque cuando quiere conocer al mundo tiene que hacerlo a través de Dios y desde Dios.

Sri Krishna es la Iluminación personificada. Buda es la Liberación personificada. Cristo es la Salvación personificada.

El mundo está ofreciendo su oscuridad a Sri Krishna. El mundo está ofreciendo su sufrimiento a Buda. El mundo está ofreciendo su pecado a Cristo.

La conciencia caída del mundo está volando hacia el más alto Más Allá para ser tocada por Cristo, el Salvador. La conciencia quebrada del mundo está buceando en el más profundo Más Allá para ser abrazada por Buda, el Liberador. La conciencia fundida del mundo está marchando hacia el más remoto Más Allá para ser bendecida por Krishna, el Iluminador.

El secreto supremo de la meditación

Universidad de Maryland, College Park, Maryland
23 de abril de 1969

La meditación es la sed del hombre por lo Real Infinito, lo Real Eterno y lo Real Absoluto. El secreto de la meditación es lograr la consciente y constante unidad con Dios. El secreto supremo de la meditación es sentir a Dios como la verdadera propiedad de uno, y finalmente realizar a Dios por amor a Dios, para revelarlo y colmarlo.

La meditación ha de ser practicada de manera espontánea, profunda y correcta. Si no, la oscura duda infestará tu mente, la frustración total entrará en tu corazón a hurtadillas, y probablemente verás tu existencia entera arrojada a las profundidades de un gran abismo.

Para la meditación necesitas inspiración. Las escrituras te pueden proporcionar la inspiración. Adquirir un libro espiritual te llevará diez segundos. Leer un libro espiritual te llevará diez horas. Asimilar ese libro te llevará algunos años. Y vivir las verdades contenidas en él puede llevarte no sólo una vida entera, sino unas cuantas encarnaciones.

Para la meditación necesitas aspiración. La presencia física o espiritual de un maestro espiritual puede despertar tu aspiración dormida. Él puede hacerlo fácilmente, y lo hará por ti alegremente. La aspiración es precisamente lo que necesitas para alcanzar la meta de tu viaje. No tienes que preocuparte por tu realización. Tu aspiración se ocupará de ello.

La meditación alimenta tu autodisciplina. La autodisciplina fortalece tu meditación. La meditación purifica tu corazón. Y sólo en un corazón puro cobra mucha importancia la marcha hacia Dios de la vida humana. Uno puede saber lo que es propiamente la meditación. Uno puede incluso practicarla, puesto que eso es lo que necesita la naturaleza divina en el hombre. Pero el resultado o la plenitud de la meditación trasciende todo entendimiento humano, porque es inmensurable, ilimitada, infinita.

La meditación te dice solamente una cosa: Dios es. La meditación te revela solamente una cosa: tuya es la visión de Dios.

Para mi extrema tristeza, algunos de los occidentales tienen graves errores conceptuales acerca de la meditación. Creen que el auge de la meditación es el sortilegio o la milagrería. Sortilegio no rima con meditación. Milagrería tampoco rima con meditación. Pero realización rima perfectamente con meditación. Liberación rima profundamente con meditación. ¿Realmente quieres realizar a Dios? ¿ ¿Realmente quieres la Luz, la Paz y la Dicha infinitas? Si es así, deberías mantenerte a millones de kilómetros de los sortílegos y los milagreros. Si piensas que ellos te inspiran, estás equivocado. Profundiza en tu interior y descubrirás que simplemente han despertado tu ociosa, ciega e infructuosa curiosidad. La curiosidad no es espiritualidad. Y los sortílegos y milagreros te han ofrecido secreta y conscientemente algo más: la tentación. La tentación es la precursora de la destrucción. Es aquí donde la misión divina de tu vida—fracasada, incumplida—llega a un final. Estemos alerta. Os insto a no confundir la genuina meditación de vuestro corazón con el sortilegio y la milagrería. No malgastéis vuestro tiempo. Vuestro tiempo es precioso. Vuestra meditación no tiene precio. Vuestro logro será el tesoro de la Eternidad sin tiempo, de la Infinitud inmensurable y de la Inmortalidad sin muerte. No esperéis. Todas las cosas le llegan al que espera, excepto la realización que ‘hoy’ encarna y la revelación que ‘ahora’ revela.

La meditación es el clamor de nuestra alma por la perfecta perfección de nuestra vida. La perfección no ha despuntado todavía sobre la Tierra, pero un día lo hará. La perfección es el ideal de la vida humana. Citando a Swami Vivekananda: «Ninguno de nosotros ha visto todavía a un ser humano ideal, y sin embargo se nos dice que creamos en él. Ninguno de nosotros ha visto todavía a una persona idealmente perfecta, y sin embargo sin ese ideal no podemos progresar.»

Sólo la meditación puede engendrar la perfección. La meditación nos lleva más allá de la frustración de los sentidos, más allá de la limitación de la mente razonadora. Finalmente, la meditación nos puede obsequiar con el hálito de la perfección.

El objetivo último de la meditación es realizar al Supremo. El Kata Upanishad tiene un mensaje espiritual que ofrecer al mundo. Se trata de un mensaje interno.

Más alto que los sentidos están los objetos de los sentidos.
Más alto que los objetos de los sentidos está la mente.
Más alto que la mente está el intelecto.
Más alto que el intelecto está el Gran Ser.
Más alto que el Gran Ser está lo No Manifiesto.
Más alto que lo No Manifiesto está lo Absoluto.
Más alto que lo Absoluto no hay nada de nada.
Esa es la meta. Esa es la ruta más elevada.

De hecho, lo Absoluto es el Supremo Mismo. En virtud de nuestra meditación más elevada y más profunda ganamos infaliblemente el acceso al Supremo.

Al comienzo de nuestra travesía espiritual, sentimos que la meditación es sudor y esfuerzo personal. Al cierre final de nuestra travesía, llegamos a descubrir que la meditación es la Gracia de Dios, Su Compasión infinita.

El precio nunca es correcto. Antes de la realización, es demasiado alto. Después de la realización, es demasiado bajo.