Primera parte: Artículos espirituales y filosóficos

El hombre y Dios

El hombre y Dios son uno eternamente. Al igual que Dios, el hombre es infinito; al igual que el hombre, Dios es finito. No existe un ancho abismo entre el hombre y Dios. El hombre es el Dios de mañana; Dios, el hombre de ayer y de hoy.

Igual que Dios está en el Cielo, también está en la tierra. Él está aquí, allí y en todas partes. Cada ser humano posee un Dios propio. No existe un ser humano sin Dios. El ateo total no cree en Dios. Pero, por suerte, cree o más bien, por desgracia, tiene que creer en una cierta idea, en algún concepto de orden o desorden. Y esa idea misma, ese concepto, no es otra cosa que Dios.

Libertad, absoluta libertad se le debe dar a cada alma individual para que descubra su propio sendero. Los errores a lo largo del sendero de la espiritualidad no son en absoluto deplorables, puesto que los errores simplemente son verdades menores. No vamos avanzando desde la falsedad hacia la verdad. Avanzamos desde la verdad menos revelada hacia la verdad más revelada.

Mientras no hayamos realizado a Dios y llegado a ser uno con Dios, tendremos que dirigir nuestra llamada a Él como Maestro, Guía, Amigo, etcétera. Nuestra actitud hacia Él puede variar según la relación que tengamos con Él. Esto no tiene ninguna consecuencia. Lo que sí es de suprema importancia es que amemos a Dios como algo propio. En nuestro amor sincero a Dios, estaremos espontáneamente inspirados para venerarlo.

Aquí tendremos que saber qué clase de veneración nos corresponde, cuál es la que está en armonía con el desarrollo y la tendencia de nuestra alma. La realización de la unión absoluta con Dios es la forma más elevada de veneración. Le sigue, en línea descendente, la meditación. Después viene el lugar para las plegarias e invocaciones. La forma inferior de veneración es la adoración a Dios en las cosas mundanas.

Cuando pienso que la flauta y el Flautista son dos cosas diferentes, estoy pensando que yo soy el siervo de Dios y Él es mi Amo. Pero cuando siento que la flauta posee una parte de la conciencia de su Dueño, siento que soy el hijo de Dios y que Él es mi Padre. Finalmente, cuando comprendo que la flauta y el Flautista no son más que uno, el Flautista se presenta como el Espíritu y yo como Su Fuerza creativa.

El hombre tiene que realizar a Dios en este cuerpo, aquí en la tierra. Kabir, el gran poeta de la India expresó:

“Si no se rompen tus cadenas mientras vives, ¿qué esperanza de rescate queda en la muerte?

“Es un sueño vacío el de que el alma alcanzará la unión con Él por el mero hecho de haber abandonado el cuerpo;

“Si se Le encuentra ahora, se Le encuentra luego;

“Si no, nos vamos a habitar en la ciudad de la Muerte”.

Hermanas y hermanos, no se hundan en el abismo de la desesperanza, aun cuando no tengan, por el momento, una clara aspiración de realizar a Dios. Simplemente inicien su viaje hacia arriba, hacia adentro y hacia adelante; hacia arriba para ver el Sueño de Dios; hacia adentro para poseer el Sueño de Dios y hacia adelante para convertirse en el Sueño de Dios. Este Sueño es el Sueño de la Plenitud absoluta.

Innumerables son los que emprenden el sendero de la vida interior únicamente tras haber recibido incontables reveses o después de vagar largo y tendido por los desiertos de la vida. Por eso, ciertamente es feliz y bienaventurado, aquel que coloca su cuerpo, mente, corazón y alma –como flores– a los Pies del Señor, antes del advenimiento de los golpes. Es cierto que las numerosas nubes de lo mundano cubren nuestra mente aún no iluminada. Es igualmente cierto que el volcán de la concentración del buscador y la bomba de hidrógeno de su meditación, pueden destruir y destruirán las nubes, las añejas neblinas de la Ignorancia.

¿Puedo decirles algo a quienes están casados y tienen grandes responsabilidades familiares? Para su sorpresa, todas esas responsabilidades se transformarán en oportunidades doradas en el momento en que intenten ver a Dios en sus hijos, en el momento en que se den cuenta de que están sirviendo a Dios con su sacrificio. En su habilidad para colmar al esposo, para establecerlo divinamente en la ilimitada extensión de la materia, para elevar su conciencia hacia el reino del Espíritu, el incansable y espontáneo sacrificio de la esposa no tiene sustituto. En su habilidad para inundar el alma de la esposa con la Paz del Más Allá, para atraer su corazón hacia el siempre resplandeciente Sol de la Infinitud, para transmutar su vida en Canto de Inmortalidad, la promesa del esposo no tiene sustituto. Y, aquellos que están solteros, pueden estar seguros de que están elegidos para correr con la mayor velocidad por el sendero espiritual. Inseparables son su aspiración y la Inspiración de Dios.

Cuando tratamos de ver en lo profundo de nuestro ser, cuando tratamos de vivir una vida interior, puede ser que encontremos dificultades a todo alrededor. Clamamos diciendo: «¡Dios, mira, ahora que nos hemos volcado a Ti, tenemos que pasar por tantas pruebas!». Al no encontrar una salida, nos sentimos perturbados. ¿Pero, por qué hemos de estarlo? No puede escapar a nuestro recuerdo que hemos resistido infortunios en nuestra vida. Antes de entrar en la vida espiritual, la desconfianza demostró ser nuestra compañera constante. Al menos, ahora estamos en mejor posición, puesto que podemos reconocer al feroz tigre de lo mundano. Tomemos el desasosiego y la debilidad como pruebas.

¿Por qué tendría Dios que ponernos a prueba? Él hace todo menos eso. Él, siendo el Misericordioso, nos advierte del peligro inminente. Pero, si tomamos estas advertencias como pruebas, para pasar las pruebas tenemos que rezar a Dios. Jamás podemos pasar el examen meramente pensando en las dificultades y en los peligros. Para pasar una prueba en la escuela tenemos que estudiar mucho. Igualmente, para pasar un examen interno, tenemos que cultivar una sinceridad mayor y alimentar la llama de la aspiración.

Durante la meditación tenemos que ser muy cuidadosos. A veces la mente desea abandonarse a ciertas ideas y pensamientos de origen mundano y emocional, pero no debemos permitir que lo haga. Durante la meditación todo es intenso y, si consentimos pensamientos malignos, los efectos se vuelven más graves y más peligrosos que de otro modo. Nos debilitamos cuando la mente se hace presa de pensamientos autocomplacientes. La naturaleza misma de nuestra mente inferior es embaucarnos. Pero nuestras lágrimas y la llama ascendente de nuestro corazón vendrán siempre a rescatarnos.

El hombre y Dios son uno. Todos los hombres pertenecen a la misma familia. Todos nosotros somos uno. Un aspirante genuino no debe escuchar los argumentos absurdos de los escépticos. Ellos no tienen ni siquiera una pizca de conocimiento espiritual. No se dan cuenta de que inconscientemente están haciendo un alarde de su evidente estupidez. Ellos dicen: «Si todos somos uno, ¿cómo es que cuando tú tienes dolor de cabeza, yo no tengo? ¿Cómo es que cuando mi hambre se sacia, la tuya no?» Como respuesta, les preguntamos ¿cómo puede ser que cuando tienen una pierna herida, su cabeza no está herida también, puesto que ambas son parte del mismo cuerpo? La conciencia universal está dentro de todos nosotros. Si no somos conscientes de ello, eso no significa que no exista. Mi cuerpo me pertenece, pero ¿siento dolor en la pierna cuando me duele la cabeza? No. Pero si soy consciente de la Conciencia Divina que abarca mi cuerpo entero, sentiré indudablemente el mismo dolor por todo mi cuerpo. En este caso, el alma individual es mi cabeza y el alma colectiva es mi cuerpo entero. Para sentir al mundo como algo propio, primero tenemos que sentir a Dios como propio.

El Hombre es el Corazón del Infinito.
El Hombre es el Hálito de la Eternidad.
El Hombre es la Vida de la Inmortalidad.

En nuestro interior está nuestra meta

Somos el Sueño todo colmador de Dios. Nuestro interior es la Plenitud ilimitada de Dios. Nuestra meta es el Corazón de la Infinitud y el Aliento de la Inmortalidad. Nuestra meta está dentro de nuestro cuerpo mismo.

En el mundo físico, la madre le dice al hijo quién es su padre. En el mundo espiritual, nuestra aspiración nos dice quién es nuestro Dios. ¿Quién es Dios? Dios es una Conciencia infinita. Es también la Luz autoiluminadora. No existe ser humano que no posea dentro de sí esta Conciencia infinita y esta Luz autoiluminadora.

Si queremos ver algo en el mundo exterior, además de mantener los ojos bien abiertos, necesitamos luz, ya sea luz natural, luz eléctrica o algún otro tipo de luz. Pero en el mundo interior no necesitamos luz de ninguna clase. Incluso con los ojos cerrados podemos ver a Dios, la Luz autoiluminadora.

Dios no es algo que hay que obtener desde fuera. Dios es precisamente eso que puede ser desplegado desde adentro.

En la vida ordinaria, cada ser humano tiene millones y millones de preguntas que hacer. En su vida espiritual, llega el día en que siente que sólo hay una pregunta que vale la pena formular: «¿Quién soy yo?». La respuesta de las respuestas es: «Yo no soy el cuerpo, sino el Piloto Interno».

¿Cómo es posible que el hombre no se conozca a sí mismo, cuando eso debería ser el más fácil de todos sus empeños? No se conoce a sí mismo, precisamente porque se identifica con el ego y no con su Ser real. ¿Qué le lleva a identificarse con este pseudo ser? La ignorancia. ¿Y qué le dice que el Ser real nunca es ni puede ser el ego? Su búsqueda del Ser. Lo que él ve en las más íntimas cavidades de su corazón es su Ser real, su Dios. Tarde o temprano esta visión ha de transformarse en devenir.

El otro día, uno de mis estudiantes me dijo:

“No puedo pensar en Dios. Mi mente se inquieta”.

“¿Y qué haces entonces?”, le pregunté.

“Bueno, pienso sólo en el mundo”.

“Ahora dime, cuando piensas en el mundo con todas sus actividades, ¿Puedes pensar tan siquiera un segundo en Dios?”.

“No, nunca”.

“Entonces, mi joven amigo, ¿no es absurdo que, cuando piensas en Dios, la inquietud aparte tu mente de Dios, pero cuando bebes hasta el final los placeres del mundo, la inquietud no aparte tu mente de allí y la coloque a los Pies del Señor? No, esto nunca debería ser. Si tienes hambre genuina de alimento espiritual, la inquietud misma, o lo que puedes llamar ‘desasosiego’, llevará tu mente de manera veloz y dinámica y la pondrá en tu corazón donde puede beber el Néctar de la Paz y la Satisfacción divina.

“Sin duda, tu mente no puede hacer dos cosas a la vez. Si estás pensando en Dios con fe implícita, si la llama de la aspiración está ardiendo en tu corazón, el mono de tu inquietud externa, por muy travieso que sea, no se atreverá a tocarte y mucho menos a pincharte o a morderte. No puedes mirar a tus dos hombros con total atención al mismo tiempo. De la misma manera, cuando ves claramente a tu Dios dentro de ti, no puedes ver al tigre de ignorancia del mundo externo”.

Lo primero que tenemos que hacer es ver el ego, luego tocarlo y atraparlo y, finalmente transformarlo. En la vida espiritual, cuando el ego entra en nosotros y nos molesta, debemos pensar que nosotros mismos somos como el Brahman –el Uno sin segundo– y tenemos que sentir que somos la Conciencia que todo lo abarca. Entonces, el ego desaparece en la insignificancia completa.

Todos sabemos que la mente desempeña un papel importante tanto en nuestra vida externa como en nuestra vida espiritual. Por lo tanto, no debemos rechazar la mente. Más bien, lo que debemos hacer, es estar siempre conscientes de la mente. La mente se inquieta, pero eso no significa que la tenemos que castigar todo el tiempo. Si el amo de la casa se entera de que su criado de toda la vida ha cogido recientemente la costumbre de robar, él no va a despedirlo de inmediato. La sinceridad y la dedicación que el criado ha tenido en el pasado todavía están vivas en su mente. Él espera y observa sin ser visto y sin involucrarse, sintiendo que su criado se reformará. Mientras tanto, el criado se da cuenta de que su patrón ha descubierto su mala conducta y deja de robar. Y aún da un paso más: para complacer a su amo, trabaja incluso con más sinceridad y devoción que antes. De manera similar, cuando nos percatamos de las inquietas actividades y trucos de la mente, tenemos que estar callados durante algún tiempo y observar a la mente con indiferencia. En poco tiempo veremos que nuestra mente –la ladrona– se sentirá avergonzada de su conducta. No debemos olvidar que, durante ese tiempo, tenemos que considerarnos almas y no cuerpos, porque sólo el alma puede tener dominio sobre la mente. Únicamente el alma es nuestra verdadera identidad. A la hora señalada, la mente comenzará a escuchar los dictados del alma.

Acción e inacción. Según el Gita, debemos ver la acción en la inacción y la inacción en la acción. ¿Qué significa esto? Significa que, mientras actuamos, tenemos que sentir dentro de nosotros un mar de paz y serenidad. Cuando estamos inactivos, tenemos que sentir dentro de nosotros una dinamo de energía creativa. No consideremos las acciones como nuestras. Si podemos hacerlo, nuestras acciones serán más reales y más efectivas. Cuando un criado cocina para su señor, lo hace con lo mejor de su capacidad. ¿Para qué? Para conseguir que su señor lo estime y lo aprecie. De la misma manera, si actuamos para complacer a nuestra alma, nuestro Piloto Interno, podremos actuar de la manera más devota y exitosa.

Nuestra Meta está dentro de nosotros. Para alcanzar esa Meta debemos recurrir a la vida espiritual. En la vida espiritual, lo que más se necesita es el conocimiento o conciencia. Sin esto, todo es un desierto árido. Cuando entramos en un lugar oscuro, llevamos una linterna o alguna luz para saber por dónde vamos. Si queremos saber acerca de nuestra vida sin luz, tenemos que pedir la ayuda de nuestra conciencia. Profundicemos en este asunto. Sabemos que el sol ilumina el mundo. Pero, ¿cómo somos conscientes de ello? Somos conscientes de ello a través de nuestra conciencia que es autoreveladora. El funcionamiento del sol no se revela a sí mismo. Es nuestra conciencia del sol lo que nos hace sentir que el sol ilumina el mundo. Es nuestra conciencia la que se revela a sí misma en todas las cosas. Y esta conciencia es un Mar infinito de Deleite. Cuando bebemos una sola gota de agua del mar terrenal, nos sabe salada. De la misma manera, durante nuestra meditación, si podemos beber tan sólo una diminuta gota del Mar del Deleite, saborearemos sin duda el Deleite. Este Deleite es Néctar. El Néctar es Inmortalidad.

Nuestra paz está en nuestro interior

Ningún precio es demasiado alto para pagar por la paz interna. La Paz es el control armonioso de la vida. Vibra con la energía de vida. Es un poder que trasciende fácilmente todo nuestro conocimiento mundano. Sin embargo, no está separada de nuestra existencia terrenal. Si abrimos las avenidas correctas en nuestro interior, esta paz puede ser sentida aquí y ahora.

La Paz es eterna. Nunca es tarde para tener la paz. El tiempo siempre es propicio para ello. Podemos hacer que nuestra vida sea verdaderamente fructífera si no nos desligamos de nuestra Fuente que es la Paz de la Eternidad.

El infortunio más grande que le puede suceder a un ser humano es la pérdida de su paz interna. Ninguna fuerza exterior se la puede robar. Son sus propios pensamientos, sus propias acciones, los que pueden quitársela.

Nuestra mayor protección no reside en nuestros logros y recursos materiales. Nada significan todos los tesoros del mundo para nuestra alma divina. Nuestra mayor protección está en la comunión de nuestra alma con la Paz que todo lo nutre y todo lo colma. Nuestra alma vive en la Paz y vive por la Paz. Si vivimos una vida de paz, siempre nos enriquecemos, nunca empobrecemos. Nuestra paz interior no tiene horizontes; como el cielo ilimitado, todo lo circunda.

Largo tiempo hemos luchado, mucho hemos sufrido, lejos hemos viajado. Pero el rostro de la paz está todavía oculto para nosotros. Podremos descubrirlo si algún día el tren de nuestros deseos se abandona en la Voluntad del Señor Supremo.

La Paz es vida. La Paz es Dicha eterna. Las preocupaciones –mentales, vitales y físicas– existen, pero sólo nosotros decidimos si las aceptamos o las rechazamos. Sin duda, no son hechos inevitables de la vida. Puesto que nuestro Padre Todopoderoso es Todo Paz, nuestra herencia común es la Paz. Es un error monumental extender el amplio camino del futuro arrepentimiento por malgastar y rechazar las oportunidades doradas que nos son presentadas. Debemos decidir, aquí y ahora, en medio de nuestras actividades diarias, arrojarnos en corazón y alma al Mar de la Paz. Se equivoca quien cree que la paz, por si misma, entrará en él al final de su vida. Querer lograr la paz sin meditación y disciplina espiritual es como esperar hallar agua en el desierto.

Para tener paz mental, la oración es esencial. Rezar a Dios por la Paz con plena concentración y singular devoción tan sólo por cinco minutos, es más importante que pasar largas horas de meditación descuidada y ligera. Ahora bien, ¿cómo rezar? Con lágrimas en nuestros corazones. ¿Dónde rezar? En un lugar solitario. ¿Cuándo rezar? Cuando nuestro ser interno nos lo pide. ¿Por qué rezar? Esta es la pregunta de las preguntas. Tenemos que rezar si queremos que nuestras aspiraciones sean colmadas por Dios. ¿Qué podemos esperar de Dios además de esto? Podemos esperar que Él nos haga entenderlo todo: el todo en la nada y la nada en el todo, lo Lleno en lo Vacío y lo Vacío en lo Lleno.

Siempre debemos discriminar. Tenemos que sentir que el mundo externo que atrae nuestra atención es efímero. Para tener algo permanente, para conseguir una base firme en la vida, tenemos que girarnos hacia Dios. No hay alternativa. Y no hay mejor momento para dar ese giro que cuando nos sentimos más desamparados.

Sentirse desamparado es bueno.
Cultivar el espíritu de la autoentrega, es mejor.
Ser el instrumento consciente de Dios, es lo mejor.

Todo depende de la mente, de manera consciente o inconsciente, incluyendo la búsqueda de la paz. La función de la mente es despejar las nubes de la duda. La función de la pureza de la mente es destruir las fecundas nubes de la mundanalidad y las ataduras de la ignorancia.

Sólo tenemos paz cuando hemos dejado totalmente de encontrar fallos en los demás. Debemos sentir el mundo entero como algo propio. Cuando observamos los errores de los demás, entramos en sus imperfecciones. Esto no nos ayuda en lo más mínimo. Curiosamente, cuanto más nos sumergimos, más claro se nos hace que las imperfecciones de los demás son nuestras propias imperfecciones, pero en diferentes cuerpos y mentes.

Mientras que si pensamos en Dios, Su Compasión y Su Divinidad agrandan nuestra visión interna de la Verdad. Debemos llegar en la plenitud de nuestra realización espiritual a aceptar a la humanidad como una sola familia.

No debemos permitir que el pasado destruya y atormente la Paz de nuestro corazón. Nuestras acciones buenas y divinas pueden contrarrestar nuestras acciones malas y no divinas del pasado. Si el pecado tiene el poder de hacernos llorar, la meditación tiene sin duda el poder de darnos alegría, de dotarnos de Sabiduría Divina.

Nuestra paz está en nuestro interior y esta paz es la base de nuestra vida. Por lo tanto, resolvamos a partir de ahora llenar nuestras mentes y corazones con las lágrimas de la devoción, la base de la paz. Si nuestro cimiento es sólido, no importa cuán alto levantemos la estructura, el peligro nunca nos puede amenazar. Porque la paz está debajo, la paz está arriba, la paz está dentro, la paz está fuera.

¿Quién es apto para el Yoga?

¿Quién es apto para el Yoga? Tú eres apto para el Yoga. Él es apto para el Yoga. Yo soy apto para el Yoga. Todos los seres humanos sin excepción son aptos para el Yoga.

La aptitud espiritual puede determinarse por nuestro sentimiento de unidad, nuestro deseo de unidad. La más diminuta gota de agua tiene derecho a sentir el océano infinito como suyo, o a clamar por tener el océano como suyo propio. Tal es el caso con el alma individual y el Alma Universal.

¿Dónde está Dios y dónde estoy yo? Dios está en el tercer piso y yo estoy en el primero. Yo subo al segundo piso. Él baja al segundo piso. Los dos nos encontramos. Yo no me olvido de lavar Sus Pies con mis lágrimas de deleite, ni Él se olvida de colocarme en Su Corazón de Compasión infinita.

¿Qué es Yoga? Yoga es la conquista de uno mismo. La conquista de uno mismo es la realización de Dios. Quien practica Yoga hace dos cosas de un golpe: simplifica toda su vida y consigue un acceso libre a lo Divino.

En el ámbito del Yoga nunca podemos tener pretensiones. Nuestra aspiración debe sonar veraz. Toda nuestra vida debe sonar veraz. Nada es imposible para un ardiente aspirante. Un Poder superior guía sus pasos. La Voluntad adamantina de Dios es su protección más segura. No importa cuánto tiempo o cuántas veces se equivoque, él tiene todo el derecho a regresar a su propio hogar espiritual. Su aspiración es una llama que asciende. No hace humo, no necesita combustible. Es el hálito de su vida interna. Le conduce hacia las riberas del Dorado Más Allá. El aspirante, con las alas de su aspiración, se remonta hacia los reinos de lo Trascendental.

Dios es Infinito y Dios es Omnipresente. Para un aspirante genuino, esto es más que una mera creencia. Es la Realidad sin segunda.

Ahora enfoquemos nuestra atención en la vida espiritual. Es equivocada la idea de que la vida espiritual es una vida de austeridad y un lecho de espinas. ¡No, jamás! Hemos venido de lo Dichoso. A lo Dichoso regresaremos con la espontánea alegría de la vida. Parece difícil porque complacemos a nuestro ego. Parece artificial porque atesoramos nuestras dudas.

La realización de Dios es la meta de nuestra vida. También es nuestra herencia más noble. Dios es a la vez nuestro Padre y nuestra Madre. Como Padre, Él observa; como Madre, Él crea. Nosotros, igual que un niño, nunca dejaremos de requerir de nuestra Madre para poder ganar Su Amor y Su Gracia. ¿Cuánto tiempo puede una madre continuar desatendiendo el llanto de su hijo? No olvidemos que si existe alguien en la tierra sobre quien todos los seres humanos tengan una plena demanda, ese es el Divino en el aspecto de Madre. Ella es la única fortaleza de nuestra dependencia; Ella es la única fortaleza de nuestra independencia. Su Corazón, el hogar de la Infinitud, está abierto eternamente a cada individuo.

Deberíamos familiarizarnos ahora con las ocho significativas zancadas que conducen a un aspirante hacia su destino. Estas zancadas son: Yama, el autocontrol y la abstinencia moral; Niyama, la estricta observancia de conducta y carácter; Asana, las diversas posturas corporales que nos ayudan a entrar en una conciencia más elevada; Pranayama, la respiración sistemática para controlar la mente; Pratyahara, el alejamiento de la vida de los sentidos; Dharana, la fijación de nuestra conciencia en Dios, apoyada por todas las partes del cuerpo; Dhyana, la meditación, el incesante tren expreso que se dirige veloz hacia la Meta, y Samadhi, el trance, la culminación de la danza de la Naturaleza, la fusión total de nuestra conciencia individual en la Conciencia infinita del Supremo Trascendental.

Yoga es nuestra unión con la Verdad. Esta unión se desenvuelve en tres etapas. En la primera, el hombre ha de sentir que Dios lo necesita a él tanto como él necesita a Dios. En la segunda etapa el hombre ha de sentir que, sin él, Dios no existe ni siquiera por un segundo. En la tercera y última etapa, el hombre ha de darse cuenta de que él y Dios no sólo son eternamente Uno, sino también iguales y lo abarcan todo y lo colman todo.

La fuerza de la entrega

El mundo de hoy quiere la individualidad. Demanda la libertad. Pero la individualidad y la libertad genuinas pueden respirar únicamente en lo Divino. La entrega es el respirar incansable del alma en el Corazón de Dios. La individualidad humana grita en la oscuridad. La libertad terrenal clama en los desiertos de la vida. Pero la entrega absoluta celebra universalmente la Individualidad y la Libertad divinas en el Regazo del Supremo. En la entrega descubrimos el poder espiritual a través del cual podemos llegar a ser, no sólo los videntes sino también, los poseedores de la Verdad. Si podemos entregarnos en absoluto silencio, nos convertiremos en la Realidad de lo Real, en la Vida de lo Viviente, en el Centro del Amor, de la Paz y de la Dicha verdaderos. Nos convertiremos en una bendición incomparable para nosotros mismos. Un niño encantador atrae nuestra atención. Le amamos porque conquista nuestro corazón. ¿Pero, le pedimos algo a cambio? ¡No! Le amamos porque es objeto de amor, porque es adorable. Del mismo modo podemos y debemos amar a Dios, porque Él es el Ser más adorable. El amor espontáneo por lo Divino es la entrega y esta entrega es el regalo más grande en la vida. Porque cuando nos entregamos, el Divino nos da en seguida infinitamente más de lo que habríamos pedido. La entrega es un milagro espiritual. Nos enseña cómo ver a Dios con nuestros ojos cerrados, cómo hablar con Él con nuestra boca cerrada. El miedo entra en nuestro ser únicamente cuando retiramos del Absoluto nuestra entrega. La entrega es un despliegue. Es el despliegue de nuestro cuerpo, mente y corazón en el Sol de Plenitud divina dentro de nosotros. Entregarse a este Sol interno es el mayor triunfo de la vida. El fracaso no puede alcanzarnos cuando nos hallamos en este Sol. El Príncipe del Mal ni siquiera nos puede tocar cuando hemos realizado y encontrado nuestra unidad con este Sol eternamente donador de vida. La entrega y la cordialidad sincera juegan juntas, comen juntas y duermen juntas. Suya es la corona de la victoria. El cálculo y la duda juegan juntos, comen juntos y duermen juntos. Suyo es el destino que está condenado a la decepción, abocado al fracaso.

La India es la tierra de la entrega. Esta entrega no es una sumisión ciega sino más bien la dedicación del ser limitado de uno mismo al Ser sin fronteras de uno mismo. Existen numerosas y buenas historias en el Mahabharata que tratan de la entrega. Todas contienen gran verdad espiritual. Permítanme narrarles una historia breve pero sumamente inspiradora y reveladora acerca de Draupadi, que fue Reina de los Pandavas. Mientras el malvado Duhshasana intentaba rudamente desnudarla, ella estaba rezando al Señor para que la salvara. Aún así, todo el tiempo ella sujetaba fuertemente con los puños su ropa. Su entrega no era completa y su oración no era concedida. Duhshasana continuaba sus esfuerzos para quitar la ropa de la infortunada Reina. Pero llegó el momento en que Draupadi soltó las vestimentas que sujetaba y levantó sus manos rezando al Señor: «¡Oh Señor de mi corazón, Oh salvador de mi vida, que Tu Voluntad se cumpla!». Y ¡he aquí la fuerza de su entrega absoluta! El silencio de Dios se rompió. Su Gracia descendió sobre Draupadi. Mientras Duhshasana intentaba quitarle el sari, descubrió que era interminable. Su orgullo tuvo que besar el polvo.

La Gracia todo colmadora de Dios, únicamente desciende cuando la entrega incondicional del hombre asciende.

Nuestra entrega es algo sumamente precioso. Sólo Dios la merece. Podemos ofrecer nuestra entrega a otro individuo, pero únicamente por la causa de realizar a Dios. Si dicho individuo ha alcanzado su Meta, puede ayudarnos en nuestro viaje espiritual. En cambio, si nos ofrecemos a alguien simplemente por satisfacer a esa persona, estamos cometiendo una equivocación monumental. Lo que deberíamos hacer es ofrecernos sin reservas al Señor en esa persona.

Cada una de nuestras acciones debería ser para complacer a Dios y no para ganar aplausos. Nuestras acciones son demasiado secretas y sagradas para ser expuestas ante los demás. Nuestras acciones son para nuestro propio progreso, logro y realización.

No hay límite para nuestra entrega. Cuanto más nos entregamos, más nos tenemos que entregar. Dios nos ha dado la capacidad. Según nuestra capacidad, Él nos demanda manifestación. Dios nunca ha exigido ni exigirá manifestación que esté más allá de nuestra capacidad.

En la entrega completa y absoluta del hombre está su realización; su realización del Ser, su realización de Dios el Infinito.

Meditación: Individual y colectiva

La meditación es el ojo que ve la Verdad, el corazón que siente la Verdad y el alma que realiza la Verdad.

A través de la meditación el alma se vuelve plenamente consciente de su evolución en su viaje eterno. En la meditación vemos que la forma evoluciona hacia lo sin forma, lo finito hacia lo Infinito, y vemos que lo sin forma evoluciona hacia la forma y lo Infinito hacia lo finito.

La meditación habla. Habla en silencio. La meditación revela. Revela al aspirante que materia y espíritu son uno, que cantidad y calidad son uno, que lo inmanente y lo trascendente son uno. Revela que la vida nunca puede ser la mera existencia de setenta u ochenta años entre el nacimiento y la muerte, sino que es, más bien, la Eternidad misma. Nuestro nacimiento es un incidente significativo en la propia existencia de Dios. Y así lo es también nuestra muerte. En nuestro nacimiento, la vida vive en el cuerpo; en nuestra muerte, la vida vive en el espíritu.

Meditación: individual y colectiva. Así como lo individual y lo colectivo son uno en esencia, también lo son la meditación individual y la colectiva. Todos somos hijos de Dios. Nuestro cuerpo dice que somos humanos. Nuestra alma dice que somos divinos.

No importa si somos humanos o divinos, somos uno, inevitablemente y eternamente. Somos las partes inseparables de la totalidad. Completamos la totalidad.

Vasto es el océano. Tu ves una parte. Él ve otra parte. Yo veo otra parte. Mas la extensión completa del océano está más allá de nuestro alcance. Nuestra visión es limitada. Pero la porción que ve cada uno de nosotros no está ni puede estar separada del océano entero.

¿Qué produce una orquesta? Produce una unidad sinfónica. Notas diferentes de distintos instrumentos forman la sinfonía. Igual que cada instrumento toca sus propias notas, cada individuo puede meditar a su propia manera. Pero finalmente todos llegarán a la misma meta y a la realización fundamental de la unidad. Y esta realización no es otra cosa que la liberación –liberación de la esclavitud, la ignorancia y la muerte.

Tat twam asi: “Eso eres Tú”. Este es en verdad el secreto que puede ser revelado en la meditación. Este “Tú” no es el hombre externo. Este “Tú” es nuestra alma, nuestra divinidad interna. La naturaleza no iluminada y no divina en nosotros intenta hacernos sentir que el cuerpo es todo. Nuestra naturaleza iluminada y divina nos hace sentir que nuestra alma, la cual no tiene ni principio ni fin, es todo. En verdad, es el alma el hálito de nuestra existencia, tanto en el Cielo como en la tierra.

El conocimiento de uno mismo y el Conocimiento universal no son cosas diferentes. Todo lo que hay en el universo deviene nuestro en el momento en que realizamos nuestro Ser. ¿Y qué es el universo? Es la expresión externa de nuestros logros internos. Nosotros somos nuestros propios Salvadores. Dentro de nosotros se halla nuestra salvación. Somos nosotros quienes tenemos que trabajar por nuestra salvación. Somos nosotros los constructores de nuestro propio destino. Culpar a los demás por las condiciones desfavorables de nuestras vidas, está por debajo de nuestra dignidad. Desgraciadamente, este acto de culpar a los demás es una de las enfermedades más antiguas del hombre. Adán culpó a Eva por su tentación. Pobre Eva, ¿qué podía hacer ella? Culpó también a otro. No, no debemos hacer eso. Si la acción es nuestra, la responsabilidad también es nuestra. Intentar escapar de las consecuencias de nuestras acciones es sencillamente absurdo. Pero estar libre de cometer equivocaciones es sabiduría; es verdadera iluminación. Las pruebas y aflicciones están dentro y fuera de nosotros. Nosotros simplemente tenemos que ignorarlas. Si este acto de ignorarlas no resulta efectivo, debemos afrontarlas. Si eso tampoco es suficiente, tenemos que conquistarlas aquí y ahora. El problema capital es cómo conquistar las pruebas y aflicciones. Podemos conquistarlas únicamente por nuestra constante aspiración y meditación. No hay sustituto, no hay alternativa.

De la meditación, cuando es profunda e intensa, obtenemos conocimiento espiritual y devoción pura, los cuales no sólo actúan a la vez sino también en armonía. El sendero del Bhakti, la devoción, y el sendero del Jnana, el conocimiento, nos conducen en última instancia a la misma meta. La devoción no es fe ciega. No se trata de una absurda adherencia a nuestro sentimiento interior; es un proceso incomparable de despliegue espiritual. El conocimiento no es algo árido; tampoco es un poder agresivo. El conocimiento es el alimento que energiza nuestra existencia terrenal y celestial. La devoción es Deleite. El conocimiento es Paz. Nuestro corazón necesita Deleite y nuestra mente necesita Paz, del mismo modo que Dios nos necesita para manifestarse y nosotros necesitamos a Dios para completarnos.

Meditación: individual y colectiva. Es fácil meditar individualmente. El aspirante es afortunado porque ninguna tercera persona se interpone entre él y la Gracia de Dios. Es fácil meditar colectivamente. Un estudiante naturalmente recibe alegría cuando está estudiando con otros en la clase. En este caso, el aspirante también es afortunado puesto que la sincera aspiración de los otros buscadores puede inspirarle.

Es cierto, hay dificultades en meditar individualmente, ya que la pereza puede atormentar al aspirante. Es cierto, hay dificultades en meditar colectivamente, porque hay todas las posibilidades de que la ignorancia y las debilidades de los demás puedan atacar inconscientemente al cuerpo, la mente y el corazón del aspirante.

Ya sea que meditemos individual o colectivamente, sólo hay una cosa que debemos hacer sin falta: tenemos que meditar conscientemente. Hacer un esfuerzo inconsciente es como si uno se fuerza a jugar al fútbol a pesar de su total desgana. Uno juega, pero no obtiene alegría. El esfuerzo consciente es como jugar al fútbol con el mayor gusto. Uno obtiene así verdadera alegría. De manera similar, la meditación consciente nos proporciona Deleite interno desde nuestra alma.

Por último, todo ser humano debe tener el espíritu de un héroe divino. Si se le abandona en el bosque más espeso, debe tener la fortaleza interior de meditar sin miedo; si se le pide que medite en Times Square, en medio de una multitud de personas, debe tener la fortaleza interior de meditar sin ser perturbado en lo más mínimo. Ya sea solo o con otros, el aspirante debe habitar en su meditación, imperturbable y sin temor.

¿Tiene tu alma una misión especial?

Tu alma tiene una misión especial. Tu alma es supremamente consciente de ello.

Maya, la ilusión u olvido, te hace sentir que eres finito, débil e inútil. Eso no es cierto. Tú no eres el cuerpo. Tú no eres los sentidos. Tú no eres la mente. Todos ellos son limitados. Tú eres el alma, que es ilimitada. Tu alma es infinitamente poderosa. Tu alma desafía todo tiempo y espacio.

¿Puedes realizar tu alma alguna vez? ¿Puedes ser completamente consciente de tu alma e identificarte con ella? Ciertamente puedes. Porque, en verdad, no eres otra cosa que el alma. Es tu alma lo que representa el estado natural de conciencia. Pero la duda hace difícil la realización del alma. La duda es la lucha infructuosa del hombre en el mundo externo. La aspiración es la confianza fructífera del buscador en el mundo interno. La duda lucha sin cesar; al final, derrota su propio propósito. La aspiración vuela hacia lo más alto; al final de su viaje, alcanza la Meta. La duda se basa en la observación externa. La aspiración se basa en la experiencia interna. La duda termina en fracaso porque vive en la mente física finita. La aspiración culmina en el éxito porque vive en el alma que siempre asciende. Una vida de aspiración es una vida de Paz. Una vida de aspiración es una vida de Dicha. Una vida de aspiración es una vida de Plenitud divina.

Para saber cual es tu misión especial, tienes que profundizar dentro de ti. La esperanza y el coraje deben acompañarte en tu incansable travesía. La esperanza despertará tu divinidad interior. El coraje hará florecer tu divinidad interior. La esperanza te inspirará a soñar en lo Trascendental. El coraje te inspirará a manifestar lo Trascendental aquí en la tierra. Para sentir cuál es tu misión especial, siempre tienes que crear. Esta creación tuya es algo en lo que finalmente te conviertes. Por último, llegas a darte cuenta de que tu creación no es sino la revelación de ti mismo.

Es cierto que existen tantas misiones como almas. Pero todas las misiones se completan únicamente después de haber logrado las almas cierto grado de perfección. El mundo es un juego divino. Cada participante desempeña su papel para el éxito del mismo: el papel del empleado es tan importante como el del patrón. En la perfección de cada parte individual está la plenitud colectiva. Y al mismo tiempo, la plenitud individual se hace perfecta, únicamente cuando el individuo ha establecido su conexión inseparable y realizado su unidad con todos los seres humanos del mundo.

Tú eres uno desde la punta de tus pies hasta la coronilla de tu cabeza. Sin embargo, en un lugar te llamas oreja, en otro lugar te llamas ojo. Cada lugar en tu cuerpo tiene un nombre propio. Y, curiosamente, aunque todos forman parte del mismo cuerpo, uno no puede desempeñar la acción del otro. Los ojos ven pero no pueden oír. Los oídos oyen, pero no pueden ver. De modo que, el cuerpo, siendo uno, también es muchos. De la misma manera, aunque Dios es uno, Se manifiesta a través de múltiples formas.

Dios nos dice cuál es nuestra misión. Pero nosotros no comprendemos el lenguaje de Dios, por tanto, Él mismo debe ser Su propio intérprete. Cuando otros nos hablan acerca de Dios nunca pueden decirnos completamente lo que Dios es. Ellos lo desfiguran y nosotros lo malentendemos. Dios habla en silencio. Igualmente, Él interpreta Su mensaje en silencio. Así que, oigamos y comprendamos a Dios también en silencio.

¿Tiene tu alma una misión especial? Si. Tu misión se halla en las más íntimas cavidades de tu corazón y tienes que encontrarla y cumplirla allí. No puede haber ningún modo externo para que cumplas tu misión. El ciervo genera el almizcle en su propio cuerpo; al olerlo queda fascinado e intenta localizar su origen. Corre y corre sin cesar pero no puede encontrar la fuente. En su búsqueda sin fin, pierde toda su energía y finalmente muere. Pero la fuente que buscaba con tanta desesperación se hallaba dentro de sí mismo. ¿Cómo podía encontrarla en otra parte?

Tal es tu caso. Tu misión especial –que consiste en colmar tu divinidad– no está fuera sino dentro de ti. Busca en tu interior. Medita en tu interior. Descubrirás tu misión.

¿Cuán lejos estamos de la realización?

Avidyaya mrityum tirtha vidyaya amritam snute:

“Por la ignorancia cruzamos a través de la muerte, por el conocimiento alcanzamos la Inmortalidad”. Esta es ciertamente una realización mayor.

La realización significa la revelación de Dios en un cuerpo humano. La realización significa que el hombre mismo es Dios.

Por desgracia, el hombre no está solo. Tiene el deseo y el deseo posee un tremendo poder. Sin embargo, fracasa en proporcionarle alegría y paz duraderas. El deseo es finito. El deseo es ciego. Intenta atar al hombre, que es ilimitado por derecho innato. La Gracia de Dios, que actúa a través del hombre para la manifestación completa de Dios, es infinita.

La realización surge de la conquista de uno mismo. Crece en su unidad con Dios. Se completa abrazando a lo finito y a lo Infinito.

Nosotros somos buscadores del Supremo. Lo que necesitamos es la realización absoluta. Con una realización pequeña podemos actuar a lo sumo como un gato. Con la realización absoluta podremos amenazar a la ignorancia como un león rugiendo.

En el momento en que digo ‘mi cuerpo’, me separo del cuerpo. Este cuerpo pasa por la infancia, la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez. No es realmente yo. El “yo” real permanece siempre inmutable. Cuando digo que he engordado o he adelgazado, estoy hablando del cuerpo que ha engordado o adelgazado y no del “yo” interno que es eterno e inmortal.

La realización nos dice que no existen tales cosas como la esclavitud y la libertad a las que nos referimos tan a menudo en nuestras vidas cotidianas. Lo que existe realmente es la conciencia –conciencia en varios niveles, conciencia disfrutando de sí misma en sus variadas manifestaciones. Mientras pensamos que estamos viviendo en el cautiverio de la ignorancia, somos libres de sentir que también podemos vivir en libertad, si queremos. Si la esclavitud nos hace sentir que el mundo es un campo de sufrimiento, sin duda la libertad nos puede hacer sentir que el mundo no es sino la conciencia dichosa del Brahman. Pero la realización nos hace sentir Sarvam khalvidam Brahma: “todo lo extendido es Brahman”.

Para llegar a comprender lo que es la realización, primero tenemos que amar a nuestro Ser interno. El segundo paso es amar la realización misma. Este es el amor que despierta el alma. Este es el amor que ilumina nuestra conciencia. Ama y serás amado. Realiza y serás colmado.

La realización es nuestra lámpara interna. Si mantenemos la lámpara encendida, transmitirá su radiante resplandor al mundo en general. Todos nosotros, sin excepción, tenemos el poder de la autorrealización o, en otras palabras, realización de Dios. Negar esta verdad es engañarnos despiadadamente.

Realizamos la Verdad no sólo cuando la alegría llena nuestra mente, sino también cuando la pena nubla nuestro corazón, cuando la muerte nos da la bienvenida a su seno tenebroso, cuando la Inmortalidad pone nuestra existencia en el regazo de la transformación.

¿Cuán lejos estamos de la Realización? Podemos conocer la respuesta por el grado en que nos hemos entregado a la Voluntad de Dios. No existe otra forma de saberlo. También debemos saber que cada día en particular amanece con una nueva realización. La vida es una constante realización para aquel cuyo ojo interno está abierto.

¿Por qué queremos realizar a Dios? Queremos realizar a Dios porque conscientemente nos hemos hecho avenidas a través de las cuales pueden fluir los frutos de la realización de Dios. Nuestro propio cuerpo es una máquina divina; por lo tanto necesita lubricación. La realización es un lubricante divino que funciona de la manera más efectiva.

La realización puede ser lograda por la Gracia de Dios, por la gracia del Guru y por la aspiración del buscador. La Gracia de Dios es la lluvia, la gracia del Guru es la semilla, la aspiración del buscador es el acto de cultivar. ¡He aquí! ¡La abundante cosecha es la Realización!

El papel de la pureza en la vida espiritual

¡Pureza! ¡Pureza! ¡Pureza! Te amamos. Te queremos. Te necesitamos. ¡Quédate en nuestros pensamientos! ¡Quédate en nuestras acciones! ¡Quédate en el aliento de nuestra vida!

¿Cómo ser puros? Podemos ser puros mediante el autocontrol. Podemos controlar nuestros sentidos. Es increíblemente difícil, pero no es imposible. “Controlaré mis sentidos. Conquistaré mis pasiones”. Este método no puede darnos lo que necesitamos realmente. El león hambriento que vive en nuestras pasiones no nos abandonará por la mera repetición del pensamiento: “Controlaré mis sentidos y conquistaré mis pasiones”. Este planteamiento no sirve de nada.

Lo que debemos hacer es fijar nuestra mente en Dios. Para nuestro asombro total, nuestro león y nuestro tigre, ahora domados, nos abandonarán por decisión propia cuando vean que nos hemos vuelto demasiado pobres para alimentarlos. Pero, en verdad, no nos hemos empobrecido en lo más mínimo. Al contrario, hemos llegado a ser infinitamente más fuertes y más ricos puesto que la Voluntad de Dios vigoriza nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón. El planteamiento correcto es fijar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón en lo Divino. Cuanto más cerca nos encontramos de la Luz, más lejos estamos de la oscuridad. La pureza no viene toda de golpe. Necesita su tiempo. Tenemos que profundizar y abandonarnos con fe implícita en la contemplación de Dios. Entonces no necesitamos ir a la Pureza. La Pureza viene a nosotros. Y la Pureza no viene sola. Ella trae consigo una Alegría duradera. Esta Alegría divina es el único propósito de nuestra vida. Dios se revela completamente y se manifiesta sin reservas, sólo cuando tenemos esa Alegría interna.

El mundo nos da deseos. Dios nos da oraciones. El mundo nos da esclavitud. Dios nos da liberación: liberación de las limitaciones, liberación de la ignorancia.

Nosotros somos los jugadores. Podemos jugar al fútbol o al cricket. Tenemos libertad para elegir. Del mismo modo, somos nosotros quienes podemos elegir si jugamos con la pureza o con la impureza. El jugador es el dueño del juego y no viceversa.

El modo más fácil y más efectivo de tener pureza es repetir un mantra. Un mantra es un sonido-semilla. Un mantra es un poder dinámico en forma de sonido vibrante.

Conozcamos ahora lo que es yapa. Yapa es la repetición de un mantra. Queréis pureza, ¿verdad? Entonces, repetid ahora el nombre de Dios quinientas veces.

Este es nuestro mantra. Hagámoslo.

  /(Los buscadores se unen a Sri Chinmoy repitiendo el mantra)/

Gracias. Lo hemos hecho bien. Ahora, os pido que, cada día, aumentéis el número en cien. Es decir: mañana repetiréis el nombre de Dios seiscientas veces y pasado mañana setecientas veces. Dentro de una semana, a partir de hoy, mis cálculos dicen que repetiréis el nombre de Dios mil doscientas veces. A partir de ese día, por favor comenzad a disminuir el número diariamente de cien en cien, hasta llegar otra vez a las quinientas repeticiones. Continuad por favor este ejercicio semana tras semana, justo durante un mes. Queráis o no cambiar vuestro nombre, el mundo os dará un nuevo nombre: os llamará por el nombre de Pureza. Vuestro oído interno os hará sentirlo. Superará vuestra más preciada imaginación. Que nada nos perturbe. Dejemos que la impureza de nuestro cuerpo nos haga recordar la Pureza espontánea de nuestro corazón. Dejemos que nuestros pensamientos externos finitos nos recuerden a nuestra Voluntad interior infinita. Dejemos que las numerosas imperfecciones de nuestra mente nos recuerden a la Perfección ilimitada de nuestra alma.

El mundo actual está lleno de impureza. Parece ser que la pureza es una divisa de otro mundo. Es duro obtener esta pureza pero una vez que la conseguimos, la paz es nuestra, el éxito es nuestro.

Demos la cara al mundo. Tomemos la vida tal y como viene. Nuestro Piloto Interno está en constante vigilancia. Las corrientes ocultas de nuestra vida interna y espiritual fluirán siempre sin ser vistas, sin obstrucciones y sin temor.

Puede ser que Dios sea desconocido pero no es incognoscible. Nuestras plegarias y meditaciones nos conducen a ese desconocido. Clamamos por la libertad. Pero, por extraño que parezca, no estamos conscientes del hecho de que ya tenemos dentro de nosotros libertad inmensa. ¡Mirad! Sin ninguna dificultad podemos olvidar a Dios. Podemos ignorarlo e incluso podemos negarlo. Pero la Compasión de Dios dice: “Mis niños, no importa lo que digáis o hagáis, Mi Corazón jamás os abandonará. Os quiero. Os necesito”.

La madre sostiene la mano del hijo. Pero el hijo es el que tiene que caminar y así lo hace. Ni el que es arrastrado ni el que arrastra pueden ser felices. Asimismo, Dios dice: “Mis niños divinos, en vuestra vida interna, Yo os doy inspiración. Sois vosotros quienes tenéis que aspirar con el corazón más puro, para alcanzar el Dorado Más Allá”.

Dos secretos: Reencarnación y evolución

Para entender los secretos de la reencarnación, la evolución y la transformación, debemos entender primero el secreto más significativo de todos: el secreto del karma.

Karma es una palabra Sánscrita que significa acción. El corazón puede ejecutarla; la mente puede ejecutarla y el cuerpo puede ejecutarla.

Hay tres tipos de karma: Sanchita karma, Prarabdha karma y Agami karma.

Sanchita significa acumulado. Esperamos consciente o inconscientemente el fruto del karma que hemos sembrado con nuestros pensamientos, palabras, acciones y voliciones del pasado. El sanchita karma es una acumulación de actos realizados en alguna vida pasada o en esta vida, cuyos resultados no se han desarrollado todavía, cuyos efectos no se han producido aún.

El prarabdha karma es el destino o la suerte como resultado de actos hechos en algún nacimiento anterior. Los efectos kármicos han comenzado pero no han terminado todavía y necesitan un nuevo nacimiento para completarse. El prarabdha karma es esa parte del sanchita karma que ya ha comenzado a dar frutos. Comenzamos a cosechar en esta vida el fruto de nuestro karma pasado y al mismo tiempo sembramos nuevas semillas para una futura cosecha.

Agami significa futuro o venidero. El agami karma sólo puede hacerse después de que uno ha alcanzado la perfección espiritual, cuando uno no está confinado ni por el señuelo del nacimiento ni por las trampas de la muerte. Uno actúa entonces con la perspectiva de ayudar a la humanidad. Para satisfacer a lo Divino aquí en la tierra, el alma liberada juega en este caso un papel significativo en el Drama Divino, el cual no tiene ni principio ni fin.

Sabemos que existe algún Ser al que llamamos Dios. Sabemos que hay algo que llamamos alma. Fue el gran filósofo norteamericano, Emerson, quien dijo: “Dios es un círculo infinito cuyo centro está en todas partes, pero cuya circunferencia no está en ningún sitio”. Podemos decir indudablemente que este centro es el alma humana.

El alma es una entidad eterna. ¿Cuál es su conexión con la reencarnación? Uno podría escribir páginas incontables sobre la reencarnación, ese concepto formidable del cual se habla tan ampliamente como se descree. Vamos a intentar comprender, en una breve frase, la esencia de este asunto. La reencarnación es el proceso por el cual el alma evoluciona; existe para el crecimiento y el desarrollo del alma.

Todos conocemos la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin. Se trata del cambio en el organismo físico desde lo inferior hacia lo superior, o de lo más simple a lo más complejo. La evolución espiritual corre paralelamente a la evolución física. El alma existe en todos los seres. Es cierto que es divina e inmortal. Pero posee su propio impulso de ser más completa, más satisfactoria y más divina. Por lo tanto, en el proceso de su evolución, tiene que pasar desde el cuerpo menos perfecto hasta el cuerpo más perfecto. En cada etapa, toma consigo el valor real de todas sus experiencias terrestres. De esta manera el alma crece, enriqueciéndose, haciendo su divinidad más integral, más armoniosa y más perfecta.

La reencarnación nos dice que no hemos venido de la nada. Nuestra condición presente es el resultado de lo que hemos hecho de nuestro pasado. Somos la consecuencia de nuestras encarnaciones pasadas.

“Muchos nacimientos hemos dejado atrás tú y yo, ¡oh Arjuna! Yo los conozco todos, pero tú no conoces los tuyos”. Así habló el divino Sri Krishna al aún no realizado Arjuna.

La evolución es el guión entre lo que fue y lo que será. Yo soy un hombre. Debo saber que no sólo fui mi padre sino que también seré mi hijo. Problemas tuve yo. Tuviste tú. Tuvo él. ¡No hay excepciones! Los afrontamos entonces. Los afrontamos incluso hoy. Pero los resolveremos inequívocamente.

¿Cuál es el propósito de la vida?

El propósito de la vida es llegar a ser conscientes de la Realidad Suprema. El propósito de la vida es ser la expresión consciente del Ser Eterno.

La vida es evolución. La evolución es un desplegarse desde dentro. Cada vida es un mundo en sí misma. De hecho, cada vida es un microcosmo. Todo lo que palpita en el vasto universo, palpita también en cada vida individual.

Existen dos vidas: la interna y la externa. La vida externa habla acerca de sus principios y luego intenta actuar. Predica en todo momento pero practica muy poco lo que predica. La vida interna no habla; actúa. Su acción espontánea es la manifestación consciente de Dios.

Nuestra vida tiene dos realidades: la exotérica y la esotérica. La realidad exotérica trata con el mundo externo. La realidad externa intenta satisfacerse alimentando los deseos y estimulando las pasiones. La realidad interna o esotérica encuentra la plenitud en el control de las pasiones y la conquista de los deseos, nadando en el vasto mar de la Liberación.

La vida es existencia. La existencia ordinaria proviene de una Existencia más profunda. La existencia no puede venir de la no existencia. La vida proviene de Dios. La vida es Dios. Debemos hacer dos cosas: debemos estudiar la vida muy devotamente y vivir la vida muy divinamente.

Dos cosas debemos tener: imaginación e inspiración. Una vida sin imaginación es una vida de reclusión. Con las alas de la imaginación debemos intentar volar en el Más Allá. Una vida sin inspiración es una vida de estancamiento. Con el dinamismo de la inspiración incesante daremos un nuevo significado a la vida e inmortalizaremos la vida.

El propósito de la vida es realizar a Dios. La realización nunca puede llegar al individuo inactivo. Tenemos que desear la Realización. Tenemos que pagar el precio por ello. No hay alternativa. Una cosa es de capital importancia: diciendo a los demás que tú eres un alma realizada, puede que los convenzas, puede que incluso engañes a tu propio corazón, pero no puedes engañar a Dios.

Para la Realización de Dios, el primer requisito es la Paz. La paz está basada en el amor: el amor a la humanidad y el amor a Dios. La paz está basada también en el desapego: Ni sed de ganancia ni temor a la pérdida; ¡he aquí! la paz es tuya. La paz está basada también en la renuncia. Esta no es la renuncia a las posesiones mundanas sino a las limitaciones y a la ignorancia. Esa paz es la Paz verdadera que no es afectada por el ruido del mundo, externo o interno.

Cuando tienes esa Paz divina, la Realización no puede dejar de llamar a la puerta de tu corazón. Para ser más exactos, el Loto de la Realización comenzará a florecer en tu corazón, pétalo a pétalo. Para la Realización de Dios no son obligatorios los templos, iglesias o sinagogas. Ni tampoco se requiere el tapiz de escrituras y sermones. Lo que es imperativo es la meditación. Esta meditación te hará realizar a Dios el Infinito dentro de tu alma, tu corazón, tu mente y tu cuerpo.

El propósito de la vida es vivir una vida divina. Estamos viviendo en este mundo. Sabemos que el hombre no vive sólo de pan. Necesita del alma para vivir en el mundo de la Realidad de Dios. El alma sola posee la capacidad de ver y sentir lo conocido y lo Desconocido, lo existente y lo no existente, el sueño del pasado, la hazaña del presente y la esperanza del futuro.

Aceptemos la vida interna, la vida espiritual. Los errores en nuestro viaje son inevitables. El éxito sin empeño es la imposibilidad misma. Sin trabajo no hay progreso. Debemos dar la bienvenida a la experiencia puesto que no podemos aprender nada sin ella. La experiencia puede ser alentadora o desalentadora. Pero es la experiencia lo que hace de nosotros seres reales, lo que nos muestra el verdadero significado de nuestra existencia misma.

Seamos todos verdaderamente espirituales. Realicemos a Dios a través de nuestra comunión constante con Él. No necesitamos tener un tiempo o un lugar en particular para nuestra meditación. Debemos trascender la necesidad del tiempo y el espacio. Cuando profundizamos en nuestro interior, sentimos que un instante no puede ser separado de otro, un lugar no puede ser separado de otro. Aspiremos a vivir en el Eterno Ahora de la Realización de Dios, en el Eterno Ahora del Sueño y la Realidad de Dios. Este Sueño es el Sueño de la Trascendencia siempre excelente. Esta Realidad es la Realidad de la Revelación siempre floreciente.

¿Qué es la espiritualidad?

La espiritualidad es la universalidad de la Verdad, la Luz y el Deleite. La espiritualidad es la necesidad consciente de Dios. La espiritualidad es la oportunidad constante de realizar y probar que todos nosotros podemos ser tan grandes como Dios.

Dios es Deleite. El Deleite es el hálito del alma. Dios no quiere ver el rostro de la tristeza. Dios nos dará la infinitud en el momento en que estemos dispuestos a ofrecerle tan sólo un destello del deleite de nuestra alma.

El mundo está afligido. Nosotros somos responsables de ello. Nuestros sentimientos de autointerés y autoimportancia son totalmente responsables de ello. La conciencia individual debe expandirse. El hombre necesita inspiración. El hombre necesita acción. La espiritualidad necesita al hombre. La espiritualidad necesita cumplimiento absoluto. La espiritualidad posee el ojo interno que enlaza todas las condiciones de la vida con certeza interna.

El hombre puede hacer y deshacer sus condiciones externas mediante sus pensamientos espirituales. Para el que lleva a Dios en sus pensamientos y acciones, sólo para él, Dios es una Realidad viviente.

La espiritualidad posee una llave secreta que abre la Puerta de lo Divino. Esta llave es la meditación. La meditación simplifica nuestra vida externa y energiza nuestra vida interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea. Esta vida llega a ser tan natural y espontánea que no podemos respirar sin tener conciencia de nuestra divinidad.

La meditación es un regalo divino. Es la aproximación directa, pues conduce al aspirante hacia Aquel de quien ha descendido. La meditación nos dice que nuestra vida humana es algo secreto y sagrado y confirma nuestra herencia divina. La meditación nos da un nuevo ojo para ver a Dios, un nuevo oído para oír la Voz de Dios y un nuevo corazón para sentir la presencia de Dios.

La vida espiritual no es un lecho de rosas, ni tampoco un lecho de espinas. Es un lecho de realidad e inevitabilidad. En mi vida espiritual veo el papel del diablo y el papel del Señor. Si el diablo posee la tentación, mi Señor posee la Guía. Si el diablo tiene oposición, mi Señor tiene Ayuda. Si el diablo tiene castigo, mi Señor tiene Compasión. Si el diablo me lleva al infierno, mi Señor me lleva al Cielo. Si el diablo tiene la muerte para mí, mi Señor tiene la Inmortalidad para mí.

Con la plenitud de nuestro corazón y con las lágrimas inundando nuestros ojos, debemos rezar a Dios. Debemos elevar nuestro objetivo tan alto como la realización de Dios, puesto que ese es el único propósito de nuestra existencia terrenal. Sri Ramakrishna dice: “Para ningún propósito ha nacido, quien teniendo el raro privilegio de haber nacido hombre, es incapaz de realizar a Dios en esta vida”.

La ciencia ha logrado maravillas. No obstante, el alcance de su visión es limitado. Hay mundos más allá de los sentidos; hay misterios ocultos. La ciencia no tiene acceso a estos mundos; la ciencia nunca puede resolver estos misterios. Pero una figura espiritual puede fácilmente, con su visión interna, penetrar en estos mundos y sondear estos misterios. Y aún así, una figura espiritual es un auténtico idealista que no construye castillos en el aire sino que, mas bien, tiene sus pies firmemente plantados en la tierra.

La espiritualidad no es mera tolerancia. Ni siquiera es aceptación. Es el sentimiento de unidad universal. En nuestra vida espiritual consideramos lo Divino, no sólo en términos de nuestro propio Dios sino en términos del Dios de todos. Nuestra vida espiritual establece firme y seguramente las bases de la unidad en la diversidad.

La espiritualidad no es mera hospitalidad con la fe en Dios de los demás. Es el reconocimiento y la aceptación absoluta de su fe en Dios como la propia de uno. Difícil, pero no imposible, puesto que esta ha sido la experiencia y la práctica de todos los Maestros espirituales de todos los tiempos.

La “Verdad” ha sido el problema de los problemas en todas las épocas. La verdad vive en la experiencia. La verdad en su aspecto externo es sinceridad, veracidad e integridad. La verdad en su aspecto interno y espiritual es la visión de Dios, la realización de Dios y la manifestación de Dios. Eso que respira eternamente es la Verdad. Incitador del alma es el grito de nuestros videntes Upanishádicos: Satyam eva jayate nanritam: “Sólo la Verdad triunfa y no la falsedad”. Bienaventurada es la India por tener este como su lema, su aliento de vida, su extenso mensaje de divinidad universal.

La espiritualidad no va a ser hallada en los libros. Aunque exprimamos un libro no vamos a obtener espiritualidad alguna. Si queremos ser espirituales, tenemos que crecer desde dentro. Los pensamientos y las ideas preceden a los libros. La mente levanta a los pensamientos y a las ideas de su sueño. La espiritualidad despierta a la mente. Una persona espiritual es la que escucha los dictados de su alma y a la que el temor no puede torturar. Las opiniones del mundo son demasiado débiles para atormentar su mente y su corazón. Ella conoce, siente y personifica esta verdad.

Por último, tengo un secreto abierto para los que quieran emprender la vida espiritual. El secreto abierto es este: pueden cambiar su vida. No necesitan esperar años, ni siquiera meses para este cambio. Este se inicia en el momento en que uno bucea en el mar de la espiritualidad. ¡Intenten vivir la vida de la disciplina espiritual por un día, ¡un solo día! Están llamados al triunfo.

¿Qué es Yoga?

¿Qué es Yoga? Yoga es el lenguaje de Dios. Si deseamos hablar con Dios, tenemos que aprender Su lenguaje.

¿Qué es Yoga? Yoga es lo que revela el secreto de Dios. Si deseamos conocer el secreto de Dios, tenemos que emprender el sendero del Yoga.

¿Qué es Yoga? Yoga es el Hálito de Dios. Si deseamos ver a través del Ojo de Dios y sentir a través de Su Corazón, si deseamos vivir en el Sueño de Dios y conocer la Realidad de Dios, si deseamos poseer el Hálito de Dios y, por último, si deseamos llegar a ser Dios mismo, el Yoga nos atraerá.

Yoga es unión. Es la unión del alma individual con el Ser Supremo. Yoga es la ciencia espiritual que nos enseña cómo la Realidad Última puede ser realizada en la vida misma.

Lo que tenemos que hacer es aceptar la vida y colmar lo Divino que hay en nosotros aquí en la tierra. Esto se puede llevar a cabo únicamente trascendiendo nuestras limitaciones humanas.

El Yoga nos dice cuánto hemos progresado en relación con la realización de Dios. También nos habla de nuestro papel asignado en el Drama cósmico de Dios. La última palabra del Yoga es que cada alma humana es una representante divina de Dios sobre la tierra.

Enfoquemos ahora nuestra atención en el aspecto práctico del Yoga. Hay varias clases de Yoga: Karma Yoga o el sendero de la acción; Bhakti Yoga o el sendero del amor y la devoción; y Jnana Yoga o el sendero del conocimiento. Estas tres clases de Yoga son consideradas las más importantes. Hay otras clases significativas de Yoga, pero son ramificaciones de estas tres o bien están estrechamente relacionadas con ellas.

Estas tres categorías sirven como los tres pórticos principales para el Palacio de Dios. Si queremos ver y sentir a Dios de la manera más dulce y más íntima, entonces tenemos que practicar Bhakti Yoga. Si queremos realizar a Dios en la humanidad a través de nuestro servicio dedicado, entonces tenemos que practicar Karma Yoga. Si queremos realizar la sabiduría y las glorias de la Existencia trascendental de Dios, entonces tenemos que practicar Jnana Yoga.

Una cosa es segura. Estos tres caminos nos conducen a la Autorrealización en la realización de Dios y a la realización de Dios en la Autorrealización.

Bhakti Yoga

Pídale a un hombre que hable sobre Dios y hablará sin tregua. Pídale a un Bhakta (practicante del Bhakti Yoga) que hable sobre Dios y sólo dirá dos cosas: “Dios es todo Afecto, Dios es todo Dulzura”. El Bhakta va incluso un paso más allá y dice: “Puedo intentar vivir sin pan, pero nunca puedo vivir sin la Gracia de mi Señor”.

La plegaria de un Bhakta es muy sencilla: “Oh Dios, Señor mío, ven a mi vida con Tu Ojo de Protección y Tu Corazón de Compasión”. Esta plegaria es la forma más rápida de llamar a la Puerta de Dios y también el modo más fácil de ver a Dios abrir la puerta.

Un Karma yogui y un Jnana yogui** pueden pasar quizá por un momento de duda sobre la existencia de Dios. Pero un Bhakta no tiene ese tipo de sufrimiento. Para él, la existencia de Dios es una verdad axiomática. Más que eso, es el sentimiento espontáneo de su corazón. Pero, ¡vaya!, él también tiene que pasar un tipo de sufrimiento: su sufrimiento es el de la separación de su Amado. Con las lágrimas de devoción de su corazón, el Bhakta llora por restablecer su dulcísima unión con Dios.

La mente razonadora no cautiva al devoto Bhakta. Los duros acontecimientos de la vida no logran atraer su atención y mucho menos absorberlo. Él quiere vivir constantemente en un reino embriagado de Dios.

Un devoto siente que, cuando él camina hacia Dios, Dios corre hacia él. Un devoto siente que cuando piensa un segundo en Dios, Dios clama una hora por él. Un devoto siente que cuando él acude a Dios con una gota de su amor para saciar la incesante sed de Dios, Dios lo envuelve en el mar de Su Amor celestial.

La relación de un devoto con Dios sólo puede ser sentida, nunca descrita. El pobre Dios piensa que ningún ser humano en la tierra puede alguna vez capturarle, puesto que Su precio es incalculable y Su valor inestimable. ¡Vaya! Se olvida de que ya ha otorgado la devoción a Su Bhakta. Para Su enorme sorpresa, para

Su más profunda alegría, la devoción entregada de Su devoto es capaz de capturarle. Hay personas que se burlan del Bhakta. Dicen que el Dios de un Bhakta no es más que un Dios personal, un Dios infinito con forma, un ser humano glorificado. Y yo les digo: “¿Por qué no habría de sentirlo así un Bhakta?” Un Bhakta siente sinceramente que él es una pequeña gota y que Dios es el Océano infinito. Él siente que su cuerpo es una porción infinitesimal de Dios el Todo sin fronteras. Un devoto piensa en un Dios y reza a un Dios en su propia imagen. Y está absolutamente en lo correcto al hacerlo así. No tienen más que entrar en la conciencia de un gato y verán que su idea de un Ser omnipotente adquiere la forma de un gato, solo que en un tamaño gigante. Entren en la conciencia de una flor y verán que la idea que la flor tiene de algo infinitamente más hermoso que ella adquiere también la imagen de una flor.

El Bhakta hace lo mismo. Sabe que es un ser humano y siente que su Dios debe ser humano en todo el sentido del término. La única diferencia que siente es que él es un ser humano limitado y Dios es un Ser humano ilimitado.

Para un devoto, Dios es a la vez gozoso y misericordioso. La alegría de su corazón le hace sentir que Dios es gozoso y los pesares de su corazón le hacen sentir que Dios es misericordioso.

Un pájaro canta. Un hombre canta. Dios también canta. Él canta Sus dulcísimas canciones de Infinitud, Eternidad e Inmortalidad a través del corazón de Su Bhakta.