Luz oriental para la mente occidental

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Espiritualidad: lo que es y lo que no es

Universidad de las Indias Occidentales, Kingston, Jamaica
10 de enero de 1968

La espiritualidad es la libertad sin fronteras del hombre en su barca de vida: la libertad de su viaje de vida, su libertad de las angustias de la vida y la libertad más allá de los logros de su vida.

En la espiritualidad está la Visión más lejana del hombre. En la espiritualidad está la realidad más cercana del hombre. Dios tiene Compasión. El hombre tiene aspiración. La espiritualidad es la conciencia-luz que une la aspiración del hombre y la Compasión de Dios. La espiritualidad le dice al hombre que él es el Dios encubierto y que Dios es el hombre descubierto.

La espiritualidad no es un escape del mundo de la realidad. La espiritualidad nos dice lo que la verdadera realidad es y cómo podemos descubrirla aquí en la Tierra. La espiritualidad no es la negación de la vida, sino la aceptación más pura de la vida. La vida es para ser aceptada sin reservas. La vida es para ser realizada profundamente. La vida es para ser transformada totalmente. La vida es para ser vivida eternamente.

La espiritualidad no es la canción de la ignorancia. Es la madre de la concentración, la meditación y la realización. La concentración me lleva dinámicamente hacia Dios. La meditación me trae silenciosamente a Dios. La realización ni me lleva a Dios ni me trae a Dios. La realización me revela que Dios es el Ave Azul de la Realidad de la Infinitud y que yo soy las Alas Doradas de la Verdad de la Divinidad.

La espiritualidad me ha enseñado la diferencia entre mi discurso y mi silencio, entre mi mente y mi corazón. En el discurso intento llegar a ser. En el silencio soy. Cuando abro la boca, Dios cierra mi corazón. Cuando cierro la boca, Dios abre mi corazón. Mi mente dice: «Dios me necesita.» Mi corazón dice: «Necesito a Dios.» Mi mente quiere poseer la creación de Dios mientras la está negando. Mi corazón quiere abrazar la creación de Dios mientras la está sirviendo. Mi mente dice que no sabe si piensa en Dios o en sí misma. A veces mi mente siente que como ella no piensa en Dios, tampoco Dios piensa en ella. Mi corazón ve y siente que Dios piensa en él, incluso si él no se preocupa de pensar en Dios.

La espiritualidad me ha dicho secretamente cuál es mi necesidad suprema y cómo puedo conseguirla. ¿Cuál es mi necesidad suprema? La Bendición de Dios. ¿Cómo puedo conseguirla? Sencillamente tomándola prestada del Banco de Dios.

¿Cómo puedo devolver mi deuda? ¡Muy fácil! Sencillamente tomando otra vez un préstamo del Banco de Dios. Pero debo tomar en préstamo la sabiduría y nada más. Poseída la sabiduría, cancelada la deuda. Verdaderamente, esta sabiduría es el hálito de la espiritualidad.

Yo soy el experimento de Dios. Él me ha dado mi nombre: Ciencia. Yo soy la experiencia de Dios. Él me ha dado mi nombre: Espiritualidad. Yo soy la Realización de Dios. Él me ha dado mi nombre: Unidad—Unidad dentro, Unidad fuera.

Dios es mi Realidad.
El Cielo es mi Inmortalidad.
La tierra es mi Divinidad.

En la tierra crezco.
Con el Cielo llego a ser.
En Dios soy.

Miedo a la vida interna

Universidad de las Indias Occidentales, Kingston, Jamaica
12 de enero de 1968

Extraño es este mundo nuestro. Más extraño es nuestro entendimiento humano. Extrañísimo es nuestro miedo a la vida interna.

La mayoría no sabemos lo que es la vida interna. ¿Qué es la vida interna? Es la vida que vive para crecer y crece para vivir. Crece en la visión ilimitada del alma. Vive en la muy sublime plenitud del alma. Esta vida interna actúa siempre conforme a la luz transformadora y colmadora del alma. Si no conoces tu alma, en el mundo de la sabiduría divina serás acusado de ignorancia absoluta. Cuando conoces tu alma, inmediatamente estás familiarizado con Dios.

Por favor no olvides tu gran promesa a Dios. Antes de venir al mundo, antes de ponerte la vestimenta humana, Le dijiste a Dios, tu dulce Señor, con toda tu sinceridad disponible, que participarías en su Lila (Drama) divino. Él te dijo: «Hijo Mío, cólmame y cólmate tú al mismo tiempo en la Tierra.» Estabas divinamente estremecido, tu alegría no tenía límites. «Padre, lo haré», dijiste. «Que mi fervorosa promesa sea merecedora de Tu compasivo Mandato.»

Como lo quiso el infortunio, has olvidado ahora por completo tu promesa. Aquí en la Tierra no quieres colmar a Dios, sino a ti mismo. Tu mente apagada te induce a traicionar a Dios, y así lo haces. Sientes que la satisfacción de Dios debe venir solamente a través de tu propia satisfacción. Si no ocurre de esta manera, no estás preparado para sacrificar ni un ápice de tu aliento de vida para complacer a Dios aquí en la Tierra. Tu promesa divina vierte amargas lágrimas de fracaso. Huelga decirlo, tratar de colmarte a ti mismo antes de haber colmado a Dios es poner la carroza delante del caballo. Es el colmo del absurdo.

Quizá a estas alturas ya sepas lo que te ha hecho fracasar en tu más sincera promesa a Dios. Es tu miedo. Si te pregunto cuántos enemigos tienes, me dirás: «bastantes.» Pero debo decir que estás equivocado. Tienes tan sólo un enemigo, eso es todo, aunque parezca un ejército por sí mismo. Este único enemigo tuyo es el miedo, tu miedo inconscientemente atesorado.

Tienes miedo de la vida interna. Sientes que en cuanto te lances a la vida interna estarás perdido, completamente perdido, como un bebé en el bosque. Tal vez pienses también que al aceptar la vida interna estás construyendo castillos en el aire. Finalmente, tal vez sientas que aceptar la vida interna es como arrojar tu muy preciada vida en la boca de un león rugiente que devorará por completo a ti y a tu vida externa.

Tienes innumerables y dulces sueños. Quieres transformarlos en realidad. En todos tus sueños quieres disfrutar del mundo o quieres ofrecer tu decisiva contribución al mundo en general; pero sientes que si te embarcas en la vida interna, serás privado de todos estos logros inestimables. Así que ahora es el momento en que el miedo hace su aparición, y naturalmente comienzas a apartarte de la vida interna. El miedo comienza a torturarte; trata de limitarte y atarte.

Desafortunadamente, tu vida flaquea ante este deplorable error. Pero si una vez, tan sólo una vez, con la ayuda de tu meditación todo-energizante, pudieras llevar hasta el mundo interno el miedo que tan largamente has atesorado, verías que allí el miedo pierde su existencia misma. En un abrir y cerrar de ojos se vuelve uno con la fortaleza dinámica de tu vida interna.

Si verdaderamente quieres poseer el mundo externo, tienes que poseer primero el mundo interno, y no al contrario. Si verdaderamente quieres disfrutar del mundo externo, primero debes disfrutar del mundo interno, y no al revés. Si tu corazón anhela servir a la humanidad, primero tienes que servir a la divinidad interna. Infalible es esta verdad.

Conócete a ti mismo

Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, Puerto Rico
26 de Agosto de 1968

Atmanam viddhi — «Conócete a ti mismo». Cada individuo tiene que conocerse a sí mismo. Tiene que conocerse como la Conciencia infinita, eterna e inmortal que es. Los conceptos de Infinitud, Eternidad e Inmortalidad son absolutamente extraños para nosotros. ¿Por qué? La razón es muy sencilla. Vivimos en el cuerpo, más que en el alma. Para nosotros el cuerpo lo es todo. No hay ni puede haber nada más allá del cuerpo. La existencia del alma la consideramos pura imaginación. Pero les aseguro que el alma no es imaginaria. Es al mismo tiempo la vida y la revelación de la Realidad Cósmica. La mayoría vivimos en el cuerpo, en la conciencia física ligada a la tierra. Nuestro profesor es la oscuridad; nuestro tutor la ignorancia. Pero si alguna vez vivimos en el alma, veremos que nuestro profesor es la Visión y nuestro tutor la Iluminación.

«La vida es esfuerzo.» Eso dice el cuerpo. «La vida es bendición.» Eso dice el alma. Lo humano en el hombre no quiere ir más allá de la moralidad, la sociedad y la humanidad. Lo divino en el hombre desciende desde la divinidad hasta la humanidad, desde la unidad hasta la multiplicidad.

Atmanam viddhi — «Conócete a ti mismo». Los visionarios upanishádicos no sólo descubrieron esta Verdad Trascendental, sino que la ofrecieron a la humanidad que sufre, llora y lucha. Para poder conocerse, primero tiene uno que descubrirse. ¿Qué es el autodescubrimiento? El autodescubrimiento es la realización de Dios.

Sin Yoga no hay autodescubrimiento. El Yoga no es una religión. El Yoga es la Verdad Universal. Es la verdad tradicional de la India. Es la experiencia más importante de la vida. El verdadero Yoga y la vida van juntos. No pueden ser separados. Si tratas de separarlos, fracasarás. El Yoga y la vida son tan inseparables como el Creador y la Creación.

¿Es Yoga otro nombre del ascetismo severo? No, nunca. ¿Es Yoga otro nombre de la autodisciplina? Decisivamente sí. ¿Exige el Yoga el rechazo del mundo y la privación de los sentidos? No, nunca. ¿Exige el Yoga la aceptación del mundo y el control de los sentidos? Sí, un vigoroso sí. ¿Es el Yoga para todo el mundo? Sí y no. Sí, porque cada alma humana ha venido de Dios e internamente aspira a regresar a Él. No, porque algunas personas, en su nivel actual de desarrollo, sienten que pueden vivir sin Dios.

Can learning and reasoning offer man self-realisation? No. Mere book knowledge ends in self deception. Why? Because a man of knowledge feels that he has achieved the infinite wisdom. Unfortunately, he does not know that the real Infinite Wisdom can come only from God, from God-Realisation. Mere mental reasoning ends in self-frustration.

¿Pueden la dedicación y la aspiración ofrecerle al hombre la autorrealización? Sí. La dedicación del hombre es la flor de su corazón ofrecida a los Pies de Dios. La aspiración del hombre es el fruto de su alma colocado en el Regazo de Dios.

Para la autorrealización el hombre necesita libertad. Dios le da libertad. ¿Qué es la libertad? La libertad es el poder-sacrificio de Dios y el poder-milagro del hombre. Sri Ramakrishna, el gran Maestro espiritual de la India, señaló en cierta ocasión: «El infeliz que repite constantemente, “Estoy atado, estoy atado,” sólo consigue estar atado. Aquél que día y noche dice, “Soy un pecador, soy un pecador,” verdaderamente se convierte en un pecador. Uno debe tener una fe tan ardiente en Dios, que pueda decir, “He repetido el nombre de Dios, por lo tanto, ¿cómo puede el pecado adherirse todavía a mí?, ¿cómo puedo ser un pecador nunca más?”»

Debemos albergar pensamientos positivos, ideas positivas, ideales positivos. Sólo entonces nuestra meta dejará de estar a una enorme distancia. Cada hombre tiene que sentir, «estoy a los Pies de Dios, mi propio Maestro. Estoy en las Manos de Dios, mi propio Creador. Estoy en el Corazón de Dios, mi único Amado.»

«Pedid y os será dado, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.» Yo pedí. Mi Señor me agració con Su ilimitada Compasión. Yo busqué. Mi Señor me dio Su Amor infinito. Yo llamé. Para mi absoluta sorpresa, la puerta no estaba cerrada desde dentro. Mi dulce Señor estaba ávidamente esperando mi llegada. ¡Mira, aquí estoy!

El significado de la vida

Universidad Interamericana, San Juan, Puerto Rico
17 de octubre de 1968

La vida es la Bendición Trascendental de Dios a Su Creación. ¿Qué es más importante que la Bendición de Dios? La amorosa Atención de Dios. ¿Qué es más importante que la amorosa Atención de Dios? El cumplimiento absoluto de la Voluntad de Dios.

La vida es la experiencia de sabiduría y fe del hombre. La sabiduría sin fe es la esclavitud de la futilidad. La fe sin sabiduría es la sonrisa de la estupidez. Fe y sabiduría pueden ir juntas. La fe nos despierta para ver la Verdad. La sabiduría nos ayuda a vivir la Verdad.

El mundo externo es un drama de conflicto entre los pensamientos pasajeros y destructivos de la mente del hombre y la voluntad constructiva y duradera del alma del hombre. El mundo interno es un juego de armonía entre la entrega de la mente y la aceptación del alma.

La vida es voluntad. Sólo hay una voluntad que media entre Dios y el hombre. Esta voluntad es a la vez el llanto descendente de la Atención y la Compasión, y el llanto ascendente del amor y el desamparo.

La vida es el intento consciente del hombre de ver a Dios cara a cara.

Primero intenta. Entonces clama, si fuera necesario.
Primero ofrece. Entonces toma, si fuera necesario.
Primero corre. Entonces para, si fuera necesario.
Primero sé el que hace. Entonces sé el que habla, si fuera necesario.

El pensamiento, el pensamiento humano, gobierna el mundo. Pero el mero pensar no sirve de nada.

Cuando pienso, Dios es mi frustración.
Cuando lloro, Dios es mi consuelo.
Cuando intento, Dios es mi salvación.
Cuando tengo la voluntad, Dios es mi iluminación.

Debemos amar primero a Dios, si de verdad amamos la vida, pues Dios no sólo es el Origen sino el Hálito mismo de la vida. El amor a Dios no cuesta nada, absolutamente nada, pero vale mucho. Nuestra mente conoce esta verdad. Nuestro corazón practica esta verdad. Nuestra alma encarna esta verdad.

El objetivo último de la vida humana es la liberación. La liberación es la elección del hombre y la Gracia de Dios. La liberación es la libertad total del hombre y la responsabilidad constante de Dios.

Tú lloras porque no tienes planes para hacer que tu vida tenga significado y éxito. Él llora porque todos sus planes han llegado a una pobre conclusión. Yo lloro porque no quiero tener plan alguno. Lo que quiero es estar todo el tiempo sentado a los Pies del Supremo, que es la Visión y, al mismo tiempo, la Realidad.

Mi vida tiene tres doctores: el Dr. Amor, el Dr. Devoción y el Dr. Entrega. El Dr. Amor cura la estrechez de mi mente. El Dr. Devoción cura la impureza de mi corazón. El Dr. Entrega cura la ignorancia de mi vida.

Mi vida tiene tres Dioses. Dios la Existencia, Dios la Conciencia y Dios el Deleite. Dios la Existencia vive eternamente en mí. Dios la Conciencia crece constantemente en mí. Dios el Deleite vive inmortalmente conmigo.

El hombre y su Meta

Universidad Estatal de Nueva York en Farmingdale
11 de diciembre de 1968

Estimados amigos, son ustedes afortunados, son especiales. Una significativa rama de la Universidad Estatal les ayuda a especializarse aquí en horticultura y agricultura. Pronto van a sentirse como en casa en la ciencia de la vida vegetal y el cultivo de la tierra. En un sentido más amplio y más puro, están haciendo la promesa solemne al mundo en general de que desean ser verdaderos hijos de la Naturaleza y la Madre Tierra.

Estoy seguro de que todos saben que fue un científico indio, Sir J. C. Bose, quién descubrió la vida en las plantas. Él nació en Bengala. Tengo el orgullo de haber nacido en la misma provincia.

El genuino amor que le tienen a la naturaleza les capacita y les cualifica para recibir amor, atención, favor y bendiciones especiales del Universo, la Vida Universal y la Madre Universal.

Un hombre le dijo al universo, «¡Señor, Yo existo!»

«Sin embargo,» replicó el universo, «ese hecho no ha creado en mí un sentido de obligación.»

Aunque pueda ser cierto para otros, esta llamativa declaración de Stephen Crane no se aplica a ustedes en lo más mínimo. Quisiera decirles que el Universo, la Vida Universal y la Madre Universal bendecirán orgullosamente sus cabezas devotas y sus corazones dedicados, porque ustedes aman la Naturaleza, ustedes adoran la Naturaleza. ¿Qué es la Naturaleza? La Naturaleza es Dios la Madre. En Su aspecto masculino, Dios es Transcendental. En Su aspecto femenino, Dios es Universal. Invoquemos la presencia de Dios la Madre Universal antes de entrar en el tema «El hombre y su Meta.»

La falsa meta del hombre es el amor humano. El amor humano fracasa tristemente. La falsa meta del hombre es la belleza física. La belleza física es sólo superficial. La falsa meta del hombre es el dinero y la riqueza material. «Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja que un hombre rico en el Reino de los Cielos.»

La verdadera meta del hombre es la Verdad. La Verdad lo despierta de su sueño de ignorancia. La verdadera meta del hombre es la paz. La paz lo alimenta en su vida interna y externa. La verdadera meta del hombre es la dicha. La dicha lo inmortaliza a él, a su hálito de vida.

Autorrealización: esto es lo que el hombre necesita de Dios. Amor: esto es lo que Dios necesita del hombre. Fe: esto es lo que Dios siempre tiene en el hombre. Pero, ¡ay!, el hombre todavía tiene que desarrollar la fe en sí mismo y la fe en Dios.

El hombre dice sin titubear: «Si tuviera tiempo, amaría a Dios. Si tuviera tiempo, adoraría a Dios. Si tuviera tiempo, incluso lloraría por Dios.»

Pero el pobre Dios tiene tiempo. Tiene tiempo para perdonar la estupidez interminable del hombre. Tiene tiempo para bendecir la desvergonzada mente del hombre y otorgarle todas sus verdaderas necesidades. Tiene tiempo incluso para clamar por la sinceridad aún no nacida del hombre.

El hombre y Dios. Traten de realizar a Dios. Tanto Dios como el hombre les dirán: «¡Magnífico, adelante!» Traten de explicar a Dios. El hombre inmediatamente les dirá: «¡Alto! ¡No menosprecien a Dios, no torturen a Dios!» Dios dirá: «¡Alto! ¡Al menos por mi causa, no engañen a los hombres, no engañen a Mis hijos!»

No intentemos explicar a Dios. Si lo hacemos, nuestra ignorancia quedará expuesta. Esforcémonos todos por realizar a Dios. Lo que necesitamos para eso es la meditación. Meditemos, meditemos en Dios.

El hombre tiene que caminar lejos, muy lejos. Tiene que alcanzar las costas del Dorado Más Allá. Tiene que caminar lenta, firme e inequívocamente. Pero debe caminar hacia delante, no hacia atrás. Lincoln invita al hombre, su camarada viajero, a cantar con él: «Soy un caminante lento, pero nunca camino hacia atrás.»

Creemos en la evolución. El hombre no está retrocediendo al reino animal. El hombre está avanzando hacia el Reino de los Cielos, el cual respira, crece y resplandece perpetuamente en lo más íntimo de su corazón.

Todos queremos nadar en el mar del conocimiento. Pero, lástima, el conocimiento no es suficiente. Hay otro mar. Es el mar de la Luz, la Paz, el Deleite y el Poder divinos. Este mar les da la realización y la liberación. Tendrán la realización de su unidad consciente e indivisible con Dios. Se liberarán de las ataduras de milenios. Este mar les da plenitud infinita. Algo más: este mar les hace sentir de una manera perfectamente convincente que ustedes son verdadera e indudablemente el Dios de mañana.

¿Quién dice que el hombre está durmiendo? No es cierto. El hombre despertó con sus abundantes deseos, pero era vergonzosamente temprano. Descubrió que Dios no estaba dispuesto y nunca estaría dispuesto a recibirle.

El hombre despertó con su ardiente aspiración, pero llegaba imperdonablemente tarde. Aún así, Dios estaba entusiasmado de recibirlo, abrazarlo y, finalmente, colocarlo en Su propio Trono trascendental.

Cómo vivir en dos mundos

Sarah Lawrence College, Bronxville, New York
14 de enero de 1970

Hay dos mundos: uno es el mundo de la verdad, otro el de la falsedad. Cuando la verdad y la falsedad discrepen, ¿quién decidirá? La aceptación, su aceptación mutua. La verdad aceptará a la falsedad para iluminar la vida de la falsedad. La falsedad aceptará a la verdad para manifestar el espíritu de la verdad.

Dos mundos: uno es conocido como aceptación, el otro como rechazo. Con mi gratitud más profunda acepto lo que Dios tiene para mí: la iluminación. Con firme determinación rechazo lo que el mundo tiene para mí: la frustración.

Dos mundos: condición y situación. La condición dice: «Dios da cuando tú das.» La situación dice: «Tú estás desvalido. Sólo Dios puede dar y da.»

Mi Dios tiene dos nombres: Deleite y Compasión. En el mundo interno, Lo llamo por el nombre de Deleite. En el mundo externo, Lo llamo por el nombre de Compasión. Mi Dios tiene dos almas. El alma que tiene en el mundo interno encarna Su Sueño. El alma que tiene en el mundo externo revela Su Realidad. Mi Dios tiene dos cuerpos. Su cuerpo externo es mi inspiración. Su cuerpo interno es mi emancipación.

El Cielo y el infierno representan dos mundos en nuestra conciencia. El Cielo sorprende al infierno con su alegría sin límite. El infierno sorprende al Cielo con su llanto incesante. El Cielo le dice al infierno: «Yo sé bailar y puedo enseñarte si quieres.» El infierno le dice al Cielo: «¡Estupendo! Tú sabes bailar y estás dispuesto a enseñarme. Pero quisiera decirte que yo sé cómo quebrar mis piernas y puedo quebrar también las tuyas si quiero.»

La ciencia y la espiritualidad son dos mundos diferentes. La ciencia quiere acortar distancias. La espiritualidad quiere unir distancias. Para mí, ninguna es suficiente. Mi visión es divinizar y transformar la distancia.

Oriente y Occidente: dos mundos. Debemos unirlos. La conciencia despierta de la humanidad está tendiendo visiblemente hacia lo Divino. Este es un rayo de luz sumamente esperanzador en medio de las circundantes oscuridades de hoy. Este es un momento, no meramente de unir nuestras manos, sino de unir nuestras mentes, corazones y almas. Atravesando todas las barreras físicas y mentales entre Oriente y Occidente, muy por encima de los patrones nacionales e individuales, ondeará el supremo estandarte de la unidad divina. El mundo externo es el mundo de la mente razonadora. El mundo interno es el mundo de la experiencia. El mundo externo encuentra difícil creer en la existencia de Dios. Pero en el mundo interno la existencia de Dios tiene siempre gran importancia. Sri Aurobindo dijo: «Me demostraron por medio de razones convincentes que Dios no existe, y yo les creí. Después vi a Dios, porque Él vino y me abrazó. Y ahora, ¿a quién voy a creer, a la razón de otros o a mi propia experiencia?»

¿Podemos vivir en dos mundos? Desde luego que podemos. Si tenemos inspiración espontánea podemos vivir con éxito en el mundo externo y lograr nuestros objetivos. Si tenemos aspiración fervorosa podemos vivir en el mundo interno y lograr nuestra Meta interna. El mundo externo es el cuerpo; el mundo interno es el alma. Si permanecemos en el cuerpo, tenemos que seguir constantemente los dictados del alma de manera que el cuerpo, en lugar de ser una ciega herramienta del destino, se convierta en un canal perfecto para la divina manifestación del Supremo en el plano físico. Y si queremos vivir en el alma, experimentar la Luz, la Paz y la Dicha infinitas, entonces no debemos negar el cuerpo, no debemos destruir el cuerpo, porque es dentro del cuerpo donde el alma reside en la Tierra.

El deber supremo

Universidad de Boston, Boston, Massachusetts
24 de marzo de 1969

Cantó el poeta:

Dormía y soñé que la vida era belleza.
Desperté y descubrí que la vida era deber.

Deber y belleza son como el Polo Norte y el Polo Sur.

¿Qué es la belleza? La belleza es la unidad de lo finito y lo Infinito. La belleza es la expresión de lo Infinito a través de lo finito, el hombre. La belleza es la encarnación de Dios el Infinito en el hombre. En el mundo material, el mundo físico, Dios se revela a través de la belleza.

La belleza del alma es la belleza sin parangón en el mundo físico. Esta belleza inspira al mundo externo y colma al mundo interno. Esta belleza nos hace ser uno con el Alma de Dios, la Luz infinita. Esta belleza nos hace ser uno con el Cuerpo de Dios, el Universo. Cuando vivimos en el mundo de la aspiración, llegamos a comprender que el Deber trascendental y la Belleza universal son las expresiones perfectas de una misma Realidad.

El deber. En nuestra vida cotidiana, el deber es algo desagradable, exigente y desalentador. Cuando se nos recuerda nuestro deber, perdemos toda la alegría interna, espontánea. Nos sentimos desdichados. Sentimos que podíamos haber utilizado nuestra energía de vida para un propósito mejor. Sólo una persona carente de sentido común puede decir que no sabe cuál es su deber. Cada persona conoce bien su deber, demasiado bien. Pero depende de ella el cumplirlo o no.

La vida de un aspirante es la vida que ha de cumplir el deber supremo. Su primer y más importante deber es realizar a Dios. No puede haber otro deber excepto éste, la Realización de Dios, en su vida aquí en la Tierra.

Un aspirante, cuando ve la luz del día, es inspirado por Dios mismo con este mensaje:

Realízame en la Tierra,
revélame en la Tierra,
cólmame en la Tierra.

El tiempo es fugaz. El tiempo no nos espera. Tenemos que ser sabios. Podemos utilizar cada momento para un propósito divino. Podemos utilizar cada momento en el desempeño de nuestro fervoroso Deber.

El deber es doloroso, tedioso y monótono simplemente porque lo hacemos con nuestro ego, orgullo y vanidad. El deber es placentero, alentador e inspirador cuando lo hacemos por Dios mismo. Lo que tenemos que hacer es cambiar nuestra actitud hacia el deber. Si trabajamos por Dios mismo, entonces no hay deber. Todo es alegría; todo es belleza. Cada acción ha de ser ejecutada y ofrecida a los Pies de Dios. El deber por amor a Dios es el Deber supremo. No tenemos ningún derecho a asumir otro deber antes de haber logrado nuestra propia salvación espiritual. ¿Acaso no nos confió Dios esta maravillosa tarea en el momento mismo de nuestro nacimiento? El Deber supremo es esforzarse constantemente por la realización de Dios. El tiempo es corto, pero la misión de nuestra alma en la Tierra es sublime. ¿Por qué deberíamos dilapidar el tiempo en los placeres de los sentidos?

A menudo decimos que no tenemos ninguna obligación para con los demás, porque no hemos aceptado nada de ellos. No nos han dado nada. Es cierto, no estamos bajo obligación alguna. Pero hay una palabra llamada expectación. Tal vez yo no haya tomado nada de ti, pero eso no significa que tú no esperes algo de mí. Algunas veces tu expectación puede ser legítima. Puedes esperar, claro que puedes; pero hay algo que no puedes hacer: no puedes exigir. Puedes esperar, y dependerá de mí si te doy o no lo que quieres. Pero no debes exigir. Sólo Dios puede exigir. Dios y sólo Dios puede exigir mi vida entera. Cada individuo ha de sentir que Dios tiene derecho absoluto a reclamarlo por siempre aquí en la Tierra y allá en el Cielo.

Ama mucho a tu familia. Ese es tu gran deber. Ama más a la humanidad. Ese es tu deber mayor. Ama a Dios lo que más. Ese es tu mayor deber. Tu Deber supremo.

Hay dos cosas: una es el recuerdo y otra es el olvido. Todos sabemos que nuestro deber es ganar nuestro salario. Cierto, es nuestro deber, y siempre lo recordamos. Pero hay otro deber. A fin de obtener nuestro salario tenemos que trabajar. De alguna manera nos las ingeniamos para olvidar esto.

En el mundo espiritual hay también un deber. Este deber es gozar del fruto de la Realización de Dios. Todos lo sabemos, y estamos sumamente deseosos de ejecutar este deber. Pero, desafortunadamente, olvidamos el otro deber: la meditación. Un deber es gozar de los frutos; el otro deber es lograr los frutos. Pero somos lo bastante listos como para clamar por los frutos de la realización mucho antes de haber entrado en el campo de la meditación. Si no hay meditación, no hay realización. Sin meditación, la realización de Dios no es otra cosa que autoengaño.

Un aspirante tiene un deber muy significativo y es el deber de tener perfecta fe en sus posibilidades divinas. Si tiene fe en sí mismo y fe en el Guru viviente, entonces fácilmente puede realizar el deber supremo, el deber del autodescubrimiento, la realización de Dios.

Dios y yo

Universidad de Brandeis, Waltham, Massachusetts
26 de marzo de 1969

Dios y yo. Dios es mi Padre. Dios es mi Madre. Esto es lo que yo sé. Además, siempre sé qué hacer. Déjenme contarles mi secreto más íntimo: sé lo que hacer precisamente porque Dios lo hace por mí. Sé que yo no hago nada ni puedo hacer nada. Dios es el hacedor. Dios es la acción. Dios es el fruto de ésta. Mi vida es una eterna experiencia de Dios.

Tal vez me pregunten por qué hace Dios todo por mí y por ustedes no. ¿Acaso porque Dios es parcial? Con toda seguridad, Dios no es parcial. Él es todo menos eso. Desafortunadamente, hay una ligera diferencia entre mi aproximación a Dios y su aproximación a Dios. ¿Recuerdan lo que el Hijo de Dios le dijo a la humanidad? : «Yo y mi Padre somos uno.» Yo creo en el Hijo de Dios e intento vivir su verdad. También creo en los ancestrales visionarios Védicos de la India. Ellos dijeron: Aham brahmasmi — Yo soy el Brahman, el Uno sin par. Y también tengo fe implícita en la enseñanza de Sri Krishna, la cual he aprendido del Bhagavad Gita, el Canto Celestial:

Un hombre está hecho por su fe.
Cualquiera que sea su fe, así es él.

Yo sé que Dios puede ser visto. Sé que Dios puede ser sentido. Sé que Dios puede ser realizado. Sé que cada ser humano, sin excepción, llegará a convertirse en la Visión Trascendental de Dios y en Su Realidad absoluta.

Ustedes son propensos a albergar algunas extrañas ideas en lo más íntimo de su corazón. En primer lugar, se alegran en decirle al mundo que no hay Dios, y que no puede haber tal cosa llamada Dios. Incluso cuando sienten que hay un Dios, le dicen a sus seres cercanos y queridos que Dios es para ellos y para los demás, pero no para ustedes. Con toda la ignorancia de que disponen, declaran que Dios no se interesa por ustedes. Sienten que Dios está terriblemente enfadado con ustedes porque hace diez años mintieron terriblemente o engañaron a alguien en la calle. Pobre Dios, ¡cómo si no tuviera otra cosa que hacer mas que enfadarse con ustedes y castigarlos sin piedad!

Lo crean o no, les diré que Dios tiene muchas, muchas cosas significantes que hacer con sus vidas. Para ustedes su vida no es nada, un cero perfecto. Para Dios, su vida lo es todo —para ser más precisos, Su todo. Ustedes son Su Orgullo sin igual. Son Su único Sueño. Son Su única Realidad. Con ustedes Él canta la canción de la Inmortalidad. En ustedes Él ve la personificación de Su Existencia-Conciencia-Deleite. Para ustedes, sólo para ustedes, Él existe a través de la Eternidad. Él los moldea. Él los forma. Él los guía. Él los transforma en Su Imagen misma, en Su Vida del Más Allá siempre trascendente.

Queridos estudiantes, queridos profesores, queridas hermanas y hermanos, están ahora en el mismo barco que yo. Cantemos juntos : «Sé lo que hacer, porque Dios lo hace por mí.»

Permítanme cantar una canción más. Espero que todos la aprendan pronto. Esta canción me cuenta qué decir y a qué aspirar:

Condúceme de lo irreal a lo Real.
Condúceme de la oscuridad a la Luz.
Condúceme de la muerte a la Inmortalidad.

Deseo y aspiración

Universidad de Nueva York, New York, N.Y.
29 de marzo de 1969

El deseo es un fuego salvaje que quema y quema, y finalmente nos consume.

La aspiración es una llama resplandeciente que secreta y sagradamente eleva nuestra conciencia y finalmente nos libera.

La sed de lo Altísimo es aspiración. La sed de lo más bajo es aniquilación.

El deseo es expectación. Sin expectación no hay frustración. Eliminado el deseo, construida la verdadera felicidad. La aspiración es entrega. La entrega es la unidad consciente del hombre con la Voluntad de Dios.

Tal como están las cosas actualmente, nuestro nacimiento mismo nos empuja a estar muy lejos de Dios. ¿Por qué revolcarnos deliberadamente en los placeres de los sentidos y alejarnos más aún de Dios? Del mismo modo que la guerra lleva al comercio de un país a detenerse, también nuestra tremenda inclinación a los placeres de los sentidos lleva todos nuestros movimientos espirituales internos a detenerse. De hecho, satisfacer las imaginadas necesidades de nuestra vida humana y clamar por el cumplimiento de nuestros placeres terrenales no es sino un mal auto-torturador. Pero satisfacer las necesidades de Dios, reales y divinas, en nosotros y a través de nosotros, es auto-iluminación.

¡Pobre Dios! Las personas no iluminadas siempre piensan que no tienes misericordia. Sin embargo, cuando colmas sus deseos, piensan que nadie en la Tierra puede superar Tu estupidez.

¡Pobre hombre, mira tu destino más deplorable! En las adecuadas palabras de Bernard Shaw: «Hay dos tragedias en la vida. Una es no conseguir el deseo de tu corazón; la otra es conseguirlo.»

Deseo significa ansiedad. La ansiedad halla satisfacción únicamente cuando es capaz de colmarse a través del apego sólido. Aspiración significa calma. Esta calma halla satisfacción únicamente cuando es capaz de expresarse a través del desapego que todo lo ve y todo lo ama.

En la aspiración y en ningún otro lugar reside la salvación del hombre. La salvación del hombre tiene una amiga eterna llamada Gracia, la Gracia todo-colmadora de Dios.

El deseo es tentación. Alimentada la tentación, desnutrida la felicidad verdadera. La aspiración es el despertar del alma. El despertar del alma es el nacimiento del deleite excelso.

Un verdadero buscador de la Verdad infinita nunca puede ganar nada con el descubrimiento de Oscar Wilde de que «la única manera de deshacerse de una tentación es ceder a ella.» El buscador ya ha descubierto la verdad de que sólo por medio de la alta, más alta, altísima aspiración puede uno deshacerse de todas las tentaciones, vistas y no vistas, nacidas y por nacer. La tentación es una enfermedad universal. Para un hombre sin aspiración, la tentación es inequívocamente irresistible. Pero un verdadero buscador siente y sabe que puede resistir a la tentación, y lo que no puede resistir es la transformación, la transformación de su naturaleza física, de su conciencia entera. Por supuesto, esta transformación es algo a lo que él no quiere resistirse. Al contrario, es por esta transformación por lo que él vive en la tierra.

¡Mirad la fuerza de una burbuja de deseo! Es capaz de enjaular nuestra vida entera para su uso exclusivo. ¡Mirad la fuerza de un ápice de aspiración! Tiene el poder de hacernos sentir que Dios el Infinito es absolutamente nuestro. Y algo más: que el Amor, la Paz, la Alegría y el Poder infinito de Dios son para nuestro uso constante.

Los objetos de los sentidos y el apego humano a ellos son inseparables. Pero en cuanto ven la Sonrisa de Dios, niegan su intimidad. Y lo que es más, se vuelven perfectos extraños.

Colma las demandas de tu cuerpo, y pierdes el control de ti mismo. Colma las necesidades de tu alma, y ganas el control de ti mismo. ¿Qué es el control de ti mismo? Es el poder que te dice que no tienes que correr hacia tu meta. La meta ha de venir a ti, y lo hará.

La moneda del mundo externo es el dinero, que muy a menudo se vuelve veneno. La moneda del mundo interno es la aspiración, que finalmente se convierte en autorrealización.

La cúspide del deseo humano está representada por el Veni, vidi, vici—«Vine, vi y vencí»—de Julio César. La cumbre de la aspiración divina fue expresada por el Hijo de Dios: «Padre, hágase Tu Voluntad.»

El esclavo de la pasión es el hombre. El hijo de Dios es igualmente el hombre. ¿Cuál de ellos quieres ser tú? Una elección conduce a tu destrucción completa, la otra a la salvación inmediata. Se te ha dado la alternativa dorada e incondicional. Debes elegir tú, aquí y ahora.

Cómo complacer a Dios

Universidad de Bridgeport, Bridgeport, Connecticut
14 de abril de 1969

¿Cómo complacer a Dios? Puedo complacer a Dios ofreciéndole lo que tengo y lo que soy. Lo que tengo es gratitud. Lo que soy es aspiración. Si quiero complacerle más, entonces nunca debo considerar mi vida como un triste fracaso, sino más bien como una constante experiencia Suya. Si quiero complacerle al máximo, no sólo en uno sino en cada aspecto de la vida, entonces debo sentir que, a diferencia de mí, Él ve mi vida, interna y externa, como el Canto de Su propio Hálito de Vida, el Canto de Su Perfección, creciendo hacia Su perfecta Perfección absoluta.

¿Sabes cuándo hieres a Dios? Hieres a Dios en el momento en que subestimas tu capacidad interna. Hieres a Dios en el momento en que exageras tu autoimpuesta responsabilidad externa. Le hieres profundamente cuando acaricias la fútil idea de que la realización de Dios no es para ti. Con toda seguridad, tu realización de Dios es la más poderosa afirmación, la mayor certeza a la Hora escogida por Dios.

Desafortunadamente, hay personas en cuyas vidas no surge para nada la idea de complacer o herir a Dios. No creen que Dios exista. Es cierto que no han visto a Dios, pero eso no significa que estén calificados para negar Su existencia. ¿Qué hay de aquéllos que Lo han visto, sentido y realizado, y están colmándole en éste y en los otros mundos? Les digo a los incrédulos y a los escépticos que no sólo están engañándose a sí mismos despiadadamente en la vida interna de la divinidad, sino también conduciéndose interminablemente lejos, muy lejos de la vida externa de la realidad.

El ávido deseo de Tomás, el discípulo de Cristo, de tener una prueba, es encontrado por todo el mundo. «Bienaventurados los que no han visto, y sin embargo han creído.» Dejemos que el mensaje del Hijo de Dios reverbere en los rincones más íntimos de cada corazón humano, aspirante o no aspirante, inspirado o no inspirado. Hoy la fe es precursora de la realidad. Mañana, la fe y la realidad se moverán juntas. Pasado mañana, la fe y la realidad se colmarán mutuamente. La fe colma a la realidad en su encarnación de la realidad. La realidad colma a la fe al revelarse a través de ella.

El sentimiento de gratitud hace a una persona realmente feliz, y Dios está complacido cuando una persona es verdaderamente feliz. Dostoyevsky declaró: «Creo que la mejor definición del hombre es la de bípedo desagradecido». Esto tal vez sea cierto cuando una persona nada en el mar de la ignorancia de su cuerpo. Pero cuando una persona vive y nada en el mar de la luz de su alma, se siente llena de gratitud. Ella es la constante expresión y la espontánea revelación de Dios el Receptor y Dios el Ejecutor.

Según Paul Valéry, «El alma es la esposa del cuerpo. Ellos no tienen el mismo tipo de placer o, al menos, raramente lo disfrutan al mismo tiempo.» En primer lugar, el mundo espiritual ha descubierto con certeza que el alma no es ni masculina ni femenina. Está por encima y más allá de estas dos zonas divisorias. Por consiguiente el alma nunca puede ser la esposa del cuerpo. Los Upanishad nos han enseñado que el cuerpo es el carro y el alma el amo del carro. Pero Valéry tiene absolutamente toda la razón cuando dice que el cuerpo y el alma no tienen el mismo tipo de placer. Sabemos que el cuerpo obtiene placer en la ignorancia y de la ignorancia. Lenta, gradual e inequívocamente nos llegamos a dar cuenta de que el placer del cuerpo es la ignorancia misma. En el caso del alma, en lugar de utilizar la palabra «placer», deberíamos utilizar la palabra «deleite.» El alma siente el deleite en y de la Infinitud y la Eternidad. El deleite del alma es la Infinitud que fluye; el deleite del alma es la Eternidad que resplandece. Cuando la meditación del aspirante transforma el placer-deseo del cuerpo en aspiración-deleite, entonces el alma y el cuerpo no sólo disfrutarán de la misma comida, sino que la disfrutarán a la vez. Y esa comida es la Verdad. La Verdad al mismo tiempo despierta el cuerpo y pilota el alma.

El otro día alguien me dijo que Dios está complacido con él todo el tiempo, por una razón secreta. Entonces tuvo a bien contarme su precioso secreto: «Aunque tengo muchas cosas que decir contra la Creación de Dios, incluso contra Dios Mismo, astutamente ignoro Su mundo de incontables imperfecciones y Lo halago poderosamente en privado y en público. Por eso Dios está tan complacido conmigo todo el tiempo; y bien que debería estarlo.»

Yo le contesté: «Mi querido amigo, hay una ligera diferencia entre tú y yo. Tu sentido de imperfección en el mundo de Dios es enteramente distinto del mío. Tú sientes que la imperfección es algo desalentador, descorazonador, sucio y dañino. Yo tomo la imperfección como algo que está creciendo, como algo que aún tiene que completar su viaje. Tomo la imperfección como un peldaño inevitable en la escalera de la perfección gradual y última. Tomo la imperfección como una experiencia significativa que Dios Mismo está teniendo en y a través de la vida del hombre. Y este mismo Dios disfrutará la perfección, la perfecta Perfección, en y a través de cada ser humano en el regazo de la Eternidad. Y ahora, respecto a tu adulación a Dios, Él no necesita la adulación humana. No tienes que adularlo para ganarte Su Amor, Su Interés y Su Bendición. Dios no espera ni exige que Lo adules. Dios no es un mendigo. Él no espera nada de ti. Dios no es un autócrata. Él no exige nada de ti. Lo que Dios es, es Amor. Lo que Dios es, es Alegría. Si puedes amarte profundamente a ti mismo, si puedes descubrir tu verdadera alegría interna, verás entonces que Dios ya está complacido contigo. No trates de complacer a Dios engañándolo. No podemos engañar a Dios. Nunca. Como mucho, lo que podemos hacer, y lo que hacemos de hecho, es engañarnos a nosotros mismos. Emerson tiene toda la razón al afirmar: “Es imposible que un hombre sea estafado por nadie excepto por él mismo”.»

Volviendo a nuestra pregunta original: ¿Cómo complacer a Dios? La manera más fácil y efectiva de complacer a Dios es ofreciéndonos constantemente y sin condiciones. Intentémoslo. Sin falta triunfaremos. Miren, Dios está parado justo delante de nosotros. Él está complacido. Dios está realmente y verdaderamente complacido con nosotros.

El secreto de la paz interna

Universidad de Connecticut, Storrs, Connecticut
19 de abril de 1969

Queridas hermanas y hermanos, les mostraré cómo conseguir, aquí y ahora, la paz interna. Mi ayuda no es un consejo. Es verdad que todos somos desinteresados y liberales cuando se trata de dar consejo y, desafortunadamente, yo no soy una excepción. Sin embargo estoy totalmente de acuerdo con Chesterfield cuando dijo: «El consejo es raramente bienvenido, y a quienes más lo necesitan, es a quienes menos les gusta».

Este mundo nuestro tiene todo excepto una cosa: paz. Todo el mundo quiere y necesita paz, ya sea un niño o un octogenario. Pero la idea de la paz no es la misma para cada individuo. Difiere tristemente. La idea de paz para un niño es golpear un tambor. Golpear un tambor le proporciona alegría, y esa alegría es su paz. La idea de paz para un anciano es sentarse tranquilamente con los ojos y oídos cerrados de manera que pueda escapar del cariñoso abrazo del feo e inquieto mundo.

El General en Eisenhower habló sobre la paz: «Vamos a tener paz, aunque tengamos que pelear por ello.»

El indomable Napoleón exclamó: «En buen lío estamos ahora: la paz ha sido declarada.»

El Hijo de Dios nos enseñó: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.»

Con toda seguridad, la paz no es el monopolio exclusivo del Cielo. Nuestra tierra es extremadamente fértil. Aquí en la tierra podemos cultivar la paz en medida inconmensurable.

He venido a hablar sobre la paz interna. Quisiera dirigir mi charla al buscador espiritual que hay en cada uno de ustedes. Un genuino buscador de la paz ha de ser un genuino buscador del amor. El amor tiene otro nombre: sacrificio. Cuando el sacrificio es puro, el amor es seguro. Cuando el amor es divino, no puede haber en el sacrificio ningún «mío», ningún «tuyo». El amor es el secreto de la unidad. El auto-amor es auto-indulgencia. La auto-indulgencia es auto-aniquilación. El amor a Dios es la mayor oportunidad del buscador para realizar a Dios.

Sacrificamos nuestro precioso tiempo para hacer dinero. Sacrificamos nuestro dinero tan duramente ganado para luchar contra el tiempo. A fin de obtener algo del mundo externo, tenemos que dar algo nuestro. De modo similar, en el mundo interno, ofrecemos nuestra aspiración a cambio de la realización de Dios. La llama de nuestra aspiración es prendida por Dios Mismo. El fruto de nuestra realización también lo obtenemos directamente de Dios. Dios es el Inspirador en nosotros. Dios es el Donador eterno. Dios es el Receptor eterno en nosotros. Dios emplea la aspiración para llevarnos hasta Él Mismo. Dios emplea la realización para traerse Él Mismo hasta nosotros. Dios es sacrificio cuando vivimos en el mundo de la aspiración. Dios es sacrificio cuando vivimos en el reino de la realización. Pero Dios dice que no hay tal cosa llamada sacrificio. Sólo hay una cosa aquí en la Tierra y allá en el Cielo, y esa cosa es la unidad—la plenitud en la unidad y la plenitud de la unidad.

Hay cuatro tipos de buscadores: lamentables, incapaces, prometedores y colmadores. Los lamentables y los incapaces han de ser pacientes; tienen que esperar a la Hora de Dios. Los prometedores y los colmadores ya están cantando y bailando en la Hora de Dios. Están constantemente meditando en Dios. Esa es su vida interna de realización. Están espontánea y fervorosamente actuando para Dios. Esa es su vida externa de revelación.

Nuestra mente inquisitiva y dubitativa está siempre carente de paz. Nuestro corazón amante y dedicado está siempre inundado de paz interna. Si nuestra mente tiene todas las preguntas, nuestro corazón tiene todas las respuestas. Las respuestas son perfectas precisamente porque vienen directas del alma, la cual ve la Verdad y vive en la Verdad. Y la Verdad, sólo la Verdad, es la Meta de las metas.

Si quieres tener paz interna, debes seguir el sendero de la espiritualidad. La espiritualidad es la respuesta. Hay tres edades del hombre: la sub-edad, la sobre-edad y la media-edad. Para la sub-edad, la espiritualidad es abracadabra. Para la sobre-edad la espiritualidad es algo árido, incierto y oscuro. Y para la media-edad la espiritualidad es olvido, negación y aniquilación de uno mismo.

Pero un verdadero buscador dirá que la espiritualidad es normal, natural, espontánea, fértil, clara, luminosa, divinamente consciente, afirmativa y creativa de sí misma. Si tienes un maestro espiritual que te ayude y te guíe, tienes mucha suerte. Escúchalo siempre, hasta que exhales tu último aliento. Si dejas de seguir su consejo, la pérdida será tuya, no de él. Incluso en la vida humana ordinaria uno necesita un maestro, un mentor. Hay una verdad considerable en lo que Winston Churchill dijo una vez: «En aquellos días él era más sabio que ahora — él solía, frecuentemente, seguir mi consejo.»

Ahora estamos en Connecticut. El lema de Connecticut es sumamente significativo. Mi corazón de devoción y mi alma de amor están cantando el lema sin igual de Connecticut: Qui transtulit sustinet — «Quien trasplantó sustenta.» Dios trasplantó la Verdad a la Tierra, y Él sustenta la Verdad con el Amor. En la combinación de las dos cosas yace el secreto de la paz interna.

La quintaesencia del misticismo

American University, Washington, D.C.
21 de abril de 1969

Hay tres caminos principales que conducen a la realización de Dios: el camino del servicio, el camino del amor y la devoción y el camino del conocimiento y la sabiduría. El Raja Yoga (Misticismo) es un aspecto importante del Yoga del Conocimiento (Jnana Yoga).

El Conocimiento Supremo es algo infinitamente más que el mero conocimiento filosófico. El misticismo es experiencia, la experiencia íntima y directa de la Verdad. Tras cubrir una gran distancia en el camino del conocimiento, la filosofía se cansa y se toma un descanso. El misticismo comienza donde y cuando la filosofía termina. Los visionarios Védicos, tras haber experimentado personalmente el conocimiento de la Verdad, lo revelaron al mundo en general.

Los visionarios cantaron:

Lo he conocido a Él, al Supremo Ser,
refulgente, luminoso como el sol
más allá de la oscuridad,
mucho más allá del abrazo de la devoradora tiniebla.

Las experiencias de los visionarios nos enseñan que la Realidad Trascendental y la Existencia que Encarna Todo son una misma cosa.

Un místico considera la unidad y la diversidad como una. Más aún, ve la unidad en la diversidad. Le dice al mundo que el Uno y lo múltiple son uno. El Uno es múltiple en su forma universal. Lo múltiple es uno en su forma trascendental.

En nuestra vida espiritual nos encontramos con dos palabras significativas: ocultismo y misticismo. El ocultismo es secreto y clama por el secreto. Quiere hacer todo en el máximo secreto. El misticismo no es así. El misticismo está dispuesto a ofrecer su logro, el Conocimiento Trascendental, a todos los que imploran por ello.

La diferencia entre un filósofo y un místico radica en el hecho de que un filósofo, con la mayor dificultad, ve desde una distancia, y con bastante imperfección, el cuerpo de la Verdad; mientras que un místico entra en el alma misma de la Verdad a su antojo, y puede vivir allí tanto tiempo como quiera. Además, le está permitido por el Supremo hacer emerger la vasta riqueza del alma y compartirla con los buscadores de la Verdad. El misticismo afirma que el conocimiento del Divino es universal.

Entremos por un momento en el misterio excelso de Vak en los Vedas. Vak es la Palabra. Vak encarna y al mismo tiempo revela la Verdad. En su encarnación de la Verdad, recibe inspiración creativa del Supremo en medida infinita. En su revelación de la Verdad, ofrece el Supremo, el Liberador Supremo, a la humanidad. Vak es el vínculo de conexión entre dos mundos: el mundo que aún no se ha realizado y colmado a sí mismo y el mundo que ya se ha realizado y se está colmando a sí mismo.

El misticismo tiene un lenguaje propio. Su nombre es intuición. En ella, ninguna mente o análisis mental puede existir jamás. Un místico se sienta en las alas del ave de la intuición y vuela hacia lo Real Último. La intuición revela la unidad perfecta de la Visión Trascendental y la Realidad Absoluta. Un místico es lo bastante sincero para decir la verdad. Él dice que le resulta poco menos que imposible interpretar su experiencia interna. No hay palabra o pensamiento que pueda hacer justicia a su experiencia.

Esto es lo que los visionarios Védicos querían decir cuando exclamaron: «¿Qué diré, qué pensaré verdaderamente?» La pobre mente y los sentidos ya no están vivos más, habiéndose desintegrado en su carrera hacia lo Desconocido. Para ellos no es el misterio último del universo. Para ellos no es el conocimiento del Más Allá.

El misticismo enfatiza la unidad de todas las almas en el alma universal. Cuando miramos al universo, lo vemos como el escenario de conflicto entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, la ignorancia y el conocimiento. Huelga decir que esta lucha comenzó mucho antes de la aparición del hombre, y aún continúa. La luz funciona en y a través del alma aspirante; la oscuridad funciona en y a través del alma no aspirante. La transformación real de la naturaleza humana no viene a través de una vida austera, ascética o de una completa retirada del mundo, sino mediante una gradual y total iluminación de la vida. Para eso, uno necesita aspiración. La aspiración, y sólo la aspiración, es la precursora de la iluminación.

Una experiencia mística es la certeza interna de la Verdad para el aspirante. Esta certeza descansa sobre la revelación. La revelación es autoridad interna. La autoridad interna es concluyente. ¿Quién tiene esta autoridad? No aquél que es víctima de la despiadada lógica, sino aquél que ha tenido la experiencia o que ahora ha devenido en la experiencia misma. La lógica es la verdad razonadora y razonada, lo cual es el orgullo de lo finito. El misticismo es la Verdad reveladora y revelada, lo cual es el orgullo del Infinito. Si creemos en el misticismo, entonces debemos darnos cuenta de que la Verdad Última no sólo está por encima de la razón, sino que también es contraria a la razón. Si creemos algo por medio de la razón, entramos en un sendero torturador de la vida, el de la pluralidad. Pero cuando creemos algo a través de nuestra fe mística, interna, entramos en un sendero donador de vida y colmador de la vida, el de la Realidad Trascendental de la unidad.

Martín Lutero desconfió vehementemente de la efectividad de la razón. Y tampoco tuvo fe alguna en el ritual o en el mero trabajo como medio hacia la salvación. En su misticismo, vemos el rostro sonriente y convincente de la fe. Sólo la fe puede llegar a producir la salvación. Sólo la fe tiene la llave de la salvación.

Existencia y esencia viven juntas. Son una. En el siglo XIII, el Maestro Johannes Eckhart aseveró dinámicamente este punto de vista. Tenemos que comprender que la esencia está singularmente manifestada en las divinas cualidades del alma humana, mientras que la existencia está gloriosamente manifestada en las cualidades humanas del alma divina. El final del viaje para el alma humana es la completa unión con Dios. El final del viaje para el alma divina es la perfecta manifestación de Dios.

El misticismo nos dice que la realización de Dios puede ser lograda no por la práctica de ideas, sino por el constante sentimiento de unidad con la Verdad. Una idea indica, como mucho, el aspecto pasivo del mundo sensorial porque una formación mental está directa o indirectamente atrapada por el mundo sensorial. Pero el sentimiento de unidad con la Verdad trasciende fácilmente el mundo sensorial e indica el aspecto activo y dinámico del proceso evolutivo de la vida en el fluente caudal de la Eternidad.

Un místico le dice al mundo que el Cuerpo de Dios es la Sabiduría y el Alma de Dios es el Amor. Una persona mundana siente que su cuerpo y sus actividades físicas dan forma a su alma. Un místico dice sonriente que es el alma quien moldea al cuerpo y lo transforma en la ilimitada luz-conciencia del alma.

El misticismo no es una religión. El misticismo es la más alta aspiración que la religión encarna. El misticismo sirve como un remedio, no sólo para aquellos que imploran ver el Rostro de su Amado Dios sino también para quienes tienen miedo de ver el Rostro de Dios en Su Omnisciencia y Su Omnipotencia, e incluso para aquellos que son despiadada e imperdonablemente incrédulos y escépticos acerca de la existencia misma de Dios.

Acción y liberación

Universidad George Washington, Washington, D.C.
22 de abril de 1969

Bienaventurado el que ha encontrado su trabajo;
no necesita pedir ninguna otra bendición.

– Carlyle

Una persona espiritual ha encontrado su trabajo. Su trabajo es el servicio desinteresado. Su trabajo es la acción dedicada. De hecho, no necesita ninguna otra bendición. Su acción es la aceptación divina de la existencia terrenal. Para ello necesita un cuerpo sano, una mente fuerte, un corazón fervoroso y una vida supremamente inspirada de receptividad interna y capacidad externa.

La acción está entrando en el campo de batalla de la vida. La acción está conquistando las indecibles miserias y las abundantes limitaciones de la vida. La acción está transformando la devoradora imperfección de la vida en resplandeciente perfección. La acción es algo infinitamente más profundo y elevado que la mera supervivencia de la existencia física. La acción es el secreto supremo que nos capacita para entrar en la Vida Eterna.

Aquel que no haya aceptado conscientemente la vida espiritual tal vez considere la acción como un mal necesario y madre de la amarga frustración. Pero, para una persona espiritual, la acción es una bendición divina. Es la victoria sin igual sobre el cautiverio y la ignorancia. Es al mismo tiempo la fervorosa Visión de Dios en el Cielo y la fructífera misión de Dios sobre la Tierra. Dios dice que un hombre de acción divina es el verdadero héroe. Este héroe ideal manifiesta a Dios aquí en la Tierra. Para él no es suficiente la realización de Dios. Suyo es el corazón que implora por la todo colmadora manifestación de Dios.

El divino héroe-trabajador camina sobre el fuego de la autoiluminación; el trabajador no divino, no aspirante y no inspirado, el cual está lleno de ego, vanidad y orgullo, camina sobre el fuego de la autodestrucción.

Una persona no aspirante muere y su rol ha terminado. Una persona aspirante muere y su rol no hace más que empezar. Un Maestro espiritual deja su cuerpo y su misión comienza a rendir fruto.

El hombre está ciego. No sabe qué hacer. Cuando quiere hacer algo, no sabe cómo proceder; y así, en lugar de obtener alegría del trabajo, inmediatamente entra en dificultades.

T. H. Huxley observa con mordacidad: «Las peores dificultades del hombre comienzan cuando es capaz de hacer como a él le gusta». Pero si un hombre escucha los dictados de su alma y es capaz de hacer lo que su alma quiere que haga, entonces su vida se transformará en oportunidades doradas, y el mayor éxito llamará a la puerta de su corazón.

Hay un proverbio que dice: «el pulgar toma la responsabilidad; el índice la iniciativa.» De modo similar, la aspiración del hombre toma la iniciativa, pero es el Interés de Dios quien toma la responsabilidad.

Según algunas personas, la vida humana es tan sólo una cruel, absurda e irremediable palabra de siete letras: trabajo. Deseo decir que se equivocan. Les gusta el trabajo; lo que odian es la sensación de labor, la carga de la labor. Labor y favor riman perfectamente. Al fin y al cabo ¿de quién es el favor? El favor es de Dios. De hecho, aquel que trabaja para complacer a Dios es el hijo elegido de Dios, y sólo él es el favorito de Dios. Y al complacer a Dios, se realiza y se completa a sí mismo. Entonces le dice al mundo que la vida humana es una palabra de siete letras sumamente significativa: alegría.

La liberación habla. Nos dice que no somos esclavos de la naturaleza. La liberación enseña. Nos enseña que cada latido de nuestro corazón ofrece una oportunidad única para alcanzar la liberación. La liberación canta dentro de nosotros: «Levanta, despierta. Tuya es la Meta ideal, la Meta de las metas.»

La liberación es la sabiduría práctica del hombre. La liberación no es un compromiso con el mundo. La liberación es el final de la competición del hombre con la tentación de la naturaleza. La liberación eleva la conciencia de la Tierra hasta los cielos del Más Allá.

¿Qué es más difícil: clamar por la liberación o, tras haber sido liberado, clamar por la iluminación y la transformación del mundo que está amando la ignorancia y abrazando la oscuridad? Sin duda, lo segundo.

Extraño es ciertamente el sino del pobre hombre liberado. Él piensa constantemente en aquellos que raramente piensan en él. Cuando se pone ante el mundo, éste actúa como un niño asustado o como un niño hostil. Un hombre liberado le dice al mundo que Dios no sólo es conocible, sino más que conocible. También le dice al mundo que es más fácil conocer a Dios que conocer al mundo, porque cuando quiere conocer al mundo tiene que hacerlo a través de Dios y desde Dios.

Sri Krishna es la Iluminación personificada. Buda es la Liberación personificada. Cristo es la Salvación personificada.

El mundo está ofreciendo su oscuridad a Sri Krishna. El mundo está ofreciendo su sufrimiento a Buda. El mundo está ofreciendo su pecado a Cristo.

La conciencia caída del mundo está volando hacia el más alto Más Allá para ser tocada por Cristo, el Salvador. La conciencia quebrada del mundo está buceando en el más profundo Más Allá para ser abrazada por Buda, el Liberador. La conciencia fundida del mundo está marchando hacia el más remoto Más Allá para ser bendecida por Krishna, el Iluminador.

El secreto supremo de la meditación

Universidad de Maryland, College Park, Maryland
23 de abril de 1969

La meditación es la sed del hombre por lo Real Infinito, lo Real Eterno y lo Real Absoluto. El secreto de la meditación es lograr la consciente y constante unidad con Dios. El secreto supremo de la meditación es sentir a Dios como la verdadera propiedad de uno, y finalmente realizar a Dios por amor a Dios, para revelarlo y colmarlo.

La meditación ha de ser practicada de manera espontánea, profunda y correcta. Si no, la oscura duda infestará tu mente, la frustración total entrará en tu corazón a hurtadillas, y probablemente verás tu existencia entera arrojada a las profundidades de un gran abismo.

Para la meditación necesitas inspiración. Las escrituras te pueden proporcionar la inspiración. Adquirir un libro espiritual te llevará diez segundos. Leer un libro espiritual te llevará diez horas. Asimilar ese libro te llevará algunos años. Y vivir las verdades contenidas en él puede llevarte no sólo una vida entera, sino unas cuantas encarnaciones.

Para la meditación necesitas aspiración. La presencia física o espiritual de un maestro espiritual puede despertar tu aspiración dormida. Él puede hacerlo fácilmente, y lo hará por ti alegremente. La aspiración es precisamente lo que necesitas para alcanzar la meta de tu viaje. No tienes que preocuparte por tu realización. Tu aspiración se ocupará de ello.

La meditación alimenta tu autodisciplina. La autodisciplina fortalece tu meditación. La meditación purifica tu corazón. Y sólo en un corazón puro cobra mucha importancia la marcha hacia Dios de la vida humana. Uno puede saber lo que es propiamente la meditación. Uno puede incluso practicarla, puesto que eso es lo que necesita la naturaleza divina en el hombre. Pero el resultado o la plenitud de la meditación trasciende todo entendimiento humano, porque es inmensurable, ilimitada, infinita.

La meditación te dice solamente una cosa: Dios es. La meditación te revela solamente una cosa: tuya es la visión de Dios.

Para mi extrema tristeza, algunos de los occidentales tienen graves errores conceptuales acerca de la meditación. Creen que el auge de la meditación es el sortilegio o la milagrería. Sortilegio no rima con meditación. Milagrería tampoco rima con meditación. Pero realización rima perfectamente con meditación. Liberación rima profundamente con meditación. ¿Realmente quieres realizar a Dios? ¿ ¿Realmente quieres la Luz, la Paz y la Dicha infinitas? Si es así, deberías mantenerte a millones de kilómetros de los sortílegos y los milagreros. Si piensas que ellos te inspiran, estás equivocado. Profundiza en tu interior y descubrirás que simplemente han despertado tu ociosa, ciega e infructuosa curiosidad. La curiosidad no es espiritualidad. Y los sortílegos y milagreros te han ofrecido secreta y conscientemente algo más: la tentación. La tentación es la precursora de la destrucción. Es aquí donde la misión divina de tu vida—fracasada, incumplida—llega a un final. Estemos alerta. Os insto a no confundir la genuina meditación de vuestro corazón con el sortilegio y la milagrería. No malgastéis vuestro tiempo. Vuestro tiempo es precioso. Vuestra meditación no tiene precio. Vuestro logro será el tesoro de la Eternidad sin tiempo, de la Infinitud inmensurable y de la Inmortalidad sin muerte. No esperéis. Todas las cosas le llegan al que espera, excepto la realización que ‘hoy’ encarna y la revelación que ‘ahora’ revela.

La meditación es el clamor de nuestra alma por la perfecta perfección de nuestra vida. La perfección no ha despuntado todavía sobre la Tierra, pero un día lo hará. La perfección es el ideal de la vida humana. Citando a Swami Vivekananda: «Ninguno de nosotros ha visto todavía a un ser humano ideal, y sin embargo se nos dice que creamos en él. Ninguno de nosotros ha visto todavía a una persona idealmente perfecta, y sin embargo sin ese ideal no podemos progresar.»

Sólo la meditación puede engendrar la perfección. La meditación nos lleva más allá de la frustración de los sentidos, más allá de la limitación de la mente razonadora. Finalmente, la meditación nos puede obsequiar con el hálito de la perfección.

El objetivo último de la meditación es realizar al Supremo. El Kata Upanishad tiene un mensaje espiritual que ofrecer al mundo. Se trata de un mensaje interno.

Más alto que los sentidos están los objetos de los sentidos.
Más alto que los objetos de los sentidos está la mente.
Más alto que la mente está el intelecto.
Más alto que el intelecto está el Gran Ser.
Más alto que el Gran Ser está lo No Manifiesto.
Más alto que lo No Manifiesto está lo Absoluto.
Más alto que lo Absoluto no hay nada de nada.
Esa es la meta. Esa es la ruta más elevada.

De hecho, lo Absoluto es el Supremo Mismo. En virtud de nuestra meditación más elevada y más profunda ganamos infaliblemente el acceso al Supremo.

Al comienzo de nuestra travesía espiritual, sentimos que la meditación es sudor y esfuerzo personal. Al cierre final de nuestra travesía, llegamos a descubrir que la meditación es la Gracia de Dios, Su Compasión infinita.

El precio nunca es correcto. Antes de la realización, es demasiado alto. Después de la realización, es demasiado bajo.

El secreto supremo

Universidad de Dakota del Norte, Grand Forks, Dakota del Norte
6 de mayo de 1969

El secreto supremo es el Supremo Mismo. Él puede ser visto. Él puede ser sentido. Él puede ser realizado. Cuando Él es visto, es Existencia. Cuando Él es sentido, es Conciencia. Cuando Él es realizado, es Deleite. En Su personificación de la Existencia, Él es eterno. En Su revelación de la Conciencia, Él es infinito. En Su manifestación del Deleite, Él es inmortal. Su Visión Trascendental y Su Realidad Absoluta son los logros futuros del hombre. El expansivo amor, la implorante devoción y la resplandeciente entrega del hombre son las posesiones futuras de Dios.

Dios es al mismo tiempo finito e infinito. Él está en el espacio: puede ser medido; debe ser medido. Él está más allá del espacio: es inmensurable; es ilimitado. Él es infinito. Él es más pequeño que la punta de una aguja. Él es más grande que los siete mundos superiores y los siete mundos inferiores combinados. En Su Corazón Él es el sufrimiento de la Tierra. En Su Alma Él es la alegría del Cielo. Él le dice secretamente a la Tierra: «Hija mía, Yo soy tuyo. Estoy a tu servicio. Utilízame. Así tú y Yo estamos colmados.» Él le dice abiertamente al Cielo: «Hijo mío, tú eres Mío, estás a Mi servicio. Inclina tu cabeza y ve a ofrecer la Luz de Mi Visión y la Altura de Mi Realidad a tu hermana Tierra, que es más joven en sabiduría pero más vieja en paciencia».

El secreto supremo es el Conocimiento Supremo. Este Conocimiento es la canción de la liberación. Este Conocimiento es la danza de la revelación. Este Conocimiento es el silencio de la perfección. Cuando un hombre está liberado, se sienta a los Pies de Dios. Cuando un hombre revela la Verdad más elevada, juega en el Corazón de Dios. Cuando un hombre es perfectamente perfecto, Dios le da la mano. Tengan la certeza de que un día Dios enviará al mundo a ese hijo perfecto Suyo.

El mundo te dice un secreto atemorizador: Dios es austero, Dios es exigente, Dios es severo. Yo te digo un secreto iluminador: Dios es alcanzable, Dios es adorable, Dios es deleitable.

Por el amor de Dios, no tengan miedo de Él. Él no sólo disfruta sino que también aprecia tus bromas. Tus bromas inocentes Le deleitan. El visionario Védico está ahora cantando en ti, a través de ti y para ti: «Si Tú fueras yo y yo fuera Tú, oh Dios, Tus oraciones deberían tener su debido cumplimiento aquí y ahora.»

Y para tu propia alegría y orgullo, puedes cantar junto con los visionarios Védicos: «Oh Dios, no Te venderé por el precio más alto, ni por mil, ni por diez mil, ni por una cantidad inmensurable. ¡Oh mi Señor Supremo de la Plenitud del Infinito!»

La autorrealización es el secreto supremo. Ahora mismo estamos tanto en la ignorancia como en el conocimiento. El Isha Upanishad nos enseña que la ignorancia (la vida terrenal) y el conocimiento (la vida celestial) deberían ser perseguidas juntas. Atravesando el camino de la ignorancia hemos de conquistar la muerte. A través del conocimiento debemos obtener la inmortalidad. Aquí la ignorancia significa las acciones ritualistas, las acciones hechas por amor a sus resultados. El conocimiento significa la meditación más profunda que hace al hombre conscientemente uno con Dios; la acción hecha para colmar a Dios aquí en la Tierra y allá en el Cielo; la Verdad por amor a la Verdad.

El mundo me dice que el nacimiento humano es la peor maldición posible. Yo le digo al mundo que el nacimiento humano es la mejor oportunidad posible. El incomparable Avatar de la India Sri Krishna tiene algo más que decirle al mundo. Él dice: «Bendito es el nacimiento humano; hasta los moradores del Cielo desean este nacimiento, puesto que la realización de Dios es obtenida sólo por los seres humanos aquí en la Tierra.»

Queridos amigos, queridos hermanos hermanas de Dakota del Norte, he venido hasta aquí para hablar sobre el Secreto Supremo. Quisiera dejar caer una sorpresa para ustedes. Con mi fervorosa alegría y con toda sinceridad, quisiera decirles que su propio Estado y su propia Universidad me han enseñado secretamente y con el corazón más abierto el Secreto Supremo. El dedicado lema del Estado de Dakota del Norte me ha enseñado el Secreto Supremo: «Libertad y unión, ahora y por siempre, una e inseparable.» El aspirante lema de la Universidad de Dakota del Norte me ha enseñado el Secreto Supremo: «Luz y ley». Con su amable permiso quisiera decir unas palabras acerca de estos dos divinos lemas.

Comenzando por el lema del Estado, libertad significa responsabilidad. ¿Responsabilidad de quién? Responsabilidad de Dios. Cuando una persona queda liberada de los enredos de la ignorancia, Dios actúa orgullosamente en ella. Dios actúa a través de ella sin reservas, Dios actúa por ella sin condiciones. Lord Halifax recalcó apropiadamente en cierta ocasión: «Si sólo fueran a tener libertad aquellos que entienden lo que es, no habría muchos hombres libres en el mundo.» Todos tendremos libertad, tanto interna como externa. La libertad interna es la altísima realización de la Verdad absoluta. La libertad externa es la más exitosa manifestación de la perfecta Perfección de la Divinidad sobre la Tierra.

Unión, la unión del hombre con Dios: Dios es consciente y plenamente conocedor de ella. En no mucho tiempo, el hombre también será consciente y plenamente conocedor de esta unión. En la unión del hombre con Dios vemos al hombre como la fervorosa gratitud. En la unión de Dios con el hombre vemos a Dios como la Riada de Compasión.

Ahora y por siempre: una vez que la libertad ha dado nacimiento a la unión del hombre con Dios, o la unión del hombre con Dios ha dado nacimiento a su libertad, el hombre comienza a vivir para siempre en el Eterno Ahora.

Una e inseparable: libertad y unión son inseparables porque tienen que iluminarse mutuamente. Ahora y por siempre son inseparables porque tienen que alimentarse mutuamente. El hombre y Dios son inseparables porque tienen que colmarse mutuamente.

Profundicemos ahora en el mar del lema de la Universidad, cultivador de vida y colmador del alma: Lux et lex (Luz y ley).

La luz no es un conocimiento teórico sino una sabiduría práctica. La Ley, la Ley Divina, no es una orden sino una experiencia. La inspiración del hombre se expande a través de la dicha de la Luz. La aspiración del hombre asciende a través de la paz de la Ley. La Luz espiritual tiene un resplandor interno que ilumina la vida externa. La luz no espiritual tiene un relumbre externo que oscurece la vida interna. Cuando un aspirante vive en la Luz, él es el hacedor. Cuando un aspirante vive en la Ley Divina, él es el conocedor.

La diferencia entre una persona ordinaria y una aspirante es esta: una persona ordinaria quiere ser defendida por la ley, aunque ella misma no se preocupa por cumplir la ley; mientras que una persona aspirante seguirá y defenderá la ley profundamente, sin reservas ni condiciones. Ley es verdad. Hemos de saber como utilizar la verdad en nuestras actividades cotidianas.

Una verdad dicha con mala intención
supera a todas las mentiras que puedas inventar.

— William Blake

Esto es absolutamente cierto. Debemos decir la verdad siempre con una intención divina. Nuestra verdad debe estar inundada de amor, interés y unidad. Nuestra verdad debe iluminar y no cegar. Nuestra verdad debe liberar y no atar. Finalmente, quisiera decir, con relación al lema de la Universidad, que la Luz es el peso del Alma Universal, y la Ley es la altura del Alma Trascendental.

El Secreto Supremo. Si quieres comprender el Secreto Supremo tienes que meditar. Si quieres saber cómo meditar, necesitas un maestro espiritual. Hasta que tengas tu propio maestro, tienes que meditar solo. Durante tu meditación, no tengas miedo a nada. El miedo es algo que puedes y debes abandonar. El Amor constante de Dios es algo que puedes y debes tener. El miedo extermina tu receptividad al Amor de Dios. Tu aspiración a realizar a Dios y tu entrega a la Voluntad de Dios pueden exterminar todo tu miedo, el que ha nacido y el que aún está por nacer. Alberga confianza divina en los más íntimos rincones de tu corazón. La confianza es el secreto del éxito. La esperanza es el secreto de las tentativas. La duda es veneno. La duda destruye tu vida de aspiración antes de que te des cuenta. Durante tu meditación, no pelees contra los malos pensamientos. Si peleas constantemente contra los malos pensamientos, para tu gran sorpresa, tan sólo los fortalecerás. Pero si te abres a los pensamientos divinos, los malos pensamientos no tendrán necesidad de ti. Estarán terriblemente celosos de tus pensamientos divinos y tarde o temprano te abandonarán. Durante tu meditación procura cultivar el amor divino. Procura amar a la humanidad profundamente. Tal vez digas: «¿Cómo puedo amar a los demás, si no sé amarme a mí mismo?» Te diré cómo puedes amarte a ti mismo. Puedes amarte de la manera más fructífera sencillamente amando a Dios sin reservas. Tal vez digas: «¿Cómo puedo amar a Dios si no sé lo que es el amor?» Yo te diré lo que es el amor. El amor es el poder transformador en nuestra naturaleza humana. El amor transforma nuestra vida de completo cautiverio en la vida de la más extraordinaria libertad. El amor implora por la vida. El amor lucha por la vida. Finalmente, el amor llega a convertirse en la Vida Eterna.

El Secreto Supremo es la realización de Dios. Nada más y nada menos. Ayer, mi ignorancia inconscientemente Le ofreció a Dios mi persona. Hoy, mi conocimiento conscientemente me ofrece a Dios. En mi conocimiento inconsciente de Dios, ni Dios ni yo estamos colmados. En mi unidad consciente con Dios, tanto Dios como yo estamos plenamente colmados.

Misticismo

Universidad de Minnesota, Minneapolis, Minnesota
7 de mayo de 1969

Estudia el misticismo si quieres. Eso le dará alegría a tu corazón, inspiración a tu mente y, a tu vida, una verdadera, colmadora y fervorosa certeza. No trates de definirlo. No trates de interpretarlo. Si tratas de definir el misticismo, estás destinado a fracasar. Si tratas de interpretar el misticismo, fracasarás muy deplorablemente.

Tenemos experiencias: de la ciencia, los descubrimientos científicos; de la historia, las revelaciones históricas; de la filosofía, las ideas filosóficas; de la religión, las doctrinas religiosas. En estas experiencias vemos la presencia del sujeto y el objeto, la esencia y la existencia, la visión y la realidad. Pero una experiencia mística, que es unidad inmediata, trasciende tales distinciones. Una experiencia mística es unidad con el Más Allá, el Más Allá siempre trascendente, el cual permanece siempre inefable.

¡Misticismo, pobre misticismo! Cuando es simplificado en exceso y subestimado, desciende de su esfera original y se coloca junto a la religión. Pero si una persona es sincera, se dará cuenta de que su experiencia religiosa más elevada no es más que una incierta, oscura y tenue percepción de la Verdad; mientras que, sea cual sea su experiencia mística, en ella sentirá la intensidad, la inmensidad y la certeza de la Verdad.

Tenemos que aprender también que el éxtasis religioso y el éxtasis místico no desempeñan el mismo papel en nuestra vida interna. El éxtasis religioso trata principalmente con lo humano en nosotros. Este éxtasis está confinado a la conciencia corporal, al disciplinado o indisciplinado vital, a la mente iluminada o no iluminada, al corazón puro o impuro. Pero el éxtasis místico nos transporta en el acto al Más Allá, donde somos abrazados por la Vida Eterna, alimentados por la Luz todo nutriente y bendecidos por la Verdad Trascendental.

La religión primitiva ofreció éxtasis al vital en la mente física y en el corazón deseoso. El misticismo plenamente avanzado está ahora ofreciendo su éxtasis en medida infinita a las almas liberadas, y en medida abundante a las almas que están al filo de la liberación.

¡Pobre Hinduismo! Cuando y dondequiera que el misticismo es menospreciado, el Hinduismo es considerado principal culpable. Muchos sofisticados occidentales no sólo fracasan en comprender el sublime misticismo hindú, sino que lo malinterpretan seriamente. Para ellos quiero decir que el misticismo hindú no es, como ellos creen, auto-hipnotismo o auto-engaño, sino más bien unidad ferviente con el Corazón de la Infinitud, con el Hálito de la Eternidad y con la Vida de la Inmortalidad. Para conocer bien el hinduismo, uno ha de practicar Yoga, generalmente bajo la guía directa de un adepto espiritual.

El misticismo no es monopolio exclusivo del Hinduismo. La Cristiandad y otras religiones descubrieron también la riqueza del misticismo.

El misticismo en el Budismo ha estado considerablemente influenciado por el misticismo Hindú. De ahí que, lejos de ser diametralmente opuestas, las dos tradiciones prácticamente llegan a realizar la misma Verdad. El Nirvana trasciende el dolor y el placer, el nacimiento y la muerte. La beatitud del Nirvana es la más elevada unidad mística con el Liberador. Un místico Hindú, en virtud de su autorrealización, también deviene uno con lo Absoluto, y queda liberado para siempre de las trampas del placer y el dolor, el nacimiento y la muerte.

El misticismo Sufí del Islam se expresa a sí mismo en la más fuerte intoxicación del vital interno y en el amor simbólico cargado de verdad entre la novia y el Prometido. Este tipo de misticismo quizás lo acerca a uno considerablemente más a la posibilidad real de experimentar la unidad con el Uno. Sin embargo también quiere decirnos que el Alá del Corán exige una estricta autodisciplina y una vida autocontrolada. Según sus partidarios, este misticismo conduce finalmente a tener libre acceso a Él, lo cual es un logro muy excepcional.

El resplandeciente misticismo del Judaísmo es la Cábala. Este saber místico está basado en la interpretación oculta de la Biblia, y ha sido exitosamente legado como una doctrina esotérica para el iniciado.

La Cristiandad debe su impulso místico no al Judaísmo sino al mundo Griego. Algunos eruditos son de la opinión de que el Nuevo Testamento está falto de experiencia mística. Me resulta difícil coincidir con ellos. El Nuevo Testamento está repleto de experiencias místicas. Lo que en realidad ellos están echando de menos en el Nuevo Testamento, debido a su inhabilidad para entrar en la profundidad de sus mensajes, es la llave que abre la puerta mística que conduce a la unión con Dios.

En España, Teresa de Ávila ofreció al mundo algo profundamente místico. Su experiencia mística es la más triunfal culminación del matrimonio divino entre el alma aspirante y el Cristo liberador, y es aquí donde la indefensa voluntad implorante del hombre y la omnipotente todo colmadora Voluntad de Dios se abrazan mutuamente.

La voz interna

Universidad de Siracusa, Siracusa, New York
1 de octubre de 1969

Seré veraz, pues hay quienes confían en mí.
Seré puro, pues hay quienes se interesan.
Seré fuerte, pues hay mucho que sufrir.
Seré valiente, pues hay mucho a que atreverse.

— Howard Arnold Walter

Para ser veraces, puros, fuertes y valientes, lo que necesitamos es la voz interna. Nuestra voz interna es el poder-Verdad dentro de nosotros. Nuestra voz externa es el poder-dinero fuera de nosotros. El ser humano no es lo bastante puro para ver el poder-Verdad operando en su mundo externo de deseos y demandas. El ser humano no es lo bastante afortunado para ver el poder-dinero operando en su mundo interno de aspiraciones y necesidades. El poder-Verdad utilizado para la humanidad y el poder-dinero utilizado para la Divinidad pueden cambiar y cambiarán el rostro del mundo.

La voz interna es la riqueza del corazón. Cuando un aspirante utiliza esta riqueza, ella sonríe con toda su alma. Cuando un incrédulo o un escéptico utilizan está riqueza, es despiadadamente sofocada.

La voz interna nos dice que ayudemos al mundo únicamente de acuerdo con la expresa Voluntad de Dios. Si la ayuda es rendida de otro modo, está destinada a convertirse más adelante en una completa calamidad. No es sólo divinamente liberal sino supremamente bienaventurado aquél cuya ayuda a los demás está inspirada por Dios y ordenada por Dios.

Dar algo solicitado tras reconsiderarlo es dar una vez. Dar algo a quien lo pide es dar dos veces. Dar algo no buscado es dar tres veces. Dar algo cuando Dios quiere que sea dado es darlo para siempre, junto con el propio corazón y alma.

Nunca oiremos el canto de la voz interna si hacemos amistad consciente o inconscientemente con la ansiedad. ¿Qué es la ansiedad? El respirar destructivo de la pobreza de la vida.

No puede haber mejor elección ni mayor premio que escuchar a la voz interna. Si rehusamos voluntariamente a escuchar la voz interna, nuestras falsas ganancias nos conducirán a una inevitable pérdida. Y si escuchamos fervorosamente a la voz interna, nuestras verdaderas ganancias no sólo nos protegerán de la inminente destrucción sino que también acelerarán sorprendentemente nuestra realización de la Verdad Trascendental.

Un aspirante debe comprender que la voz interna no es un regalo, sino un logro. Cuanto más fervorosamente la procura, antes la posee inequívocamente.

La sinceridad le dice al hombre que debería estar verdaderamente orgulloso de tener la voz interna que todo lo discierne. La humildad le dice al hombre que debería estar supremamente orgulloso de que la voz interna, que elude el error, realiza lo correcto y colma el bien, lo tenga a él.

La voz interna es la guía incansable del hombre y al mismo tiempo su amiga verdadera. Si una persona profundiza en su interior, la voz interna le dirá qué hacer. Si profundiza más, la voz interna le dará la capacidad para hacerlo. Si profundiza más aún, la voz interna le convencerá de que está haciendo lo correcto y de la manera correcta.

Hay una palabra muy dulce, pura y familiar para nosotros. Esta palabra es conciencia. La conciencia es otro nombre de la voz interna. Divinamente inspirada es la afirmación de Shakespeare: «Siento en mi interior una paz por encima de todas las ansiedades terrenales, una conciencia quieta y tranquila.»

Conscience can live in two places: In the heart of truth and in the mouth of falsehood. When conscience strikes us once, we must think that it is showing us its unconditional love. When it strikes us twice, we must feel that it is showing us its unreserved concern. When it strikes us thrice, we must realise that it is offering us its boundless compassion to prevent us from diving deep into the sea of Ignorance.

Rousseau says something quite striking: “Conscience is the voice of the soul, as passion is the voice of the body. No wonder they often contradict each other.”

La conciencia puede vivir en dos lugares: en el corazón de la verdad y en la boca de la falsedad. Cuando la conciencia nos golpea una vez, debemos pensar que nos está mostrando su amor incondicional. Cuando nos golpea dos veces, debemos sentir que nos está mostrando su atención afectuosa sin reservas. Cuando nos golpea tres veces debemos comprender que nos está ofreciendo su compasión sin límite para evitar que nos sumerjamos profundo en el mar de la ignorancia.

Rousseau dice algo bastante llamativo: «La conciencia es la voz del alma, así como la pasión es la voz del cuerpo. No es raro que a menudo se contradigan una a otra.»

Conciencia y pasión no tienen por qué contradecirse mutuamente si la persona aspira a ofrecer la luz de su corazón a su pasión y la entrega de su corazón a su conciencia. De esta manera, fácilmente puede trascender esa contradicción aparentemente irreconciliable. Una vez que la persona ha trascendido toda contradicción, puede cantar poderosamente con Whitman: «¿Que me contradigo? Muy bien, pues me contradigo. (Soy enorme, contengo multitudes.)»

Si quieres ser un buen hombre, contradícete cuando la sinceridad lo demande. Si quieres ser un gran hombre, no te contradigas ni siquiera cuando la necesidad lo demande.

El miedo pregunta: «¿Es seguro?» La duda pregunta: «¿Es cierto?» La conciencia pregunta: «Si no Dios, ¿quién más?, ¿qué más?»

Dios ha ordenado a la voz interna que sea amiga de las almas aspirantes y juez de las almas no aspirantes.

La voz interna es el templo dentro de nosotros. La voz interna es la deidad dentro de nosotros. La voz interna es el deber divino dentro de nosotros. La voz interna es la necesidad suprema dentro de nosotros. La voz interna no sólo es la constancia constante, sino también la perfección perfecta.

No el poder sino la unidad

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego, New York
1 de octubre de 1969

El hombre tiene incontables deseos. Cuando sus deseos no se cumplen, se maldice a sí mismo; se siente fracasado, desesperado y desamparado. Quiere probar su existencia en la Tierra con el fruto de sus deseos. Cree que colmando sus deseos podrá constatarse superior a otros. Pero, ¡ay!, él fracasa, ha fracasado y fracasará. Dios viene y le dice: «Hijo Mío, tú no has fracasado, tú no estás desesperado, tú no estás desamparado. ¿Cómo vas a estar desesperado? Yo estoy cultivando en ti Mi Sueño siempre luminoso y siempre colmador. ¿Cómo vas a estar desamparado? Yo estoy dentro de ti como el Poder infinito.»

Entonces el hombre trata de hacer alguna otra cosa a fin de demostrar su superioridad. Trata de ejercitar su poder violentamente, agresivamente. Quiere obtener alegría con su superioridad. Quiere demostrarle al mundo que es importante. A fin de probar su eminencia, adopta cualquier método, y su conciencia no lo molesta. Dios, por Su infinita Magnanimidad, acude de nuevo a él y le dice: «Esta es una elección equivocada. No puedes demostrarle al mundo que eres incomparable, único. Lo que en realidad anhelas lograr de tu superioridad es la alegría, la alegría sin límites. Pero esta alegría sin límites nunca será tuya a menos que conozcas el secreto de los secretos. Y ese secreto es tu indivisible unidad con cada ser humano en la Tierra.»

Entonces Dios le dice al hombre que Él es fuerte, Él es feliz, Él está satisfecho precisamente porque Él es totalmente uno con cada ser humano, con el universo entero. Sólo cuando uno está totalmente unido con el resto del mundo puede ser verdaderamente feliz. Y esta felicidad hace al hombre el alma sin igual sobre la Tierra. No es el poder lo que nos hace superiores o nos hace sentir inestimablemente valiosos; es nuestra unidad sin igual con Dios y con Su creación. Los demás no nos necesitan porque tengamos poder; los demás necesitan urgentemente la unidad de nuestra alma. Esta unidad del alma ha de ser llevada a la unidad del físico, el vital y la mente de una manera iluminada y transformada.

Somos grandes, somos más grandes, somos grandísimos sólo cuando sentimos conscientemente nuestra unidad con el mundo entero. Dios está anhelando, sinceramente anhelando demostrarle al mundo entero que Sus niños aspirantes, dedicados y devotos son verdaderamente Su Orgullo sin límites. Nosotros no necesitamos probar lo que tenemos y lo que somos. Dios está anhelando demostrarle al mundo lo que Sus niños aspirantes, Sus niños dedicados, devotos y entregados tienen y son.

Dios completará Su tarea en nosotros, a través de nosotros, para nosotros. Intentemos también nosotros completar nuestra tarea. Intentemos tener el sentimiento consciente de unidad indivisible con cada ser humano aquí en la Tierra y allá en el Cielo.

Lo que dice Abraham Lincoln acerca del poder es innegable: «Prácticamente todos los hombres pueden soportar la adversidad; pero si quieres poner a prueba el carácter de un hombre, dale poder.»

Para los que están tratando de sentir la unidad con el resto del mundo, Winston Churchill tiene algo que decir: «No sirve de nada decir, ‘estamos haciendo todo lo que podemos.’ Tenemos que conseguir hacer lo que es necesario.»

La sinceridad de nuestro corazón nunca falla. El interés de nuestra alma nunca falla. La Compasión de nuestro Dios nunca falla. Cuando nuestro corazón es fervoroso, nuestra alma es fructífera y nuestro Dios es significativo.

Individualidad y personalidad

Universidad de California, Berkeley, California
16 de octubre de 1969

La individualidad humana
es una personalidad que se tortura a sí misma.
La individualidad divina
es una personalidad que se descubre a sí misma.

La persona no tiene que perder su individualidad y su personalidad. La persona ha de sentir y realizar su propia individualidad divina que todo lo penetra y su propia personalidad divina que es todo servidora. Cuando hablamos de la individualidad, en seguida vemos que se compone de orgullo, vanidad, deseos, frustraciones, miedos, ansiedades, preocupaciones y cosas por el estilo. Este tipo de individualidad puede ser observada en nuestra vida cotidiana ordinaria. Pero hay otra clase de individualidad, la cual podemos llamar individualidad divina. La individualidad divina es totalmente distinta de la individualidad del orgullo, la vanidad, el ego, los deseos terrenales, los logros limitados y la satisfacción limitada. La individualidad divina es una expresión directa de lo Divino en nosotros.

Dios es Uno y, al mismo tiempo, es múltiple. Él es Uno en Su Conciencia Trascendental más elevada. Él es múltiple aquí en la Tierra en el campo de la manifestación. En lo más elevado, Él es la unidad. Aquí en la Tierra, Él es la multiplicidad. Dios es el loto, y tiene muchos, muchos pétalos, cada uno de los cuales representa un aspecto individual de Él Mismo. Él está manifestándose de infinitas maneras y bajo infinitas formas.

Cuando hablamos de la personalidad humana, en seguida pensamos en algo que procede de nuestra conciencia física o del cuerpo físico. Una persona, con sus capacidades, tendencias y talentos innatos y todas sus características, conforma un tipo de personalidad. Cuando una persona se para ante mí, su personalidad se esparce como agua que fluye sobre una superficie plana. Cuando pensamos en una persona o una cosa, inmediatamente nuestra propia individualidad entra en la personalidad de esa persona o cosa. Ahora mismo, estoy aquí con ustedes en Berkeley, la augusta universidad pero, si mi mente me lleva hacia alguien que está en la India, mi propia individualidad inmediatamente se vuelve una con esa persona que está allí. He entrado en la persona que está en la India, y puedo utilizar su personalidad en virtud de mi unión con ella. No he perdido mi individualidad. Siento que mi individualidad ha sido transformada en una personalidad todo-penetrante y todo-servidora. En el momento en que pienso en alguien, mi conciencia entra en esa persona y la abarca. Cuando mi conciencia me lleva dentro de una persona, me vuelvo parte integral de ella. Entonces expando allí mi conciencia. Cuando mi conciencia se expande, su conciencia también se expande. Siempre servimos en el momento en que entramos conscientemente en alguien distinto de nosotros mismos.

En nuestro verdadero Ser somos todos uno. Pero en nuestro ser externo, somos multitud. Entre la ‘multitud’, vemos que uno está sirviendo al otro; y el ‘otro’ puede no tomar una parte activa o incluso consciente en el proceso. Por ejemplo, yo estoy aquí ofreciendo una charla. Tal vez tú sientas que te estoy sirviendo con mi conocimiento y mi luz espiritual, pero deseo decirte que tú también estás sirviendo al Supremo en mí mediante tu comunión conmigo y tu entendimiento y aprecio de lo que te ofrezco. Esto es lo que llamamos la personalidad todo servidora. Cuando estamos ante una persona, aún cuando ésta no tome una parte activa o dinámica en el intercambio, nuestra presencia misma constituye una parte importante de la conciencia de esa otra persona. Una persona ordinaria no entiende el lenguaje de una flor pero, cuando se para ante la flor, ¿qué sucede realmente? Que ella aprecia su belleza, y la belleza de la flor aprecia su conciencia. Hay un aprecio mutuo, un amor mutuo, un servicio mutuo.

Yo te estoy sirviendo con todo lo que soy y todo lo que tengo. Tú me estás sirviendo al volverte totalmente uno con mi conciencia. Eso es verdadero servicio. En este tipo de servicio no perdemos nuestra individualidad. Mi individualidad permanece dentro de ti, y tu individualidad permanece dentro de mí. Es la extensión de nuestra personalidad bajo la forma de esta individualidad ampliada que el Supremo expresa en infinitas maneras. Aunque una diminuta gota de agua puede ser considerada una gota individual, cuando se funde en el océano infinito no pierde su llamada individualidad. Al contrario, su individualidad se expande en una infinita extensión de océano. Cuando miramos al océano, lo vemos como un ser inmenso, una personalidad enorme que tiene billones y billones de seres vivos dentro de sí. Es un ser vivo en sí mismo. La gota, al fundirse en el océano, deviene tan grande como el océano. Del mismo modo, cuando nosotros entramos con nuestra individualidad en nuestra personalidad divina, vemos que nuestra individualidad es transformada en la personalidad infinitamente vasta y todo penetrante del Divino.

El sendero soleado

Universidad de California en Santa Cruz
17 de octubre de 1969

En la vida espiritual el nombre del sendero soleado es devoción. Este sendero es indudablemente un atajo hacia la realización de Dios. Es cierto que Dios y Sus misterios están más allá de la comprensión del discurso y del intelecto. Pero también es cierto que Dios es accesible fácilmente a través de la devoción.

Un verdadero devoto obtiene alegría cuando siente, «Todo esto soy yo». Mayor alegría obtiene cuando siente «Todo esto eres Tú». Y obtiene la mayor alegría cuando siente «Tú eres el Maestro; yo sólo soy el instrumento».

Quien sigue el sendero del conocimiento Le dice a Dios: «Padre, Te quiero». Quien sigue el sendero de la devoción Le dice a Dios: «Padre, Te necesito». El primero Le dice a Dios: «Padre, yo te poseo». El segundo Le dice a Dios: «Padre, Tú me posees».

Un devoto real es un verdadero amante de Dios. La imposibilidad no tiene y nunca puede tener significado alguno en su vida.

Como en otros senderos, en el sendero soleado el devoto aprende que no importa cuánto reza y medita, sino cómo reza y medita. Si reza y medita en el Divino sinceramente y sin reservas, está rezando y meditando diez veces en una.

Cuando un aspirante inicia su travesía a lo largo del sendero soleado Le dice a Dios: «Padre, dame». Al cierre de su travesía, Le dice a Dios: «Padre, recíbeme».

Todos sabemos que la morada de la gratitud es el corazón. Extrañamente, la gratitud consigue a menudo ocultarse de su morada. Pero en el sendero soleado, la fervorosa gratitud siempre está visible, cobrando mucha importancia en el corazón del aspirante.

El auto-amor estropea el terreno fértil de la aspiración y lo torna estéril. Pero la devoción a Dios prende la llama ascendente de la aspiración, creando un mundo nuevo en Dios para el aspirante, y un nuevo mundo en el aspirante para Dios.

La devoción es la beatitud misma. Esta beatitud es el amor auto-dedicado vuelto hacia Dios, buscando servirle constantemente e incondicionalmente de manera que Él pueda ser colmado así en la Tierra como en el Cielo.

Hay incontables personas en la Tierra que no sólo afirman rezar, sino que efectivamente rezan. ¿Cómo es que no obtienen prácticamente ningún resultado de sus oraciones? La respuesta es sencilla y clara. Sus oraciones no son puras como la nieve. Una oración pura como la nieve es la fuente de energía auto-generadora, de luz auto-transformadora y de deleite auto-colmador.

Como todo el mundo, un devoto aspirante tiene sus necesidades. Pero sus necesidades y el Amor y la Compasión de Dios se ven siempre juntas. Un devoto real ha llegado a descubrir que él no ama a Dios para colmar sus propios deseos humanos, sino para colmar a Dios a la Manera propia de Dios. Para una persona no aspirante, la vida es castigo, pura tortura. Para un alma aspirante, cada momento en la vida es una oportunidad para la auto-iluminación y la satisfacción de Dios. En el sendero soleado de la devoción, el aspirante sabe que, así como él está hambriento de la Compasión infinita de Dios, Dios también está hambriento de su constante sentimiento de unidad consciente con Él.

Cuando el cuerpo está sucio, necesitamos jabón para limpiarlo. Cuando la mente es impura, necesitamos las lágrimas del arrepentimiento para purificarla. Cuando el corazón está impuro, la necesidad de la devoción es capital. La impureza del corazón es la enfermedad más peligrosa en la vida espiritual. La devoción no sólo es la medicina. La devoción es la única cura.

El Brahman es por naturaleza indivisible, un todo completo. Pero a través de maya, su fuerza auto-limitadora, se ha fragmentado a sí mismo en infinitos pedazos. La devoción totalmente entregada del aspirante puede fácilmente lograr que vuelva a ser de nuevo entero, divinamente completo y supremamente uno.

Autoconocimiento

Universidad de San Carlos, Cebu City, Filipinas
30 de octubre de 1969

Tratemos de conocernos a nosotros mismos. Tratemos de observar lo que verdaderamente somos. Muy a menudo sentimos que somos criaturas insignificantes. No tenemos a dónde ir, nada que conseguir y nada que dar. Esto es lo que sentimos en nuestra existencia de cada día. Pero lo que verdaderamente somos es totalmente distinto de lo que sentimos. Todos somos hijos de Dios. En cada momento Dios está vertiendo en nosotros algo divino y algo verídico. Él espera mucho de nosotros, pero nada que esté más allá de nuestra capacidad. Él sabe lo que podemos ofrecerle conscientemente. Por ahora, sentimos que somos débiles, sin importancia, inútiles. Pero en los Ojos de Dios somos divinos, somos fructíferos, somos infinitos.

Estamos cometiendo errores constantemente. La raíz de nuestros errores es nuestro cuerpo, el físico. Sentimos que no hay nada más allá de lo físico y, al mismo tiempo, que no hay nada en lo físico. Y aquí es dónde estamos cometiendo un error de lo más deplorable. Si vamos más allá de nuestro cuerpo, más allá de nuestra conciencia física, vemos Paz infinita, Alegría infinita, Dicha y Poder infinitos, esperándonos anhelantes.

Entonces, si profundizamos en nuestro interior, en lo profundo de nuestro cuerpo, vemos y sentimos el alma. Esta alma es el mensajero de Dios sobre la tierra. Si podemos estar en sintonía con la música constante y espontánea del alma, nuestras vidas estarán libres del sufrimiento, de la miseria, de la frustración, del miedo y de la preocupación. Nuestras vidas serán un éxito constante, un logro constante y una plenitud constante.

Así pues, o bien tenemos que profundizar dentro del cuerpo, en las más íntimas cavidades de nuestro corazón, o bien tenemos que ir más allá del cuerpo, más allá del plano físico, más allá de la conciencia física. Tenemos que descubrir nuestro verdadero Ser, ya sea hoy o mañana o al día siguiente. La mera predicación no será suficiente; el estudio de libros no será suficiente. Si en modo alguno predicamos la verdad, el evangelio, la filosofía espiritual, debemos predicar lo que vivimos y practicar lo que queremos ser.

La Visión de Dios es el hombre, y la realidad del hombre es Dios. El hombre puede negar a Dios. Su ignorancia puede hacerle sentir que no hay Dios ni necesidad de Dios. Pero la Compasión de Dios nunca puede negar la existencia del hombre. Dios está hecho de Compasión, Compasión infinita. El hombre está hecho de ignorancia. Siempre que digo «el hombre» me refiero a la mente humana, al cuerpo humano. Puesto que el hombre es en realidad el descendiente de Dios, realizar a Dios es el derecho innato del hombre; la divinidad es su herencia. Pero el hombre está cansado, el hombre está frustrado, el hombre quiere vivir en la oscuridad. El hombre está muy a menudo satisfecho con sus limitaciones. Entonces, ¿qué puede hacer Dios? Si no hay una búsqueda sincera, si no hay un esfuerzo, si no hay aspiración, Dios tiene que rebajarse en este apagado, ignorante ser humano.

El hombre necesita a Dios, pero lo niega. Dios necesita al hombre, y está orgulloso de contarle al mundo Su necesidad. El hombre ciertamente quiere obtener todo de Dios, pero no quiere darle a Dios reconocimiento alguno por Su Gracia y Su Compasión infinitas. Pero Dios muestra abiertamente Su Orgullo en los logros humanos. Si estamos aspirando, veremos y sentiremos en seguida la verdad de esto. Dios está constantemente orgulloso de nuestro logro, de nuestra aspiración, de nuestra existencia.

Quisiera decirles a todos que no alberguen la idea de que Dios ha sido un fracaso, que Dios ha fallado a Su creación. Estas ideas son completamente falsas. Dios no ha fracasado. Somos nosotros quienes sentimos constantemente que Dios y la Creación de Dios son dos cosas totalmente diferentes. Pensamos que «Dios está en el Cielo y nosotros en la Tierra. Dios no se interesa por nosotros, o si lo hace, no tiene fuerza para corregir, rectificar o perfeccionar Su Creación». Esta es una concepción errónea de la Verdad. ¿Qué sabemos nosotros acerca de la Perfección de Dios, la Visión de Dios, la Realidad de Dios, la Conciencia de Dios? Con nuestros ojos humanos ¿qué buscamos? Perfección, logro, éxito. Para los Ojos de Dios, estas cosas se ven totalmente diferentes. El éxito del hombre y el éxito de Dios no son necesariamente lo mismo. El éxito de Dios es la experiencia, y esa experiencia puede tomar la forma de éxito o de fracaso. Él nos da estos dos tipos de experiencia.

Cuando vivimos en el alma, sentimos que nuestra alma tiene toda la responsabilidad por nosotros. Cuando vivimos en el cuerpo, vemos que nuestro cuerpo no es sino estupidez. Así pues, si vivimos en el alma, tendremos la experiencia espontánea de la plenitud. Pero si vivimos en el cuerpo, tendremos la experiencia espontánea de la frustración y la miseria. Nuestro éxito y nuestro fracaso tienen muy poco que ver con la sabiduría de Dios, la experiencia de Dios y la operación de Dios en el mundo físico. Él es nuestro éxito, Él es nuestro fracaso, Él es el hacedor y Él es la acción. Si podemos ver la presencia de Dios en cada acción, ver luego la acción misma como Dios, y más tarde el resultado —éxito o fracaso— como Dios, y por último el hacedor de la acción como Dios, entonces todos nuestros problemas se han acabado. Somos verdaderamente el más alto Orgullo y la más alta Visión de Dios si conocemos el secreto de vivir en el alma aquí en la Tierra y allá en el Cielo.

Dios, Verdad y Amor

Southwestern University, Cebu City, Filipinas
31 de octubre de 1969

Porque amo a la humanidad, Dios me ama. Porque amo a Dios, la Verdad me ama. Porque amo a la Verdad, realmente y verdaderamente me amo a mismo.

¿Por qué debería Dios amarme? Dios me ama porque yo amo a la humanidad, pero también hay otra razón. Dios me ama porque yo amo a Su Creación entera. Yo sé y siento que Dios nunca puede estar separado de Su Creación. Creador y creación son uno, inseparable. Cuando apreciamos la creación, el creador está complacido y satisfecho. Cuando nosotros creamos algo, producimos algo, construimos algo, si la gente se da cuenta de nuestro logro y lo aprecia, nos sentimos complacidos porque se trata de nuestra creación. Similarmente, el universo es la Creación de Dios. Cuando amamos al universo, amamos simultáneamente a Dios el Creador y a Dios la Creación; y ambos, el Creador y la Creación, estarán complacidos con nosotros.

Porque amo a Dios, la Verdad me ama. La Verdad no tiene existencia sin Dios. Dios es el hálito mismo de la Verdad. La Verdad y Dios son uno, indivisible. Por un lado, la verdad es otro nombre para Dios. Por otro lado, la verdad no puede existir sin Dios, mientras que Dios puede en cada momento trascender la Verdad —la Verdad terrenal y la Verdad Celestial, la Verdad ligada a la tierra y la Verdad libre del Cielo. Dios puede incluso trascender Su propia Verdad Trascendental a Su Antojo. Aunque podemos decir con seguridad que Dios y la Verdad son uno, sólo Dios tiene el poder de trascender todas las verdades, incluso la propia Verdad más elevada. Es por eso que la Verdad está desamparada sin Dios. Pero cuando amamos a Dios, la Verdad nos ama, porque la Verdad es alimentada inmediatamente por nuestra alma aspirante. Dentro de Dios está la existencia de la Verdad. En nuestra apreciación misma de Dios, la Verdad es alimentada y sustentada. Y la Verdad siente acertadamente que su mensaje único para el mundo puede ser esparcido sólo cuando amamos a su Poseedor, Dios.

Porque amo la Verdad, me amo a mí mismo. Un ser humano es la expresión de la Verdad. Él no es la expresión de la ignorancia, la falsedad, la oscuridad y la muerte. No, él es la personificación, la realización y la expresión de la Verdad —la Verdad menor, la Verdad superior y la Verdad Altísima. En cada momento la Verdad divina está trascendiendo sus fronteras en nosotros. Lo vemos, lo sentimos y lo realizamos cuando vivimos la vida interna, la vida del alma. Porque amo la Verdad, me amo a mí mismo realmente y verdaderamente. Mi existencia y la Verdad son el anverso y el reverso de la misma moneda, que es el ser interno o alma, el representante del Supremo aquí en la Tierra.

Me amo a mí mismo. ¿Qué amo de mí mismo? No mi cuerpo. Si amo a mi cuerpo por mi cuerpo mismo, mañana estaré frustrado porque hay millones de seres humanos en la Tierra que son más bellos que yo. Naturalmente me sentiré desgraciado. Si amo mi mente física por mi mente misma, mañana veré a millones de gigantes mentales justo delante de mí, y mi capacidad mental se desvanecerá en la insignificancia. Si amo mi dinamismo vital por mi vital mismo, entonces veré que hay millones de personas que están sencillamente rebosantes de un sobresaliente dinamismo. De manera similar, si amo cualquier cosa mía, por la cosa misma, estoy llamado a sentirme frustrado. Abatiré a mi propio propósito divino. Pero si me amo precisamente porque Dios está expresándose a través de este cuerpo, ese vital, esa mente y ese corazón, entonces veo que soy único e incomparable en toda la historia del universo. Ningún otro Chinmoy va a ser creado por Dios con las mismas capacidades, el mismo entendimiento, las mismas experiencias. Cada individuo puede amarse a sí mismo precisamente porque es un canal directo de lo Divino. Dios quiere expresarse en cada individuo de una manera única. Cuando devenimos consciente y completamente uno con Dios, no sólo Lo completamos a Él sino que nos completamos también a nosotros mismos.

Cuando digo que real y verdaderamente me amo porque amo la Verdad, significa que siento conscientemente que la Verdad está respirando en mí, conmigo y para mí constantemente. Mi respirar mismo en la Tierra es la realidad viva de la Verdad. Me amo y me adoro en cada momento —no por amor a mi cuerpo sano, a mi dinámico vital, a mi refinada mente y a mi corazón puro, sino porque Dios está dentro de mí, Dios me está utilizando, Dios está colmándose en mí y a través de mí. Esta es la única razón por la que mi cuerpo, mi vital, mi mente y mi corazón son y deben ser amados por mí. Cada individuo ha de estar recargado con esta Verdad suprema y debería sentir conscientemente que su vida en la Tierra es la manifestación externa del Respirar interno del Supremo.

La realidad del cuerpo y la realidad del alma

Siliman University, Dumaguete City, Filipinas
1 de noviembre de 1969

Hoy el cuerpo está aquí; mañana está en algún otro lugar. Hoy el cuerpo está sufriendo; mañana el cuerpo está disfrutando. Hoy el cuerpo está condenado a la desilusión; mañana el cuerpo está rebosante de inspiración y aspiración. El cuerpo está constantemente viéndose y sintiéndose en diferentes formas y aspectos, sintiendo que no tiene una realidad permanente.

A pesar de ser real, el cuerpo siente que es irreal. Siempre intenta descubrir la realidad en alguna otra cosa, en alguna otra persona, en algún otro lugar. El cuerpo, siendo inconsciente, siente que carece de la Verdad, la Realidad y la Plenitud. Siempre siente que es un mendigo. Según el cuerpo, la Realidad es algo estático. Y sintiendo que no se halla en absoluto cerca de la Realidad eterna, el cuerpo busca algún otro tipo de realidad.

Tomemos el ejemplo de una muchacha hermosa. Todos saben que es sumamente hermosa. La belleza es una realidad en ella. Pero ella no está satisfecha con su belleza. Siente que alguna otra persona es más hermosa que ella, tal vez incluso alguien a quien los demás consideran fea. No importa cuantas veces sus más queridos le dicen: «La bella eres tú. Nadie más es tan bella como tú», ella no está satisfecha. Este es el caso, no sólo con la belleza física, sino con cualquier realidad que exista en el plano físico.

El físico no está ni puede estar satisfecho con sus propias posesiones. Siente que otros tienen verdad, luz, belleza y alegría, mientras que él no. La naturaleza misma del físico es sentir que es el mendigo eterno. Quiere algo de algún otro lugar, ya sea de los seres humanos o del Cielo. Siempre hay un sentido de descontento en el físico. El físico es de manera natural el asiento del descontento.

El caso del alma es distinto sin embargo. El alma siente constantemente que ya lo tiene todo de Dios en medida infinita, y que tiene el potencial de albergar la Infinitud. Está satisfecha con su realidad, porque sabe lo que tiene y en lo que puede convertirse. Sabe que tiene la capacidad de revelar lo Infinito, ya sea hoy o mañana. Está satisfecha con lo que tiene ahora mismo; y también está satisfecha con lo que tendrá, lo que hará y lo que revelará en lo Infinito y para lo Infinito. La naturaleza misma del alma es permanecer satisfecha; vive en la satisfacción divina. Muy a menudo el cuerpo obtiene alegría y aún sigue insatisfecho. Pero el alma vive en constante alegría porque ve la Realidad eterna.

El alma es consciente de la verdad de que la Realidad es tanto estática como dinámica. El alma está satisfecha porque ve la Realidad en su más alta, en su más profunda, en su todo penetrante conciencia. El cuerpo nunca ve la Realidad desde todos los ángulos, nunca ve la Realidad en su sentido último, de la manera en que debe ser vista, sentida y realizada.

El cuerpo quiere sentir la Realidad a su manera —es decir, separándola en trozos infinitesimales y viéndola de pizca en pizca. Pero el alma quiere ver la Realidad en todas sus fases, en todas sus actividades tanto dinámicas como estáticas, en todos los incidentes terrenales y las experiencias Celestiales. El alma no limita a la Realidad. Ve la Realidad en su infinitud, siente la Realidad como la expresión infinita de lo Absoluto, y siempre procura identificarse con la Realidad en sus infinitas formas de expresión y realización. Aunque el cuerpo está intentando obtener la Realidad más alta, que es tanto estática como dinámica, nunca puede mirar o sentir la Realidad a menos que se entregue totalmente y sin reservas a la sabiduría del alma.

El cuerpo humano ordinario es la imperfección personificada. Esta imperfección puede ser transformada en perfección sólo cuando el cuerpo se ofrece voluntariamente a la siempre creciente luz, sabiduría y dicha del alma. Un día va a amanecer en que el cuerpo hará esta ofrenda. Entonces el cuerpo y el alma correrán juntos para colmar la Misión del Supremo —la misión de la transformación de la naturaleza, la misión de la revelación, manifestación y cumplimiento de la Verdad más elevada aquí, sobre la tierra.

Sinceridad, pureza y seguridad

Universidad Bucknell, Lewisburg, Pensilvania
4 de marzo de 1970
"Seamos sinceros.
El Supremo nos bendecirá.
Seamos puros.
El Supremo nos amará.
Estemos seguros de nuestro Objetivo.
El Supremo nos abrazará."

Seamos sinceros. El Supremo nos bendecirá. Un aspirante ha de ser sincero, no sólo en su vida interna sino también en su vida externa, hasta que exhale su último aliento. La sinceridad es como el terreno fértil en el corazón del aspirante. Su sinceridad es la Sonrisa incomparable de Dios. Su sinceridad es el Orgullo sin par de Dios.

La sinceridad puede desarrollarse. Puede ser desarrollada como un músculo. Hay personas que son naturalmente sinceras, y otras que son naturalmente insinceras. Las que son sinceras desde el amanecer de sus vidas son bienaventuradas. Pero las que son insinceras desde su nacimiento mismo, no tienen por qué, ni deben, maldecirse. Pueden ser sinceras si así lo quieren. En el momento en que verdaderamente quieran ser sinceras, Dios con Su infinita Compasión les ayudará. Con su más profunda Alegría, Compasión y Atención, Él les ayudará.

La espiritualidad necesita y exige sinceridad desde el principio hasta el fin. Espiritualidad y sinceridad nunca pueden separarse. Si a uno le importa realmente la vida espiritual, si uno siente que la espiritualidad es la única respuesta, entonces quisiera decir que la sinceridad es la llave que abre la puerta de la espiritualidad. No hay otra llave; no puede haber otra llave.

Seamos puros. El Supremo nos amará. Si no hay pureza en su vida interna y externa, el aspirante no es mejor que un animal. Sin la pureza no puede retener ninguno de los regalos espirituales que recibe de la Compasión del Supremo durante su meditación. Todo desaparecerá y todo decepcionará al buscador si carece de pureza. Pero si está inundado de pureza, todas las cualidades divinas entrarán finalmente en él. Cantarán en él, bailarán en él y le harán la persona más feliz de la Tierra. Y al hacerle feliz, estas cualidades divinas hallarán su propio cumplimiento verdadero.

La pureza en el plano físico es de capital importancia. Esto no quiere decir que nos tengamos que bañar diez veces al día. No, la pureza no es esa. La pureza exige que tengas un cuerpo limpio, pero la verdadera pureza física se halla dentro del corazón. Establecerás un altar interno dentro de tu corazón. Este altar es el constante recordatorio del Piloto Supremo en ti. Cuando piensas constante y espontáneamente en el Piloto Supremo sentado dentro de ti, en las cavidades más íntimas de tu corazón, descubrirás que esta es la pureza más elevada. Si falta la pureza en el plano físico, el éxito completo, la plena manifestación de Dios, no puede lograrse. Tal vez obtengas un éxito espiritual parcial, pero incluso este éxito parcial en la vida te desilusionará tremendamente si la pureza no está establecida en tu naturaleza. Tienes que establecer la pureza en el físico, en el vital, en la mente —en todas las partes de la naturaleza externa. Entonces, cualquier cosa que hagas, cualquier cosa que seas, cualquier cosa que poseas estará llena de pureza. La pureza no es algo débil o negativo; es algo fervoroso y dinámico. Es algo que está constantemente nutrido por la energía infinita y la Voluntad indomable, adamantina del Supremo.

La pronunciación misma de la palabra «pureza» puede ayudar a cambiar la vida externa del aspirante así como su vida interna. Repite la palabra «pureza» ciento ocho veces diariamente, colocando tu mano derecha sobre el ombligo mientras la repites. Entonces verás que abundante pureza entrará en ti y fluirá a través de ti. Cuando eres puro, verás el mundo con un ojo diferente. Verás la pureza amaneciendo veloz en el mundo. Verás la belleza floreciendo veloz en el mundo. Verás la perfección creciendo veloz en el mundo.

Dulce, más dulce, dulcísima es la pureza. Cuando ves pureza dentro de ti, eres puro. Cuando sientes pureza dentro y alrededor de ti, eres más puro. Cuando llegas a ser pureza dentro y fuera, eres lo más puro. De hecho matas a tu ser interno cuando llevas una vida impura. Pero cuando llevas una vida pura, aceleras el viaje de tu alma. Tu alma y tu vida externa obtienen su oportunidad más grande cuando la pureza está totalmente establecida en tu vida.

Estemos seguros de nuestra Meta. El Supremo nos abrazará. La diferencia entre una persona ordinaria y un aspirante es que una persona ordinaria no tiene objetivo, mientras que un aspirante lo tiene. Una persona ordinaria está satisfecha con lo que tiene, o considera que la idea de entrar en el Más Allá está fuera de su imaginación, o siente que no existe Más Allá. Está atrapada por lo que ve a su alrededor. Sin embargo, un aspirante siente y cree que este mundo nuestro no es el objetivo final. Siente que debe haber un objetivo en algún lugar, y sabe que, o bien el objetivo vendrá hacia él, o él tendrá que ir hacia el objetivo. El objetivo puede ser la realización de Dios o puede ser alguna otra cosa. Si es la realización de Dios y si su aspiración es sincera, él debería saber que este objetivo es algo absolutamente importante y sagrado. No es un juguete.

Un aspirante tiene que estar seguro de su objetivo. Tal vez él quiera a Dios o tal vez algún atributo de Dios. Algunos aspirantes imploran a Dios por el poder, por el amor, por la paz. No imploran a Dios por Dios mismo. Ellos no quieren a Dios en Su Infinitud y Su Eternidad. Sólo quieren una porción de Él. Están satisfechos si pueden conseguir Paz de Dios, o Luz, o Amor. Cuando reciben lo que han implorado, terminan su viaje. Pero hay algunos aspirantes que no quieren nada de Dios excepto a Dios Mismo. Sienten que si consiguen a Dios lo consiguen todo. Son como niños en un jardín donde hay un árbol cargado de los más deliciosos mangos. Saben que si pueden complacer al dueño del árbol, conseguirán todos los mangos del árbol. En este caso, Dios es el dueño del árbol y, al mismo tiempo, Él es el árbol. Cuando Le complacemos, Él satisface nuestra hambre de Luz, Paz y Dicha infinitas. Si los aspirantes son sabios, sabrán que en el momento en que complacen a Dios lo obtienen todo de Él.

En virtud de su sincera aspiración, un verdadero buscador dice: «Oh Dios, si Tú sientes que yo debería tener Tu Visión, si sientes que quieres colmarte en mí y a través de mí, si sientes que puedes utilizarme como instrumento Tuyo, estoy a Tu servicio. Si quieres que yo me ponga ante Ti, vendré y me pondré. Si quieres ponerte Tú delante de mí, estaré igualmente contento. Si no quieres nada de eso, sino que quieres que otro este delante de Ti, aún así estaré contento.» Esto es lo que llamamos entrega. Esta es la entrega última.

Un aspirante ha de conocer su objetivo. Si su objetivo es la realización de Dios, puede comenzar con eso en la mente. Pero el Objetivo Último es la entrega incondicional a la Voluntad de Dios. Cuando Dios ve que Su hijo, Su más devoto hijo ha hecho su entrega incondicional —no por un segundo, no por un día o un año, sino por toda una vida, por todas las encarnaciones venideras, por toda la Eternidad— sólo entonces Dios abraza a Su más querido, Su más dulce, Su más devoto hijo. Y cuando ese abrazo se produce, el hombre se convierte en Dios Mismo.

A todos, sin excepción, se nos da la oportunidad de colmar a Dios aquí en la Tierra. Si lo intentamos, estamos destinados a triunfar. Podemos colmar a Dios, y al colmarlo a Él veremos que nosotros ya estamos colmados.

Autocontrol

Universidad de Susquehanna, Selinsgrove, Pensilvania
4 de marzo de 1970

En la vida espiritual, el autocontrol es algo muy importante, significativo y fructífero. Sin autocontrol no hay autorrealización.

En el diccionario encontramos cientos y miles de palabras. De todas ellas, autocontrol es la más difícil de poner en práctica. ¿Cómo podemos tener autocontrol? Si queremos tener autocontrol tenemos que rendirnos a la Fuente. Esta Fuente es la Luz; esta Fuente es Dios.

Un niño quiere tener muchas cosas, muchas de ellas inútiles y dañinas. Pero la madre sabe que si le da al niño esas cosas, le va a perjudicar. Y precisamente porque la madre y el hijo son uno, la madre misma se perjudicará también. Así pues, la madre no satisface los incontables deseos destructivos, sin luz, del hijo.

De manera similar, el cuerpo es como un niño; si satisfacemos las querencias y demandas del cuerpo, a la larga, nuestra vida se echará a perder. ¿Por qué el cuerpo no nos hace caso? La respuesta es muy sencilla. Porque nosotros no hacemos caso a nuestra alma. Si escuchásemos a nuestra alma, también el cuerpo nos escucharía a nosotros. Sabemos que el cuerpo tiene un superior que es el vital. El superior del vital es la mente, el superior de la mente es el corazón y el superior del corazón es el alma. El superior del alma es Dios. El alma hace caso al Piloto Interno, a Dios, todo el tiempo. El corazón escucha muy a menudo los dictados del alma —muy a menudo, pero no siempre. La mente casi nunca hace caso al corazón. El vital no hace caso a la mente, y desde luego, el cuerpo no hace caso al vital. El problema real comienza con la mente, en la mente.

¿Cómo podemos inspirar al cuerpo, al vital, a la mente y al corazón para que entren en una luz mejor y más colmadora? En este punto, tenemos que saber que buscar defectos en el cuerpo, el vital, la mente y el corazón, nunca los transformará y los cambiará. Pero si los apreciamos, sabiendo que tienen la capacidad de desempeñar un papel significativo en el Drama cósmico de Dios, que son tan importantes como el alma para manifestar plenamente a Dios en la Tierra, entonces podemos transformarlos. Si no condenamos al cuerpo, al vital, a la mente y al corazón sino que, al contrario, les decimos que pueden ser los instrumentos elegidos de Dios, que Dios los necesita para Su Juego divino en la Tierra, entonces podemos transformarlos fácilmente. Los indóciles miembros de nuestra familia no tardarán en sentir la importancia de sus respectivos roles en el cumplimiento de la manifestación de Dios en la Tierra. Ellos pueden estar y estarán unificados y unidos para el cumplimiento de este objetivo único.

Autocontrol. Para el autocontrol necesitamos sencillez, sinceridad y humildad. La sencillez ha de alimentar el autocontrol. La sinceridad ha de alimentar el autocontrol. La humildad ha de alimentar el autocontrol. Podemos decir que el desayuno del autocontrol es la sencillez, el almuerzo del autocontrol es la sinceridad y la cena del autocontrol es la humildad. Desgraciadamente, vivimos en una época en que el autocontrol no es apreciado. Ha devenido en objeto de ridículo. Una persona está duramente tratando de lograr el dominio de sí misma, y sus amigos, parientes, vecinos y compañeros se burlan de ella. No ven realidad alguna en su intento sincero de dominar su propia vida. Creen que la forma en que ellos viven sus vidas es normal. Según ellos, la persona que está intentando controlar su propia vida, es un loco. Pero ¿quién es el loco, aquel que quiere conquistarse a sí mismo o aquel que es víctima constante del miedo, la duda, la preocupación y la ansiedad? Huelga decirlo, el que quiere conquistarse a sí mismo, no sólo es el más sabio sino también el mayor héroe divino.

El Comandante en Jefe de los dioses cósmicos, el divino guerrero Kumar, hijo del Señor Shiva, pelea contra las fuerzas no divinas, las fuerzas demoníacas y la ignorancia en el campo de batalla de la vida. Pelea para establecer el Reino del Cielo aquí en la Tierra, en la inmediación del presente. Anteriormente dije que la gente se burla cuando una persona trata de controlarse. A veces vemos que incluso verdaderos Maestros espirituales son ridiculizados y condenados despiadadamente por la sociedad. Incluso una figura espiritual cuyo corazón es puro como la nieve inmaculada misma, cuya vida no tiene mancha de impureza, cuyo respirar mismo es la vida de la pureza, incluso esa persona es víctima de las críticas del mundo ignorante.

Esto me recuerda una historia. Hubo un Maestro Zen que era muy puro, muy iluminado. Sucedía que cerca de donde él vivía había una tienda de comida. El propietario de la tienda tenía una hermosa hija soltera. Un día ella quedó embarazada. Los padres montaron en cólera. Querían saber quien era el padre, pero ella no les quería dar el nombre. Tras repetidas reprimendas y amenazas, se rindió y les dijo que el padre era el Maestro Zen. Los padres lo creyeron y fueron corriendo al Maestro Zen reprendiéndole con sucias palabras. El Maestro Zen dijo, «¿De veras?» Este fue su único comentario. Cuando el niño nació, lo dejaron con él. El Maestro acepto al niño y lo cuidó. Para entonces, su reputación había quedado totalmente arruinada, y era objeto de burlas. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los en meses años. Pero hay algo llamado conciencia en nuestra vida humana, y la joven fue torturada por su conciencia. Finalmente, un día reveló a sus padres el nombre del verdadero padre, un hombre que trabajaba en el mercado del pescado. De nuevo los padres montaron en cólera. Al mismo tiempo, la tristeza y la humillación torturaron a la familia. Acudieron corriendo al Maestro Zen suplicando su perdón, le contaron la historia completa y se volvieron a llevar al niño. El único comentario del Maestro fue: «¿De veras?»

En su vida espiritual, todos están tratando de conquistar el vital inferior. Ya sea hoy o mañana, en un futuro próximo o en un futuro más lejano, están ustedes destinados a conquistar el vital inferior. Pero, en el proceso de su auto-transformación, si la gente no entiende o no aprecia la vida pura que llevan, por favor no presten la menor atención a su crítica. Si no aprecian su sinceridad, su esfuerzo o su éxito en controlar la naturaleza vital inferior, no pasa nada. Si quieren que aprecien y admiren su intento, entonces estarán trayendo innecesariamente a su vida no sólo la crítica y la incredulidad de los demás, sino también su duda y tentación. Inconscientemente, cada ser humano encarna crítica, incredulidad, duda y tentación. Por una parte ustedes están tratando de trascenderse con la fuerza de su aspiración; por otra parte están trayendo a su vida la tentación de otras personas, y con esa tentación están intentando alimentar inconscientemente su propia naturaleza inferior. Así pues, quiero que procuren ser sinceros consigo mismos. Dejen que el mundo los critique. Dejen que el mundo se ría de ustedes. Su sinceridad es su salvaguarda. Su disciplina espiritual les conducirá hasta su Meta destinada. Todo el mundo tiene la capacidad y la oportunidad de convertirse en un rey, si así lo quiere. ¿Quién es un rey? No el que gobierna un país, sino el que se gobierna a sí mismo.

Ciencia y espiritualidad

Hunter College, New York, New York
6 de marzo de 1970

Los logros científicos y espirituales del ser humano son la consciente luz de inspiración y poder de aspiración de la avidez del Divino hacia dos objetivos: la realización de las innumerables necesidades e infinitas capacidades del cuerpo, y la manifestación de la visión trascendental del Más Allá del alma aquí en la Tierra, en el corazón y en la inmediación del presente.

La ciencia es esa cosa tan preciada en la Tierra que está propulsada por una imaginación resplandeciente y atraída por su propia experiencia creciente. La espiritualidad es esa cosa preciosa en la Tierra que es llevada dentro por la colmadora aspiración y sacada luego a la luz, donde puede devenir en una con Dios-el-campo-de-experiencia, Dios-la-experiencia y Dios-el-experimentador.

Dentro de nuestra memoria viva hemos visto avanzar muy rápido a la ciencia, mientras que la felicidad humana ha estado decreciendo a un índice alarmante. El mundo de hoy está viendo una fluctuante llama de espiritualidad, pero el mundo de mañana será inundado por la luz de la espiritualidad. Esto está destinado y decretado.

La ciencia trata ahora mismo con el mundo material principalmente. ¿Y qué es al fin y al cabo el mundo material? Es el mundo que no cree en la posibilidad y la inevitabilidad de una vida divina. La espiritualidad trata ahora mismo con el mundo interno principalmente. ¿Y qué es el mundo interno? El mundo interno es el que dice que la posibilidad de una vida divina sobre la Tierra es indudablemente irreal en el día de hoy, pero será posible mañana, será practicable pasado mañana y será inevitable justo al día siguiente.

La ciencia tiene la capacidad de mostrarle a la humanidad el pleno desarrollo de la vida mental. La espiritualidad tiene la capacidad de mostrarle a la humanidad la posibilidad y la inevitabilidad de la vida más allá de la mente, la vida supramental.

El progreso externo y el descubrimiento del mundo siguen velozmente a la fructífera imaginación en el mundo de la ciencia. El progreso interno y el autodescubrimiento siguen alegremente a la fervorosa aspiración en el mundo interno, el mundo de la espiritualidad.

La ciencia y la vida moderna son sencillamente indispensables la una para la otra. La vida moderna es el ojo; la ciencia es el poder de la visión. La espiritualidad y la vida futura de la humanidad serán indispensables la una para la otra. La vida futura de la humanidad será la conciencia plenamente despierta; la espiritualidad será su luz de guía y su alma colmadora.

La ciencia misma ha devenido en un arte, y este arte debe ahora colocarse junto a las otras artes. Ningún arte puede tener su expresión más completa en el mundo moderno sin la ayuda de la ciencia. La espiritualidad es el arte supremo de la transformación de nuestra naturaleza. Dios-el-Artista-Supremo utiliza la espiritualidad para revelar al mundo la Realidad divina y la Verdad trascendental encarnada en el hombre.

Para colmar sus necesidades externas prácticas, el hombre amargamente clama a la ciencia. Para colmar sus necesidades internas personales, el hombre indefensamente clama a la espiritualidad.

La sombría desesperación de la despiadada destrucción y el éxtasis incomparable de la plenitud humana externa, tienen una amiga común: la ciencia. La certeza esperanzada de una creación nueva y pura, y el deleite de la plenitud interna y divina, que fortifica, nutre, transforma y colma la vida, tienen una amiga común: la espiritualidad.

Ciencia y espiritualidad deben estar unidas. Se necesitan mutuamente. Sin la una, la otra está incompleta. Juntas, no sólo son supremamente completas sino también divinamente fructíferas. La ciencia es el Cuerpo de Dios. La espiritualidad es el Alma de Dios. La ciencia es también Dios el Cuerpo. La espiritualidad es también Dios el Alma. Dios el Cuerpo necesita a Dios el Alma para realizarse a Sí Mismo, a Su Individualidad. Dios el Alma necesita de Dios el Cuerpo para colmarse a Sí Mismo, a Su Personalidad.

El Alma de Dios y Dios el Alma Le dicen a Dios en silencio: «Te hemos amado antes, y Te amaremos siempre».

El Cuerpo de Dios y Dios el Cuerpo proclaman: «Dios, Te amamos ahora, y este amor nuestro perdurará por siempre.»

En el mundo de la noche y de la lucha, la ciencia le dice a la espiritualidad: «¡Eres una necia! ¡Eres un perfecto estorbo!»

En el mundo de la noche y de la lucha, la espiritualidad le dice a la ciencia: «¡Eres una bribona! ¡Está por debajo de mi dignidad hablar con una roca muerta!»

En el mundo de la luz y del deleite, la ciencia le dice a la espiritualidad: «Hermana, necesito tu sabiduría.»

En el mundo de la luz y del deleite, la espiritualidad le dice a la ciencia: «Hermana, necesito tu capacidad.»

Sinceridad y espiritualidad

Universidad Fairleigh Dickinson, Teaneck, New Jersey
11 de marzo de 1970

La sinceridad y la espiritualidad tienen capital importancia en nuestra vida cotidiana. La vida humana sólo puede triunfar cuando está basada en una concentrada confirmación de la Verdad en la multiplicidad de la vida.

Para un amante de Dios, la sinceridad es un oasis en el desierto de la vida. Es extremadamente difícil ser totalmente sincero, pero necesitamos la sinceridad en el físico, en el vital y en la mente. ¿Y qué es la sinceridad, al fin y al cabo? La sinceridad es el caballo dinámico en lo profundo de nosotros. El jinete de este caballo es nuestro ser psíquico.

¿Que es la espiritualidad? La espiritualidad es la urgente necesidad interna que tiene el ser humano de correr hacia lo más Lejano, volar hacia lo más Alto y bucear en lo más Interno.

Una persona no aspirante criticará las imperfecciones y limitaciones de los demás, aunque ella misma carece de la inclinación, la voluntariedad y la capacidad para perfeccionar sus propias imperfecciones y limitaciones. Una persona de espiritualidad es sincera. No sólo no critica las imperfecciones de los demás, sino que además es plenamente consciente de sus propios defectos e intenta corregirlos. Además ve las imperfecciones del mundo como si fueran suyas e intenta perfeccionarlas perfeccionando su propia naturaleza.

La sinceridad quiere ver la luz. La espiritualidad enseña a la sinceridad lo que es la luz, dónde está la luz y cómo puede ser vista la luz.

Una persona corriente ama al cuerpo infinitamente más que al alma. Una persona espiritual ama al alma infinitamente más que al cuerpo. ¿Por qué? Porque sabe que su cuerpo únicamente va a durar sesenta, setenta u ochenta años, y entonces tendrá que abandonar. Cada vez que se encarna viste un cuerpo diferente, pero tiene la misma alma a lo largo de todas sus vidas. Sabe que el alma es la representante consciente del Supremo, revelando y manifestando en cada encarnación la Verdad personificada sobre la tierra. Por eso una persona espiritual ama el alma mucho más que ama el cuerpo.

Un buscador avanzado de la Verdad infinita dará igual importancia al alma que al cuerpo. Sabe que necesita al alma para poder entrar en lo Altísimo, en lo Último, en el Más Allá Trascendental. También necesita el cuerpo a fin de manifestar la Verdad que logra en el plano más elevado de conciencia. Necesita el físico a fin de manifestar la divinidad que lleva dentro. Es aquí en la tierra, en el cuerpo y a través del cuerpo, como él puede colmar la Visión de Dios y la Realidad de Dios.

El cuerpo necesitamos; el alma necesitamos. El cuerpo clama por la luz, más luz, abundante luz. El alma clama por la manifestación de Dios, Su manifestación total, y por la perfecta Perfección aquí en la tierra.

Igual que el mundo necesita a una persona sincera, Dios necesita a una persona espiritual. Sin una persona sincera, el mundo sería débil. Sin una persona espiritual, Dios permanecería incompleto sobre la tierra. La sinceridad es el Corazón de Dios; la espiritualidad es el Hálito de Dios. Cuando ofrecemos nuestra sinceridad humana a Dios, Dios deviene todo Amor. Cuando ofrecemos nuestro limitado llanto interno a Dios, Dios deviene todo Alegría, todo Orgullo.

Con su luz interna, una persona espiritual puede triunfar fácilmente aquí en el mundo material. Esta luz es el poder de su alma. Este poder no es destructivo sino constructivo. Cuando una persona espiritual trata con el mundo externo, no tiene necesidad de temer a nadie ni a nada en la tierra. El poder de su alma siempre saldrá a la luz para ayudarle a establecer el Reino de Cielo sobre la tierra.

Una persona sincera es de suprema importancia en la tierra, pero su sinceridad no puede llevarla muy lejos. Puede ser sincera con sus amigos, con su familia y con el mundo en general; pero si no tiene el llanto interno, no podrá entrar en la Infinitud, la Eternidad y la Inmortalidad. No hay duda de que ella es muy superior a una persona corriente, insincera. Pero si no siente la necesidad consciente de aspirar, si no siente la necesidad de crecer en la luz del Más Allá, si no tiene la necesidad urgente interna, entonces para ella la Meta Trascendental será siempre algo muy distante. Su objetivo es solamente una perfección limitada, una alegría limitada y un logro limitado.

Una persona espiritual tiene un hambre interna. Esta hambre es constante. Es un hambre de lo Ilimitado, de la Infinitud misma. Su insatisfacción no es la misma que siente una persona ordinaria cuando no consigue lo que quiere. Cuando una persona espiritual está insatisfecha con el mundo, lo está precisamente porque siente que la riqueza del mundo no tiene valor real. Ella quiere la Infinitud, la Eternidad, la Inmortalidad, y esto lo obtendrá únicamente de su aspiración. A fin de tener aspiración, necesita la Compasión infinita de Dios; y desea siempre bañarse en el sol brillante de la Gracia ilimitada de Dios.

Por otra parte, una persona espiritual no menosprecia a una persona sincera. Siente que esta persona sincera es su hermano más joven. Aquel que tiene hoy sinceridad, tiene todas las posibilidades de entrar mañana en el mundo de la espiritualidad.

La sinceridad y la espiritualidad deberían ir juntas. Si uno tiene sólo sinceridad, la realización despuntará en él en un futuro distante. Pero si tiene espiritualidad junto con la sinceridad, está destinado a realizar a Dios muy pronto. Con la ayuda de la sinceridad, podemos ir a Dios lenta y firmemente. Con la ayuda de la espiritualidad, podemos traer a Dios hasta nosotros rápidamente, convincentemente y triunfalmente.

Fuerza de voluntad y corona de victoria

Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook
11 de marzo de 1970
"Condúceme de lo irreal a lo Real.
Condúceme de la oscuridad a la Luz.
Condúceme de la muerte a la Inmortalidad.
— del Brihadaranyaka Upanishad"

Fuerza de voluntad. ¿Qué es la fuerza de voluntad? La fuerza de voluntad es el impulso interno consciente del hombre por entrar en el corazón mismo de la Infinitud, la Eternidad y la Inmortalidad. Vivir una vida devota es ser un niño consciente de la Voluntad de Dios. En la vida de aspiración hay dos cosas que tienen capital importancia: la fuerza de voluntad y la oración.

La oración es femenina. La fuerza de voluntad es masculina. Pero tanto la oración como la fuerza de voluntad son sumamente efectivas, y ambas pueden producir el mismo resultado.

La fuerza de voluntad es una realidad siempre progresiva y auto-manifestadora en el universo. A veces los mortales encontramos difícil separar nuestra voluntad de nuestro deseo. Queremos alcanzar nuestro objetivo con esfuerzos personales determinados, apoyados y guiados por la amorosa Gracia de Dios. Tan pronto como queremos lograr algo, pagamos el precio; mientras que cuando deseamos lograr algo, a menudo no pagamos el precio. Deseamos, pero no hacemos ningún esfuerzo consciente; así pues, difícilmente podemos esperar éxito alguno.

Fuerza de voluntad humana y Fuerza de Voluntad divina. La fuerza de voluntad humana es como una cuerda de arena. En cualquier momento puede romperse. La Fuerza de Voluntad divina es la humanidad aspirante dentro de nosotros evolucionando hacia el Más Allá que todo lo colma.

La corona de la victoria. ¿Dónde está la victoria más grande? La victoria más grande se halla en el autodescubrimiento. Atmanam viddhi: conócete a ti mismo. No puede haber victoria mayor que conocerse a uno mismo. Conquistar una nación es una victoria humana. Esta victoria es limitada. Cuando el César dijo: «Veni, vidi, vici»—«Vine, vi, vencí»— la suya fue una victoria humana de corta duración. Por otra parte, cuando el Hijo de Dios dijo: «Padre, hágase Tu Voluntad,» la aspiración humana entró en la Luz-Sabiduría infinita del Supremo. La victoria real es lograda sólo cuando uno ha establecido la unidad consciente, inseparable, con su propio Piloto Interno.

Quieres vivir en la Tierra porque tienes incontables deseos. Sientes que hay muchas cosas en la Tierra que tienes que conseguir. Pero estos deseos no necesitan ser colmados, no pueden ser colmados y no serán colmados sin la aprobación de Dios.

La Sonrisa de Dios es la corona de victoria del hombre. Y la aspiración eterna es el precio de la victoria eterna. Si no hay aspiración, no hay realización. Si no hay realización, no hay revelación. Si no hay revelación, no hay manifestación de la Verdad divina sobre la Tierra.

Cuando quieres descubrirte a ti mismo, cuando quieres saber quién y qué eres verdaderamente, la Magnanimidad infinita de Dios amanece en ti. Con tu autodescubrimiento puedes revelar la Omnisciencia, la Omnipotencia y la Omnipresencia de Dios aquí en la Tierra. Es aquí en la Tierra y en ningún otro lugar donde la realización de Dios y la manifestación de Dios pueden producirse y se producirán.

Para estar cargados de fuerza de voluntad, necesitamos concentración, meditación y contemplación. Tenemos que saber cómo concentrarnos. Cuando nuestra concentración está enfocada en un solo punto, entonces podemos entrar en la meditación. Cuando nuestra meditación es perfecta, podemos entrar en la contemplación.

¿Cómo podemos aprender a concentrarnos? ¿Simplemente leyendo libros? No, imposible. Los libros nos darán la inspiración, nada más. Para aprender el secreto de la concentración uno ha de acudir a un maestro espiritual. Para el conocimiento externo, vienes a aprender a esta universidad. Del mismo modo, el conocimiento interno también ha de ser aprendido de alguien. Cierto, el tesoro está en tu interior. Pero alguien tiene que mostrarte cómo encontrarlo y dónde están tus llaves. Para aprender vas a la escuela, y para cada asignatura tienes un profesor diferente. Pero en la vida espiritual hay sólo una asignatura, y esa asignatura es la autorrealización. Un verdadero Maestro es más que suficiente para enseñarte, guiarte, iluminarte y colmarte.

Meditación. La meditación también ha de ser enseñada, especialmente al principio. Al despuntar de tu viaje, la meditación tiene que ser enseñada. Ahora estás viniendo a la universidad. Pero cuando obtienes tu graduación no continúas viniendo. Cuando tú mismo has realizado a Dios, o cuando estás muy avanzado en tu meditación, no necesitas a un Profesor, pero cuando eres un principiante sí.

Luego viene la contemplación, que es el último peldaño en la escalera espiritual. Puedes contemplar en el Dios personal o en el Dios impersonal. Es siempre más fácil, más seguro y más satisfactorio acudir primero al Dios personal y a través de Él ir al Dios impersonal.

La fuerza de voluntad y la corona de victoria. La vida espiritual necesita sólo una cosa: aspiración. Es la aspiración constante de nuestro corazón lo que da nacimiento a la fuerza de voluntad y a la corona de victoria.

Aspiremos. Nuestra es el alma aspirante, nuestra es la Meta colmadora —aquí y ahora, en la inmediación del presente.

La pobreza interna

Fordham University, Bronx, New York
18 de marzo de 1970

Todos saben lo que es la pobreza terrenal. Pero quisiera hablar sobre la pobreza desde el punto de vista espiritual.

Pobreza es una palabra complicada. La pobreza no es la pureza del cuerpo. La pobreza no es la claridad de la mente. La pobreza no es la espiritualidad del corazón. La pobreza no es la realidad del alma. La pureza del cuerpo es luz. La claridad de la mente es inmensidad. La espiritualidad del corazón es altura. La realidad del alma es deleite.

En la vida física, la pobreza es la ausencia de esfuerzo consciente. En la vida espiritual, la pobreza es la ausencia de entrega espontánea a la Voluntad de Dios. El esfuerzo en la vida física le dice a un individuo lo que puede hacer y finalmente lograr por sí mismo. La entrega en la vida espiritual le dice a un aspirante lo que Dios ha estado haciendo, está haciendo y estará haciendo por él.

La pobreza no es una vergüenza. En la luz de la perfección, la pobreza no es un vicio o un pecado. Es tan sólo una limitación. La pobreza no es una enfermedad; es una obstrucción. Está obstrucción puede ser superada fácilmente.

¿Qué es la pobreza al fin y al cabo? La pobreza es miseria. ¿Y qué es miseria? La miseria emocional es el resultado del deseo de la mente. También hay miseria física, la cual es causada por los nervios tensos. Cuando uno no tiene fe en sí mismo, ese es el comienzo de la miseria. Cuando uno pierde la fe en su Maestro, cae en las dañinas manos de la miseria.

La pobreza en nuestra vida espiritual no significa carencia de dinero o de riqueza material. La pobreza en nuestra vida espiritual significa la ausencia de un clamor consciente por Dios. Una persona está empobrecida en la vida espiritual solamente cuando no puede permitirse dedicar un minuto fugaz a Dios. Si no puede pasar algún tiempo pensando en Dios, rezando a Dios o trabajando para Dios, está realmente empobrecida en el mundo interno.

Un aspirante es realmente rico cuando siente que su vida entera es para Dios. Es más rico aún cuando ve que su respirar es para Dios. Es la persona más rica de la Tierra cuando descubre que ella y Dios se necesitan mutuamente, se aman mutuamente y están eternamente orgullosos el uno del otro. Este descubrimiento lo puede hacer sólo cuando vive en el alma. Su alma hace emerger constantemente la realidad desde las más recónditas cavidades de su corazón y sitúa la realidad ante ella. Su alma le hace sentir que ella y Dios son inseparablemente uno. Dios la necesita para manifestar Sus infinitas Posibilidades y Capacidades sobre la tierra, y ella necesita a Dios para realizar la altísima Verdad del Más Allá.

Ningún aspirante es ni puede nunca ser pobre si vive en el alma. El alma es plenitud, el alma es infinitud. Si el aspirante vive en el alma, él es todo aspiración, él es todo realización, él es todo perfección.

La vida del aspirante está inundada de luz. La luz en su cuerpo es su belleza. La luz en su vital es su capacidad. La luz en su mente es su gloria. La luz en su corazón es su victoria.

La conciencia del cuerpo

City College de Nueva York, Nueva York
20 de marzo de 1970

«Sannyasa koru karma sadhana»

Hemos de practicar la disciplina espiritual aquí, dentro del cuerpo.

Mientras estamos en el cuerpo sobre la Tierra, hemos de vivir la vida del espíritu. Ahora mismo el cuerpo está apagado, es primitivo, sin desarrollar. Cuando vivimos en el cuerpo y nos interesamos sólo por el cuerpo, a menudo todo es confusión. Cuando vivimos en el alma, todo es iluminación.

Nunca debemos ofrecer apego al cuerpo físico. Si estamos apegados al cuerpo, inmediatamente estamos atrapados por los grilletes de la ignorancia y estaremos perdidos en el cenagal de la atadura y la limitación. Por otra parte, si le ofrecemos menosprecio al cuerpo, a la conciencia física, nunca estaremos plenamente y totalmente colmados aquí en la Tierra. Es aquí en la Tierra donde tenemos que realizar la Verdad, crecer en la Verdad y manifestar la Verdad.

Cuando la Hora de Dios suena, es decir, cuando el alma toca la campana interna dentro de nosotros, la conciencia física piensa enseguida que es el momento de disfrutar. El vital piensa que es el momento de demostrar su capacidad para romper y destruir la creación. Su capacidad agresiva o –en el mejor caso– dinámica quiere afirmarse osadamente y demostrar a la creación lo que puede hacer: cuán completa, astuta y confiadamente puede cambiar el plan que fue visualizado por la Voluntad de Dios. La mente piensa que es el momento de dudar de la Creación de Dios e incluso dudar de la existencia misma del Creador. El corazón siente que es el momento de clamar por la paz, la luz, la dicha y el poder interno, el poder que colma, no que destruye, el poder de la unidad inseparable con la creación de Dios, con el universo entero de Dios.

Cuando la conciencia física trata de ver la Verdad, habitualmente la ve con un tremendo temor. Cuando el vital trata de ver la Verdad, quiere verla por la fuerza, despiadadamente e inmediatamente. Cuando la mente intenta ver la Verdad, la ve con el ojo de la sospecha, la duda, la confusión interna y la ansiedad. Cuando el corazón quiere ver la Verdad, la ve con la alegría, el deleite y la oración fervorosa.

Cuando pienso que mi cuerpo es lo único que soy, no estoy para nada cercano a mi realización, y mucho menos a mi revelación. Si el cuerpo es lo único que puedo llamar propio, entonces la tentación, el placer sensual, la frustración y la destrucción también me pertenecen. Pero si puedo decir que el alma es lo que soy, si puedo sentir que soy uno, inseparablemente uno con la existencia de mi alma, sólo entonces veré el propósito de mi vida, el por qué estoy en la Tierra, qué necesidad tiene Dios de mí y qué trabajo hará Él a través de mí aquí en la Tierra. Vivo en la Tierra precisamente porque tengo un propósito especial, una misión. Cada individuo ha de sentir que tiene algo especial que ofrecer, y este mensaje ha de venir directamente desde el alma y entrar en la conciencia física.

Como individuo sin luz, presumo y me vanaglorio. Digo: «Tengo tremenda fuerza.» Pero cuando una insignificante hormiga me muerde, me irrito, me enervo. Cuando un mosquito del Sur de la India me pica, me vuelvo un lunático delirante. Tengo fuerza para destruir a cientos y miles de mosquitos, pero un solo mosquito puede arrebatar de mi cuerpo toda su serenidad y su fuerza interna. Puedo ser conquistado por un pequeño mosquito o una hormiga. ¿Por qué? Precisamente porque vivo en la conciencia del cuerpo.

Si vivo en el alma, si mi conciencia deviene totalmente una con el alma, que es la fuente de Luz y Deleite, entonces los mosquitos pueden picar, las hormigas pueden morder, el mundo entero puede morder como una serpiente venenosa, pero yo permaneceré imperturbable. Yo permaneceré en el mar del silencio y la tranquilidad.

El cuerpo, el vital y la mente, se pelean habitualmente entre sí. Nunca se escuchan unos a otros. Pero cuando el alma les pide que hagan algo, se vuelven inmediatamente uno y rechazan unánimemente la divina petición del alma. Si el alma quiere ofrecerles luz, luz interna, individual o colectivamente, el cuerpo, el vital y la mente, en ese mismo momento, se vuelven inseparables. En confabulación rechazan la luz del alma. En el ámbito de la espiritualidad, niegan sus propias posibilidades internas a través de su ignorancia.

«Atmanam rathinam viddhi shariram rathameva tu.» En el Katha Upanishad, uno de los más sublimes y conocidos Upanishad, aprendemos que el alma es el amo, el cuerpo el carruaje, la inteligencia o capacidad razonadora el auriga, la mente son las riendas y el vital o energía vital dinámica el caballo. A todos ellos necesitamos a fin de completar y cumplir nuestro viaje.

Si no entramos en la vida espiritual, si no prestamos atención a la vida interna, entonces el cuerpo va a actuar como un elefante enloquecido, pisoteándolo todo a nuestro alrededor. Ese mismo cuerpo, sin embargo, quiere realmente respetar a sus superiores, el corazón y el alma. Este cuerpo quiere ser un instrumento perfecto. Sólo su unidad consciente con algo superior puede hacer sentir al cuerpo lo que realmente representa, cuanta capacidad interna puede ejercitar en el mundo externo de la manifestación. Pero ya sea porque damos una importancia indebida al cuerpo, o bien porque no le damos importancia en absoluto, estamos cometiendo un deplorable error. Cuando utilizamos el cuerpo sólo por el disfrute o el placer sensual, sin dar ninguna importancia al alma, estamos malempleando el cuerpo. Y por otra parte, si desechamos el cuerpo y no le prestamos atención alguna, ¿cómo podrá la manifestación de lo divino tener lugar aquí en al Tierra?

La Verdad más elevada puede ser realizada sólo aquí en la Tierra. El alma está dentro del cuerpo, y la luz del alma ha de salir a la superficie e iluminar la apagada y oscura conciencia corporal. Una vez que la conciencia externa está iluminada, no hay entonces diferencia entre lo interno y lo externo. Ahora mismo hay un amplio abismo entre nuestra realización e iluminación interna y nuestra manifestación externa. A menos y hasta que la realización interna y la manifestación externa vayan juntas, seguiremos incompletos. Tomemos el cuerpo como el campo de la manifestación y el alma como la realización. Primero tenemos que realizar y luego tenemos que manifestar. Si no hemos realizado la Verdad ¿qué tendremos para manifestar? Y por otra parte, si hemos realizado algo y no podemos manifestarlo, la Verdad está incompleta.

Cada buscador, cada aspirante, ya sabe que hay dos tipos de conciencia: la finita y la infinita. Ahora mismo el cuerpo representa la conciencia finita y el alma representa la Conciencia infinita. Aquí en lo finito es donde lo Infinito tiene que desempeñar su papel. Lo que vemos fuera es la canción de lo finito. Lo que tenemos dentro, y lo que finalmente llegaremos a ser, es la canción de lo Infinito.

O bien lo finito ha de penetrar en lo Infinito, o lo Infinito ha de penetrar en lo finito. ¿Qué es más fácil: que el padre acuda al bebé o que el bebé acuda al padre? Sin lugar a dudas, el padre puede acudir al bebé mucho más fácilmente, porque tiene más capacidad. Pero ¿cuándo acude el padre al niño? Sólo cuando el niño llora por la presencia del padre.

Para concluir, me gustaría citar al poeta más grande de la India, Rabindranath Tagore: «Simar majhe nashibo…»

«En el regazo de lo finito estás tocando Tu melodía, oh Infinito. Tu melodía me ha encantado con su belleza inigualable. En mí y a través de mí, estás manifestando Tu Infinidad, empleando lo finito para expresar Tu Belleza infinita, Tu Alegría infinita, Tu Deleite-Néctar infinito.»

Conciencia

Nueva Escuela para la Investigación Social, New York, New York
7 de abril de 1970

La conciencia es nuestro maestro real, nuestro amigo querido y nuestro esclavo seguro. Como esclavo, la conciencia lleva nuestra fecunda ignorancia hasta Dios. Como amigo, la conciencia nos dice lo que es el Conocimiento supremo. Como maestro, la conciencia nos revela la innegable verdad de que el hombre imperfecto e incompleto de hoy es el Dios perfecto y completo de mañana.

La conciencia canta, canta el canto de la Unidad universal. La conciencia juega, juega el juego de Manifestación cósmica. La conciencia danza, danza con la colmadora Visión de Dios dentro y con la colmada Realidad de Dios fuera. La conciencia actúa, actúa a través de la implorante, ascendente y entregada aspiración del hombre, y a través de la descendente, protectora e iluminadora Compasión de Dios.

Cuando la conciencia es todo actividad, se inclina ante Dios la Madre, su Origen. Cuando la conciencia es todo silencio, se inclina ante Dios el Padre, su Origen. De la Madre obtiene el fortísimo Poder para hacer el sacrificio supremo por la Tierra inconsciente. Del Padre obtiene la altísima Luz para iluminar a la Tierra apagada. La conciencia misma es a la vez Luz y Poder. Como Luz, se identifica con la inspiración pura y la aspiración profunda de nuestro mundo interno. Como Poder, ejerce su soberanía divina sobre el muy oscuro cautiverio y la muy salvaje ignorancia del mundo externo.

La conciencia utilizada por el cuerpo sin aspiración se llama conciencia esperanzada. La conciencia utilizada por el vital implacable es conocida como conciencia dañina. La conciencia utilizada por la mente intransigente se llama conciencia dudosa. La conciencia utilizada por el corazón descubridor se llama conciencia veraz. La conciencia utilizada por el alma ilimitada se llama conciencia fructífera.

"Aum Anandamayee Chaitanyamayee Satyamayee Parame"

«¡Oh, Madre Absoluta de la Existencia-Conciencia-Deleite!» Esta triple conciencia es la longitud más extensa, la anchura más lejana y la hondura más profunda. La longitud más extensa es la Infinitud. La anchura más lejana es la Eternidad. La hondura más profunda es la Inmortalidad. Cuando la conciencia vive en la Existencia, la humanidad devotamente recibe lo que la Divinidad le ofrece fervorosamente. Cuando la conciencia vive dentro de su propio dominio, la humanidad y la Divinidad comparten entre sí su experiencia amorosamente y aun sorprendentemente. Cuando la conciencia vive en el Deleite, la humanidad es realizada y transformada, y la Divinidad es manifestada y colmada.

Ciego está el que no ve la luz-Conciencia. Sordo está el que no obedece al derecho-Conciencia. Pobre es el que no puede comer el fruto-Conciencia. Necio es el que niega la existencia del mar-Conciencia.

The inner freedom

Fairfield University, Fairfield, Connecticut
8 de abril de 1970

La libertad externa es ver lo que deberíamos. La libertad interna es ser lo que debemos. Lo que deberíamos ver es el rostro dorado de la Verdad. Lo que debemos ser es la vida fluente de la Visión de Dios y el Hálito resplandeciente de la Realidad de Dios.

La madre de la libertad es la Luz. El padre de la libertad es la Verdad. La esposa de la libertad es la Paz. El hijo de la libertad es el Valor. La hija de la libertad es la Fe.

La libertad suena donde la Luz brilla. La libertad suena cuando la Verdad canta. La libertad suena si la Paz se expande. La libertad suena porque el Valor lo demanda. La libertad suena, por consiguiente la Fe florece.

Somebody said, "When there's more freedom for mankind, the women will have it." This deplorable statement fails to breathe in the inner world. In the inner world, woman and man have equal freedom to cherish the mind's inspiration, the heart's aspiration and the soul's realisation. Furthermore, inspiration is woman; aspiration is man; and realisation is man and woman both.

Luchamos por la libertad externa. Clamamos por la libertad interna. Con la libertad externa vemos y gobernamos las cuatro esquinas del globo. Con la libertad interna vemos el Alma y devenimos en la Meta del universo entero.

La libertad verdadera no consiste en criticar al mundo o criticar a un individuo o individuos. Asimismo, la libertad verdadera no se halla en meramente apreciar y admirar el mundo o la humanidad en su conjunto. La libertad verdadera únicamente se halla en nuestra unidad inseparable con el llanto interno del mundo y su sonrisa externa. El llanto interno del mundo es Dios-la-Realización; la sonrisa externa del mundo es Dios-la-Manifestación.

La libertad es expresiva. Esto es lo que me dice el cuerpo. La libertad es explosiva. Esto es lo que me dice el vital. La libertad es costosa. Esto es lo que me dice la mente. La libertad es iluminadora. Esto es lo que me dice el corazón. La libertad es colmadora. Esto es lo que me dice el alma.

Mi libertad externa es a menudo mi obligación autoimpuesta y autoagrandada. Mi libertad interna es el derecho innato de mi eterna aspiración y mi infinita realización.

La pregunta capital es si la libertad interna y la libertad externa pueden correr o no la una junto a la otra. Ciertamente pueden; ciertamente deben. La libertad interna sabe lo que tiene y lo que es: la realización. La libertad externa debe saber lo que quiere y lo que necesita: la transformación.

Cuando la libertad de mi vida externa es transformada profundamente y sin reservas, se convierte inmediatamente en el poder más poderoso y en el orgullo más alto de la libertad de mi vida interna.

Mi libertad externa es la barca de mi vida. Mi libertad interna es el mar de mi vida. Mi Dios es mi Piloto Supremo. Hoy soy el alma buscadora y clamorosa de mi viaje. Mañana seré la Meta iluminadora y colmadora de mi viaje.

Mi alma de libertad es la compasiva y constante necesidad de mi Dios. Mi meta de libertad es la sonriente y danzante Seguridad Trascendental de mi Dios permanentemente colmada.

Tiempo terrenal y tiempo eterno

Universidad de Long Island, Brooklyn, New York
10 de abril de 1970

¿Cómo utilizo mi tiempo? Utilizo mi tiempo sirviendo a los buscadores sinceros. ¿Cuándo utilizo mi tiempo? Utilizo mi tiempo cuando Dios ordena mi servicio y cuando el hombre, el aspirante, necesita mi luz. Hay dos cosas: el tiempo y la vida. El tiempo es para la vida y la vida es para el tiempo. En la vida vemos a Dios. En el tiempo, a través del tiempo, devenimos conscientemente uno con Dios.

Einstein, el científico mundialmente reconocido, dijo algo muy notable: «Cuando nos sentamos durante dos horas con una muchacha agradable, nos parece que sólo ha sido un minuto. Cuando nos sentamos un minuto sobre una estufa caliente, pensamos que han sido dos horas. Y eso es la relatividad.»

En el mundo espiritual tenemos una experiencia similar. Cuando acudimos a un Maestro espiritual auténtico y bebemos profundamente de su Paz, Luz y Deleite divino durante dos horas, sentimos que tan sólo hemos estado un minuto fugaz con él. Y cuando nos sentamos tan sólo por un momento efímero en el fuego de la salvaje ignorancia, sentimos que es una hora interminable. Esta es la realidad de un fervoroso aspirante.

Bacon también dijo algo muy significativo: «Elegir el tiempo es ahorrar tiempo». Ahora, ¿por qué elegimos el tiempo y cómo elegimos el tiempo? Podemos elegir el tiempo amando el tiempo. ¿Cómo podemos amar el tiempo? Podemos amar el tiempo meditando constantemente en la promesa de nuestra vida a Dios. ¿Cuál es la promesa de nuestra vida a Dios? Hacer la Luz divina de Dios crecer y resplandecer en nuestra vida humana.

¿Qué ocurre cuando ahorramos tiempo? La oportunidad llama a la puerta de la posibilidad, y la posibilidad llama a la puerta de la inevitabilidad. La posibilidad le dice a la oportunidad mientras abre la puerta: «Hija mía, eres sabia». La inevitabilidad le dice a la posibilidad mientras abre la puerta: «Hija mía, has dejado de ser tu alma buscadora. Hoy te has convertido en tu Meta colmadora».

«Soy el poderoso Tiempo devorador del mundo.» Este mensaje es del Bhagavad Gita, el Canto Celestial cantado por el Señor Krishna. En realidad, ¿qué es devorado y destruido? La ignorancia, la limitación, la esclavitud, la imperfección y la muerte. Sri Krishna ya le ha dicho al aspirante humano, Arjuna, por qué ha aparecido en la Tierra: «Siempre que la rectitud decae y la iniquidad predomina, Yo Me encarno, oh Arjuna. Para proteger al bueno, para destruir al malvado y para establecer el dharma (código interno de la vida), Yo aparezco de época en época.»

Muy a menudo en nuestra experiencia humana cotidiana sentimos que el tiempo nos destruye. Herbert Spencer, en nombre de la sufriente humanidad dijo: «El tiempo es eso que el hombre siempre intenta matar, pero que termina matándolo a él». El tiempo en última instancia nos mata, nos devora. Nuestras esperanzas se truncan, nuestros deseos se frustran. Cuando está basada en la insinceridad, la duda, las preocupaciones y las ansiedades, nuestra aspiración desafortunadamente fracasa en dar frutos.

El tiempo terrenal y el tiempo eterno. En nuestra vida cotidiana empleamos el tiempo terrenal. Este tiempo mide todas nuestras actividades y puede ser medido —años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos. Podemos partir el tiempo terrenal en fragmentos. Podemos elegir el tiempo, podemos llegar a tiempo. A las seis en punto nos levantaremos. A las ocho en punto iremos a la oficina. A las once de la noche nos iremos a dormir. El tiempo está registrando las actividades de nuestra vida.

Pero el tiempo eterno es totalmente distinto. Es como un río fluyendo hasta el mar, fundiéndose en el mar, y finalmente volviéndose uno con el mar. En virtud de su unidad, se convierte en la vastedad ilimitada. Aquí lo finito entra en lo Infinito y se pierde.

«Oh Infinito, en el corazón de lo finito estás interpretando Tus propias melodías. En mí está Tu revelación y Tu manifestación. Por eso, éxtasis dentro, éxtasis fuera,» cantó el mas grande poeta de la India, Rabindranath Tagore.

Tiempo terrenal. El cuerpo utiliza este tiempo. La conciencia física utiliza este tiempo. Podemos emplear o desperdiciar este tiempo. Pero una vez que lo hemos empleado o desperdiciado, este tiempo está agotado. No podemos recuperarlo.

El alma utiliza el tiempo ilimitado. La Infinitud adquiere gran importancia en este tiempo. Y si somos uno conscientemente con el alma, podemos utilizar el tiempo ilimitado, el tiempo eterno. Podemos también desperdiciarlo si queremos. Pero afortunadamente nuestra alma no nos permitirá desperdiciar este tiempo. E incluso si lo hacemos, éste permanece ilimitado, eterno.

En el tiempo terrenal observamos una cosa: hoy tenemos dolor de cabeza, mañana el tiempo lo cura. Hoy sufrimos algunas dolencias, mañana estamos curados. El tiempo viene a nuestro rescate. De modo similar, nuestra alma ve una enfermedad en la atmósfera terrenal. El alma en sí no tiene enfermedades, está más allá de la enfermedad, más allá de la muerte. Pero, en la atmósfera terrenal, el alma ve la enfermedad más fatal de todas: la ignorancia, la ignorancia en el interior, la ignorancia en el exterior. El alma quiere poner fin a esta ignorancia. Siente que cada ser humano puede nadar a través del mar de la ignorancia y finalmente bucear en el mar de la plenitud infinita del alma. La hora tiene que llegar. Cuando lo hace, está en nuestras manos el cómo utilizarla.

El Señor Buda, enseñando a sus discípulos, estaba leyendo algo de un libro sagrado. Al cabo de un rato dijo: «Está cayendo la tarde», y cerró el libro. Sus discípulos comprendieron inmediatamente que era hora de meditar, así que entraron en meditación. Ese día en particular, dos recién llegados, un ladrón y una mujer de mala reputación, habían escuchado el discurso de Buda. El ladrón de inmediato decidió que para él era hora de ir a cometer un robo, así que abandonó el lugar. La mujer de mala reputación se dio cuenta de que para ella era hora de ir a esperar a sus amigos, y eso hizo. A la misma hora, un buscador de la Verdad Infinita entra en meditación, un ladrón hace lo que cree que es mejor para él y una mujer de mala reputación hace lo que siente que es mejor para ella.

También en nuestra vida espiritual, cuando llega la hora, tres tipos diferentes de buscadores desempeñan tres roles diferentes. Hay buscadores lamentables, buscadores capaces y buscadores admirables. Los buscadores lamentables son aquellos que acuden a un Maestro espiritual por curiosidad, porque ven que otros miles de buscadores se agrupan a su alrededor. Ellos tienen incontables problemas —familiares, financieros y de otros tipos— y esperan que en cuanto acudan al Maestro todos sus problemas quedarán resueltos.

Los buscadores capaces tienen fe en sí mismos y fe en Dios, al cincuenta por ciento. Sienten que Dios está complacido con ellos y vierte Sus mejores bendiciones sobre ellos justamente porque meditan. Sienten que su progreso se debe en parte a su esfuerzo personal y en parte a la Gracia de Dios.

Los buscadores admirables sienten que su realización tendrá lugar precisamente porque Dios ha vertido infinita Gracia sobre ellos. Sienten que sólo la Gracia de Dios los hará capaces de realizar la Verdad más alta. Su plegaria es esta: «Oh Dios, cólmate en nosotros y a través de nosotros. Si Tú quieres que sigamos sin realizar, desconocidos e imperfectos, estamos plenamente preparados. Si Tú quieres que realicemos la Verdad más alta, que entremos en la Infinitud, la Eternidad y la Inmortalidad, también estamos preparados para hacerlo. Nuestra única plegaria es complacerte, colmarte, en la manera en que Tú quieres ser complacido y colmado. Rechazamos toda elección personal. Es Tu Elección lo que queremos en nuestra vida. Tenemos un objetivo, una meta: colmarte a Tu propia Manera, a Tu propia Hora Dorada.»

La canción del ego

Adelphi University, Garden City, Nueva York
15 de abril de 1970

Mi ego necesita.
Mi alma tiene.
Mi ego intenta.
Mi alma hace.
Mi ego conoce el problema que hay.
Mi alma se convierte en la respuesta que hay.
No estoy solo.
Dentro de mi ser sin luz:
mi ego, mi muerte desnuda.
No estoy solo.
Dentro de mi corazón blanco-nieve:
mi alma, y la llama de mi espíritu.

El ego es el ladrón de ladrones. Por no hablar de las experiencias comunes y corrientes, incluso las realizaciones le tienen miedo a este intruso.

Sentir la ausencia de ego es tan difícil como ver la presencia constante de Dios en uno mismo.

El ego ayuda a que la esclavitud crezca. La esclavitud, a cambio, ayuda a que el ego florezca y corra frenéticamente.

La auto-pena, la auto-indulgencia y los llantos emocionales egoístas no son sino un mismo defecto con diferentes nombres.

Oh pequeño ego, oh gran ego, no os preocupéis. Ambos tenéis la Compasión de Dios a vuestra disposición. Así como no hay diferencia entre un arroyo y un río cuando entran en el mar, tampoco hay diferencia entre una persona corriente y una persona importante cuando se sumergen en el Mar de la Compasión de Dios.

El ego es la diversidad en la acción no satisfactoria. La entrega es la unidad en la acción satisfecha, la manifestación satisfecha y la perfección satisfecha.

La auto-publicidad no puede ni siquiera tocar los pies de la realización de Dios. La realización de Dios no puede rebajarse para tocar ni siquiera la cabeza de la auto-publicidad.

Creerse uno mismo siempre grande es creer que la lucha y la pericia son innecesarias.

No cabe duda, el hombre es infinitamente superior a una bestia salvaje. Pero siempre bebe de dos botellas de veneno: una botella es el ego y otra es la duda. Hasta que no haya eliminado estas dos botellas, el hombre no es más que un animal superior.

Esforzarse por hacer algo único es bueno indudablemente, pero es mejor saber si esa cosa única es lo que Dios quiere que hagas.

La diferencia entre Dios y el hombre es esta: el hombre es el ‘yo’ determinante. Dios es el ‘Nosotros’ categórico.

Feliz es el que ha superado todo egoísmo. Bienaventurado es el que ve a Dios emerger desde el mar de su ego.

Desde el momento en que apartamos de nuestros ojos el espejo de la auto-adulación y sostenemos ante nosotros el espejo de la Verdad, vemos un medio-animal saltando dentro y fuera de nosotros.

No te destruyas con tu oscuro y salvaje ego. El suicidio es la peor barrera posible para alcanzar la meta de la autorrealización. Si te destruyes, en vez de comenzar tu próxima vida desde donde te marchaste en ésta, tendrás que retroceder a un punto muy anterior.

Hay una derrota que nos proporciona un triunfo mayor incluso que el de la victoria. ¿De qué derrota se trata? La derrota de tu ego por tu alma.

Immortalidad

Universidad de Massachusetts, Amherst, Massachusetts
24 de abril de 1970

El que no aspira cree que la Inmortalidad es imposible. El que aspira siente que la Inmortalidad es una posibilidad segura. El que ha realizado a Dios sabe que la Inmortalidad es una realidad absoluta.

«‘¡Imposible!’ Eso no es buen francés,» dijo Napoleón.

« ‘¡Imposible!’ Eso no es buen autodescubrimiento.» Esto es lo que digo yo. El autodescubrimiento de hoy es la Inmortalidad de mañana.

Es bueno ser inmortal, pero es infinitamente mejor ser divino. Sócrates dijo algo muy memorable: «Todas las almas de los hombres son inmortales, pero las almas de los virtuosos son tanto inmortales como divinas.»

Si la Divinidad toma cuerpo dentro de la Inmortalidad, sólo entonces puede la realidad ser todo-abrazadora, todo-sustentadora y todo-colmadora.

La vida exterior es la humanidad. La vida interior es la Inmortalidad. La vida alrededor es la realidad. La vida arriba es la Divinidad. La vida abajo es la oscuridad.

Cuando la Divinidad entra en la humanidad, el alma de la humanidad se torna esperanzada. Cuando la Divinidad entra en la Inmortalidad, el alma de la Inmortalidad se torna significativa. Cuando la Divinidad entra en la realidad, el alma de la realidad se torna fructífera. Cuando la Divinidad entra en la oscuridad, el alma de la oscuridad se torna piadosa.

Dios inspira al hombre con Su Inspiración inmortal. El hombre realiza a Dios con su auto-consagración inmortal. Dios medita en el hombre para su perfección inmortal. El hombre medita en Dios para Su Manifestación inmortal.

Copiar a otros es un acto de estupidez. Copiarse a uno mismo es un acto absurdo. Imitar a Dios es imitar a la Inmortalidad. Cuando imitamos a Dios, nuestra vida de imaginación termina y nuestra vida de realización amanece.

¿Cómo podemos imitar a Dios si no sabemos quién es Dios? Dios es el Hombre Divino, supremamente inspirador allá en el Cielo y supremamente sacrificador aquí en la Tierra.

¿Qué es la Inmortalidad? La Inmortalidad es la divina Conciencia que crece eternamente y fluye incesantemente. Mientras crece, alcanza a Dios el Trascendental. Mientras fluye, alcanza a Dios el Universal.

El cuerpo dice: «La vida es sólo presión.» El vital dice: «La vida es sólo placer.» La mente dice: «La vida es la patria de las ideas.» El corazón dice: «La vida es la patria de los ideales.» El alma dice: «La vida es la patria de las experiencias.» Dios dice: «La vida es la patria de la Inmortalidad.»

La Madre Tierra simboliza la aspiración humana. De ahí que una mujer en los Upanishad, Maitreyi, es quien enseña a la humanidad la aspiración más elevada: «¿Qué utilidad tienen para mí las cosas que no me harán inmortal?»

Seamos inseparablemente uno con Maitreyi y sintamos que la atadora conciencia de la mortalidad debe ser inundada con la ilimitada conciencia de la Inmortalidad.

¡Oh hombre aspirante, profundiza en tu interior! Escucha el susurro de Dios: «Mi niño, eres bueno; por eso, he hecho de ti el Corazón de Mi Infinitud. Mi niño, eres amable; por eso, he hecho de ti el Hálito de Mi Eternidad. Mi niño, eres grande; por eso, he hecho de ti la Vida de Mi Inmortalidad.

Intuición

Universidad de Maine, Orono, Maine
24 de abril de 1970

La intuición es un empujón y un tirón. Es un empujón interno y un tirón externo. El empujón viene de nuestra aspiración. El tirón viene de la Iluminación de Dios.

Cuando Dios invita a un aspirante a sentarse a cenar con Él, es la intuición del aspirante la que acepta de inmediato la invitación. La mente es aficionada a la investigación y la invención. La intuición es aficionada a la Iluminación y la supramentalización. La intuición nos dice en un flash a qué se parece Dios. La realización nos dice en un parpadeo quién es Dios. La intuición, como una flecha, vuela hacia la Meta. La realización, como un bailarín experto, danza eternamente en el corazón de la Meta.

La intuición es la creación por encima de la mente. La intuición es la libertad más allá de la mente. La intuición es la evolución de la luz-conciencia fuera de los confines de la mente física.

Asimismo, hay una forma infinitamente inferior de intuición en el cuerpo, el vital, la mente y el corazón. La intuición en el cuerpo está prácticamente ciega; en el vital es poderosamente oscura; en la mente es sorprendentemente incierta; en el corazón, deplorablemente desvalida.

La diferencia entre intuición y fuerza de voluntad es esta: la intuición ve la Verdad; la fuerza de voluntad quiere llegar a ser la Verdad. La intuición tiene la habilidad para acortar el camino que lleva a la más alta realización. La fuerza de voluntad tiene la habilidad para bañarse en el mar de la Iluminación.

La imaginación no es intuición. La inspiración no es intuición. La aspiración no es intuición. Pero cuando la intuición obsequia a la imaginación con la Verdad, la imaginación expande la Verdad exitosamente. Cuando la intuición obsequia a la inspiración con la Verdad, la inspiración abraza la Verdad fervorosamente. Cuando la intuición obsequia a la aspiración con la Verdad, la aspiración devora la Verdad devotamente.

La intuición es el eslabón dorado entre la visión y la realidad. La visión necesita a la intuición para llevar su mensaje todo-transformador a la humanidad. La realidad necesita a la intuición para llevar su mensaje todo-entregado a la Divinidad.

Aspiración: la llama interna

Purdue University, Lafayette, Indiana
27 de abril de 1970

Dios tuvo un sueño resplandeciente. El nombre de ese sueño fue aspiración. El hombre tiene un llanto ascendente. El nombre de este llanto es también aspiración. Dios era originariamente uno. Con Su Aspiración, Dios quiso convertirse en muchos. Él quiso disfrutar divinamente y colmarse supremamente en y a través de un infinito número de formas.

El hombre es múltiple. Con su aspiración, el hombre-la-conciencia-divisoria-y-dividida, el hombre-la-mente-oscura, el hombre-el-ser-insatisfecho, quiere llegar a ser uno con el mundo-conciencia, el mundo-vida y el mundo-alma. Siente inequívoca y fervorosamente que esta es la manera secreta y sagrada de sentir la más honda profundidad de la Realidad y la más elevada altura de la Verdad.

La aspiración es la llama interna. A diferencia de otras llamas, esta llama no quema para nada. Esta purifica, ilumina y transforma nuestra vida. Cuando la purificación se produce en nuestra naturaleza inferior, esperamos ver el Rostro de Dios. Cuando la iluminación amanece en nuestra naturaleza exterior, sentimos que Dios es cercano y querido, que todo lo permea y lo ama. Cuando nuestra naturaleza, tanto la inferior como la externa, crezca en la Llama de Transformación, comprenderemos la verdad de que Dios Mismo es el Piloto más íntimo, el viaje más brillante y la Meta más alta.

Algunas personas tienen la impresión de que el deseo y la aspiración son la misma cosa. Desafortunada, o mejor dicho afortunadamente, eso no es cierto; son dos cosas totalmente distintas. La diferencia entre el deseo y la aspiración es muy sencilla y clara: el deseo quiere atar y devorar al mundo, la aspiración desea liberar y alimentar al mundo. El deseo es la energía saliente. La aspiración es la luz entrante. El deseo le dice al hombre: «Poséelo todo, serás feliz». El pobre hombre, cuando quiere poseer una sola cosa, ve que ya ha sido atrapado sin piedad y poseído por todo en la creación de Dios.

La aspiración le dice al hombre: «Realiza tan sólo una cosa, y esa cosa es Dios. Serás feliz». El afortunado y bienaventurado hombre, en su camino hacia arriba y hacia adentro, mucho antes de ver a Dios, siente sublime paz en su vida interna y radiante alegría en su vida externa. Entonces siente que la realización del Supremo Más Allá ya no puede seguir siendo un clamor lejano.

La aspiración tiene, no uno sino tres amigos genuinos: ayer, hoy y mañana. El ayer ofreció su vuelo de inspiración a la aspiración. El hoy ofrece su poder de dedicación a la aspiración. El mañana ofrecerá su deleite de realización a la aspiración.

La aspiración es nuestro impulso interno de trascender tanto la experiencia como la realización ya logradas. Esto es absolutamente necesario porque Dios el Infinito está trascendiendo constantemente Su propia Infinitud, Dios el Eterno está trascendiendo constantemente Su propia Eternidad y Dios el Inmortal está trascendiendo constantemente Su propia Inmortalidad.

La infancia de la aspiración quiere realizar al Supremo de un modo terrenal e individual. La adolescencia de la aspiración quiere realizar al Supremo de un modo divino y glorioso. La madurez de la aspiración quiere realizar al Supremo al modo propio del Supremo.

La aspiración es realización. La aspiración es revelación. La aspiración es manifestación. La aspiración es realización siempre y cuando el aspirante necesite la realización de Dios y sólo la realización de Dios. La aspiración es revelación siempre y cuando el aspirante sienta que la revelación de Dios es absolutamente por amor a Dios. La aspiración es manifestación siempre y cuando el aspirante sienta que la manifestación de Dios es su derecho de nacimiento.

Realidad

Case Western Reserve University, Cleveland, Ohio
28 de abril de 1970

Hay tres realidades: Dios, el alma y la vida. Dios es la Realidad Trascendental. El alma es la Realidad más Íntima. La vida es la Realidad Universal. Dios revela el alma; el alma revela la vida. Dios-la-Realidad vive en Su Voluntad creativa. El alma-la-realidad vive en su voluntad sustentadora. La vida-la-realidad vive en su voluntad colmadora.

La realidad es el proceso constante y dinámico de nuestra evolución interna. La realidad del pasado está creciendo. La realidad del presente se está elevando. La realidad del futuro será resplandeciente.

La realidad real no es un escape de la vida. Es la aceptación de la vida, la expresión de la vida y la interpretación de la vida. Cuando aceptamos la vida, nos convertimos en guerreros divinos. Cuando expresamos la vida, nos convertimos en conscientes representantes de Dios. Cuando interpretamos la vida nos convertimos en Dios el Orgullo eterno.

La realidad es al mismo tiempo la expansión de nuestra conciencia humana y la esencia de nuestra Conciencia divina. La conciencia humana se da la mano con la posibilidad y la habilidad. La Conciencia divina abraza a la fe y a la entrega. El florecimiento de la conciencia humana es la realización. El florecimiento de la Conciencia divina es la manifestación. La conciencia humana pensó que Dios era incognoscible. Ahora siente que Dios es meramente desconocido. Pronto comprenderá que Dios es inequívoca e incondicionalmente conocible. La Conciencia divina sabe que no ha habido, no hay y no habrá ninguna otra cosa que Dios.

La fe es la forma sencilla, directa, efectiva y completa de la realidad. La duda es la forma compleja, indirecta, inefectiva e incompleta de realidad. La fe es comprensión de Dios. La duda es detención de la verdad. La fe es descripción de Dios. La duda es ahogo de la vida.

La unidad de la realidad es la Existencia de Dios.
La multiplicidad de la realidad es la Experiencia de Dios.
La singularidad de la realidad es Dios el Amante eterno.
La pluralidad de la realidad de Dios el Amor eterno.

La edad-Tiempo de la realidad es la Eternidad.
La edad-Experiencia de la realidad es la Infinitud.
La edad-Realización de la realidad es la Inmortalidad.

Autocontrol: auto-ofrecimiento a Dios

York University, Toronto, Canada
7 de octubre de 1970

Auto-control no quiere decir auto-tortura. Tampoco quiere decir austeridad. Desafortunadamente, en occidente, el auto-control ha sido malentendido. Mucha gente cree que la vida ardua, austera practicada por algunos aspirantes de la India representa el ideal de auto-control. Pero ese tipo de austeridad, que castiga y tortura el cuerpo, no es auto-control real. Es auto-mortificación. Nos conduce a la abismal destrucción en el corazón de la ignorancia. Si alguien quiere realizar a Dios ayunando durante días y meses, será abrazado por la muerte, no por Dios. Una vida normal, natural —el sendero medio— es lo que Dios quiere de nosotros.

Buda nos enseñó a seguir el sendero medio, a no ir a los extremos. Tenemos que estar muy firmemente plantados en la tierra. La raíz del árbol está bajo la tierra, no en otra parte. La raíz está en el subsuelo pero las ramas están creciendo hacia lo más alto. El auto-control está adentro y la manifestación de Dios afuera. El auto-control nos conduce a la auto-transformación. El auto-control de hoy será la auto-trascendencia de mañana.

Para la auto-maestría, el auto-control es de suprema importancia. El auto-control requiere su tiempo. No puede lograrse de la noche a la mañana. Mediante la introspección, el auto-examen y la meditación correcta, se logra el auto-control.

Quisiera hablar sobre un incidente en la vida de Sócrates. En cierta ocasión, Sócrates y un grupo de sus admiradores fueron a visitar a un quiromántico. El quiromántico leyó la mano de Sócrates y le dijo: «¡Qué mala persona eres, desagradable y lleno de problemas en el plano vital inferior! Tu vida está llena de corrupción.» Los admiradores de Sócrates estaban atónitos y querían golpear al quiromántico. ¡Qué descaro tenía para decir tales cosas de Sócrates, que era un hombre verdaderamente piadoso, un santo! Pero Sócrates dijo: «Esperad, preguntémosle si lo ha dicho todo.» Entonces el lector de manos continuó: «No, tengo algo más que decir. Este hombre tiene todas esas cualidades no divinas, sin duda alguna, pero todas están bajo su control. No ha mostrado ni una sola de ellas. Están todas bajo control.»

Antes de alcanzar la iluminación, uno puede ser atacado por todas las fuerzas no divinas del vital inferior. Pero no hay duda de que uno puede dominarlas, como hizo Sócrates. Cualquier aspirante puede conquistar estas fuerzas negativas después de algún tiempo. Uno puede ser atacado innumerables veces por los impulsos vitales, pero cada vez puede poner su pie audaz y bravamente sobre las cabezas de estas fuerzas oscuras. Llegará el día dorado en que la iluminación amanecerá en su vida, y entonces todo será transformado. Los problemas emocionales serán transformados, convirtiéndose en la fortaleza dinámica de lo divino para ser usada por lo divino. Pero hasta entonces el aspirante ha de luchar duro.

Sri Ramakrishna, el gran gigante espiritual, usaba la frase: «Amo de todo, esclavo del sexo». Él veía lo que estaba ocurriendo de hecho en el mundo. La misma triste historia es aplicable hoy en día. La atmósfera del mundo no ha cambiado aún. Pero va a ser cambiada. ¿Quién va a cambiarla? Nosotros, los aspirantes, nosotros, los buscadores de la Luz infinita. Dios nos ha dado esta tarea inigualable, única, y tenemos que aceptarla y llevarla a cabo aquí en la Tierra.

En el mundo externo uno sólo puede ser esclavo de un amo, pero en el mundo interno uno es esclavo de muchos amos. Estos amos son la duda, el temor, la ansiedad, la tentación, la frustración, imperfección, limitación, esclavitud y muerte. El auto-control sólo puede ser logrado cuando dejamos de engañarnos a nosotros mismos. Somos dados a decir que el mundo nos está engañando. Pero si somos sinceros y profundizamos en nuestro interior llegamos a ver, sentir y realizar que somos nosotros quienes comenzamos este juego de engaño. Vinimos de Dios. Podríamos haber continuado nuestro juego en la Luz infinita. Podríamos habernos retirado al cierre de nuestro viaje en la misma Luz infinita. En lugar de eso, entramos en la ignorancia y quedamos enamorados de ella. Amamos la ignorancia y ella nos amó. Finalmente, comenzamos a comer ávidamente los frutos de la ignorancia. El resultado ha sido la autodestrucción. Somos nosotros quienes hemos abierto la puerta de la decepción dentro de nosotros. Cuando las fuerzas de la ignorancia ven que la puerta está abierta de par en par, entran en nosotros, en los más íntimos rincones de nuestro corazón. ¿Cómo podemos sacarlas y retirarlas? Podemos hacerlo a través de la aspiración, a través de nuestra llama interna ascendente. Esta llama iluminará las fuerzas no luminosas en nosotros, despertará a los seres dormidos en nosotros e inundará nuestra vida con la Luz del Dorado Más Allá. La aspiración es la respuesta.

La enfermedad espiritual es una impureza en nuestro corazón. Y esta enfermedad tiene sólo una medicina: la devoción, la devoción al alma, la devoción a la Meta, la devoción al Piloto Interno.

Auto-control. Auto-control quiere decir auto-ofrecimiento a Dios. Hagamos nuestra parte. Demos lo que tenemos. Dios hará su parte. Él nos dará lo que Él tiene. Lo que nosotros tenemos es ignorancia abundante. Lo que Él tiene es Luz infinita. Hagamos el canje.

Apego y desapego

Universidad de Toronto, Toronto, Canada
7 de octubre de 1970

El apego es mi profesor:
«Dios vive en una cueva»,
aprendo.
El desapego es mi profesor:
«Dios vive en un Palacio»,
aprendo.

El apego demanda el hálito de mi cuerpo,
la vida del finito aullador.
El desapego ofrece la promesa de mi alma,
la Luz del Atrayente Más Allá.

El apego es la raíz del deseo; la ignorancia es la raíz del apego. En este mundo estamos apegados al cuerpo, al vital, a la mente y al corazón. ¿Por qué? Porque queremos poseer. Desgraciadamente, olvidamos que no hay nada en esta Tierra que podamos poseer para siempre. No, ni siquiera por un tiempo largo. Toma por ejemplo el cuerpo. Por más atención que le prestemos, el cuerpo dura sesenta, setenta, ochenta años, y luego muere. Ni siquiera podemos poseer para siempre nuestro propio cuerpo. No hay nada en la Tierra que podamos poseer para siempre cuando estamos en lo físico y clamamos por la satisfacción de lo físico. Pero si vivimos en el alma, estamos viviendo en lo Eterno y para lo Eterno.

El gran filósofo de la India Shankaracharya dijo: «¿Quién es tu esposa, quién es tu hijo? Este mundo es muy peculiar. Hermanos, pensad en el Uno que es eternamente vuestro.» Este es el mensaje del desapego. Si estás apegado a la persona física —la esposa, el marido, el hijo, el amigo— estás tan sólo atándote a ti mismo y al otro. Pero si ves el verdadero objeto de adoración dentro de la esposa, dentro del marido, dentro del hijo, entonces el conocimiento divino puede amanecer en ti.

El Señor Buda dejó a su hermosa esposa y a su pequeño hijo mientras estaban durmiendo. Antes de marchar dijo: «Os amo. Todavía os amo. Pero tengo que amar también al mundo entero. Sólo si puedo amar al mundo entero será completo mi amor por vosotros.» Su apego humano tuvo que rendirse al amor divino en él. Mientras estaban abandonando el reino, el cochero de Buda le hizo una significativa pregunta: «¿No estás siendo cruel? ¿Cómo es que estás dejando atrás a tu mujer y tu hijo que han sido tan afectuosos contigo? Tú eres su tesoro; eres su riqueza inigualable.» Buda dijo: «Te equivocas, el afecto de mi esposa estaba atándome, y mi afecto la estaba atando. Ahora estoy entrando en el mundo en general, donde no hay nadie que me ate y donde no ataré a nadie. Voy a liberarme a mí mismo y a los demás.»

En la raíz de todo apego está la ignorancia. ¿Es la ignorancia invencible? El filósofo Aldous Huxley dijo una vez: «La ignorancia es vencible. No queremos saber algo; por eso no lo sabemos.» Él tiene toda la razón. La ignorancia no es algo permanente e inmutable. Podemos entrar en el hálito mismo de la ignorancia y transformarla en sabiduría y conocimiento. Pero en vez de eso, negamos la existencia de la ignorancia dentro de nosotros. Esto es un error. Tenemos que aceptar el hecho de que ahora mismo estamos llenos de ignorancia. Esto no quiere decir que no tengamos luz en nuestro interior. En lo profundo de nosotros hay una pequeña luz, pero tenemos que hacer emerger esta luz y hacerla crecer a fin de realizar nuestra altura más elevada.

Un verdadero filósofo es aquél que está desapegado. Sólo él puede tener la visión de la Verdad. Una vez que tiene esta visión, puede fácilmente ser indiferente al éxito y al fracaso, a la alegría y la tristeza, al placer y al dolor. Su desapego no quiere decir que no ayudará al mundo o recibirá la ayuda del mundo. Quiere decir que no estará atado a quienes está ayudando o a quienes le están ayudando. Si estamos apegados, estamos frustrados; pero si estamos desapegados, estamos colmados. Si podemos sentir que es Dios quien está operando en nosotros y a través de nosotros, así como en el mundo y a través del mundo, entonces podemos ser verdaderamente libres.

Se dice que antes del matrimonio un hombre es la aspiración de una mujer, y después del matrimonio es la exasperación de una mujer. Pero, ¿a qué está aspirando la mujer? Está aspirando al cumplimiento del deseo. Cuando el objeto del deseo es alcanzado, reinan el desengaño y la frustración. Cuando cumplimos cualquiera de nuestros deseos, vamos a descubrir que no estamos comiendo el delicioso fruto que esperábamos, sino más bien algo destructivo, venenoso e insatisfactorio.

Un proverbio de la India dice que cualquiera que no ha comido el ka laddu de Delhi (un pastel de Delhi) se siente desgraciado, y cualquiera que lo ha probado se siente disgustado. Ese es siempre el caso con el deseo no colmado y el deseo colmado. El cumplimiento puede seguir al deseo, pero no será el cumplimiento que nos energiza y nos da una mayor fuerza interna para hacer las cosas correctas. Al contrario, solamente destruirá la pequeña aspiración que ya tenemos.

El apego no disminuye con la edad. Únicamente a través de la aspiración podemos conquistar el apego. A fin de estar libres del apego, hemos de pasar por varias etapas. Tenemos que estudiar las escrituras y los libros religiosos y espirituales. Tenemos que asociarnos con aspirantes espirituales que han estudiado estos libros y ahora están implorando la verdadera luz, o con aquellos que ya han logrado algo de luz, ya sea insignificante o considerable, en su vida de aspiración. Tenemos que ver y sentir que en el mundo ordinario la tentación está a todo nuestro alrededor, que en cada momento podemos caer víctimas de ella, y que debemos luchar valientemente contra ella. Debemos apartar nuestra mente de la conciencia física y las demandas corpóreas. Tenemos que entrar en el mundo de la conciencia expandida. Tenemos que sentir la necesidad de alcanzar la Meta divina. Tenemos que seguir la guía de nuestro Piloto Interno, que es Dios, ya sea bajo la forma de un Maestro que ha realizado a Dios o en Su propia Forma no encarnada.

To love those who love us is to do the right thing. To love those who do not love us is to do the nice thing. To love God who always loves us is to do the wise thing. When we do the right thing, we are free. When we do the nice thing, we are safe. When we do the wise thing, we are fulfilled.

Amar a quienes nos aman es hacer lo correcto.
Amar a quienes no nos aman es hacer lo bueno.
Amar a Dios, que nos ama siempre, es hacer lo sabio.

Cuando hacemos lo correcto, estamos libres.
Cuando hacemos lo bueno, estamos a salvo.
Cuando hacemos lo sabio, estamos colmados.

Perfección

Universidad de Ottawa, Ottawa, Canada
8 de octubre de 1970

La perfección es lo que he heredado de Dios en mi vida interna. La transformación es lo que he heredado de Dios en mi vida externa.

¿Qué es la perfección? La perfección es la realización. La perfección es la manifestación. La perfección en el mundo interno significa realización. La perfección en el mundo externo significa manifestación. Un buscador es una fusión de individualidad y personalidad. Cuando un buscador lleva su abnegada individualidad hasta la más elevada Visión de la Realidad y ofrece su todo-amorosa personalidad al Más Allá Absoluto, alcanza la perfección en el mundo de la Eternidad del Infinito.

Algunas personas dicen que la perfección no existe ni en el Cielo ni en la tierra. Yo no puedo estar completamente de acuerdo con ellas. La perfección existe tanto en el Cielo como en la tierra. El llanto mismo de la tierra es la perfección. La sonrisa misma del Cielo es la perfección. El profundo llanto de la tierra y la resplandeciente sonrisa del Cielo deben ir juntos. Sólo entonces amanecerá la satisfacción en el Rostro de Dios. Dios puede tener satisfacción sólo cuando el llanto de la tierra y la sonrisa del Cielo corran juntos. Cuando la tierra llora no debemos pensar que la tierra es inferior al Cielo, y cuando el Cielo sonríe no debemos pensar que el Cielo es superior a la tierra. No, no es así. Es Dios, el hombre en crecimiento, quien llora en y a través de la tierra para realizar todo lo que puede finalmente ser. Y es nuevamente Dios, el hombre colmado, quien sonríe en y a través del Cielo al realizar lo que ya es.

La perfección es un imposible: eso el día de hoy nos dice. Pero el mañana nos dirá que la perfección es inevitable. Siempre hay un lapso de tiempo entre la plantación de la semilla y la cosecha. En la vida espiritual la semilla es la aspiración y la cosecha es la realización. Sin aspiración, nunca puede despuntar la realización. ¿Qué es la aspiración? ¿Es algo que ya tenemos o es algo que vamos a tener? Es ambas cosas. Si decimos que tenemos aspiración es correcto, porque pensamos en Dios y meditamos en Dios algunas veces. Si decimos que aún no tenemos aspiración pero que algún día la vamos a tener, también es correcto porque nuestro amor a Dios no es espontáneo ni constante. Cuando nos sentamos a los pies de la Eternidad comprendemos que la aspiración va a ir seguida por la realización. Y tras haber hecho amistad con el Tiempo eterno, llegamos a comprender que la realización estaba siempre ahí, oculta dentro de nuestra aspiración.

¿Cómo es que todavía somos imperfectos? Somos imperfectos precisamente porque no clamamos conscientemente por la perfección en nosotros mismos. Exigimos, o al menos esperamos, infinitamente más perfección en los demás que en nosotros mismos. Él y ella son imperfectos, y yo estoy tratando de perfeccionarlos, decimos. Pero ¿no es absurdo por mi parte criticar y tratar de perfeccionar a otros cuando yo mismo soy imperfecto? En esto cometemos una equivocación monumental. Si somos lo bastante sinceros, nos daremos cuenta de que pasamos demasiado tiempo pensando en los demás. Es bueno pensar en los demás, pero no con nuestra mente crítica, envidiosa, oscura. Si pensamos en los demás con la luz de nuestra alma, la unidad de nuestra alma, automáticamente estamos corriendo hacia la perfección.

Pensemos en perfeccionarnos a nosotros mismos, y mientras pensamos en nosotros mismos incluyamos al universo entero, o encarnemos al universo entero en nosotros mismos. Entonces no tenemos que pensar acerca de cada individuo sobre la tierra, puesto que todos están dentro de nosotros. Cuando medito, mi cuerpo entero medita conmigo. No tengo que pensar en mis órganos internos; estos son una parte de mí, son uno conmigo, meditando y aspirando conmigo. De modo similar, durante nuestra concentración, meditación y contemplación, si podemos sentir que el universo entero está dentro de nosotros y que nosotros estamos corriendo hacia nuestra Meta, entonces el universo en su totalidad correrá con nosotros.

Todos somos aspirantes, buscadores de la Verdad, la Luz y la Dicha infinitas. Si nosotros no logramos la perfección en nuestra vida interna y externa, ¿quién más puede lograrla? Somos nosotros, los buscadores de lo Infinito, quienes tenemos que encarnar, realizar, revelar y manifestar la perfección. En cada momento de nuestra existencia terrenal, en el tiempo efímero y en el Tiempo eterno, tenemos que encarnar el mensaje de la perfección. Si sentimos que el Tiempo eterno está en otra parte, y que sólo el tiempo efímero está a nuestra disposición, nos estamos equivocando. Si vivimos en la conciencia del cuerpo, estamos haciendo amistad con el tiempo efímero. Si vivimos en la conciencia del alma, estamos haciendo amistad con el Tiempo eterno. Puesto que estamos en el cuerpo, tratemos de hacer que la altísima perfección de Arriba descienda al cuerpo. Si podemos vivir en el alma aun cuando estamos en el cuerpo, podemos revelar al mundo en general nuestra perfección ya lograda. Perfección significa unidad viva, espontánea, constante con el Piloto Interno. Si tenemos libre acceso a la vida interna, entonces la perfección es nuestra alma misma y, al mismo tiempo, nuestra única Meta.

Mi regalo imperfecto a Dios es el ayer, la experiencia de ayer. El regalo perfecto de Dios para mí es el hoy, la realización de hoy.

Inspiración, aspiración y realización

McGill University, Montreal, Canada
9 de octubre de 1970

¿Qué queremos decir con inspiración, aspiración y realización? La inspiración es el comienzo de nuestra travesía espiritual; la aspiración es el medio de nuestra travesía espiritual; y la realización es el final de nuestra travesía espiritual. Cuando estamos inspirados, deseamos ver el Rostro de Dios. Cuando aspiramos, nos esforzamos y llegamos finalmente a ver el Rostro de Dios. Cuando realizamos, no convertimos en la imagen misma de Dios.

«¡Levanta, despierta! El sendero es arduo.» Así lo aprendemos de los sabios, y tenemos que seguir los pasos de los sabios. El sendero de la espiritualidad no es un lecho de rosas. Pero tampoco es una niebla quimérica. Las Riberas Doradas del Más Allá no son una mera promesa. La cúspide de la aspiración humana está destinada a alcanzarse en las Doradas Riberas del Más Allá.

«¡Levanta, despierta!» No nos debemos detener en este punto. Tenemos que caminar, marchar, correr, bucear y volar. En el momento en que despertamos de nuestro letargo de ignorancia, vemos y sentimos la necesidad de Dios en nuestra vida humana, en nuestra vida externa e interna. Cuando despertamos vemos que no sólo necesitamos a Dios, sino que Dios también nos necesita. ¿Por qué? Nosotros necesitamos a Dios para realizar lo más elevado en nosotros, la Altura Trascendental última. Dios nos necesita para Su Auto-Manifestación aquí en la tierra, Su Manifestación en nosotros y a través de nosotros. Cuando caminamos por el sendero de la espiritualidad, vemos que Dios ya está dentro de nosotros. Cuando marchamos, vemos a Dios marchando a nuestro lado. Cuando corremos, vemos que Dios está corriendo en nosotros y a través de nosotros. Cuando buceamos profundo en nuestro interior, vemos el tesoro inigualable esperándonos. Cuando volamos, vemos que estamos volando en el firmamento de la Paz, la Luz y la Dicha infinita del Más Allá.

Cuando uno anda por el sendero de la espiritualidad, su inspiración es la vida de despertar que uno se ofrece a sí mismo. Cuando aspira, su aspiración es la vida iluminadora que uno se ofrece a sí mismo. Y cuando se convierte en una persona realizada, ofrece la Vida Divina, la Vida de la Inmortalidad, a su vida despierta e iluminada.

¿Por qué necesitamos inspiración? ¿No podemos conseguir inmediatamente la realización sin pasar primero por la inspiración? Tomemos un ejemplo. Un artista crea una pintura. Pero si no está inspirado su creación no tendrá profundidad, no tendrá significación alguna. Será una creación mecánica; carecerá de vida. En virtud de su inspiración, el artista da vida a su trabajo. Cuando la gente ve y aprecia ese trabajo, su apreciación toma la forma de un ofrecimiento de sus propias vidas. El arte obtiene nueva vida de sus admiradores. Y cuando un Maestro espiritual mira el cuadro, le ofrece vida divina. De modo que primero vemos la creación del artista, luego la creación de los admiradores y finalmente vemos la creación del Maestro, el cual ofrece vida divina al cuadro.

En la vida espiritual todo el mundo quiere realizar a Dios. Pero cuando se trata de aspiración, dedicación, renunciación y entrega a la Voluntad del Piloto Interno, muy pocas personas están preparadas para someterse a la disciplina espiritual. Todo el mundo quiere realizar a Dios de un día para otro; todos quieren llegar a ser el preceptor o el Guru más elevado posible sin pasar por la disciplina espiritual de la inspiración y la aspiración.

Es así: Un buscador acude a una institución espiritual. El encargado de la institución le pregunta: «¿Qué quiere usted?» El buscador dice: «Quiero unirme a su grupo. Por favor, deme algún trabajo.» El encargado de la institución dice: «Sólo hay dos tipos de trabajo disponibles aquí. Tiene que desempeñar el papel de discípulo, o bien tiene que desempeñar el papel de Maestro. Tiene que escuchar al Guru, o bien tiene que ser usted el Guru y hacer que los demás le escuchen.» El buscador dice inmediatamente: «Por favor, quiero hacer el papel de Guru.» Esto es lo que ocurre de hecho en la vida espiritual. Muy a menudo, cuando un buscador acude al Maestro, inconscientemente piensa que él también puede ser un Maestro de la noche a la mañana. Pero quisiera decir que no es posible llegar a ser un gigante espiritual, lograr el autodescubrimiento o realizar a Dios de un día para otro. Requiere su tiempo. Aquí la mayoría de ustedes son estudiantes. Saben cuántos años hacen falta para conseguir su licenciatura —quince o veinte años de estudios. Adquirir el conocimiento espiritual exige también muchos años de estudio. Este estudio ha de ser abordado antes de llegar a ser un Maestro espiritual.

Todos estamos viviendo en el mundo de la dualidad, la multiplicidad y la variedad. Cuando aspiramos a elevar nuestra conciencia hacia lo Altísimo, el deseo ladrón nos roba. Se lleva nuestra aspiración psíquica, nuestra devoción pura hacia Dios, nuestra voluntad entregada, la cual ofrecemos a la Voluntad Todopoderosa. Cristo dijo: «A menos que una persona nazca de nuevo, no podrá ver el Reino de Dios.» ¿Qué quiso decir con esto? Él quiso decir que la vida de deseo ha de dar paso a la vida de aspiración. Si la vida de aspiración no sale a la superficie, nunca puede amanecer una nueva vida, una vida superior. El Reino de Dios puede ser establecido sólo cuando encendemos la llama de la aspiración en lo profundo de nosotros.

Hay dos palabras en Sánscrito: abhyasa y tyaga. Abhyasa significa práctica y tyaga significa renunciación. Cada día tenemos que practicar la vida interna, la vida de renunciación. Cuando practicamos la meditación por quince minutos, Dios practica la Compasión. Nosotros Le ofrecemos el llanto profundo de nuestro corazón y Él a Su propia Manera nos ofrece Su Compasión sin límites, infinita. Ahora ¿a qué vamos a renunciar? ¿Al mundo? ¿A la sociedad? ¿A la familia? ¡No! Vamos a renunciar a nuestras imperfecciones, ataduras y a nuestra muerte. Cuando profundizamos en nuestro interior, vemos que en realidad no renunciamos a estas cualidades negativas nuestras, sino que más bien las transformamos. Si la imperfección se cierne sobre nuestra vida, tratamos de perfeccionar nuestra imperfección con nuestra conciencia de la luz. Si advertimos ataduras en nuestro interior, tratamos de transformar nuestra atadura en libertad. Si la muerte está llamando constantemente a nuestra puerta, tratamos de transformar la muerte en Inmortalidad.

¿Qué es la realización? Cuando empleamos el término «realización» en nuestra vida espiritual, la gente a menudo se confunde. Sienten que una persona realizada es totalmente diferente de una persona ordinaria y que se comporta de una manera muy inusual. Pero quisiera decir que una persona realizada no necesita, ni debería, comportarse de una manera inusual. ¿Qué es lo que ha realizado? La Verdad última en Dios. ¿Y quién es Dios? Dios es alguien o algo absolutamente natural.

Cuando una persona realiza la Verdad más elevada, procura ofrecer la Verdad más elevada a la humanidad en general. A menudo, personas no realizadas o personas no espirituales piensan que una persona realizada, si realmente lo es, tiene que hacer milagros en cada momento. Pero los milagros y la realización de Dios no necesitan y no deberían ir juntos. Cuando estás ante un Maestro espiritual, lo que deberías esperar ver es Paz, Luz, Dicha y Poder divino. ¿Dónde guarda su poder una persona realizada? No en sus brazos o piernas, o en su cabeza, sino en los más profundos rincones de su corazón. Si entras en él, estás destinado a sentir Paz infinita, Luz infinita y Dicha infinita. Pero si esperas alguna otra cosa de un alma realizada, si vas a un Maestro espiritual pensando que porque él ha realizado lo más elevado puede colmar tus abundantes deseos, hacerte multimillonario o darte el éxito inmediato en tu vida externa, te equivocas completamente. Esta es la clase de cosas que él no hace. Si es la Voluntad del Supremo, el Maestro puede hacer descender prosperidad material en medida abundante, pero este no es el papel de un Maestro espiritual. Lo que se puede esperar de un Maestro y de la realización de un Maestro es Paz, Luz y Dicha.

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