Cantos del alma

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Cantos del alma

El hombre inmortalizado

Para perfeccionar nuestra vida humana, lo que más necesitamos, con diferencia, es el deleite de nuestra alma. Cuando vivimos en el físico, las innumerables nubes del deseo son naturales, necesarias e inevitables. Cuando vivimos en el alma, las llamas siempre ascendentes de la aspiración son naturales, necesarias e inevitables.

Cuando vivimos en el alma, cultivamos espontáneamente a Dios. Su Paz, Su Dicha y Su Poder se vuelven nuestros, absolutamente nuestros. Crecemos en nuestra perfección espiritual. Esta perfección es al mismo tiempo nuestra herencia divina en un cuerpo humano y nuestro derecho innato sobrenatural en el suelo terrenal.

Lo humano en nosotros debe vivir bajo las alas protectoras del alma. Lo divino en nosotros debe volar y volar en el Más Allá con las alas desplegadas del alma. Lo humano en nosotros tarde o temprano necesita sin falta la transformación. Lo divino en nosotros tarde o temprano necesita sin falta la manifestación.

Lo esperamos todo de Dios. Esto es sumamente bueno y perfectamente razonable pues, ¿quién más puede colmarnos, tanto en el Cielo como en la tierra? Dios es nuestro rostro adentro; Dios es nuestra sonrisa afuera.

Dios lo determina todo en nosotros, a través de nosotros y para nosotros. Es totalmente incondicional e infinitamente abnegado. A Él servimos. Nuestro servicio dedicado Lo deja al descubierto.

El logro del hombre es un milagro supremamente inigualable.

El logro de Dios es el casamiento de Su Infinito con Su finito.

¡He aquí! Dios al descubierto, el hombre inmortalizado.

Voluntad

Voluntad soy yo mismo. Voluntad es mi Ser. Mi voluntad es absolutamente de Dios y solo de Dios.

Según es mi voluntad interna, en el campo de la realización, así es mi vida externa, en el campo de la manifestación.

Para la duda de mi mente, nada es real. Para la voluntad de mi corazón, todo es real. Conquistar mis dudas es crecer dentro del respirar de mi voluntad.

No temo a mis emociones y frustraciones. Mis emociones y frustraciones viven en mi voluntad entregada a Dios y siempre se regocijarán en Su diamantina Voluntad.

Cuando mi voluntad interna energiza mi existencia externa, todos mis imponderables infortunios y penosas angustias se desvanecen como humo en el aire.

La duda quiere marchitar mi mente.
El miedo quiere aniquilar mi corazón.
La ignorancia quiere velar mi alma.

La aspiración quiere iluminar mi vida.
La entrega quiere completar mi vida.
La voluntad quiere inmortalizar mi vida.

Mi voluntad terrenal tiene siempre un principio y un fin. Mi voluntad Celestial no tiene principio ni fin. Siempre ha sido y siempre será la misma. Mi voluntad es la Morada de la Verdad en la Eternidad, construida sobre la roca de la Visión-en-la-Realidad de Dios y la Realidad-en-la-Visión de Dios.

Mi alma

Oh alma, soy tu cuerpo. Tengo treinta y seis años hoy. Deseo aprender de ti.

“Haz el bien”.

Oh alma, soy tu ser vital. Tengo diecinueve años. Quiero aprender de ti.

“Sé bueno”.

Oh alma, soy tu mente. Tengo sesenta años. Necesito aprender de ti.

“Ve el bien”.

Oh alma, soy tu corazón. Tengo cuatro años. Por favor, dime el secreto.

“Permanece bueno”.

Oh alma, tu cuerpo otra vez. ¿Qué haces con tu amor ilimitado?

“Distribuyo mi amor ilimitado a horizontes constantemente expansivos”.

Oh alma, tu vital otra vez. ¿Qué haces con tu paz infinita?

“Alimento las muy abundantes inmensidades del pasado, el presente y el futuro con mi paz infinita”.

Oh alma, tu mente otra vez. ¿Qué haces con tu visión del siempre trascendente Más Allá?

“Recubro el nido dorado de la Infinitud de mi Realidad con mi visión del siempre trascendente Más Allá”.

Oh alma, una vez más tu corazón. Dime, por favor, tu secreto absoluto.

“Vivo para el Supremo y solo para el Supremo. Este es mi secreto absoluto”.

Mi cuerpo

Oh cuerpo mío, eres un regalo del Supremo. Un potencial inagotable posees en tu interior. Malentenderte significa malentender al instrumento elegido por Dios.

Tú no quieres, no debes, ni puedes, conquistar lo largo y ancho del mundo con tu fuerza física. Ofrece tu corazón creciente a los corazones lejanos y cercanos. Ofrece tu alma radiante a las almas a tu alrededor, arriba y abajo. Solo así devienes el conquistador y poseedor del universo entero de Dios.

Oh cuerpo mío, invoca siempre a tu alma para que te guíe. ¡Invócala! Nunca te azotará la monotonía de una vida pobre en acontecimientos. Con la velocidad del rayo, tuya será la marcha incesante… arriba hacia lo más alto, adentro hacia lo más Profundo, adelante hacia lo más lejano.

¡Canta, canta la canción del Gozo en la Inmortalidad! ¡Respira, respira el hálito de la Conciencia en la Inmortalidad! ¡Vive, vive la vida de la Existencia en la Inmortalidad!

¿Muerte? Tú no debes morir. Porque tu muerte será una gran pérdida para la humanidad y, con gran diferencia, una mayor pérdida para la Divinidad. Lucha, oh cuerpo mío, lucha con la ignorancia hasta el más amargo final. Jamás permitas que la ignorancia te envuelva, tu capa externa. Tus tremendos esfuerzos se verán coronados por el éxito.

Oh cuerpo mío, viaja próspero por la Eternidad. Que cada uno de tus años terrenales contenga un trillón de años colmadores.

Dios el Soñador Eterno está soñando a través de ti, contigo. Dios la Realidad Eterna está viviendo para ti, contigo y en ti.

Mi vital

Oh vital mío, mi primera elección recae sobre ti. Sin tu dinámico y estupendo impulso interno, nada puede ser encarnado, nada puede ser revelado aquí en la tierra.

Oh vital mío, cuando caes dormido profundamente, la imperecedera frustración de mi mente se apodera de mi existencia externa; la entrega impotente de mi cuerpo al Príncipe de las Tinieblas envenena mi existencia interna.

La imaginación más poderosa del hombre no logra sondear tu profundidad. La sabiduría más aventurada y brillante del hombre no consigue determinar tu extensión.

Tuyo es el coraje indomable que mana de la fuente de la emoción ilimitada. No aniquiles tu emoción, ¡nunca! Cuando la emoción se aniquila en el interior, la plenitud hambrea en el exterior. Cuando la emoción es divinamente alimentada en el interior, Dios el Eterno Deleite es revelado en el exterior.

Oh vital mío, tú no conoces mañana alguno. Quieres nacer, quieres crecer y colmarte en la inmediatez de Hoy. Con las Bendiciones infinitas del Supremo, marchas adelante por la senda del florecer de la Infinitud, el resplandor de la Eternidad y el lustre de la Inmortalidad.

Tu vida es verde, el verde siempre-aspirante y siempre-creciente. Tu aliento es azul, el azul siempre-envolvente y siempre-transformador.

Oh vital mío, en ti está la Esperanza radiante de la humanidad. Contigo está el reverberante clarín de la divinidad.

Mi mente

Oh mente mía, ninguna cadena terrestre puede atarte. Siempre estás en vuelo. Ningún pensamiento humano puede controlarte. Siempre estás en movimiento.

Oh mente mía, para ti es difícil creer en la plenitud constante de mi alma. Y para mí es difícil creer que estés condenada a ser una eterna víctima de las venenosas dudas. ¡Vaya! Has olvidado. Has olvidado el secreto dorado: que “Permanecer en la habitación del silencio es abrir la puerta de la plenitud”.

Oh mente mía, enormes son tus responsabilidades. Tienes que satisfacer a tus superiores: el corazón y el alma. Solo con tu más cálida admiración podrás conquistar al corazón. Solo con tu más profunda fe podrás conquistar al alma. Tienes que satisfacer también a tus subordinados: el cuerpo y el vital. Solo con tu interés puro podrás hacer sonreír al cuerpo. Solo con tu estímulo genuino podrás ayudar al vital a correr inequívoco hacia el bien y no hacia el placer.

Oh mente mía, te necesito desesperadamente, ya sea para permanecer en ti o para ir más allá de ti. Tú ves, y así proteges lo físico en mí. Tú sirves, y así revelas lo espiritual más allá de mí.

Oh mente mía, desecha la árida razón que tanto tiempo has atesorado. Dale la cordial bienvenida a la fe siempre-virgen. Posee la espada desenvainada de la conciencia. Estás destinada a escalar muy por encima de las tempestades del miedo. No te quedes más en las lúgubres sombras de la muerte creadas por ti misma. Viste las doradas ropas de la sencillez, la sinceridad y la pureza. No dejes que los vendavales de la incredulidad extingan la llama ascendente en tu interior. Tuya es la flecha de la concentración. Tuya es la tierra de la intuición iluminadora. Tuya es la paz sin horizontes.

¡Contempla al Supremo! Él te corona, oh mente mía, con los laureles de Su infinita Magnanimidad.

Mi corazón

Oh corazón mío, estoy divinamente orgulloso de ti. ¡Tú no sufres la vergonzosa y desvergonzada enfermedad de la preocupación! ¡Nunca bebes el mortal veneno de la duda! Nada puede ser más simple que tus puros anhelos. Nada puede ser más espontáneo que tus resplandecientes sentimientos. Nada puede ser más colmador que tu amor desinteresado. Nada tiene un acceso más inmediato al Supremo que tu hondísimo llanto.

Oh corazón mío, tu día celestial dentro de un día terrenal es para realizar a Dios. Tu minuto inmortalizador dentro de un minuto fugaz es para encarnar a Dios. Tu segundo revelador dentro de un segundo efímero es para manifestar a Dios.

Oh corazón mío, los otros miembros de la familia están temerosos de Dios. ¡Tú jamás! Su persistente temor sin luz es una persistente parálisis sin vida. Durante el viaje de la vida, los otros hacen su propia elección. Dios hace la elección por ti. Ellos quieren salvar a la humanidad con la oscurísima noche de su ego. Tú deseas servir a la humanidad con el brillantísimo día de tu dedicación. Su victoria es la victoria sobre la humanidad. Tu victoria es la victoria sobre ti mismo.

Oh corazón mío, oh mi corazón, tú eres el barco de mi vida. Tú navegas los mares inexplorados de la ignorancia y alcanzas la ribera dorada del Más Allá.

No estoy solo, oh corazón mío, estoy con tu aspiración que vuela alto. Tú no estás solo. En ti y para ti está el aliento sin reservas de mi vida.

Tuya es la voluntad firme y la fe inagotable en el Supremo. Cada pétalo del radiante loto que hay en lo profundo de ti, está bañado perpetuamente en los rayos de néctar del Deleite Trascendental.

Oh dulce, más dulce, dulcísimo corazón mío, no solo eres de Dios. Dios es también tuyo.

El hombre y Dios

El hombre olvida. Dios perdona. El hombre olvida la Verdad de Dios. Dios perdona la ignorancia del hombre.

El hombre se eleva. Dios crece. El hombre se eleva en Dios. Dios crece en el hombre.

El hombre ama el amor; porque no lo tiene. Dios ama el amor; porque Él es todo Amor.

El hombre aspira. Dios inspira. El hombre aspira. He aquí que Dios desciende. Dios inspira. He aquí que el hombre asciende.

El hombre llora. La Compasión de Dios vuela para tocar el corazón del hombre. Dios llora. El hombre da el mensaje: “Es demasiado pronto. Espera, tienes que esperar”.

El hombre siempre se retrasa para rezar y aceptar. Dios nunca se retrasa para escuchar y conceder. Para conversar con Dios, el hombre tiene su meditación silenciosa. Dios tiene Su Gozo iluminador para conversar con el hombre. Para comunicar con Dios, el hombre tiene su meditación silenciosa. Dios tiene Su Paz urgente para comunicar con el hombre.

La Libertad absoluta no es una conquista humana. Es una bendición de Dios. El oscurísimo cautiverio no es un logro divino. Es una ofrenda del hombre.

El hombre quiere conocerse y liberarse. Dios quiere revelarse y manifestarse. El hombre quiere descubrir el Cielo en el plano más elevado de la conciencia. Dios quiere destapar el Cielo aquí en la tierra y en ninguna otra parte.

Dios le da al hombre lo que tiene y lo que es –Amor, Paz, Dicha y Poder. El hombre le da a Dios lo que no tiene y lo que no es –¡promesa! ¡La promesa humana! ¡La promesa humana a Dios por Dios!

La guerra y la paz

El hombre inventa la guerra. El hombre descubre la paz. Él inventa la guerra desde afuera. Él descubre la paz desde adentro. El hombre produce la guerra. El hombre siembra la paz. La sonrisa de la guerra es una riada de sangre humana. La sonrisa de la paz es el amor, arriba y abajo.

La paz es la verdad completa que desea embelesar a la humanidad. La guerra es la falsedad total que quiere capturar a la humanidad. La paz comienza en el alma y termina en el corazón. La guerra comienza en la mente y termina en el cuerpo.

La guerra olvida la paz. La paz olvida la guerra. La guerra es la muerte de la vida humana. La paz es el nacimiento de la Vida Divina. Nuestras pasiones en el plano vital quieren la guerra. Nuestras emociones psíquicas desean la paz.

La guerra es clara futilidad en espantosa lanza de estupidez. La paz es infinitud fluyendo en resplandeciente eternidad.

El hombre busca la guerra cuando piensa que el mundo no es suyo. El hombre invita a la guerra cuando siente que puede conquistar el mundo. El hombre proclama la guerra cuando sueña que el mundo ya se ha rendido ante él.

El hombre busca la paz porque su existencia terrenal la necesita desesperadamente. El hombre da la cordial bienvenida a la paz porque siente que solo en la paz se halla su vida de logro y plenitud. El hombre esparce la paz porque quiere trascender la muerte.

Lo animal en el hombre hace la guerra contra la paz en el mundo externo, en el mundo de las ideas en conflicto. Lo divino en el hombre hace la guerra contra la ignorancia en el mundo interno, en el mundo de los ideales ascendentes.

Lo animal en el hombre quiere la guerra por la guerra misma, la guerra para devorar al mundo que está roncando. Lo divino en el hombre desea la paz por la paz misma, la paz para alimentar al mundo que está hambriento.

Mi orgullo humano y mi orgullo divino

Mi orgullo humano siente que puedo hacerlo todo. Mi orgullo divino, el orgullo que se ha rendido a la Voluntad de Dios, sabe que sólo puedo hacerlo todo cuando estoy inspirado, guiado y ayudado por el Supremo.

Mi orgullo humano quiere que el mundo me comprenda, que comprenda mi amor, mi ayuda y mi sacrificio. Mi orgullo divino, que es el sentimiento de unidad con todo en Dios, no desea que el mundo comprenda mis actividades desinteresadas. Siente que si Dios me comprende y conoce las razones de mi comportamiento, no puede haber una recompensa mayor.

Mi orgullo humano bebe el agua caliente de la vida… los sufrimientos, las luchas y las dudas –sin cuchara. El resultado es que me quemo cruelmente la lengua. Mi orgullo divino bebe la misma agua caliente, e incluso en mucha mayor cantidad, pero utiliza una cuchara para beber. Por eso no sufro. Esta cuchara es la de la liberación, liberada de los grilletes de la ignorancia.

Mi orgullo humano tiene miedo a decir y vergüenza de hacer muchas cosas. Mi orgullo divino no tiene miedo a decir nada ni está avergonzado de hacer nada, porque sabe que Dios es el Hacedor y la acción al mismo tiempo. ¿De quién voy a tener miedo? ¿De qué voy a estar avergonzado?

Mi orgullo humano aplasta a la humanidad con el poder adquirido por el hombre. Mi orgullo divino libera a la humanidad con el Poder otorgado por Dios.

Cuando digo que Dios me pertenece y que puedo utilizarlo a mi antojo, albergo mi orgullo humano. Pero cuando digo que soy de Dios, y que mi existencia misma está a Su instancia y a Sus Pies, abrigo el orgullo divino.

El mundo material le dice a mi orgullo humano: “Conseguiremos nuestro propósito, o fracasaremos y pereceremos”. El mundo espiritual le dice mi orgullo divino: “Juntos nos esforzaremos. Juntos triunfaremos”.

Mi silencio

Mi silencio sirve de puente entre el triunfo y el fracaso de mi vida. Mi silencio no magnifica mis defectos. Tampoco los pasa por alto. Mi silencio transforma mis defectos en fortaleza indomable.

Mi silencio es una llama ascendente que da calor a mi mundo de desesperanza. Mi silencio es mi luz interna. Ninguno de mis problemas puede rehusar una solución. Mi silencio es un desinteresado distribuidor de alegría hasta horizontes cada vez más amplios.

En mi silencio me convierto en una persona de carácter genuino, un prolífico escritor, un voraz lector, un amante divino, un profundo inspirador y un triunfante liberador.

En mi profundo silencio nunca me vuelvo una víctima de la ignorancia, la mayor calamidad que puede acontecer a cualquier ser humano. En mi silencio creciente, estoy convencido de que incluso como persona sobre esta tierra, podré alcanzar alturas trascendentales y divinas.

Solo mi silencio radiante puede acelerar mi marcha hacia Dios.

Mi silencio expandiéndose me hace ver, sentir y poseer la satisfacción, satisfacción pura y sin mezclas. Ya no tengo que soltar más diatribas de tenebroso desagrado.

En la actividad y en la vitalidad, orgullosa y erróneamente siento que tendré que cuidar del mundo entero. En el corazón del silencio, humilde e inequívocamente comprendo que es la divinidad en el interior del mundo la que ha cuidado, cuida y cuidará por siempre del mundo entero.

El silencio es mi petición incesante. El silencio es mi preparación sin reservas. El silencio es mi realización ilimitada. El silencio es la fuente insondable de mi vida aquí en la tierra, allá en el Cielo.

Lo que el Silencio de Dios es… es la Verdad eterna. Lo que el Silencio de Dios sirve es el Propósito eterno. En lo que el Silencio de Dios deviene es en la Plenitud inevitable.

Mi amor de luz

Mi amor de luz es mi voluntad espiritual. En su interior está el poder infinito. No dejo lugar al miedo en mi vida. Mi amor de luz es la Sonrisa de satisfacción de Dios. El supremo Amor de Dios se manifiesta en mí y a través de mí para transformar mis problemas humanos en oportunidades divinas.

Mi amor humano animal es mi experiencia forzada y mi posibilidad incierta. Mi amor humano divino es mi experiencia natural y la inevitabilidad cierta de mi vivir en el eterno Ahora.

Mi amor dice vibrante: “Dios es todo bendición”.

El Amor de Dios dice sonriente: “Mi niño es todo gratitud”.

El amor irradia la vida de armonía, aviva la alegría de la conciencia y agudiza la espada de la intuición. El amor está siempre dispuesto a atender cada demanda fervorosa del hombre. El amor conquista todo lo que es impropio de Dios. Es, ciertamente, supremo por encima todo.

El amor me da mi importancia en la Visión cósmica de Dios. Nadie me recuerda excepto mi amor. Mi único tesoro es el amor. El tesoro del amor es el Corazón de Dios.

El amor es la innegable veracidad de mi identidad como hijo de Dios, hijo elegido. El amor es la combinación única de la libertad del Cielo y la disciplina de la tierra. En la libertad del Cielo está la emancipación de la tierra. En la disciplina de la tierra está la manifestación del Cielo.

Ningún deseo nacido en el tiempo puede arrebatar mi amor de luz. Mi amor de luz vuela más allá de la expandida red de la muerte. Mío es el amor que tiene el origen sin nacimiento y el final sin muerte.

Auto-sacrificio

El ser humano posee muchas cualidades divinas. Pero nunca ha habido ni podrá haber otra cualidad divina tan inigualable como el auto-sacrificio del hombre. El fervoroso Mensaje del propio Dios a la humanidad en todos los ámbitos de la vida es el auto-sacrificio. El brillantísimo auto-sacrificio puede aliviar y disminuir fácilmente las más oscuras pruebas y tensiones de la vida humana.

Quien es todo sacrificio jamás puede pasar por la vida como un fracasado. Suya es la victoria perpetua. Suya es la espontánea alegría interna. ¿Qué hay que sacrificar? El propio aliento de vida. ¿Cómo sacrificarlo? Con el sentimiento de unidad universal.

El auto-sacrificio dice ‘No’ a la invitación de la desesperanza. El auto-sacrificio dice ‘Sí’ a la invitación del deleite.

Dios me bendice secretamente desde el Cielo cuando deseo crecer en el sacrificio. Dios me bendice abiertamente en la tierra cuando mi existencia terrestre se vuelve todo sacrificio.

La elección del hombre es la alegría. La elección de la alegría es el sacrificio. La elección del sacrificio es nada. Esta nada es en verdad el despliegue de todo, y la plenitud del hombre y de Dios.

Un hombre sin sacrificio desea poseer el mundo con su poder más fuerte. Un hombre de sacrificio desea ser poseído por el mundo con su derecho de entrega total. Amar la vida es sacrificar nuestra divinidad interior. Sacrificar la vida es transformar nuestra humanidad exterior.

Cuando sacrifico mis posesiones materiales, veo a Dios viniendo hacia mí sonriente. Cuando sacrifico mis austeridades, veo a Dios marchando hacia mí dinámicamente. Cuando sacrifico mis logros espirituales, veo a Dios corriendo hacia mí velozmente.

Amor, devoción, entrega

El amor es acción. La devoción es práctica. La entrega es experiencia.

El amor es realización. La devoción es revelación. La entrega es manifestación.

El amor es el sentido de la vida. La devoción es el secreto de la vida. La entrega es la Meta de la vida.

En mi amor veo a Dios como la Madre. En mi devoción veo a Dios como el Padre. En mi entrega veo a Dios la Madre y a Dios el Padre juntos en un mismo cuerpo.

El amor sin devoción es absurdo. La devoción sin entrega es futilidad.

El amor con devoción fue el inicio de mi viaje. La devoción con entrega es el final de mi viaje.

Amo al Supremo porque he venido de Él. Tengo devoción al Supremo porque quiero regresar a Él. Me entrego al Supremo porque Él vive en mí y yo en Él.

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo en que recé a Dios para que me concediera todas las cosas que yo quería. Dios me oyó y me dio un llanto conmovedor.

Hubo un tiempo en que recé a Dios para que me concediera todo lo que yo necesitaba. Mi Dios me oyó y me dio una sonrisa conmovedora.

Hubo un tiempo en que recé a Dios solo por la Verdad. Él me oyó y me dio un abrazo conmovedor.

Hubo un tiempo en que recé a Dios, no por la Realización ni por la Liberación, no por la Infinitud ni por la Eternidad, sino por el Cumplimiento de Su propia Voluntad. Mi Dios me oyó y me dio Su Respirar.

Hubo un tiempo en que Dios quiso que yo fuese Su Deseo.

Toqué Sus Pies y llegué a serlo.

Hubo un tiempo en que Dios quiso que yo fuese Su Aspiración.

Toqué Su Corazón y llegué a serlo.

Hubo un tiempo en que Dios quiso que yo fuese Su Realización.

Toqué Su Alma y llegué a serlo.

Hubo un tiempo en que Dios quiso que yo no fuese otra cosa que la Realidad.

Toqué Su Barco de Sueño y llegué a serlo.

Mi aceptación y la aceptación de Dios

¡Fuera mi mente recelosa y vacilante! Mi implícita aceptación de Dios podrá hacerse cargo invariablemente de las abundantes necesidades de mi alma aspirante.

A Él he aceptado, a mi Dios, el Señor Supremo. Mi mundo nunca más puede caer. La tortura de mi viejo miedo de siglos está siendo ahora transformada en el embeleso de mi corazón. ¿Cómo? Precisamente en virtud de mi purísima aceptación de Dios.

Fui feliz porque Él implantó en mí Su Mensaje de Esperanza. Soy aún más feliz porque Él está moldeándome en Su propia Imagen. Seré la persona más feliz porque Él despertará en mí Su Eternidad, revelará a través de mí Su Infinitud y me colmará con Su Inmortalidad.

Perfecto no soy, ni mucho menos. Cometo monumentales desatinos día tras día. Pero mi dulce Señor no es severo ni implacable. Él no es una Justicia inflexible. Él es siempre todo Compasión.

Dios me ha aceptado. Y aún más. Ha asumido mi naturaleza humana para poder ser plenamente consciente de mis carencias y necesidades. Él está librándome del mundo estropeado por la ignorancia. Él está librándome de la vida eclipsada por la sombra de la muerte cruel.

Mi tierra está vinculada con Su Cielo por medio de mi entrega amorosa y Su Interés incondicional. Mediante mi esfuerzo personal, nunca puedo mejorarme a mí mismo; es como intentar enderezar la cola de un perro para siempre. He acudido a Dios tal y como soy. Sé que lo que no venza yo conscientemente, me vencerá despiadadamente. Pero mi Señor, por Su infinita Generosidad, dice que Él lo vencerá, la más salvaje ignorancia, en mí y por mí.

En mi aceptación de Dios tengo que abandonar todo lo que me separaría de Él. En Su aceptación de mí, Él me ha dado un mundo nuevo y Su Aliento entero.

La Voluntad de Dios y mi voluntad

Cuando la Voluntad de Dios es también la voluntad mía, no tengo que abandonar nada porque Él está con todo y en todo.

Cuando actúo contrario a la Voluntad de Dios, lastimo mi cuerpo, torturo mi vida y enjaulo al pájaro de mi alma. Cuando estoy en perfecta esclavitud de las venenosas dudas, mi voluntad queda vacía de la Voluntad de Dios. Cuando soy absolutamente obediente al carácter ineludible de la Verdad, me convierto en la Voluntad inexorable de Dios. Cuando vivo en la fe, la Voluntad de Dios transforma mis sueños terrenales en Visiones celestiales. Cuando vivo una vida de orgullosa auto-aserción, la Voluntad de Dios me olvida, la tierra me odia y el Cielo me aparta.

Yo rodeo al Supremo con los brazos de mi completa impotencia. Él me rodea con los brazos de Su Protección que todo lo ampara. Yo despilfarro Sus Bendiciones y Su Compasión. Él cultiva Su Esperanza en mí y alimenta Su Promesa para mí.

Mi voluntad es la apertura de mi corazón aspirante al Supremo. Medito, no porque quiera que sepa que medito en Él, sino porque quiero poder llegar a recibirle en medida infinita. Durante mi meditación, cuando nado en el mar del amor y la devoción, Él desciende hacia mí. Durante mi meditación, cuando el sol de sabiduría y paz amanece en mi interior, Él me eleva hacia Sí.

Yo rezo en silencio. Él escucha en secreto. La llama ascendente de mi corazón se eleva y alcanza el Trono de Su Compasión.

El Supremo jamás me pide que crea en Él antes de haberme dado evidencias, infinitamente más de las necesarias, sobre las que yo pueda fundar mi fe implícita. Si quiero dudar de Él, también me ha dado abundantes oportunidades para hacerlo. En verdad, aquí reside la magnanimidad de Su Luz de Compasión por mí.

Mi voluntad y la Voluntad de Dios. Cuando mi voluntad es aprobada por la Voluntad de Dios, mi corazón puro no tiene una constante dicha interna; pero cuando mi corazón obedece sin reservas y de todo corazón a la Voluntad de Dios, y yo la acepto como mi propia voluntad, la alegría infinita crece dentro de mi corazón y la alegría eterna fluye a través de mi corazón.

Mío y yo

Tengo infinitas ocasiones para acudir Dios. Tengo impensables posibilidades de acudir al Rey de la Ignorancia.

Cuando vivo en las realidades materiales, soy un ser humano natural. Cuando vivo en la realidad espiritual, soy un ser divino sobrenatural.

Poseo y soy poseído por un mundo en rápido movimiento. Aunque yo mismo soy un problema colosal, puedo resolver en medida considerable los incontables problemas del mundo. ¿Cómo? Sencillamente volviéndome un siervo fiel de la Voluntad de Dios y sometiendo mis expectativas a la guía y la seguridad de Dios.

Mi temor a Dios es un obstáculo en el camino para la paz de mi vida. Mi amor por Dios es un goce anticipado de la alegría de la creación cósmica de Dios.

Lograr mi Meta era difícil. Lo he hecho. Mantener mi Meta era más difícil. Lo estoy haciendo. Convertirme en mi Meta es lo más difícil. Lo haré, y lo haré con el llanto ascendente de mi corazón, con la luz indagadora de mi alma, con el silencio sublime de mi mente, con el dinamismo vigoroso de mi vital y, por último, con la entrega absoluta de mi cuerpo.

Le rezo a Dios para que transforme mi vida en un largo esfuerzo, exento de miedo y de ego, de manera que pueda derivar los más colmadores logros de las menos prometedoras situaciones.

Cada segundo es una puerta abierta a oportunidades inigualables. Déjame ser extenso en rendimiento celestial y breve en conversación terrenal.

No solo tengo un alma. Soy el alma. No soy el ego. Tampoco lo necesito. Quién no está conmigo en los esfuerzos de mi alma, está contra mí. Pero debo saber que mi Dios es también el suyo. Ningún compromiso, ninguna avenencia con la noche amenazadora y el día no-aspirante del mundo.

Paciencia

¿Qué es la paciencia? Es una virtud divina. Por desgracia, no solo estamos peligrosamente faltos de esta virtud divina sino que también la rechazamos de la manera más estúpida.

¿Qué es la paciencia? Es una certeza interna del amor sin reservas y la guía incondicional de Dios. La paciencia es el poder de Dios oculto en nosotros para aguantar las abundantes tempestades de la vida.

Si el fracaso tiene la fuerza para convertir tu vida en la amargura misma, la paciencia tiene la fuerza para convertir tu vida en la alegría más dulce. No te rindas al destino después de un solo fracaso. El fracaso, como mucho, precede al éxito. Pero una vez logrado el éxito, la confianza se vuelve tu nombre.

Ten paciencia en el cuerpo; podrás aceptar al mundo entero. Ten paciencia en el vital; podrás aguantar al mundo entero. Ten paciencia en la mente; no olvidarás ni perderás al mundo. Ten paciencia en el corazón; sentirás que el mundo no solo está contigo y en ti, sino que es para ti.

El tiempo es un ave volando. ¿Quieres capturar al ave y enjaularla? Tus sueños más preciados serán transformados en fecunda realidad si tan solo conoces el secreto de cultivar el árbol de la paciencia en tu corazón.

La paciencia es tu entrega sincera a la Voluntad de Dios. Esta entrega no es de ninguna manera la anulación del ser finito que ahora eres, sino una trascendencia total de tu existencia finita hacia el Ser infinito.

En silencio, la paciencia te dice: “Intenta vivir la vida interna. No solo verás y alcanzarás tu meta sino que además llegarás a convertirte en la Meta”.

La paciencia jamás te puede ser impuesta desde el exterior. Es tu propia riqueza, sabiduría, paz y victoria interna.

Alegría

La alegría es la luz interna que ilumina mi noche más oscura.

Cuando estoy alegre, Dios me alimenta y yo, alimento a Dios, solo cuando comparto mi alegría con los demás.

Cuando tengo alegría interna, siempre seré bendecido con abundancia de espontaneidad y creatividad.

Cuando miro arriba con alegría, tendré a Dios como patrono.

Cuando miro alrededor con alegría, tendré a Dios como supervisor.

Cuando miro adelante con Alegría, tendré a Dios como pagador.

La alegría es mi unidad dinámica con el Supremo. Puesto que mi alma es íntegramente una con el Supremo, ningún desafío es demasiado grande para mí. Absolutamente ninguno.

Mi alegría es mi fe establecida en el Supremo. A diferencia de otros que no tienen fe en el Supremo, yo no pienso o siento que estoy siempre equivocado, que soy siempre insignificante e inútil. Sin duda, quienes carecen de fe son víctimas de la frustración. Para ellos, la vida es un desierto estéril, Dios es una fantasía colosal, la muerte es un león rugiendo justo delante de ellos.

Antes que la alegría de mi corazón dirija una llamada a Dios, Su Gracia omnipotente responderá. Es verdaderamente cierto.

Intentar explicar la alegría es fallar siempre. Porque es dudosa. Intentar saborear la alegría es triunfar siempre. Porque es obvia.

La alegría es la paz personificada. La alegría es el poder revelado. La paz personificada es el aspecto masculino del Divino. El poder revelado es el aspecto femenino del Divino.

La alegría de mi corazón sondea lo más profundo. La alegría de mi mente alcanza lo más lejano. La alegría de mi alma consigue lo más alto.

Emoción

La emoción es un regalo de Dios. Ella llena nuestros días de pensamientos amorosos y hechos resplandecientes. Debido a nuestro pensar confuso, malempleamos la emoción. La emoción es la plenitud dinámica del cumplimiento.

La emoción nos dice que la siempre creciente energía de vida está circulando a través de nosotros constantemente, renovando y revitalizando nuestro ser interno. La emoción no solo endulza e intensifica nuestra vida, también despierta nuestra vida externa a la experiencia de la perfección en cada uno de los ámbitos de la manifestación.

En la emoción hay un impulso creativo. Este impulso es eterno. El impulso creativo ha de entrar finalmente en el ideal-Dios que es la Inmortalidad encarnada y la Perfección revelada.

La emoción tiene una percepción interna de la Unidad divina. El conocimiento intelectual ama en secreto a la emoción. El entendimiento mental ama en silencio a la emoción. La sabiduría del corazón ama a la emoción abiertamente y con toda el alma.

Debemos tratar de descubrir dentro de nosotros la más profunda hondura de la emoción, de manera que podamos convertirnos en los más amplios canales para la expresión divina de la Belleza, la Alegría, la Fuerza y la Verdad.

La emoción no es la confusión de la experiencia. Es la realidad que prospera en perfección.

Cuando la inspiración y la aspiración están apoyadas por nuestra emoción psíquica, entramos en contacto consciente con el Supremo. La Realidad perfecta prevalece entonces en y a través de nuestra existencia externa.

La emoción no es una víctima de la frustración. La emoción no es ninguna demostración. Es la espontánea alegría interna, por medio de la cual nos expresamos en el mundo en que vivimos.

La emoción psíquica es la fuente de la abundancia. Y con esta fuente entramos en el mundo del pensamiento revelador, la acción colmadora y la realización transformadora.

¿Es el mundo una ilusión?

El mundo no es una ilusión. La ilusión verdadera nunca puede ser comprensible, mientras que el mundo es fácilmente comprensible, cuando profundizamos y lo miramos con nuestro ojo interno. Es la ilusión lo irreal, no nuestro mundo.

Así como mi cuerpo es real, también lo es el Cuerpo de mi Dios, el mundo.

Nada surge de un vacío hueco. Dios ha proyectado el universo a partir de Su Existencia-Conciencia-Deleite. Él ha creado el mundo. Él ha devenido el mundo. Él quiere y Él deviene. Sonrientemente Él revela en el exterior lo que silenciosamente Él es en el interior.

Dios me dio pero yo lo he perdido

Dios me dio Alegría. Pero yo la he perdido. La he perdido porque entablé amistad consciente y cordial con el sufrimiento, sin Su aprobación.

Dios me dio Paz. Pero yo la he perdido. La he perdido porque he dado la bienvenida al inquieto caballo del vital para que me lleve a los mundos más allá. Esto también lo he hecho sin el permiso de Dios.

Dios me dio Amor, Su Amor lleno de alma. Pero yo lo he perdido. Lo he perdido porque, en mi completa estupidez, he descubierto y abrazado al amor humano para que sea el objetivo de mi vida. Este gran descubrimiento ha sido hecho por mí, solo por mí. Dios no ha sido invocado para participar en mi gran descubrimiento.

Dios me dio la Verdad, Su Verdad más elevada. Pero yo la he perdido. Se la he dado sin reservas, la Verdad de Dios, a la falsedad. ¡Ay de mí! Después de aceptar avarciosamente de mí la Verdad de Dios, la falsedad odia despiadadamente mi estupidez, mi desvalida ignorancia. Ahora estoy totalmente solo. Mi existencia no está ni en Dios ni en la falsedad, sino profundamente dentro de mi estrepitosa auto-aniquilación.

Mi oración

Mi oración solo puede sonreír dos veces. Una cuando aquieto mis sentidos externos; otra cuando abro el portal de mi alma.

Mi oración consiste en amar a Dios por Dios mismo. Mi oración es la destructora de los errores, nacidos y no-nacidos.

La realidad es determinada únicamente por una cosa: la oración –la oración en su personificación, la oración en su funcionamiento dinámico.

La oración es óptimamente expresada en mi vida cotidiana cuando mi oración ha devenido en una entrega espontánea y abnegada a la Voluntad de Dios.

La búsqueda es el precio del pasaje de avión en el ámbito de la espiritualidad. El esfuerzo es el pasaje. Cuando la búsqueda y el esfuerzo han desempeñado sus papeles respectivos, la entrega me conduce a mi asiento en el avión.

El Dorado no puede ocultarse de mí por más tiempo cuando mi oración genuina me capacita para ver a mi alma en la vida y a mi vida en el alma.

La oración en voz alta es a menudo una solemnidad que nos auto-satisface. La oración silenciosa en solitaria serenidad del ser, es el cumplimiento de la Eternidad.

La oración es lucha cuando quiero ser una mente que lo sabe todo. La oración es néctar cuando quiero ser una vida de dedicación total.

Dicen que la oración es la hija del sufrimiento. Pero yo digo que la oración es la madre del deleite.

Espiritualidad

Una persona sin espiritualidad es una lastimosa víctima de las circunstancias. Una persona con espiritualidad es la Sonrisa de victoria de Dios.

Un verdadero buscador no está acosado por la ansiedad. Su futuro reside en el presente. Sus momentos están unidos a la oportunidad constante. Su diccionario no alberga la palabra “aplazamiento”. Su oportunidad se transforma en realidad. Su realidad se transforma en viabilidad.

Igual que una planta no puede vivir sin sol ni aire, el buscador no puede vivir sin espiritualidad. La espiritualidad es su afán interno de lograr la Paz, la Luz y la Dicha absolutas. Cada buscador tiene un temperamento propio y particular, por lo que su modo de disciplina espiritual debe tener también su propio carácter único. La confusión y los conflictos se desencadenan cuando invito a los demás a entrar en mi camino o yo mismo entro en los caminos de los demás.

Hay personas que abrigan la idea de que la espiritualidad ya no está viva. Un verdadero buscador no puede compartir ese punto de vista. La espiritualidad no ha muerto ni puede morir jamás, puesto que Dios ha hecho la espiritualidad como la única necesidad de la humanidad para entrar en Su Eternidad, Su Infinitud y Su Inmortalidad. Y la misma espiritualidad es además la necesidad de Dios de entrar en la humanidad, en su severa esclavitud y salvaje ignorancia.

Espiritualidad y ciencia

La espiritualidad necesita a Dios. Tiene a Dios. La ciencia no tiene un Dios. Tampoco lo necesita.

Lo que resulta más gracioso es que la ciencia es constante y permanentemente puesta en tela de juicio por la ciencia misma. El descubrimiento científico de antaño palidece en la insignificancia ante el descubrimiento científico de hoy, mientras que la realización espiritual de Krishna, Buda o Cristo, resisten a la fuerza del desafío, externo o interno. Es cierto que la ciencia ofrece al hombre todas sus necesidades prácticas. Igualmente cierto es que la espiritualidad revela al hombre el sentido de su vida y el significado de su existencia en la tierra.

La ciencia condena al buscador, acusándolo de tener miedo a lo Desconocido. El buscador bendice la total estupidez de la ciencia y serenamente dice que no tiene ningún miedo a lo Desconocido. Precisamente él está enamorado de lo Desconocido y no puede evitar abrazar a lo Desconocido.

La ciencia depende del experimento externo. La espiritualidad depende de la exploración y la búsqueda interna. Un científico descubre el poder que muy a menudo amenaza incluso su propia vida. Un buscador espiritual descubre el poder que guía y moldea su vida hacia una vida de plenitud divina.

Ahora, ¿cuál debería ser la relación entre la ciencia y la espiritualidad? Debería ser una relación de mutua aceptación y verdadero entendimiento. Es una insensatez por nuestra parte esperar la misma verdad, el mismo conocimiento, el mismo poder por parte de ambas, ciencia y espiritualidad. No debemos hacerlo. Tampoco debemos establecer la misma meta para la ciencia que para la espiritualidad.

Escuchemos el mensaje de la Materia a través de la voz de la ciencia. Escuchemos el mensaje del Espíritu a través de la voz de la espiritualidad. Por último, no olvidemos que la espiritualidad es el alma y la ciencia es el cuerpo.

La Madre Tierra y su hijo

Oh Madre Tierra mía, mi utilidad ha terminado.

“Oh hijo mío, tu ignorancia ha terminado”.

Oh Madre Tierra mía, he entonado mi canto del cisne.

“Oh hijo mío, pero no has entonado la canción de Dios y mi canción”.

¿Cuales son vuestras canciones?

“Mi canción es la aspiración y la canción de Dios es la inspiración”.

“Si tú y yo cantamos la canción de la aspiración, Dios nos dará la bienvenida”.

“Si Dios y tú cantáis la canción de la inspiración, yo os daré la bienvenida”.

“Cuando os dé la cordial bienvenida a ti y a Dios, sé que tú me ofrecerás a tu Dios, tu Meta, y que de Dios te obtendré también a ti, Su Alma”.

“Cuando Dios nos de la cordial bienvenida a ti y a mí, yo Le daré el hálito de mi existencia y tú Le darás las llamas del alma de tu liberación”.

Flores del corazón

¿Qué está haciendo mi Dios?

¿Qué está haciendo mi Dios en el Cielo? Él está soñando.

¿Qué está haciendo mi Dios en la Tierra? Él se está esforzando.

En Su Sueño Él es Su Meta.

En Su Esfuerzo Él es Su Alma.

¿Qué está haciendo el Cielo? El Cielo está descendiendo con los Pies de Belleza de Dios.

¿Qué está haciendo la Tierra? La Tierra está ascendiendo con el Ojo de Pureza de Dios.

¿Qué está haciendo mi Dios para complacer al Cielo?

Él está bailando.

¿Qué está haciendo mi Dios para complacer a la Tierra?

Él está llorando.

¿Qué más está haciendo mi Dios?

Él está llevándome a la Cabeza de Su Cielo para mostrarme la personificación de Su más elevada Altura, la cual va a compartir conmigo sin condiciones. Él está llevándome al Corazón de Su Tierra para mostrarme la personificación de su más honda Profundidad, la cual va a compartir conmigo sin condiciones.

HERE (Aquí)

H — representa la humildad. Sin la humildad, mi espiritualidad es curiosidad, mi espiritualidad es futilidad.

E — representa la eternidad. Con la fe, mi espiritualidad es la riqueza de la eternidad, mi espiritualidad es el deleite de la eternidad.

R — representa la revelación. Sin devoción a la revelación de Dios mismo en mí, mi vida es un mutismo sin aliento, mi vida es la canción de la muerte.

E — representa la evolución. Con la luz de mi entrega soy la evolución siempre floreciente y expansiva de Dios. Me convierto en el abnegado eslabón entre Su Infinitud y Su Inmortalidad, me convierto en la Realidad de Su Visión y en la Visión de Su Realidad.

NOW (Ahora)

N — No

Debo decir necesariamente “No” a la llegada del deseo, “No” al abrazo del miedo, “No” al veneno de la duda, “No” al liderazgo de la ignorancia y “No” a la soberanía de la muerte.

O — Open (Abrir)

Debo abrirme necesariamente a la sonrisa del más remoto más allá, al amor del más profundo más allá y a las bendiciones del más elevado más allá.

W — Without and With (Sin y Con)

Sin el Sueño de Dios estuve. Con Su Sueño estoy ahora. Sin el Dios vivo, protector, transformador e inmortalizador, estuve. Este pasado mío está enterrado en el mutismo del olvido. Conmigo está AHORA la Emanación viva de Dios, Su Silencio protector, Su Voluntad transformadora y Su Deleite inmortalizador.

Dios es mi experiencia personal

Dios es mi experiencia personal. En Él está la confianza de mi vida. Conmigo está Su seguro en la vida y en la muerte y más allá del tiempo y del espacio. Vivo para Dios. Vivo para servirle con la entrega de mi corazón y la alegría de mi alma. Él vive para mí. Él vive para obsequiarme con Su Visión todo-trascendente, para transformar mi existencia en Su Realidad celestial.

Cuando miro arriba hacia los cielos, Él es inmutable. Cuando miro en el mundo, Él es todo cambiante. Miro hacia atrás, Él está velado. Miro hacia delante, Él es revelado. Cuando miro adentro, Él nunca es nuevo. Cuando miro afuera, Él nunca es viejo.

Yo recé

Recé a Dios por el Poder.
Él me dijo, “Tómalo y utilízalo”.

Recé a Dios por la Luz.
Él me dijo, “Tómala y espárcela”.

Recé a Dios por la Paz.
Él me dijo, “Tómala y descubre tu divinidad”.

Recé a Dios por el Deleite.
Él me dijo, “Tómalo y quédate en tu Fuente”.

Recé a Dios por el Amor.
Él me dijo, “Tómame; soy tuyo”.

Mi liberador y mi transformador

Para conocer la Verdad, tendré que ser consciente del Supremo. Para poseer la Verdad, tendré que permanecer con el Supremo. Para devenir en la Verdad, tendré que respirar el Aliento del Supremo.

¿Cómo puedo servir al Supremo? Practicando Su Pensamiento. ¿Cómo puedo revelar al Supremo? Practicando Su Voluntad. ¿Cómo puedo colmar al Supremo? Practicando Su Verdad.

La aspiración de mi alma llora por mi Supremo, el Liberador. El aliento de mi vida llora por mi Supremo, el Transformador.

He amado

He amado a la Humanidad. La Humanidad dice: “Ya no eres un extraño para mí”.

He amado a la Infinitud. La Infinitud dice: “Ya no estás atrapado por el espacio”.

He amado a la Eternidad. La Eternidad dice: “Ya no estarás atrapado por el tiempo”.

He amado a la Inmortalidad. La Inmortalidad dice: “Ya no podrá atarte la muerte”.

Finalmente, he amado a Dios. Dios dice: “Mi niño, a partir de ahora, Me has enlazado en tu abrazo divino. Has enlazado a la Inmortalidad, la Infinitud, la Eternidad y la Humanidad”.

Tu mejor instrumento

Mi Señor, ¿quién es Tu mejor instrumento?

¿Es aquel que piensa en Ti constantemente?

No, no es ese. Nunca.

¿Es aquel que Te ama de todo corazón?

No, no es ese. Nunca.

¿Es aquel que se consagra a Ti incesantemente?

No, no es ese. Nunca.

¿Es aquel que se entrega a Ti sin condiciones?

No, no es ese. Nunca.

Entonces, ¿quién es Tu mejor instrumento, mi Señor?

Mi mejor instrumento es el que Me ha descubierto como el esclavo Eternamente Perfecto de sus deseos de ayer, de sus aspiraciones de hoy y de sus realizaciones de mañana.

Quien piensa en Mí constantemente entra en Mi mundo de Voluntad diamantina.

Quien Me ama de todo corazón entra en Mi mundo de Paz transcendental.

Quien se consagra a Mí incesantemente entra en Mi mundo de Éxtasis insondable.

Quien se entrega a Mí sin condiciones entra en Mi mundo de Cumplimiento supremo.

Pero quien piensa en Mí como el esclavo Eternamente Perfecto de sus deseos de ayer, sus aspiraciones de hoy y sus realizaciones de mañana, entra en Mi mundo de Alma y Meta, que es igualmente suyo.

Si todo eso es cierto

La belleza me dice que soy feo.La pureza me dice que soy impuro. La sinceridad me dice que no soy sincero.

Le pregunto a mi dulce Señor si todo eso es cierto.

Mi Señor me dice: “¿Cómo puedes ser feo, hijo Mío, si Mi propia Luz es tu cuerpo? ¿Cómo puedes ser impuro, hijo Mío, si Mi Divinidad es el derecho innato de tu corazón? ¿Cómo puedes no ser sincero, hijo Mío, si Yo mismo utilizo tu alma para que hable a través de tu boca?”.

Otro Dios, otro hombre

Mi Dios, ¿qué edad tienes?

Te lo diré, hijo Mío. Pero primero dime que edad tienes tú.

Tengo solo un año.

Hijo Mío, si tienes un año, Yo soy un día más joven que tú y un día más viejo que tú; un día más joven que tú en imperfección y un día más viejo que tú en perfección. Dame la mitad de la imperfección que tú tienes y toma la mitad de la perfección que Yo tengo. Seamos completamente iguales.

¿Qué pasará, mi Señor, si Tú y yo llegamos a ser completamente iguales?

Hijo Mío, cuando los dos nos volvamos completamente iguales, tú serás conocido como otro Dios y Yo seré conocido como otro hombre.

Cuando me olvido, cuando me acuerdo

Cuando me olvido de pensar en Dios una vez, Él sonríe.

Cuando me olvido de pensar en Dios dos veces, Él ríe.

Cuando me olvido de pensar en Dios tres veces, Él llora.

Él sonríe amorosamente porque estoy desvalido.

Él ríe profundamente porque soy irremediable.

Él llora sinceramente porque soy un desvergonzado.

Cuando me acuerdo de pensar en Dios una vez, Él me bendice.

Cuando me acuerdo de pensar en Dios dos veces, Él me acaricia.

Cuando me acuerdo de pensar en Dios tres veces, Él me abraza.

Él me bendice en mi vida de aspiración.

Él me acaricia en mi vida de realización.

Él me abraza en mi vida de manifestación.

Cuando descubro a Dios

Cuando descubro a Dios en Él mismo, veo el Dios vivo, que crece y resplandece. Cuando descubro a Dios en mí mismo, veo el Dios hambriento, que duerme y llora. Cuando descubro a Dios en Él mismo, Él es la eterna Maravilla. Cuando descubro a Dios en mí mismo, Él es el Misterio eterno.

Descubro el Poder infinito de Dios y exclamo: “Dame Tu Poder infinito”. Dios me dice: “Tuyo es”.

Dios descubre mi debilidad ilimitada y exclama: “Dame tu debilidad ilimitada”. Yo Le digo: “No, es mi riqueza, absolutamente mía”.

Dios fracasa, yo triunfo. Dios fracasa en iluminarme. Yo triunfo en destruirme.

Yo busqué y Él atrapó

Yo busqué la guía de Dios.
Él atrapó mi temor.

Yo busqué la luz-Sabiduría de Dios.
Él atrapó mi noche-ignorancia.

Yo busqué la Verdad de Dios que lo ilumina todo.
Él atrapó mi Falsedad esparcida por todo.

Yo busqué a Dios para poseerlo.
Él me atrapó para entregarse a mí.

Yo busqué a Dios porque sin Él no puedo hacer nada.
Él me atrapó porque sin mí no quiere hacer nada.

Yo busqué a Dios, ahora estoy colmado.

Dios me atrapó.
Ahora Él es revelado.

Las horas de visita de Dios

Cuando veo a mi Dios en la razón, Él es la Justicia.

Cuando veo a mi Dios en la fe, Él es la Protección.

Cuando veo a mi Dios en el amor, Él es la Compasión.

Cuando veo a mi Dios en la voluntad, Él es la Visión.

Cuando veo a mi Dios en la alegría, Él es la Perfección.

Cuando veo a mi Dios en la verdad, Él es la Plenitud.

Mi respiración invoca a Dios vibrantemente; mi alma en silencio; mi corazón amorosamente; mi mente con vacilación; mi vital inconscientemente; y mi cuerpo temerosamente.

Hay dos horas elegidas por mi Dios para visitarme. Una, cuando mi vida fervorosa no se apresura; otra, cuando la llama ascendente de mi vida no descansa.

–¿Es mi Dios completo? ¿Es mi Dios perfecto? ¿Está mi Dios satisfecho?

Oh mi Dios, ¿eres completo?
No, no lo soy.

¿Por qué no eres completo?
Tal vez seas tú la causa.

Oh mi Dios, ¿eres perfecto?
No, no lo soy.

¿Por qué no eres perfecto?
Tal vez seas tú la causa.

Oh mi Dios, ¿estás satisfecho?
No, no lo estoy.

¿Por qué no estás satisfecho?
Tal vez seas tú la causa.

Mi Dios, eres un Dios muy listo.
Me echas a mí toda la culpa.
De acuerdo.
Lo acepto.
Ahora dime,
¿Cómo puedo completarte?
¿Cómo puedo perfeccionarte?
¿Cómo puedo satisfacerte?

Para completarme, Mi niño,
dame tu corazón de amor genuino.

Para perfeccionarme, Mi niño,
dame tu vida de ignorancia exánime.

Para satisfacerme, Mi niño,
dame tu alma de promesa divina.

–¿Es todo eso correcto?

El mundo me ama. Yo amo al mundo. Mi Señor nos ama a mí y al mundo. Le pregunto a mi dulce Señor si todo eso es correcto.

Mi Señor dice: “El mundo no te ama, Mi niño. El mundo sólo ama tu apreciación. Tú no amas al mundo, Mi niño. Tu sólo amas la admiración del mundo. Pero Yo os amo a ti y al mundo. Tú tienes la capacidad de apreciar. El mundo tiene la capacidad de admirar. Yo tengo la capacidad de perfeccionar. Perfeccionaré tu apreciación dirigiéndola hacia Mí. Perfeccionaré la admiración del mundo dirigiéndola hacia Mí. Tu débil apreciación divinizada por Mí será el florecer de tu verdadero amor por el mundo. La infructuosa admiración del mundo transformada por Mí será el florecer del verdadero amor del mundo por ti. En un futuro cercano, el mundo y tú os amaréis mutuamente como Yo os amo a los dos –sin reservas y sin condiciones”.

Tengo siete ojos

Tengo siete ojos. Mis dos ojos normales me dicen lo que debería ver a mi alrededor. El ojo entre mis cejas –y un poco por encima de estas– me dice que eso que veo en la región más elevada de la conciencia puedo finalmente llegar a serlo. El ojo en mi corazón me dice que la mera visión de la Verdad no es suficiente; tengo que sentir la Verdad como algo mío, y yo mismo tengo que sentirme suyo. Los ojos dentro de mis pies me dicen que ver es creer el pasado, mi pasado, mi carrera hacia atrás. El ojo en la corona de mi cabeza me dice que creer es ver el futuro, mi futuro, mi carrera hacia delante y mi Dorada Totalidad.

Mi humildad

Dios es mi superior, mi único superior. Soy humilde ante Él. Este es mi deber supremo. Los hijos de Dios son mis semejantes. Soy humilde ante ellos. Esta es mi necesidad más grande. El orgullo es mi inferior. Soy humilde ante el orgullo. Esta es mi más cierta seguridad.

Mi humildad no es negación de mí mismo. Mi humildad afirma en silencio lo que verdaderamente tengo en mi mundo externo y lo que ciertamente soy en mi mundo interno.

Mi humildad no es mi abstinencia de amor a mí mismo. Me amo. Realmente me amo. Me amo porque en mí respira orgullosa la más alta Divinidad.

El engreimiento me dice que puedo fácilmente destruir el mundo. La auto-explotación me dice que el mundo está a mis pies. Mi humildad me dice que no tengo ni la capacidad ni el deseo de destruir el mundo. Mi humildad me dice que el mundo y yo tenemos la capacidad verdadera y el deseo sincero de clamar por la perfección perfecta. Además mi humildad me dice que el mundo no está a mis pies, ni mucho menos. Yo llevo al mundo devotamente hacia su realización de sí mismo. El mundo me lleva amorosa y abiertamente hacia mi manifestación de mí mismo.

Cuando soy todo humildad, ni subestimo ni sobrestimo mi vida. Lo que hago es juzgar mi vida con exactitud, de la manera que mi Señor Supremo juzga mi vida.

La dueña de mi alma es la Divinidad.
La dueña de mi corazón es la sinceridad.
La dueña de mi mente es la claridad.
La dueña de mi vital es la capacidad.
La dueña de mi cuerpo es la pureza.

-¡Sé feliz!

¡Sé feliz!
Te convertirás en la mayor bendición de Dios, Su orgullo más alto.

¡Sé feliz!
El mundo de ayer quiere que disfrutes su aliento entregado.
El mundo de hoy quiere que disfrutes su aliento de entrega.
El mundo de mañana quiere que disfrutes su aliento colmador.

¡Sé feliz!
Sé feliz por la mañana con lo que tienes.
Sé feliz al atardecer con lo que eres.

¡Sé feliz!
No te quejes. ¿Quién se queja? El mendigo ciego en ti. Cuando te quejas, bailas en el lodazal de la condición de ignorancia. Cuando no te quejas, todas las condiciones del mundo están a tus pies y Dios te da un nuevo nombre: aspiración. La aspiración es la riqueza suprema en el mundo de la luz y el deleite.

¡Sé feliz!
¿Quieres nunca ser pobre? Entonces, sé feliz. ¿Quieres siempre ser grande? Entonces, sé feliz.

¡Sé feliz!
Conseguirás lo que más te gusta. Serás lo mejor que quieras.

¡Sé feliz!
Cuando eres feliz, Dios y tú disponéis el uno del otro.
Dios dispone de ti amorosamente. Tú dispones de Dios apresuradamente.
Cuando eres infeliz, las fuerzas hostiles disponen de ti despiadadamente, la duda dispone de ti abiertamente, la esclavitud dispone de ti triunfalmente y el miedo dispone de ti incondicionalmente.

¡Sé feliz!
Dios ve en ti Su Creación aspirante, Su Realización transformadora, Su Revelación iluminadora y Su Manifestación colmadora.

¡Sé feliz!
Dios ve otro Dios en ti. Dios te ve como otro Dios. Dios te ve a ti y a Él como Uno.

Ambición

Ambición. Si dejas de lado tu ambición estando aún en la vida no-aspirante, he aquí, te has convertido en una oveja descerebrada.

Ambición. Abraza la ambición en tu vida de aspiración, he aquí, te conviertes en el convicto condenado. Nunca puedes salir de lo finito.

Ambición. En tu vida externa, la ambición es la altura máxima.

Ambición. En tu vida interna, la ambición es la noche más oscura.

Ambición. En tu vida externa, cuanto más te acercas a la tierra de la ambición colmadora, más poderosa es tu prometedora seguridad.

Ambición. En tu vida interna, cuanto más te alejas de la costa de la ambición, mayor es la fuerza de la protección de Dios para ti.

Antes de hacerte aspirante, la ambición era el objetivo más elevado. Tras volverte aspirante, la ambición no solo es un bajo objetivo, sino una seria caída.

Puedes estar seguro, la ambición no es aspiración. La ambición quiere disponer del mundo. La aspiración clama por servir al Creador en Su creación.

La ambición es una pasión humana que nunca va a estar satisfecha. La aspiración es una glorificación divina que va a estar siempre satisfecha.

La ambición es el final de la realización humana. La aspiración es el comienzo de la realización divina.

La ambición es la hija elegida del hombre. La aspiración es la hija elegida de Dios.

Aspiración. Aspiración. Aspiración. En la aspiración un aspirante vive muy por encima de los cielos. En la aspiración, el ojo de un aspirante se vuelve uno con el altísimo Dios. En la aspiración, el corazón de un aspirante se vuelve lo Absoluto.

Mi ocupación

Mi ocupación es al mismo tiempo mi deleitosa responsabilidad y mi profunda necesidad.

Mi única responsabilidad es cumplir la Voluntad de Dios. Dios me ha dado el amor necesario para amar al mundo. Dios me ha dado la sabiduría necesaria para llegar a ser el mundo. Dios me ha dado la entrega necesaria para obedecerle en la noche de lo finito y en la Luz de lo Infinito.

Mi única necesidad es cumplir todas la promesas de Dios al mundo. Él ha hecho cuatro promesas: la perfección de la naturaleza humana, la extinción de la muerte humana, la divinización del cuerpo humano y la manifestación de Su propia realización sobre la tierra.

Mi Dios no me fuerza a hacer nada, sino que me instruye privadamente sobre cómo hacer todo de una manera divina.

Mi ocupación terrenal es estar muy por encima del cenagal de la ignorancia. Mi ocupación celestial es entrar en el aliento de la ignorancia y transformar su vida misma.

Quiero que la atmósfera de mi ocupación externa esté cargada de pensamientos de Dios. Quiero que la conciencia de mi ocupación interna esté formada por la influencia de Dios.

La sed secreta de Dios es la personificación de la ocupación de mi vida aspirante. El hambre sagrada de Dios es la realización de la ocupación de mi alma colmadora.

Mi ocupación interna es el silencio. Mi ocupación externa es la entrega. En mi silencio veo a Dios, el Regalo eterno. En mi entrega me convierto en Dios, el Regalo infinito.

Pienso en Dios. Este es mi deber inmortalizador. Dios piensa en mí. Este es Su deber elegido por Él mismo.

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