Bhakti Yoga

Pídale a un hombre que hable sobre Dios y hablará sin tregua. Pídale a un Bhakta (practicante del Bhakti Yoga) que hable sobre Dios y sólo dirá dos cosas: “Dios es todo Afecto, Dios es todo Dulzura”. El Bhakta va incluso un paso más allá y dice: “Puedo intentar vivir sin pan, pero nunca puedo vivir sin la Gracia de mi Señor”.

La plegaria de un Bhakta es muy sencilla: “Oh Dios, Señor mío, ven a mi vida con Tu Ojo de Protección y Tu Corazón de Compasión”. Esta plegaria es la forma más rápida de llamar a la Puerta de Dios y también el modo más fácil de ver a Dios abrir la puerta.

Un Karma yogui y un Jnana yogui** pueden pasar quizá por un momento de duda sobre la existencia de Dios. Pero un Bhakta no tiene ese tipo de sufrimiento. Para él, la existencia de Dios es una verdad axiomática. Más que eso, es el sentimiento espontáneo de su corazón. Pero, ¡vaya!, él también tiene que pasar un tipo de sufrimiento: su sufrimiento es el de la separación de su Amado. Con las lágrimas de devoción de su corazón, el Bhakta llora por restablecer su dulcísima unión con Dios.

La mente razonadora no cautiva al devoto Bhakta. Los duros acontecimientos de la vida no logran atraer su atención y mucho menos absorberlo. Él quiere vivir constantemente en un reino embriagado de Dios.

Un devoto siente que, cuando él camina hacia Dios, Dios corre hacia él. Un devoto siente que cuando piensa un segundo en Dios, Dios clama una hora por él. Un devoto siente que cuando él acude a Dios con una gota de su amor para saciar la incesante sed de Dios, Dios lo envuelve en el mar de Su Amor celestial.

La relación de un devoto con Dios sólo puede ser sentida, nunca descrita. El pobre Dios piensa que ningún ser humano en la tierra puede alguna vez capturarle, puesto que Su precio es incalculable y Su valor inestimable. ¡Vaya! Se olvida de que ya ha otorgado la devoción a Su Bhakta. Para Su enorme sorpresa, para

Su más profunda alegría, la devoción entregada de Su devoto es capaz de capturarle. Hay personas que se burlan del Bhakta. Dicen que el Dios de un Bhakta no es más que un Dios personal, un Dios infinito con forma, un ser humano glorificado. Y yo les digo: “¿Por qué no habría de sentirlo así un Bhakta?” Un Bhakta siente sinceramente que él es una pequeña gota y que Dios es el Océano infinito. Él siente que su cuerpo es una porción infinitesimal de Dios el Todo sin fronteras. Un devoto piensa en un Dios y reza a un Dios en su propia imagen. Y está absolutamente en lo correcto al hacerlo así. No tienen más que entrar en la conciencia de un gato y verán que su idea de un Ser omnipotente adquiere la forma de un gato, solo que en un tamaño gigante. Entren en la conciencia de una flor y verán que la idea que la flor tiene de algo infinitamente más hermoso que ella adquiere también la imagen de una flor.

El Bhakta hace lo mismo. Sabe que es un ser humano y siente que su Dios debe ser humano en todo el sentido del término. La única diferencia que siente es que él es un ser humano limitado y Dios es un Ser humano ilimitado.

Para un devoto, Dios es a la vez gozoso y misericordioso. La alegría de su corazón le hace sentir que Dios es gozoso y los pesares de su corazón le hacen sentir que Dios es misericordioso.

Un pájaro canta. Un hombre canta. Dios también canta. Él canta Sus dulcísimas canciones de Infinitud, Eternidad e Inmortalidad a través del corazón de Su Bhakta.