Quería decirle a Dios

Quería decirle a Dios que Le amo sinceramente. Lo tenía en la punta de la lengua. Pero, ¡vaya!, vino Satán. En cuanto vi a Satán, me olvidé por completo de decirle a Dios lo que me proponía decirle.

Quería decirle a Dios que Le necesito constantemente. Lo tenía en la punta de la lengua. ¡Lástima!, ¡lástima!, en ese mismo momento llegó Satán y destruyó mi inspiración. La presencia misma de Satán hundió toda mi alegría y me olvidé por completo de decirle a Dios lo que me proponía decirle.

Quería decirle a Dios que me convertiré incondicionalmente en Su instrumento más devoto. Mi discurso estaba totalmente planeado. Lo tenía en la punta de la lengua. ¡Lástima!, vino Satán con un injustificado ceño de desaprobación. Su enojo se llevó toda mi inspiración, toda mi alegría. De pronto, me sentí desgraciado, y disfruté hasta tal punto mi desgracia, que me olvidé por completo de decirle a mi Amado Supremo lo que me proponía decirle.

Quería decirle a mi amiga la ignorancia que ya no hablaría más con ella. Lo tenía todo planeado. Lo tenía en la punta de la lengua. ¡Ah!, ¿quién vino a fortalecer mi promesa? Mi Amado Supremo.

Quería decirle a la ignorancia que a partir ahora mi camino es el de la luz, que mi meta ahora es el deleite y que debo abandonar definitivamente la ignorancia. Lo tenía en la punta de la lengua. ¡Ah!, ¿quién vino a fortalecer mi promesa? Mi eternamente viejo, perpetuamente viejo y, al mismo tiempo, asombrosamente siempre nuevo amigo, mi Amado Supremo.

19:25 18 de julio, 1977 En tránsito al Centro Sri Chinmoy en Connecticut