51.

Mi Señor Supremo,
esta vez tienes que ser
realmente franco conmigo.

Sabes que tengo cientos de enemigos.

¿Tienes Tú algún enemigo?


“Hijo mío, sólo tengo un enemigo.


¿Sólo uno?

¡Puedo aniquilarlo de inmediato!

Dime el nombre de Tu enemigo.


“Hijo mío, Mi único enemigo es tu miedo,
tu miedo de Mí.


Padre del Amor eterno.
¿Es eso cierto?

¡Mira!
, ya he matado a Tu enemigo.

No tengo ya miedo de Ti.

Soy todo amor por Ti.

Soy todo agradecimiento a Ti.


“Hijo mío, estoy realmente orgulloso de ti.

En Mi caso, no mataré a tus enemigos
sino que los iluminaré.

Y también te iluminaré a ti.

Lo que tú quieres es alegría.

Esta alegría la conseguirás
sólo cuando tú y tus enemigos
seáis iluminados todos a la vez.