87.

Mi Señor, un amigo me dijo esta mañana que soy un tonto y que por eso Te necesito.
Él es un hombre sabio.
Por eso no Te necesita.


“¿Cuál fue tu respuesta, cuál fue tu reacción, Mi niño?


Mi Señor, sencillamente me quedé callado.


“Mi niño, en efecto eres un tonto.
Fácilmente podrías haberle dicho que Yo también puedo vivir sin él.
Más aún, podrías haberle dicho: ‘Mira, mi sabio amigo, en caso de que alguna vez tengas necesidad de Dios, tendrás que hacer bajar a mi Dios tú sólo, lo cual es una tarea imposible.
Pero en el caso de que Dios quiera levantarte, yo, tu amigo el hijo de Dios, te empujaré desde abajo, y Dios tirará de ti desde arriba, una tarea que será dicha y hecha.


“Ahora, en lo que a ti concierne, Mi niño, ¿por qué no le dices a tu amigo y al mundo, que Me necesitas precisamente porque Yo te he necesitado primero y que quieres vivir conmigo precisamente porque Yo he querido vivir contigo primero?