Alegría

La alegría es la luz interna que ilumina mi noche más oscura.

Cuando estoy alegre, Dios me alimenta y yo, alimento a Dios, solo cuando comparto mi alegría con los demás.

Cuando tengo alegría interna, siempre seré bendecido con abundancia de espontaneidad y creatividad.

Cuando miro arriba con alegría, tendré a Dios como patrono.

Cuando miro alrededor con alegría, tendré a Dios como supervisor.

Cuando miro adelante con Alegría, tendré a Dios como pagador.

La alegría es mi unidad dinámica con el Supremo. Puesto que mi alma es íntegramente una con el Supremo, ningún desafío es demasiado grande para mí. Absolutamente ninguno.

Mi alegría es mi fe establecida en el Supremo. A diferencia de otros que no tienen fe en el Supremo, yo no pienso o siento que estoy siempre equivocado, que soy siempre insignificante e inútil. Sin duda, quienes carecen de fe son víctimas de la frustración. Para ellos, la vida es un desierto estéril, Dios es una fantasía colosal, la muerte es un león rugiendo justo delante de ellos.

Antes que la alegría de mi corazón dirija una llamada a Dios, Su Gracia omnipotente responderá. Es verdaderamente cierto.

Intentar explicar la alegría es fallar siempre. Porque es dudosa. Intentar saborear la alegría es triunfar siempre. Porque es obvia.

La alegría es la paz personificada. La alegría es el poder revelado. La paz personificada es el aspecto masculino del Divino. El poder revelado es el aspecto femenino del Divino.

La alegría de mi corazón sondea lo más profundo. La alegría de mi mente alcanza lo más lejano. La alegría de mi alma consigue lo más alto.

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