Si el hombre, cuando no está satisfecho con el mundo, escapa de él en busca de planos superiores de existencia. ¿Cómo podrá la humanidad establecer alguna vez la paz y la felicidad sobre la tierra?

Tu pregunta demuestra un notable sentido de los valores espirituales. No hay duda de que el mundo es todo imperfección. La vida se presenta como una gran incógnita. El mal está presente en todas partes. Estos son los problemas a los que nos enfrentamos cada día. Es más, cuanto más avanzada está una persona espiritualmente, mayor es su sufrimiento a causa de las condiciones actuales del mundo. Ve la enfermedad, siente la enfermedad, pero no tiene la medicina adecuada. Incluso aunque tenga un remedio, no es suficiente para curar todas las dolencias terrenales. Por eso, a menudo siente que su lucha no tendrá valor y toma el sendero más fácil, que es el sendero de la huida hacia la Dicha de los planos superiores.

Pero este nunca puede ser el caso de un guerrero divino. Él luchará hasta conseguir la victoria. Ahora bien, ¿qué queremos decir con «la victoria»? Es el establecimiento del Reino de Dios aquí en la tierra y no en algún otro mundo superior. Como sabe que lo Divino es omnipresente, busca revelarlo en la vida cotidiana. Si no estamos satisfechos con el mundo tal cual es, esa no es una razón para abandonarlo. Al contrario, deberíamos tratar de cambiarlo —física o intelectual o espiritualmente— conforme a nuestro propio desarrollo y nuestras propias capacidades.

Dios es la perfección Perfecta. Únicamente se puede alcanzar esta Perfección cuando existe una unión inseparable entre la Materia y el Espíritu, entre la Vida interna y la externa.